4. Paradigmas y revoluciones científicas
4.6. Filosofía de la ciencia e historia de la ciencia
Una de las principales aportaciones de Kuhn a la metodología científica estriba en su insistencia en la importancia de los estudios históricos minuciosos como etapa previa a la elaboración de teo- rías generales sobre la ciencia o sobre cada disciplina científica. Aunque dicha tesis pueda parecer trivial, lo cierto es que, salvo honrosas excepciones (entre las cuales Lovejoy y Koyré, como también Metzger, fueron muy importantes para el propio Kuhn), la historia de la ciencia ha sido una disciplina muy poco desarrollada hasta hace unos años. Antiguamente algunos grandes autores escri- bían artículos biográficos o proporcionaban referencias históricas para ilustrar sus propios trabajos; así ocurrió con Lagrange, Priest- ley y Delambre, al igual que con la célebre obra de Montucla. A fi- nales del siglo XIX científicos como Kopp, en química, Poggendorff, en física, Sachs, en botánica, Zittel y Geikie, en geología, o Klein, en matemáticas, elaboraron estudios importantes, que hoy en día constituyen una referencia obligada. Esta primera tradición' histo- riográfica, la de la historia escrita por científicos, suele limitarse sin embargo a ilustrar con ejemplos y antecedentes históricos la ciencia contemporánea a cada uno de ellos.
Una segunda tradición historiográfica tenía objetivos más ex- plícitamente filosóficos. Ya el propio Francis Bacon, como luego Condorcet y Comte, subrayaron el interés que tiene el conocimien- to de la génesis y del aprendizaje de los conceptos científicos básicos. Pero la historia de la ciencia estaba más que nada al servicio de la ilustración de tesis filosóficas generales sobre la ciencia, como sucede explícitamente en el caso de Whewell, Mach o Duhem, con lo cual los resultados de la investigación histórica presentaban una serie de insuficiencias, quedándose a veces la tentativa a un nivel meramente programático.
La nueva historiografía de la ciencia, que es la que le interesa a Kuhn, surge con autores como Alexandre Koyré, quien investiga épocas históricas anteriores profundizando en el modo de pensar de entonces, y tratando de comprender las investigaciones y los debates correspondientes en su propio contexto, y no por referen- cia a la ciencia actual. Ya no se trata de ilustrar ni de introducir los métodos científicos contemporáneos a base de una presentación de los mismos bajo la advocación de algunas ilustres figuras del pasa-
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do, sino de profundizar en la época estudiada independientemente de que muchas de sus figuras, ideas y resultados no tengan la menor relevancia para la ciencia actual.
Basándose en este cambio conceptual en la historiografia de la ciencia, ésta ha comenzado a constituirse en distintos países como disciplina independiente, separada por una parte de la historia de la filosofia, pero también de las facultades de historia, en la medida en que dichos estudios requieren de un contacto estrecho con las facultades de ciencias. Este fenómeno le parece a Kuhn muy im- portante, hasta el punto de que él mismo ha trabajado durante varios años en un programa de historia y filosofia de la ciencia en la Universidad de Princeton, en el que colaboraban historiadores, científicos y filósofos, si bien desde perspectivas y programas neta- mente diferenciados. Kuhn es partidario de mantener esa estructu- ra, de tal manera que los estudios históricos sean previos a la formación de los filósofos y metodólogos de la ciencia. Otra gran novedad del siglo xx, que mantiene la misma tendencia, consiste en las elaboraciones de historias generales de la ciencia, y no ya sólo de disciplinas concretas, como ocurrió hasta el siglo xix. Ello da lugar a que los historiadores requieran de una formación espe- cial, que ya no se restringe a una sola especialidad.
La función metodológica de la historia de la ciencia queda perfectamente ilustrada en las críticas que el propio Kuhn hace a Popper. Frente a concepciones sistemáticas o puramente normati- vas de la ciencia, como por ejemplo el criterio de demarcación basado en la falsabilidad, Kuhn propone que se hagan estudios empíricos previos para ver cómo se ha producido el cambio cientí- fico a lo largo de la historia: basándose en ello afirmará que el progreso científico no es acumulativo, así como que una teoría no es dejada de lado por refutación empírica o por algún experimen- to crucial, sino únicamente cuando ha surgido frente a ella un nuevo paradigma que está en condiciones de sustituirla como nueva ciencia normal. En su polémica con Popper de 1965,32 Kuhn
da por aceptadas por parte de Popper varias de sus tesis en La
estructura de las revoluciones científicas: hay revoluciones científi-
cas y la ciencia no progresa por acumulación, no hay observación científica sin teoría que la impregne, las teorías científicas son
32. Véase LAKATOS-MUSGRAVE, Criticism... Dicho texto de Kuhn también está traducido en La tensión esencial, pp. 290-316.
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explicativas y versan sobre objetos reales, etc. La obra de Popper,
Conjeturas y refutaciones, matizaba en efecto algunas de las posi-
ciones demasiado rígidas de su obra de juventud, la Lógica de la
investigación científica. Sin embargo, para Kuhn seguía privilegian-
do excesivamente los momentos de cambio y de revolución cientí- fica a la hora de insistir en el talante falsador o refutador propio de los científicos. La historia de la ciencia, en cambio, muestra que
numerosísimos científicos en las más diversas disciplinas jamás
han considerado sus teorías como conjeturas y mucho menos han intentado falsarias experimentalmente. Las etapas de ciencia nor- mal nos muestran a un tipo de científico muy diferente al científico crítico concebido por Popper; sin embargo, también esas etapas han de ser estudiadas por los historiadores, e incluidas'en la refle- xión de los metodólogos. Hacer una historia o una metodología de la ciencia basada sólo en los momentos estelares de la misma (las grandes revoluciones, las grandes teorías) supone perder de vista aspectos que sólo pueden ser claros para quienes investigan minu- ciosamente las diversas épocas históricas, desprovistos de perjui- cios metodológicos previos.
La historia de la ciencia se convierte así en un complemento imprescindible para la reflexión metodológica; y no cabe duda de que, al menos en este punto, las tesis de Kuhn han triunfado ple- namente desde los años setenta. Surge, sin embargo, un nuevo problema: ¿qué es la observación de los datos históricos? ¿Acaso cabe recaer en la ingenuidad del empirismo lógico de Viena, pen- sando que los estudios de historia empírica pueden engendrar teorías explicativas, y no ya sólo descriptivas, de cada etapa históri- ca? Kuhn, ciertamente, no piensa así, pero sus tesis han dado a su vez pábulo a un cierto tipo de estudios históricos que acumulan una gran cantidad de datos, pero sin que en muchos casos lleguen a ser pertinentes para las fases ulteriores de la investigación his- tórica.
Una última variable del problema, sobre la que volveremos también en capítulos ulteriores, estriba en la distinción entre histo- ria interna y externa. La historia externa trataría de las actividades de los científicos en tanto grupo social dentro de una cultura determinada." En cambio, la historia interna se centraría exclusi- vamente en el desarrollo de las ideas, experimentos e investigacio-
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nes de los científicos prescindiendo de esas mediaciones exterio- res, sobre la base de que lo importante en filosofia de la ciencia consiste en analizar el cambio científico, entendiendo por tal los cambios conceptuales, heurísticos, metodológicos y ontológicos. Para Kuhn, aun aceptando el interés de la historia externa, puede hacerse perfectamente una historia de la ciencia exclusivamente interna:
Comparados con otros profesionales y con otras empresas creativas, los practicantes de una ciencia madura están aislados en realidad del medio cultural en el cual viven sus vidas profesionales:"
En cualquier caso, y pese a precisiones adicionales que po- drían hacerse, la obra de Kuhn señala un viraje importante de la metodología de la ciencia: a partir de ella el papel de los estudios históricos adquiere gran relevancia.
34. T. S. KUHN, La tensión esencial, p. 143