Tus ojos comunican diversas emociones. Aprietas los párpados para indicar disgusto o desaprobación, parpadeas coquetamente para señalar tu atracción hacia alguien, los cierras en señal de reverencia, o los guiñas para indicarle a alguien que estás hablando en broma o lo que dices no es cierto. El contacto visual o el tiempo que
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reglas de exhibición
Expectativas culturales acerca de la expresión pública de emo- ciones.
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mantengas la mirada, es una herramienta especialmente poderosa de comunicación. Los investigadores calculan que en Estados Unidos el escucha promedio en una con- versación mira a la persona con la que está hablando entre 60 y 75 por ciento del tiempo mientras que el que habla hace lo mismo durante aproximadamente 40 por ciento de la interacción. La duración de la mirada a los ojos del otro tiene una dura- ción que va de uno a siete segundos. En promedio los comunicadores se miran tres o cuatro segundos antes de que uno o ambos interrumpan el contacto visual (Bave- las, Coates y Johnson 2002). Sin embargo, la duración del contacto visual aumenta a medida que lo hace también la distancia entre los comunicadores. Parece ser que utilizamos el contacto visual como una manera de compensar la falta de proximidad física.
El contacto visual actúa como un regulador no verbal. Por ejemplo, cuando se establece en una conversación, generalmente es una invitación para hablar y, cuando es prolongado, constituye de hecho una exigencia de interacción. El contacto visual también ayuda a regular a quién le toca el turno de hablar en una conversación. Como se mencionó, el escucha generalmente observa al que habla, pero éste no siempre ve directamente a aquél. Cuando termina el turno del que habla, volverá la vista al que escucha y establecerá un contacto visual mutuo. Mientras el que escucha comienza a hablar, mirará hacia otro lado hasta terminar, y en ese momento todo el proceso se repetirá. Esta alternancia del contacto visual facilita una transición suave entre el que habla y el que escucha.
El contacto visual comunica participación e interés, mientras que su ausencia im- plica indiferencia y apatía. Los oradores, por ejemplo, comunican su interés por el público al mirarlo. Los oradores que ven sus notas y no al público generalmente son menos eficaces que los que hacen un esfuerzo consciente por establecer y mantener un contacto visual. Éste también comunica interés y conexión en las relaciones in- terpersonales y a veces, aceptación, calidez y cercanía (Anderson 1999). Desde hace
mucho tiempo se considera que cuando se está coqueteando y se tiene interés sexual en alguien, la vista se sostiene duran- te mucho tiempo en esa persona. El contacto visual también puede comunicar aceptación y participación en las relaciones no románticas. En general se considera que la gente a la que se entrevista para ocupar un puesto es más capaz cuando sostie- ne la vista que cuando evita mirar al entrevistador.
La televisión y las reglas de exhibición
Probablemente te has dado cuenta de que las personas actúan en forma diferente cuando están en la televisión que cuando no lo están. Por ejemplo, en los eventos deportivos, los aficionados muchas veces se animan más, gritan más fuerte y hacen gestos más vívidos cuando la cámara apunta hacia ellos que cuando no lo hace. ¿Por qué?
¿Qué sabemos acerca de las demostraciones emotivas en televisión?
¿Cómo debieran reaccionar los reporteros ante la cámara en situaciones peligrosas o trá- gicas?
¿De qué manera las figuras populares, los animadores de programas en vivo, los promotores, los atletas, los testigos de un crimen y la gente que se agrupa atrás de los animadores en los reportajes noticiosos se conducen cuando la cámara apunta hacia ellos? ¿Cómo apre- ndemos estas reglas de exhibición?
Piénsalo
otra vez
?
▲“El alma, afortunadamente, tiene
un intérprete, a menudo inconsciente,
pero un intérprete al fin… en el
ojo.”
—Charlotte Brontë, novelista inglesa
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Gestos
Hace mucho que los estudiosos de la comunicación entendieron el poder de los gestos. Los maestros de oratoria de los antiguos griegos y romanos (como Aristóteles, Quintiliano y Cicerón) y los profesores modernos, han hablado sobre la importancia de animar un discurso con movimientos de manos y brazos (Graf 1991). Se define a los gestos como a un movimiento significativo del cuerpo que expresa un mensaje a un receptor (Thomas 1991). Los emblemas son gestos con significado claro y es- pecífico. Se les reconoce ampliamente dentro de una cultura específica y a menudo se les sustituye con palabras. ¿Puedes pensar en ademanes para las siguientes frases? ¡Silencio! Ven acá. Habla más alto. Detente. Vete. Mira. Estoy satisfecho por la comida. ¡Absolutamente no! La mayoría de nosotros entenderíamos el emblema específico que se asocia a estas frases. Tales emblemas permean nuestra sociedad y se utilizan en muchos contextos distintos.
Los emblemas pueden utilizarse para indicar la membresía en grupos religiosos, cívicos, sociales o incluso criminales. Las hermandades y fraternidades tienen salu- dos secretos de manos, los militares se saludan en forma específica unos a otros y las bandas utilizan señales con las manos o gestos para identificarse. Al igual que sucede con todas las señales no verbales, los emblemas se modifican de una cultura a otra. En la tabla 6-1 (p. 164) se presentan diversos emblemas para saludar en diferentes culturas.