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Por una inclusividad del Espíritu en la comunidad de adoración

Elida Quevedo

V.- Por una inclusividad del Espíritu en la comunidad de adoración

La doctrina del Espíritu es por esta razón histórica una tradición bíblica favorable al género. Al respecto quiero citar el escrito de Wanda Deifelt, 1994, "Teoría feminista y metodología teológica", en el que la autora, refiriéndose a la hermenéutica fe- minista, dice que la tarea de dicha ciencia es afirmar (con su me- todología particular) la presencia de las mujeres en el pasado y fomentar su participación activa en el presente. En esa tarea, el descubrimiento de una tradición de nosotras mismas y de tradi- ciones alternativas en la Biblia y en la Historia son importantes".

En ese sentido, hemos encontrado que la doctrina del Es- píritu Santo es una tradición bíblica, teológica y pastoral alterna- tiva, y resulta un recurso excelente para la hermenéutica de géne- ro, porque es una experiencia de la comunidad inclusiva. Valdría la pena entonces acercarse a la doctrina del Espíritu Santo para recrearla como un recurso a favor de la justicia de los géneros. Según la perspectiva bíblica, el Espíritu es quien da vida a las co- munidades (1 Co 12, 12-26). En esa experiencia del Espíritu se inscribe el apostolado de Pablo hacia los gentiles (Hch 13); en la experiencia del Espíritu se ubican Pedro y Juan cuando ofrecie- ron al cojo en la puerta de la Hermosa lo único que tenían: fe y compromiso (Hch 3); el Espíritu le hizo comprender a Pedro la dimensión ecuménica de la fe en Jesús (Hch 10). Y asimismo, fue la experiencia del Espíritu de Dios la que habilitó a más de una mujer para la Vida.

En Le 1, 5-25, relato del nacimiento de Juan Bautista, y en Le 1, 26-30, relato del anuncio del nacimiento de Jesús, apare- cen dos mujeres: una es Isabel, la madre de Juan Bautista, mujer ya vieja y estéril, esposa de Zacarías, un sacerdote del templo. Una mujer estéril era una vida seca, sin fruto, inútil, una terrible afrenta (Le 1, 25). La esterilidad de Isabel parecía ser sin espe- ranza, hasta que la acción divina transformó esta realidad, ha- ciéndola madre del que habría de preparar las sendas para la lle-

" Wanda Deifelt: Teoría feminista y metodología teológica.

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gada del Salvador del mundo (Mt 3, 1, 11). La maternidad de Isa- bel fue una experiencia extraordinaria de liberación divina. Una increíble habilitación por el Espíritu, que además la hizo partici- par de la misma gracia maravillosa de María, madre de Jesús, cuando Isabel, totalmente sensibilizada por el Espíritu, es capaz de percibir, tanto ella como la criatura en su vientre, la futura li- beración del pueblo (Le 1,13, 44-45).

La otra mujer en estos relatos, María, madre de Jesús, es una joven de origen humilde que concibe por el Espíritu Santo al Mesías tan esperado. Lo grande en este acontecimiento no es tan- to que sea madre, sino que haya sido elegida para traer al mundo y educar para la misión al hijo de Dios. Y también, por supuesto, que ella, de humilde condición, sin casarse, en un contexto total- mente hostil a las mujeres, creyera valientemente al anuncio del ángel y asumiera tan gran compromiso (Le 1, 45), percibiendo su poder liberador (Le 1, 46-55).

María puede ser el modelo para las mujeres que se re- crean, se hacen de nuevo, se vuelven personas de gran testimonio en la fuerza del Espíritu. Condenada al mundo de lo común, Ma- ría, por la fuerza del Espíritu, se torna aliada importante en el Plan de Dios para la humanidad.

Poder liberador y movilizador. Ese es el significado de la experiencia del Espíritu Santo en la vida de mujeres y personas de humilde condición. Es el Espíritu quien da la autoridad, es el Espíritu quien da la fuerza y el poder, es el Espíritu el que comi- siona y compromete, por eso será una fuerza inspiradora y aliada de los débiles, fuerza también de las mujeres.

En las iglesias pentecostales la experiencia del Espíritu es una fuerza liberadora que desata las lenguas y las inhibiciones, da seguridad y habilita dones para la comunidad. Así, las perso- nas, no importa cuan humildes puedan ser, llenas del poder del Espíritu, son legitimadas para la participación activa en el culto y la vida general de la iglesia. Y es esta experiencia particular del Espíritu Santo en las vidas de las personas lo que hace posible que las mujeres, como sector importante de la comunidad de fe,

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se hagan presentes en forma significativa y visible en la iglesia, ya sea en ministerios ordenados o en ministerios laicos que ofre- cen un espacio vital para la dignificación humana y el desarrollo de sus habilidades espirituales.

1.- La liturgia como espacio para la justicia de los géneros: Recurso pastoral

La espiritualidad está cobrando un renovado interés en la actualidad. Por muchas razones en estas sociedades globalizadas la gente recurre a la espiritualidad en el deseo de llenar sus fuen- tes con nuevas esperanzas. Las vivencias propias y el encuentro humano hacen posible que el espacio litúrgico se vuelva también espacio para promover una cultura alternativa a la cultura de la dominación genérica.

Ya está bastante difundida en los ambientes teológicos y en las comunidades cristianas la idea de la animación litúrgica y la búsqueda de una espiritualidad latinoamericana, que tome en cuenta la participación de todas las personas en la celebración re- ligiosa y la vida de la comunidad de fe, y que promueva la pleni- tud de vida como opción teológica fundamental.

La animación litúrgica no es otra cosa que la inspiración espiritual y la educación en la fe que es capaz de realizar el mo- vimiento litúrgico en una comunidad particular. Por supuesto, no es una influencia automática, es decir, la liturgia por sí sola, co- mo experiencia desligada de las vivencias concretas y los desa- fíos de una cultura de la muerte, no es capaz de inspirar cambios ni movilizar hacia la cultura de la Vida y la solidaridad; para ello ésta debe vivirse como un proceso de toma de conciencia y pro- moción de los valores culturales alternativos. Pero no cabe duda de que a través de los distintos elementos del culto, así como de los distintos recursos que se utilizan como la música, la poesía, el arte en diversas formas, la comunicación popular del mensaje y otros, se va dando vida y fuerza a la comunidad que "camina a la luz de Dios", procurando la participación de todos y todas, pro- moviendo la inclusividad.

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Un recurso muy importante en esta experiencia es el tra- bajo con la música y las distintas expresiones simbólicas en la celebración; a la gente le gusta la música, le gusta cantar; cuando se utilizan canciones con mensajes de justicia, solidaridad, paz, etc., la toma de conciencia en la comunidad se realiza con menos traumas y va más rápido. Además de crear un ambiente comuni- tario celebrativo y vigoroso. Y de igual manera, las acciones e imágenes simbólicas que les confrontan con la realidad impactan profundamente hacia la fidelidad evangélica y la justicia.

Y no debemos olvidarnos de cambiar el lenguaje por uno inclusivo, así como también las imágenes y símbolos masculini- zantes por imágenes y símbolos que favorezcan a todos los géne- ros; en ese sentido debemos apreciar la dinámica liberadora del evangelio que cambia la circuncisión (masculino) por el bautis- mo (inclusivo) como signo que hace visible la fe; en esto se apre- cia que hay una escuela y una tradición alternativa en la misma Biblia, la cual debemos encontrar; ése es el gran desafío para la hermenéutica y la espiritualidad con visión de género.

Conclusión

Dios nos llama a formar comunidad (Ga 3,26-29)

Beatriz Melano en su escrito Hermenéutica feminista:

el papel de la mujer y sus implicaciones, al respecto del con-

cepto de la verdad, nos recuerda que en la perspectiva bíblica la verdad "es una realidad encarnada". En el AT la verdad es una cualidad de Dios y de sus acciones, y es algo que se demanda de nosotros. Y en el NT la verdad no es sólo lo que se cree o se piensa, sino que es algo que debe ser hecho, y a partir de Jesucristo la verdad se encarna. Entonces la verdad es una acti- vidad divina y humana.

Este concepto de "la verdad encarnada" establece la uni- dad sujeto/objeto, porque la verdad deja de ser algo puramente objetivo que se da fuera de nosotras, y se nos presenta como algo que construimos con nuestras experiencias, culturas, intereses y

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demás. Y esto representa para las mujeres una posibilidad real de poder contribuir, desde nuestras particulares situaciones vitales, a la construcción de una verdad de fe que nos haga justicia. Pero también, en ese sentido, la hermenéutica moderna se enriquece porque la tarea interpretativa ya no es de una sola vía, sino que tiene muchos caminos (porque parte de distintas y variadas expe- riencias), y muchos sujetos y sujetas (incluye las perspectivas de los géneros).

La tarea de la hermenéutica es doble, dice Melano, por- que primero hay que liberar la Palabra de las interpretaciones sexistas que dominan en nuestra sociedad, y segundo, hay que encontrar esa Palabra y lenguaje liberadores para todo ser hu- mano (incluye a los géneros) en la propia Biblia12.

Un ejemplo de esto son los famosos pasajes bíblicos de Pablo que han sido interpretados literalmente en contra de la mu- jer, pero contradictoriamente, un escrito tan importante como Ga

3, 26-29, que abiertamente elimina en nombre de Cristo todas las separaciones humanas, no haya sido estudiado en las comunida- des con la misma fidelidad; y es sin embargo un texto que podría- mos considerar inspirador para las relaciones entre los géneros en la comunidad de fe, porque, en nombre de esta exhortación pas- toral paulina, podemos volver a leer todos los otros pasajes dis- criminatorios y de lenguajes sexistas, en Pablo y en la Biblia to- da, para encontrar, en honor a Cristo, el camino de la equidad, la justicia y la solidaridad humanas.

El mismo Pablo, en nombre de Cristo, exhortó en otra oportunidad a la comunidad cristiana acerca del discernimiento del Cuerpo de Cristo, lo cual es precondición para una digna par- ticipación de su cuerpo y sangre. Cabe preguntarnos: ¿Cuántos siglos llevamos participando indignamente del cuerpo y la sangre del Señor? Pablo pregunta por los pobres, pero ¿y qué de las razas?, ¿y qué de las mujeres?

12 Beatriz Melano: Hermenéutica feminista: el papel de la mujer y sus impli-

caciones.

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BIBLOGRAFIA

Beatriz Melano: Hermenéutica feminista: el papel de la mujer

y sus implicaciones, en Janet W. May ed., Primer encuentro- taller de Profesoras de Teología. San José. SBL, 1994.

Casiano Floristán: Teología práctica: teoría y praxis de la ac-

ción pastoral. Salamanca. Sigúeme, 1993.

Diccionario Enciclopédico Quület, Tomo V. México D.F. Cum-

bre, S.A. Diciembre de MCMLXXXVII.

J.B. Bauer: Diccionario de Teología Bíblica. Barcelona, Herder,