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3 Un conflicto diferente

La nueva cosmología y la nueva antropología delineadas por el ecofeminismo han provocado una serie de conflictos, sobre todo en el seno de las instituciones eclesiales.

Esto ha sido así porque las nuevas elaboraciones cuestio- nan no sólo la organización jerárquica del mundo, y consiguiente- mente de las iglesias, sino los contenidos filosóficos y teológicos que sustentan este tipo de organización. Por ejemplo, en una pers- pectiva tradicional del catolicismo romano es el Magisterio de la iglesia (obispos) quien debe dar la más justa interpretación de la fe, la más correcta interpretación de la Biblia y las directivas a considerar sobre un asunto actual discutible. En otras palabras, hay una relación de obediencia y autoridad que refleja una orga- nización del mundo anterior al hambre democrática de los dife-

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rentes pueblos a fines del siglo XX. Esa hambre democrática no se limita a una democracia como participación política y econó- mica, significa también una participación en la producción de los sentidos de la vida. En ese sentido, diferentes grupos que sugie- ren interpretaciones diferentes de la vida cristiana se ven en abierta confrontación con los que representan la autoridad jerár- quica de las iglesias. Hay una insistencia en el mantenimiento tra- dicional del Magisterio en confrontación con el derecho que dife- rentes grupos se otorgan de interpretar, a la luz de los desafíos del mundo de hoy, la herencia del Movimiento de Jesús.

Los discursos tradicionales del pasado y del presente, dis- cursos que mantienen una comprensión del mundo a partir de la consideración de un modelo jerárquico emanado del mismo Dios, se sitúan pues en conflicto con el pluralismo de los discursos ac- tuales. Muchas iglesias, y especialmente la Iglesia Católica Ro- mana, tienen dificultad para lidiar con el pluralismo que irrumpió a finales del siglo pasado. Sin duda, el pluralismo encierra aspec- tos extremadamente incómodos y a veces problemáticos. Esto pa- rece más agudo cuando pensamos que el sistema del orden y de la obediencia, de la verdad única, de la autoridad única, de la ima- gen única de Dios, parecían colocarnos en situaciones más claras y seguras. Hoy esa seguridad y esa claridad cada vez se dan me- nos. Y encima estamos conscientes de todos los errores históricos que estas posturas dogmáticas han producido. En ese sentido, la mayoría de los esfuerzos de restauración del orden por los repre- sentantes de las instituciones de poder parecen ser objeto de crí- tica, sobre todo por parte de los grupos que actúan de forma más democrática. Hoy las órdenes son discutidas y las autoridades contestadas de forma diferente al pasado. Difícilmente se puede entender y aceptar la censura que todavía existe al acecho sobre las publicaciones de teólogas y teólogos, o de su magisterio en universidades e institutos. También son contestables las críticas de la Institución a los grupos que asumen posiciones diferentes a las del magisterio oficial. Las instituciones religiosas, en nombre de la pureza de la fe, continúan siendo represivas e injustas en re- lación a los esfuerzos de tantas personas de buena voluntad que tratan de servir a la comunidad humana de diferentes maneras.

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La actitud de defensa y de sutil persecución de las insti- tuciones religiosas y de grupos sociales más conservadores, mu- chas veces impide que percibamos lo que de positivo y de creati- vo está sucediendo en medio de nosotros. Sus controversias pola- rizan discusiones e impiden una mirada más libre sobre nuestra realidad histórica.

Por lo mismo, a pesar de ese ambiente polémico, debiéra- mos de preguntarnos si no estamos viviendo hoy una nueva fase de comprensión del ser humano. ¿No estaríamos descubriendo al- go de nosotros mismos que antes estaba velado por los sistemas de organización religiosa uniforme? ¿No estaríamos descubrién- donos como humanidad, de otras formas y a través de otros para- digmas?

Creo que los tiempos actuales nos revelan más que en otros momentos el pluralismo de los rostros humanos y el plura-

lismo de sus percepciones. Se da un desafío y una belleza en todo eso. Cada vez más, cada ser descubre su propio valor y no acepta someterse a la voluntad de otro, por mejor que éste sea. Esta lle- gada de las libertades individuales, con todas las contradicciones y límites que encierra, puede ser leída también desde una pers- pectiva positiva. Podemos dar "gracias a la vida" por el hecho de formar parte de una comunidad humana y que, como nosotros, otras muchas personas deseen participar de las luces del saber y expresar su propia experiencia de saber. Estamos viviendo en una comunidad que percibe su poder como un "poder con" y no sólo un poder sobre los otros, tendencia característica de los sistemas autoritarios. Hay una especie de anhelo profundo de democratiza- ción del poder y de repudio a las viejas formas jerárquicas centra- das en figuras autoritarias. Esto es verificable en la sociedad civil a partir de la experiencia de diferentes países, así como es verdad en las iglesias cristianas y en otras aproximaciones religiosas.

Estamos viviendo en un momento crítico de la existencia humana y de la existencia del planeta en el cual no hay una única institución que tenga palabras de orden, palabras de salvación, palabras de libertad, palabras de sabiduría. Hoy todas las palabras deben intentar elaborar un "texto común", marcado por las dife- rentes letras, diferentes escrituras, diferentes aproximaciones, a

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fin de que seamos guardianes unos de otros, unas de otras. Nece- sitamos construir de nuevo la comunidad humana y la comunidad de todos los vivientes en la simplicidad y en el reconocimiento de que todos y todas nosotros sabemos poco, apenas conocemos un punto de vista, una perspectiva en relación a las cosas con las que convivimos. Y, además, tengamos en cuenta que no cambia nada por más que llenemos nuestros discursos de textos bíblicos, de citas de antiguos teólogos, como si ellos tuviesen la palabra de "seguridad" o de autoridad que necesitamos. En realidad nada de eso hace cambiar las relaciones humanas en profundidad. Al con- trario, puede hasta hacer estallar conflictos de interpretación y ar- gumentos de autoridad que nos alejarían de los debates reales del mundo actual.

El ser humano necesita volver a ser sencillamente huma- no con los otros seres. Y las tradiciones religiosas, palabras hu- manas del pasado y del presente, son llamadas de nuevo a respe- tarse mutuamente en tanto cada una de ellas entona su propio canto en el coro común de las voces humanas, Se trata de apren- der a entonar el canto propio en la sinfonía común de la humani- dad. Y ahí sí, la gente llega incluso a amar más el canto propio y a descubrir la nota musical que más lo caracteriza. En ese esfuer- zo artístico necesitamos estar conscientes de que las arritmias, descompases y notas fuera de tono son previsibles e incluso im- portantes para provocar nuevos diálogos. Esta parece ser la mar- cha irresistible de la historia humana.