El lenguaje que utilizamos para describir nuestras identidades personales necesaria- mente incluye nombres y etiquetas para los grupos a los cuales pertenecemos. Los grupos con los que nos identificamos con mayor fuerza funcionan como grupos de referencia. Aunque la sociedad estadounidense se divide en numerosos grupos, las divisiones más prominentes entre las personas se dan con respecto al género, raza, estatus socioeconómico, edad y orientación sexual. Los grupos particulares de refe- rencia, tales como aquéllos cuyos miembros son mujeres, de raza no blanca, de clase trabajadora o baja, o no heterosexual, a menudo desarrollan subculturas o culturas que reflejan tanto su conexión como sus diferencias respecto a la cultura dominante (Samovar y Porter 1994). En todas las sociedades existe una cultura dominante que comunica conductas aceptables, creencias comunes, valores compartidos y jerarquía social con sus miembros. Algunas de las características de la cultura dominante en Estados Unidos son, entre otras: individualismo como valor central, capitalismo como sistema económico preferente, heterosexualidad como forma legítima de orientación sexual y familia nuclear como la unidad familiar más adecuada. Las subculturas com-
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grupos de referencia
Grupos con los que nos identifi- camos con mayor fuerza.
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parten las características de la cultura dominante, pero establecen límites definidos con base en las identidades compartidas de los miem- bros del grupo. Por ejemplo, hacer pesas (físico culturis- ta) se ha convertido en algo importante para muchas subculturas homosexuales. Los hombres homosexuales que hacen pesas en ocasio- nes desean establecer una fuerte conexión con la mas- culinidad tradicional, aunque muchos hombres hetero- sexuales no consideran que sean masculinos, en ninguna circunstancia. Esta subcultu- ra se relaciona con la cultura dominante, pero también se diferencia de ella.
A menudo, la gente de co- lor siente la presión de los
miembros de la cultura dominante para que declaren su cercanía con un grupo de referencia en particular. Como explica un asiáticoestadounidense: “Cuando estaba en la universidad tenía una crisis de identidad. Era la primera vez que estaba alejado de mi familia y aprendí el significado de ‘plátano’: amarillo por fuera y blanco por dentro” (“If the Shoe Doesn’t Fit” 1995). Las metáforas como “plátano” implican que uno ha internalizado las creencias, valores y normas de la cultura blanca dominante al mismo tiempo que mantiene una relación superficial con una subcultura étnica. Las subculturas pueden proporcionar apoyo a las redes a través de las cuales las per- sonas afirman su identidad y reciben aliento.
El lenguaje que utilizan los miembros de las subculturas cuando hablan uno con el otro también puede ayudar a crear y mantener límites, a proporcionar una forma de identificación y a garantizar la intimidad. Por ejemplo, los límites entre grupos muchas veces se crean y se refuerzan a través de códigos únicos de expresión. Los miembros de las subculturas pueden utilizar alguna jerga, lenguaje técnico, palabras nuevas o lenguaje de la calle para demostrar su unidad. Aída, una mujer africanoesta- dounidense afirma: “puedo hablar el lenguaje de la calle de East Palo Alto. Si alguien dice: ‘Wassup?’ (¿Qué onda?), yo respondo: ‘Wassupwitchu?’ (¿Qué onda contigo?) y sé que soy más aceptada por la gente con la que me puedo comunicar. El reconoci- miento de la gente es importante.” (“If the Shoe Doesn’t Fit” 1995). El lenguaje espe- cializado de las subculturas también recibe el nombre de argot y éste se convierte en una manera en que la gente reconoce su membresía en un grupo, a la vez que puede favorecer un sentido de solidaridad entre los miembros del mismo. Piensa en la manera en que los editores de YM (Young and Modern) intentaron adoptar el lenguaje de una niña adolescente en la respuesta que dieron a la siguiente carta al editor. La carta comentaba: “Tengo 16 años y nunca he tenido novio. Tengo una gran personalidad así es que eso es porque soy gorda ¿verdad?” La revista contestó: “¡Fal- so! Basta de golpear tu cuerpo. Nuestros lectores.... son mucho más críticos con su apariencia que el resto de la gente. Así que deja de torturarte a ti misma. Cuando te asomes al espejo céntrate en lo que hay dentro...” (Cartas 1998).
Los fanáticos de los deportes a menudo forman subculturas con códigos propios para expresarse. © Mike Blake/Timepix
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argot
El lenguaje especializado de una subcultura.
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Algunos grupos se identifican a sí mismos por la música. Su música les permite conectarse entre amigos y accesorios, como las camisetas, hacen que esa conexión sea visible. Los orgullosos fanáticos de Alicia Keys pueden usar una camiseta de algu- no de sus conciertos, mientras que los Deadheads (seguidores de los Grateful Dead) probablemente se reúnan tras intercambiar archivos compartidos MP3 y cintas pira- tas. Aunque los que no pertenecen a la subcultura a veces entienden mal estos códi- gos especiales, éstos pueden ayudar a crear afinidad entre los miembros del grupo.
La cultura dominante a veces se posesiona de los códigos especiales de las subcul- turas, de la misma manera en que se piden prestadas palabras a otros lenguajes. Por ejemplo, han surgido industrias completas con fundamento en la apariencia y el len- guaje de la música hip-hop. Pero, excepción hecha de la comunicación que se ha co- mercializado, la comunicación verbal que utilizan los grupos subculturales rara vez se acepta como legítima dentro de la cultura dominante. Debido a esta discrepancia, los miembros de la subcultura a menudo aprenden a intercambiar códigos; es decir, a adoptar un código preferido con base en el grupo con el cual se está interactuando.
En general, los grupos con un nivel social inferior deben hacerse más adeptos al intercambio de códigos. Aída, la mujer africanoestadounidense de la calle de East Palo Alto, debe abandonar su uso del idioma de la calle en escenarios formales de negocios, donde una contraparte masculina de Aída tendría menos probabilidades de ser juzgada con dureza por utilizar palabras comunes a su subcultura. Las niñas aprenden temprano en la vida que el intercambio de códigos facilitará su movimien- to a distintos grupos sociales, lo que explica por qué a menudo utilizan un lenguaje que es más complejo y gramáticamente adecuado que los hombres. Las niñas tam- bién aprenden un código de apaciguamiento en expresiones amables como “si no te importa...”, en preguntas como “¿Lo que digo tiene sentido?”, en fraseos tentativos como “Sólo es mi opinión...” que puede reflejar o comunicar una posición de subor- dinación. Con sus iguales, las niñas a menudo optarán por el lenguaje menos formal de su subcultura (1992). La relativa debilidad de algunos grupos subculturales hace necesario el constante cambio de códigos para su supervivencia. Reconocer los códi- gos subculturales promueve el aprendizaje relativo a la expresión y a la identidad de otros y nos permite construir puentes sobre los vacíos comunicacionales.
Tabúes
En todas las culturas hay palabras que, por convención, se consideran poco ade- cuadas o inaceptables (Farb 1973). Los tabúes son esas palabras prohibidas o las conductas que ellas describen. Aunque todas las culturas los tienen, cambian de una a otra y también según la época.
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cambio de código
Capacidad para adoptar un có- digo preferido en el grupo den- tro del cual estás interactuando.
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tabúes
Palabras prohibidas o las con- ductas que éstas describen.