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6 CLAUDE DEBUSSY (1862-1918)

In document Temario - Oposiciones Piano (Conservatorio) (página 164-167)

ANEXO III: REPERTORIO PIANÍSTICO DE BRAHMS

6 CLAUDE DEBUSSY (1862-1918)

El escenario vital y formativo del arte de Debussy fue el París de las dos últimas décadas del siglo XIX. Su mundo cultural estuvo dominado por el Impresionismo desde sus años de formación, aunque los grandes cambios sociales y políticos que se produjeron durante su vida hubieron de influir inevitablemente en él. Y es que el Impresionismo coincidió con la caída definitiva de la monarquía en Francia y con la creación de la tercera República. En la última parte del siglo XIX se manifestó un visible retorno a la postura de la música medieval, donde matemática, ciencia, astronomía y simbolismo numérico eran considerados partes esenciales de la técnica musical, de forma interrelacionada.

La formación musical del joven Debussy fue muy temprana, completa y variada: conocía la música de Tchaikovsky, Glinka, Borodin, Rimsky-Korsakov, Mussorgsky... Desde joven, potenciado por el hecho de estudiar con una alumna de Chopin, se vio muy influenciado por la música de éste, en lo relativo a la escritura, el sutil uso del pedal, como si de una respiración se tratara, la búsqueda de nuevas sonoridades y timbres, o en las consideraciones sobre la flexibilidad y movilidad derivadas de la naturalidad del gesto chopiniano.

TEMARIO DE OPOSICIONES A CONSERVATORIO. ESPECIALIDAD PIANO. OSCAR ARROYO. Tema 12. La música francesa en el Impresionismo.

Evolución de su repertorio pianístico.

Las dos tempranas “Arabesques”, la “Balada” y el “Nocturno” aún se hallan dentro de los límites de la exquisita y tradicional música de salón. No será hasta piezas como la “Suite Bergamasque”, con reminiscencias de Fauré, donde encontremos un creciente estilo personal. Por primera vez Debussy nos introduce en su mundo soñado gracias a sonoridades espaciadas en pianissimo. En las siguientes obras para piano supo absorber y transformar paulatinamente muchas influencias. La suite “Pour le piano”, de una escritura enrevesada próxima a Saint-Saëns, muestra su liberación: apreciamos ya una creciente obsesión por las tríadas aumentadas, la escala de tonos enteros, así como sucesiones de acordes paralelos y reminiscencias modales al modo de Satie.

Su madurez se plasma en las dos colecciones de “Images” y “Preludes”. La originalidad de Mussorgsky, obtenida con severas y marcadas notas, marcó a Debussy, quien compartió este método logrando una sensibilidad refinada con medios modestos, característica esta presente en toda su producción pianística. Debussy moldeó su técnica combinando la flexibilidad de Chopin con la riqueza de efectos de Liszt. En “Images”, “L’isle joyeuse” o “Feux d’artifice” encontramos todo tipo de figuraciones arpegiadas, numerosos trémolos, pasajes que suponen un desplazamiento rapidísimo del brazo... Sin embargo, no busca sensacionalismo o virtuosismo, sino que su máxima preocupación es la calidad sonora ideal.

En sus últimos años (1915) escribió los doce “Etudes”, dedicados a Chopin, teniendo en común con los de éste el hecho de que cada uno de ellos está pensado para trabajar una determinada dificultad técnica (terceras, sextas, octavas, notas repetidas, arpegios, etc.), y donde la ejercitación de la imaginación es tan importante como la de los dedos. La diferencia estriba en que mientras en los de Chopin cada figuración se asocia a un preciso tipo de ataque, en los de Debussy no hay un único movimiento, sino muchos y muy variados. De esta forma el pianista puede producir las más variadas sonoridades modificando el tipo de ataque sobre la tecla. La utopía de una superación del mecanismo del instrumento, presente ya en Scriabin, encuentra su máxima expresión en Debussy, el cual decía que “es preciso olvidar que el piano tiene macillos”, y trataba de ocultar el mecanismo que separa el dedo de la cuerda.

El sonido de Debussy.

El color es de vital importancia en la música de Debussy. Quiso reproducir musicalmente los efectos de los pintores impresionistas, para lo cual tuvo que desarrollar un lenguaje nuevo, fundamentalmente sugerente. Igual que la luz para los pintores, o el simbolismo para los poetas, así era el sonido para Debussy: el mejor medio para sugerir. El

para la expresión simbolista. De esta forma Debussy gusta de fundir y empastar notas con el pedal, de explotar los armónicos, de combinar la ilusión de un prolongado cantabile con una resonancia percusiva que va desde un brillante fortíssimo al más exquisito pianissimo, preocupándose siempre por el sonido en sí mismo. Este trabajo sobre la resonancia será fundamental en el piano del siglo XX. Especialmente interesantes son las texturas serenas en pianissimo, que exigen del intérprete una gran capacidad técnica y expresiva, cuyo control digital extremo nada tiene que ver con las imprecisiones o vaguedades que a veces se achacan a Debussy. Se trata de llevar a nuestro oído a tal punto que la resonancia se desvanece. De ahí que el intérprete deba ser muy detallista en el empleo de los pedales.

Mostró un gran interés por todas aquellas líneas de pensamiento que pudieran ayudarle a desarrollar su propio lenguaje musical esotérico: canto llano, música javanesa, modos eclesiásticos, escalas exóticas, etc.

Armónicamente no fue revolucionario: se limitó a buscar relaciones armónicas recónditas inherentes al sistema tonal, empleadas como alternativa a la conducción convencional de las voces. La expresividad de sus melodías es neutralizada así por una armonía estática carente de acentos tónicos, dando lugar a líneas totalmente neutras. Este estatismo característico de Debussy es singular por la búsqueda del color de cada acorde, más que por su tensión armónica, de ahí que sea continuo el uso de séptimas, oncenas o trecenas, e incluso de notas añadidas que no disuenan la mayoría de las veces, como lo hacían en la armonía tradicional. En Debussy la experiencia auditiva es suficiente en sí misma, libre de las asociaciones visuales habituales en el Impresionismo, y no necesita traducción por parte del oyente. En los Preludios, por ejemplo, el ánimo va más allá que sugerir una historia. El título, impreso al final de cada preludio, es sólo un pretexto para la inspiración de una música pura no programática.

En su minuciosa escritura pianística, Debussy cuida en extremo la colocación de cada nota. Hay que destacar su detallismo a la hora de buscar efectos de diferencias de valores entre las notas. Adapta los puntillos, acentos, subrayados o stacattos a un contexto musical constantemente cambiante, cuidando en extremo la duración de cada nota. Los recursos empleados son muchos: juegos de dinámicas, combinaciones armónicas sorprendentes, frecuentes duplicaciones en octava, movimientos cromáticos, disonancias en asignaciones claramente tonales, contrastes entre estabilidad e inestabilidad tonal, ecos que representan no sólo un recuerdo, sino la explicación y revelación de lo pasado (ampliando rítmicamente el material, empobreciendo sus matices o cambiando la tonalidad), sofisticadas polirritmias, síncopas prolongadas...

La forma de sus obras.

Desde el punto de vista de la forma, se orientó hacia la supresión casi absoluta de los desarrollos temáticos que empleaban corrientemente sus contemporáneos, explorando el sonido y distorsionándolo a medida que éste evoluciona. Toma posición contra aquellas formas basadas en una direccionalidad marcada (sonata, fuga...) Las cadencias

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convencionales son relativamente escasas, y en su defecto la tonalidad es establecida por la interacción de fuerzas lineales y verticales integradas pero independientes, cada una de las cuales realiza su aportación a la cohesión total del conjunto.

El éxito en su búsqueda de un lenguaje propio y novedoso ejercería una influencia devastadora en el porvenir de gran parte de la música del siglo XX.

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