LOS NOMBRES DE DIOS1
Dorothee Sólle
Si fuésemos a resumir la posición de la teología feminista de los últimos veinticinco años, bastaría la afirmación de que el patriarcado, en su discurso sobre Dios, pierde o echa a perder la trascendencia de Dios. Si a Dios sólo se le llama "él", entonces a Dios se le piensa o concibe como demasiado pequeño, muy redu- cidamente. Lo que realmente debiera ser expresado no puede ser realmente dicho en lenguaje sexista que ignore más de la mitad de la humanidad. El concepto de la inferioridad natural de las mujeres y la legitimación de su sujeción, que se trata de presentar teológicamente como una sujeción dada en la Creación es -para ambos sexos, por supuesto- uno de los grandes obstáculos en el largo camino para llegar a ser completamente human@s. "La anatomía es destino", afirmaba Freud, sin conciencia de cómo la sustancia misógina de esta afirmación golpea a quienes la expre- san, la institucionalizan y la viven, como si la libertad, la fortale- za del ego y la humanización fuesen posibles sólo para una parte de la humanidad y a expensas de la otra parte, que por naturaleza permanece esclavizada.
Una cita de los escritos de uno de los padres de la Iglesia, Jerónimo, indica la continuidad ideológica: "En la medida en que la mujer vive para dar a luz y crear prole, permanece la misma
Este trabajo fue publicado en Teology for Skeptics. Reflections on God. Fortress Press, Minneapolis, 1995.
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diferencia entre ella y el hombre como la que existe entre el cuer- po y el alma; no obstante, si ella quiere servir a Cristo más que al mundo, cesará de ser mujer y será llamada "hombre", porque de- seamos que todo sea elevado a la perfecta hombría"2. El enten-
dimiento del Creador aquí expresado verifica mi tesis inicial. De acuerdo a esta tradición, Dios no creó otra cosa que al hombre y esta criatura hombre es incapaz de pensar en l@s y otr@s excepto como un objeto útil. Si Dios no es más que un varón, entonces lo varonil es Dios. El sexismo es herejía, es contrario a la Escritura (Gn l, 27; Ex 2, 14) y hace de Dios un ídolo fálico. La relación recíproca que existe entre la imagen patriarcal de Dios y las posi- ciones machistas sobre el poder, en la Iglesia y en la sociedad, pueden ser observadas cuando cualquiera de los dos pilares, Pa- dre-Dios o poder masculino, son sacudidos y conmovidos dentro de la religión organizada.
Así como un nombre no es suficiente para un ser huma- no, del mismo modo para Dios -también un nombre como refe- rente a un símbolo familiar- es un nombre extraviado y engaño- so. Lo divino ha de ser entendido en categorías de relación de contrarios, lo que en sí es armónico y dinámico: presente y ocul- to, poderoso e importante, sufriente y consolante, madre y padre, castigador® y salvador@.
Todo intento de nombrar a Dios con una palabra exclu- yente y hacer del padre en el "Padre Nuestro" de Jesús un garante del lenguaje incambiable, es un ataque contra dicho Dios, quien es así controlado e integrado en el reino de las cosas que están a nuestra disposición. "Yo soy el que seré", es un intento por repu- diar la idolatría dominante dándole un viraje al lenguaje.
Dios excede a Dios, como dicen l@s teólog@s del pro- ceso. Como toda buena afirmación teológica ésta tiene también un sentido crítico y "exclusionario", que puede leerse como: Un Dios que no excede a Dios no es Dios. Dios, expresado en un len- guaje específico, limitado por ciertas definiciones, conocido por nombres que han establecido ciertas formas socio-culturales de control, no es Dios, sino fe, deviene, por el contrario, en una ideología religiosa. Los símbolos, como por ejemplo ése de la " Jerónimo, Comentario sobre Efesios, Patrología Latina, 26, pp 53-59.
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omnipotencia de Dios, me dicen más acerca de las proyecciones y deseos de los hombres que los usan, que sobre Dios. Los nombres se pueden convertir en prisiones de Dios. Yo, por ejemplo, aún oigo a Adolfo Hitler vociferando, cada vez que leo la frase "el Todo-Poderoso".
La teología feminista surge, como toda teología de la li- beración, de la experiencia de haber sido heridas. Surge de la des- trucción infligida sobre las vidas de mujeres, ya se conciba ésta en términos psíquicos, intelectuales, sociales, políticos o econó- micos. Hace visibles las mutilaciones. Surge entre mujeres que perciben su situación y caminan en común rompiendo los con- vencionalismos y las formas de la teología dominante y sus pac- tos con el poder. Dicho pacto impone una tarea cultural a la Igle- sia que es contraria a su misión y su tradición: la Iglesia está en- tonces orientada a hacer invisibles a las víctimas de nuestra situa- ción, y si esto se torna imposible, por lo menos las causas de la miseria han de aparecer como fatídicamente inciertas. Los predi- cadores pueden hablar de José y María, pero no deben conocer a los deambulantes sin hogar en nuestras ciudades. Exponen la na- rración del paralítico y sus amig@s pero poco se preocupan si los que sufren de SIDA tienen amig@s o no. Mencionan a los "ham- brientos", pero la feminización de la pobreza cae fuera de su hori- zonte y campo de acción.
A la luz del sufrimiento real de las mujeres, la teología y la práctica devocional de las Iglesias se presentan como extraña- mente ciegas e ignorantes. Entre las mujeres feministas que han comenzado a reflexionar desde la perspectiva de sus heridas se ha extendido el asombro respecto a la abstracción desapasionada de la teología masculina, el aburrimiento con la exégesis bíblica se- parada de la experiencia y la praxis y el cambio brusco de senti- mientos contra la fría y desapasionada administración masculina dentro de la institución. "Por lo cual pido a Dios -decía Meister Eckhart- me libre de Dios". Esta expresión no es una herejía sino una petición de liberación de la prisión de un lenguaje que resulta muy reducido para Dios. Por lo cual yo pido a Dios, mi Madre -así entiendo a Eckart hoy día- liberarme del Dios de los hom- bres.
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El canto es mucho más que tratar de los "aspectos feme- ninos en Dios", los cuales muchos hombres ilustrados están listos a admitir hoy día. Su discurso me molesta, como si Dios fuese in- trínseca y primariamente masculino y como si esos elementos fe- meninos que han permanecido ocultos debieran ser traídos a la luz como complementos. De acuerdo a este esquema de pensa- miento, lo femenino permanece oculto en Dios como lo infantil permanece oculto en el adulto. Pero no es suficiente querer des- cubrir lo aún desconocido femenino en el bien conocido Dios masculino, sino que en el marco de esta de-construcción, la críti- ca femenina todavía no ha calado tan hondamente. ¿No tendría- mos igual justificación para descubrir los aspectos negroides y ju- veniles en Dios para, finalmente, eliminar al viejo hombre blanco del cielo? Nuestra dificultad más profunda no consiste en las más o menos falsas imágenes de Dios que se nos han heredado y que no podamos superar la desolación desanimada en que vivimos poniendo estatuas de dioses o cuadros del matriarcado en los tem- plos que hemos dejado vacíos. No carecemos de imágenes sino de experiencias identificables de Dios. Atrapadas en la camisa de fuerza del lenguaje autoritario masculino, se nos ha percibido co- mo incapaces de identificar el secreto de la vida que llamamos Dios, como algo experimentado.
Con esto no quiero decir que la gente experimenta a Dios menos que en el pasado. La presencia y la ausencia de Dios nos son dadas también hoy, en júbilo y desesperación, y a veces aún en la sorpresiva mezcla de ambos. La vida misma está tan per- meada con esta realidad o cualidad que llamamos Dios, que no podemos evitar alimentarnos de y hambrear por ella. Sólo que a veces no sabemos eso, ya que se nos ha considerado incapaces de hablar. No nos atrevemos a relacionar lo que de hecho merece ser llamada una "experiencia de Dios" con el Dios de la religión ad- ministrada por hombres. Los sacerdotes y teólogos han hablado por tanto tiempo que nos hemos convertido en mudas. Ellos han encerrado a Dios en la Biblia y en la liturgia, en lugar de usar la Biblia y la liturgia como anteojos para comprender nuestras vidas.
Mientras que, en realidad, Dios está presente y reconoci- ble en muchas instancias de nuestras vidas, carecemos del len-
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guaje para referirnos a Dios. El poder de la trivialización que par- ticularmente afecta a las mujeres nos convence de que lo que experimentamos "no es más que" necesidad tecnológica, el resul- tado de causas que están más allá de nuestro control, sobre-esti- mulación emocional, etc. La actitud sabelotodo y la insensibili- dad de este "no es más que" anonada el espíritu, las sensibilida- des y las fantasías de las mujeres. Hemos sido formadas para tri- vializar la vida cotidiana en lugar de santificarla. Nada de lo que nos afecta escapa de la trivialización. A la vez, el indiferente "no es más que" expresa una pérdida de la autoestima. No sabemos que cuando el Evangelio se refiere a una mujer con flujo de san- gre o a una mujer paralítica, se refiere por ejemplo a nosotras, mujeres normales, menstruantes o discapacitadas. El Dios-de- allá-arriba que la religión ha convertido en fetiche ha decapitado nuestras vidas de su relación con Dios.
Recuerdo haber escuchado un informe de una joven mu- jer acerca de los eventos de Greenham Common, donde mujeres
se reunían a menudo en vigilias contra las bases inglesas de des- pliegue de armas nucleares. Mientras ella hablaba yo veía, a la luz de los focos reflectores, los rostros de las desarmadas mujeres enfrente mío. Pero, más precisamente, vi el rostro de Dios, del cual la Biblia habla, brillando en ellas. Más tarde escribí un poe- ma titulado Lo que María dice:
"Dos círculos en Greenham Common uno brillando más por dentro
allí fueron construidos los silos los perros adiestrados
y las ametralladoras terminadas y afuera, en la penumbra, estaban cuarenta mil mujeres. Traían cartas redactadas colgaban de la tapia
una partera clavó su diploma porque ella ayuda a dar a luz la vida por lo cual permanece de pie frente a los fortines del poder
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mientras los agitados perros
aullan a la luz de los focos reflectores. Estas liturgias de resistencia
como Moisés frente a la zarza ardiente
permanecemos de pie frente a tapias y paredes no lloré no sólo por causa del miedo
por causa de la vergüenza y la tristeza era la misma vida desnuda
nuestra vulnerable, corta vida desnuda y finalmente visible".
Este también es un texto sobre Dios, pero probablemente la palabra "Dios" orientaría fuera de Dios porque esta palabra se preocupa por el lenguaje del patriarcado y su adoración del poder. Dentro del marco de referencia de esta ocupación, la Biblia y la liturgia ya no pueden llegar a efectuar aquello hacia lo cual se su- pone se dirigen, es decir, a hacer el misterio de Dios visible tam- bién para nosotr@s, pro nobis. La teología dominante ha dado a amb@s una inaccesibilidad autoritaria de modo que la gente no pueda ya más expresar sus experiencias más profundas en el len- guaje de Dios, como tampoco puedan compartirlas con otras per- sonas. Sin forma, sin lenguaje, las experiencias mueren, no son relevantes para otras personas. El lenguaje no sólo pinta o descri- be lo que es, sino que además regresa a la conciencia lo que ha sido experimentado. En este sentido, el lenguaje sobre Dios que pueda ser llamado exitoso es un tocar constante a la puerta de la memoria. Dice: "¿Sabes algo más?... Sólo recuerda... Era así para ti también". A la vez es una interpretación de la realidad de la cual no podemos carecer, una interpretación enfática que nos pro- tege de nuestra propia trivialización. Estas mujeres que tomaron conciencia de su fuerza dentro de! movimiento pacifista o de otros movimientos de liberación jamás podrían ya tolerar tal fra- seología trivializante como "yo, individualmente, nada puedo ha- cer de todos modos". Ellas saben que son portadoras de la vida. "Sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque ama- mos a las hermanas" (l Jn 3, 14). Esta frase de la primera epís- tola de Juan articula la experiencia de la resistencia entre las minorías, tanto ayer como hoy.
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Pero, ¿es este presupuesto realmente correcto? ¿Existen estas maravillosas y dolorosas experiencias y aflicciones de parte de Dios? ¿Realmente experimentamos que Dios está más cerca de mí que yo de mí misma? Recuerdo un grupo feminista en Nueva York donde tratábamos de hablar sobre nuestras experiencias re- ligiosas. Una mujer, que ha sido mi amiga desde ese día, informó sobre las experiencias humillantes y destructivas de su socializa- ción cristiana. Entonces hizo una pausa y habló sobre su expe- riencia sexual, que le enseñó por primera vez lo que podría sig- nificar la Palabra de "Dios" -ese sentimiento cuántico de no per- cibirse separada de nada o molestada por nada, la felicidad de ser una con todo lo viviente, el éxtasis en que el viejo "yo" es aban- donado y soy nueva y diferente. Goethe habló una vez sobre "la frescura de las noches de amor que te engendraban mientras en- gendrabas". Esto está expresado en lenguaje machista, pero la experiencia de nacer, donde concebimos y damos a luz, de no ser ya capaces de separar la pasiva y activa experiencia de lo perma- nente, de no ser ni lo actuante ni lo actuado, está fundamentada en la experiencia de ser mujer. El lenguaje de la religión, por lo que no quiero decir el lenguaje robado en el que un Dios varón ordena y el poder imperial irradia, es el lenguaje del misticismo: estoy completa y terminantemente en Dios, no puedo caer, soy imperecedera. "¿Quién nos podrá separar del amor de Dios?", po- demos preguntar con Pablo el místico. "Ni la muerte, ni la vida, ni lo alto, ni lo bajo, ni lo presente, ni lo futuro" (Rm 8, 35 y 38).
Me gustaría relatar otro ejemplo, una de las experiencias de ser abandonada por Dios. En noviembre de 1983 el parlamento alemán en Bonn votó a favor de acumular misiles de mediano al- cance. Estaba yo en la calle en Bonn con much@s amig@s, hom- bres y mujeres. Fue un bofetón en la cara para nosotr@s tras lar- gos años en la persuasión y en la liberación en que habíamos in- vertido tiempo, energía y dinero. Era una humillación para la de- mocracia, ya que la mayoría del pueblo rechazaba las armas de destrucción masiva. Era un asalto a la verdad^con el argumento de que las armas que golpean primero debieran servir aparente- mente para la "defensa". Se suponía que yo hablaría, pero no sa- bía qué decir. Much@s de nosotr@s que estábamos protestando fuimos sacados con violencia mediante cañones de agua y arras- trad@s en las calles por la policía. ¿Por qué me has abandonado,
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Dios?, pensaba. ¿Por qué no muestras tu rostro? ¿Por qué no nos preparas la mesa en presencia de nuestr@s enemig@s (Sal 23) sino que invitas a un banquete a los que no te buscan? Yo no sé ya lo que dije en esa oscura noche, pero una expresión fue "La verdad nos hará libres", un juramento de Dios de que la verdad nunca permanecerá oculta bajo la mentira. Muchos consideraron lo que expresé como una oración, a pesar de que en ningún mo- mento utilicé vocabulario religioso. En todo caso, esta oración no fue dirigida a un autoritario poder en lo alto, que hubiese forzado una decisión distinta con rayos, centellas, intervención sobrenatu- ral ni apariciones mágicas. El Dios a quien se dirigía dicha ora- ción estaba triste como nosotr@s, sin cuenta de bancos ni bombas de respaldo, igual que nosotr@s. Sin embargo, Dios estaba con nosotr@s esa noche. En nuestro estado de ser dejad@s de la ma- no de Dios, estábamos carentes de Dios, pero esta carencia, pero este hambre de un pedacito de pan en Bonn estaba en y con noso- tr@s. El potentado, el Regente y Soberano Todopoderoso, ni pu- do ni quiso ayudarnos. Pero el Dios de la derrota y del dolor, el Dios del Gólgota estaba con nosotr@s.
Presentía Dei -en la totalidad de estar-en-Dios y en el vacío del abandono- son experiencias fundacionales que, sin el lenguaje sobre Dios, permanecen mudas e impotentes, que no po- demos compartir y que no nos pueden cambiar. El lenguaje sobre Dios nos capacita para hablar, nos ayuda a comunicar aquello de lo que depende y nos crea de nuevo una y otra vez "un nuevo co- razón y un espíritu recto" (Sal 51, 12).
El movimiento feminista cristiano se enlaza con las expe- riencias cotidianas y aún su aspecto reflexivo, llamado teología feminista, tiene que asirse a las experiencias cotidianas de las mu- jeres. La palabra "experiencia", mientras tanto, ha llegado a ser
una moda y desafortunadamente, aún, en la mal utilizada palabra Selbsterfahrung, es decir auto-experiencia (o experiencia propia o personal), aún el último vestigio de irse y viajar por el mundo se ha perdido . Encuentro que la insistencia sobre la experiencia en- tre las mujeres es en ocasiones infantil y altamente subjetiva. No
' Nota del traductor del alemán al inglés: ""La palabra Erfahrung que traduzco como "experiencia" tiene en su raíz la palabra alemana para "cabalgar, conducir, ir": Selbsterfahrung o experiencia del yo no tiene connotación de movimiento.
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obstante, esta ansia por una religión existencial vivida tiene en su impotencia más justificación que la sabiduría académica congela- da de una teología que no se molesta con el contexto de l@s que hoy viven. Una búsqueda lingüística de Dios ha comenzado y se está efectuando por parte de quienes han perdido su lenguaje, las mujeres. No es asunto de suplementar la teología existente, pues ¿qué suplemento habría que añadir a las piedras que ofrece? La teología feminista es un grito por pan.
No es accidental que su primera y aún más extendida for- ma sea la liturgia. Que las oraciones, los cánticos, la danza y el movimiento corporal, los grupos de discusión bíblica, las "cele- braciones de hermanas" sean las formas de expresión de esta bús- queda por un existencial lenguaje sobre Dios. Aprender a hablar a Dios es más importante que hablar sobre Dios. Existe un consen- so de que el nuevo lenguaje no necesita ser exclusivamente de gé- nero. Existe una controversia sobre si la "Diosa", o conceptos si- milares tomados de la cuenta matriarcal, como la Gran Madre, son productivos y liberadores o si con ellos, como creo, se rompe la búsqueda muy abruptamente y no llevamos a efecto lo que Eckhart consideraba librarse de Dios. No es el simbolismo pater- nal en muchos aspectos impotente, porque puede expresar protec- ción y seguridad pero no la Deidad que va con nosotr@s fuera de