ANEXO III: REPERTORIO PIANÍSTICO DE BRAHMS
3 NUEVOS RECURSOS COMPOSITIVOS.
2. LA MODERNA ESCUELA DE VIENA.
La teoría de Schoenberg fue adoptada en primer término por un grupo de alumnos, entre los que destacan Alban Berg y Anton Webern. Es la llamada Moderna Escuela de
Viena, para distinguirla de la formada por Haydn, Mozart y Beethoven, y la de Brahms,
Wolf, Bruckner y Mahler.
En un principio encontró un gran rechazo, ya que el progreso musical se identificó más con la obra de Stravinsky. Theodor W. Adorno, en su “Filosofía de la música nueva”, enfrentó a Schoenberg y Stravinsky como verdaderos rivales, dando mayor valor al segundo por considerarlo más progresista. Sin embargo la influencia de Schoenberg ha terminado siendo mucho mayor, e incluso Stravinsky compuso música dodecafónica.
La técnica dodecafónica, desarrollada por Schoenberg a partir de la atonalidad hacia 1923, en palabras del propio compositor, significa “componer con los doce sonidos”. Los doce sonidos de la escala cromática temperada se ordenan previamente sin que se repita ninguno de ellos, para evitar que pueda sugerirse algún centro tonal. Estos sonidos se pueden utilizar de manera sucesiva (como melodía) o simultanea (formando armonías, en contrapunto), ya sea en su forma original, invertida, retrógrada, retrógrada invertida o en transposiciones de cualquiera de ellas, como puede verse en el siguiente ejemplo1:
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2.1. ARNOLD SCHOENBERG (1874-1951)
La producción para piano solo de Schoenberg, compuesta a lo largo de 25 años, ocupa un lugar significativo dentro de su obra. Sin ser muy extensa, apenas seis obras, puede considerarse como reflejo de la evolución de sus ideas estéticas: su período atonal o expresionista se inicia con las Tres Piezas Op.11, y su primera obra dodecafónica en sentido estricto fue la Suite Op.25.
La escritura pianística de Schoenberg llega a ser muy densa y en ocasiones incómoda de ejecutar. Hay que tener en cuenta que él no era pianista, y que utilizaba el piano como vehículo de sus ideas musicales más que como recurso de búsqueda tímbrica. De hecho, Busoni corrigió y amplió la segunda pieza del Op.11, proponiéndole soluciones más pianísticas, lo cual no sentó nada bien al compositor. En estas piezas, compuestas en 1908, el autor rechaza el recurso clásico de la repetición a favor de una evolución orgánica continua. En la primera introduce el uso de un acorde en armónicos.
La tercera se aventura ya hacia el uso de estructuras atonales y atemáticas, que gobiernan la lógica interna de la obra, tanto en sus aspectos horizontales como verticales. Su forma es libre, y supone la yuxtaposición de casi tantos estados de ánimo como compases tiene la pieza, aunque sin perder la sensación de continuidad.
En esta época, además de componer, Schoenberg pinta, da clases, y publica su
Tratado de Armonía. Su lenguaje musical va disolviendo la tonalidad, abandonando el
centro tonal y los métodos tradicionales del tratamiento de la disonancia. En sus obras prima la fuerza expresiva, manifestada por medio de fuertes contrastes y continuas variaciones, así como la renuncia a todo lo que no fuera esencial en la obra (ornamentos superfluos, formas convencionales, simetrías) en favor de una libertad en la expresión según el modelo de la prosa musical. Al carecer de referencias tonales que hicieran posible
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el desarrollo, estas obras se caracterizan por su brevedad, en el caso de las Seis piezas
breves Op.19 (1911), la duración oscila entre los 9 y los 18 compases. Estas piezas son más
melódicas que las del Op.11, aunque también están libres de cualquier sensación tonal o desarrollo temático.
Las Cinco piezas Op.23 (1920-23), también de breve duración, suponen una notable evolución en el desarrollo del material. En ellas no hay ni una sola nota que no tenga su razón de ser. Las profusas indicaciones hacen referencia al tempo, a la articulación y acentuación, etc., no dejando nada al azar y sin dejar mucho margen de maniobra al intérprete. La quinta de estas piezas es uno de los primeros ejemplos dodecafónicos de Schoenberg.
En la Suite p.25 (1821-23) amplia definitivamente su pensamiento dodecafónico. Cada uno de sus cinco movimientos (Preludio, Gavota y Mussette, Intermezzo, Minueto y
Trío, Giga) constituye la exploración de una serie dodecafónica. En el prólogo a la Suite da
una serie de instrucciones para la interpretación de su música, resaltando la importancia de utilizar el pedal lo menos posible. Las dos Piezas Op.33a y Op.33b son ampliaciones más libres del mismo principio dodecafónico. También compuso un Concierto para piano, más cercano a la ortodoxia.
La influencia del dodecafonismo schoenbergiano fue muy grande, en primer lugar sobre la Escuela de Viena, que él mismo fundó (Webern, Berg), sobre otros compositores del momento, como Ernst Krenek (n.1900) o Egon Wellesz (1885-1974) y tras la II Guerra Mundial sobre las nuevas generaciones de compositores de todo el mundo, como el español Roberto Gerhard (1896-1970). Los clásicos de la música moderna, como
Stravinsky o Bartók, solo podían ofrecer soluciones personales, mientras que el
dodecafonismo planteaba un sistema de composición sólido y con capacidad para enfrentarse a la tradición tonal que se consideraba superada definitivamente.
2.2. ANTON WEBERN (1883-1945)
Discípulo de Shoenberg, es considerado como el verdadero punto de partida de la música serial. Si aquél fue el padre de la serie y de la composición según su leyes, Webern fue quien desarrolló el sistema. El principio de variación continua propuesto por Schoenberg es llevado por Webern a una búsqueda de sutiles relaciones entre los intervalos, las dinámicas, y el resto de los elementos musicales. A menudo se ha comparado la creación de Webern con la lírica japonesa, por la brevedad de sus formas, la concisión de su expresión y la economía de medios empleados. Las Variaciones para piano Op.27 (1936), única obra para piano del autor junto a la póstuma Klavierstück, refleja muy bien estas características, situando en primer plano la claridad, una articulación precisa y un aprovechamiento extremo del timbre y de los silencios. Todo ello, unido a la complejidad rítmica, requieren del intérprete una gran sutileza. La forma es cuidadísima, con
de la comodidad pianística. Y todo ello sin perder en ningún momento el lirismo y el carácter poético que impregnan toda su obra.
A. Webern: Variaciones Op.27. 2º mov. Compases 1-9.
2.3. ALBAN BERG (1885-1935).
Berg fue, junto a Shoenberg, el máximo representante del Expresionismo musical, el cual, partiendo del Romanticismo, trata de representar la experiencia interior. Difiere de Schoenberg en el tipo de experiencia representada (el aislamiento humano, la impotencia, la ansiedad) y en los medios utilizados para hacerlo: el mundo de Berg es más subjetivamente emocional, a pesar de su llamativa economía de medios.
La primera composición de Berg fue precisamente la única que realizó para piano (junto con las Doce variaciones sobre un tema original, de 1908) , la Sonata Op.1 (1906- 1908). Está concebida en un solo movimiento y se asienta muy débilmente sobre la tonalidad de Si m. Sigue las pautas de la sonata clásica, con doble exposición, dos temas, reexposición del segundo tema transportado, etc. Pero su lenguaje musical es original. La armonía cromática está orientada hacia el tritono y los intervalos de cuarta del tema inicial, del que parten todos los elementos de la sonata. El cromatismo es continuo, y las únicas referencias tonales aparecen tenuemente sólo en las “cadencias” finales de cada sección.
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3. NUEVOS RECURSOS COMPOSITIVOS.