ESTUDIOS SOBRE LA FILOSOFÍA MODERNA
1. SPINOZA: UNA MORAL DENTRO DE LA NATURALEZA
2.3 Consideraciones Finales
Kant se sitúa en un momento crítico, que exige la defensa de los ideales conquistados. Ante todo, la defensa del hombre prometeico, conquistador de la naturaleza. Esta percepción que el hombre tenía de sí mismo exigía una filosofía antropocéntrica, que demostrase la superioridad humana sobre el resto de la naturaleza y justificase su capacidad para el logro de todo tipo de transformaciones.
Para ello se requería desligar al hombre de las causalidades naturales. Ello se logra a través del concepto de libertad. Este concepto, elaborado por la filosofía griega en condiciones parecidas, había perecido con el platonismo, pero había logrado resucitar con la naciente burguesía en el siglo XII y había sido cultivado con cariñosa pasión por el pensamiento renacentista.
¿Cómo conciliar las contradicciones entre ciencia y libertad? ¿Cómo establecer una ciencia que sirviese al manejo del mundo, pero que no se entrometiese en los asuntos humanos? A nombre de la ciencia no se podían dejar derrumbar los fundamentos de la ética y de la política. No podía tolerarse el dominio de una nueva sofística, a la que llegaba siempre la ciencia autónoma. Era indispensable ponerle bocel al conocimiento científico.
pilar fundamental del pensamiento moderno. Este va a acudir continuamente a su base kantiana, tan pronto como siente amenazados las bases de su autonomía. Lo que pretende Kant, al cercenar la osadía de la ciencia, es fundar el reino de una moral autónoma, pero al mismo tiempo, establecer el reino independiente de la ciencia. Para ello era necesario alejar al dios cristiano, demasiado comprometido con el orden del cosmos, para así facilitarle al hombre el espacio de libertad necesario para manejar a su antojo los asuntos intramundanos. ¿Hasta qué punto logra Kant superar las dificultades de tan titánica labor? No vamos a ahora a profundizar las contradicciones inmanentes al pensamiento kantiano. No es posible entrar a discutir si Kant logró superar la dificultad de conciliar la autonomía de la libertad, con la heteronomía del mundo de la naturaleza, o si logró cimentar la endeblez metafísica de sus hipótesis trascendentales o si, para ello, tuvo que introducir una profunda división entre hombre y naturaleza y al interior del hombre mismo.
Nos interesa sobretodo reflexionar sobre la manera como el tejido simbólico así establecido repercute posteriormente en el manejo del mundo natural. Ante todo, la división tajante entre hombre y naturaleza. Las hipótesis trascendentales propuestas por Kant, intentan conciliar las contradicciones entre hombre y naturaleza, pero, en último término, acaban ratificando la separación del hombre frente al resto del mundo natural. Para ello, era necesario hundir la naturaleza en un terreno pantanoso, opuesto a los ideales éticos del hombre, de tal manera que la voluntad sólo puede ser moral, cuando supera las tendencias que provienen de la animalidad.
La separación entre hombre y naturaleza implica necesariamente la división al interior del hombre mismo, hazaña en la que Kant avanzó por infortunio mucho más allá que cualquier filósofo anterior e incluso posterior. La filosofía después de Kant, tanto con Hegel, como con Marx y Nietzsche consistirá en un retorno a la unidad del hombre, basada precisamente en la aceptación de su cuerpo y sus realidades terrenas. Hegel recupera el “gozo”, que había jugado un papel predominante en la ética de Spinoza, Marx recupera las condiciones terrenas del trabajo y Nietzsche intenta resucitar la pasión.
El rechazo kantiano al orden natural culmina en una especie de platonismo de nuevo cuño. Toda la naturaleza se explica solamente en forma cabal en la tríada sagrada. Dios, el alma y la libertad son ideas que no tienen, como las de Platón, la fuerza creadora en el orden de la razón especulativa, pero sí la fuerza práctica como principios reguladores de la conducta. El ideal kantiano concluye, a la
manera de Platón en un himno a la divinidad: “Nosotros no tenemos otra regla para juzgar nuestras acciones más que la conducta de ese ser divino que llevamos en nosotros” En último término nada de lo que existe en la naturaleza puede ser objeto autónomo “si no supone el conjunto de toda la realidad empírica como condición de su posibilidad”.
Como puede verse, estas frases tienen el timbre exacto del platonismo, aunque elaborado sobre otros presupuestos. Como Platón, Kant solo puede encontrar el orden total de la naturaleza por fuera de ella. El mundo natural queda relegado a una serie de fenómenos conexos por el principio de causalidad, pero de todas maneras inconclusos en sí mismos. El hombre sigue encerrado en la caverna. La naturaleza necesita de la libertad, del alma y de dios para lograr su plenitud en la acción moral. De esta manera, la naturaleza pasa a ser un reino subordinado. Una filosofía ambiental debería fundamentar el orden social sobre bases diferentes a la satanización de la naturaleza. El hombre también es naturaleza, aunque sus formas adaptativas hayan sido modificadas radicalmente por el mismo proceso evolutivo. El concepto de libertad quizás haya que analizarlo de nuevo sobre las bases de esta línea evolutiva que significa al mismo tiempo continuidad y ruptura.
Pero sobre todo, el análisis ambiental tiene que recuperar el significado de orden natural. El ecosistema no es un amasijo informe de especies, que han sido colocadas en el escenario de la naturaleza, para juguete y satisfacción del hombre. La evolución ha crecido consolidando un orden que el hombre no puede desconocer. El papel de la ciencia no es tanto atomizar el mundo, sino entender sus relaciones.
Sin duda alguna el orden cultural no es el orden ecosistémico. El hombre no tiene nicho ecológico y sus formas adaptativas se logran a través de esa construcción compleja y artificial que es la cultura. Es indispensable analizar de nuevo al hombre dentro del sistema cultural, tal como lo intenta Hegel, para entender después sus relaciones con el entorno. La época del individualismo filosófico presidida por Kant es posible que haya llegado a su fin.