INTRODUCCION: LOS ANTECEDENTES ILUMINISTAS
1.5. El retorno a Kant: George Simmel y Max Weber
Con mayor sutileza, pero con menor encanto desenfadado, Max Weber y Simmel, intentan dividir el análisis científico y la vida real. Sus posiciones ideológicas, sin embargo, son diametralmente opuestas a la de Pareto. El esfuerzo se dirige, siguiendo las huellas de Kant, a fundamentar la libertad y su expresión política, la democracia.
El neokantismo había sido inaugurado por algunos pensadores alemanes desde la segunda mitad del siglo XIX, mezclado a veces con concesiones al materialismo. Lange había radicalizado la dicotomía kantiana, aceptando el determinismo materialista para la explicación de los fenómenos físicos, pero preservando la autonomía del espíritu. Cassirer acepta las matemáticas como forma universal kantiana para el mundo físico, pero que no tiene que interceptar el mundo de los valores, productos de la subjetividad espiritual. Rudolf Stammler intenta por su parte construir el derecho sobre el fundamento de la dicotomía kantiana. Según él, los principios sobre los que se basa el derecho no proceden de la experiencia. No es una derivación que la ciencia extraiga, sino un principio autónomo, impuesto a la sociedad. Es un imperativo categórico. El neokantismo era una especie de cristianismo camuflado, aceptable para la conciencia laica de la burguesía.
Sobre estos presupuestos, George Simmel y Max Weber construyen el método de análisis social. El organicismo amenazaba con sumergir los valores humanos sobre los que se había construido la democracia. Una vez superado el mito de la trascendencia divina, la única barrera que podía defender los valores del espíritu, era para Simmel y Weber, el apriori kantiano. Era indispensable
regresar al individuo, como artífice autónomo del proceso social. La sociedad no es más para Simmel, que la relación entre las mentes individuales. Sin embargo, la ciencia no puede basarse sobre lo individual, sino sobre categorías generales, que, por ser generales, no pueden surgir de la experiencia. Cuáles son, por tanto, las condiciones a priori que hacen posible la sociedad.
El mérito de Simmel y de Weber es haber intentado construir un fundamento científico al análisis social sobre estas bases. El aglutinante que hace posible la ciencia de la sociedad, no puede ser de orden biológico, pero tampoco puede basarse en la voluntad autónoma. Simmel recurre a un concepto que se instala desde entonces en el análisis social. El relacionador de las conductas individuales es el “Beruf” o role social. Los individuos no forman un todo social, si no sufren un proceso de generalización a través del papel que ejercen. Sin embargo, el hecho de que los individuos ejerzan un papel dentro de la sociedad, no significa que esta se los imponga tal como lo habían planteado Marx y Durkheim. Simmel prefiere refugiarse de nuevo en una añoranza religiosa, camuflada de laicismo. No es la sociedad la que impone el rol social, sino una secreta vocación interior. El neo-kantismo no es más que un caparazón teórico que no le impide a Simmel lograr juiciosos y acertados análisis empíricos, como los que se refieren a las relaciones de superioridad o a las sociedades secretas. Su influjo no fue desdeñable. Small y Ross transportaron a Estados unidos sus ideas, en donde acaban arrastrando conversos como Park y Berguess, los creadores de la Ecología Humana, que abandonan en su seguimiento, la teoría del conflicto social. La sociología americana desarrolla el concepto de “role” o papel social, uniéndolo al concepto de interés, que tiene origen en la teoría del conflicto. Este híbrido sirve de base a la teoría funcionalista.
Por su parte Max Weber acude como Pareto a la distinción kantiana entre ciencia y acción política. La ciencia es una acción racional, que tiene por objeto especificar los medios que conducen a un fin. Su objetivo es la verdad y no la utilidad política. Este objetivo es común a cualquier ciencia. Lo que distingue a las ciencias sociales es el hecho de que estudian un sujeto que es indeterminable, por ser libre. En consecuencia las ciencias sociales deben adoptar un método diferente que Weber llama, la comprensión inmediata. La comprensión es captación de lo individual. La ciencia social pretende aglutinar los comportamientos individuales en “tipos” sociales. Es la única manera de clasificar un objeto de conocimiento tan escurridizo como el actuar humano. En efecto, el actuar social es producto y no causa del comportamiento individual.
El proceso histórico no está determinado por nada. Es el resultado del libre confluir de las voluntades, que le dan a su actuar un significado valorativo. La ciencia social debe aplicarse a la interpretación de los valores. Debe tender a captar la conducta, según la significación que le dan los actores sociales. En consecuencia, no puede ser exacta como la física. Puede elegir solo dentro de un conjunto de interpretaciones probabilísticas, inseparables del conjunto de valores.
El hecho aislado no puede dar origen a la generalización científica. Para que haya ciencia es necesario que los fenómenos se repitan. A través de las repeticiones se pueden deducir los “tipos”, que son los módulos esenciales del análisis científico. Sin embargo, el hecho de que los comportamientos se repitan no significa que están sujetos a determinaciones. Las repeticiones no son más que el confluir probabilístico de las conductas individuales. Por esta razón, el tipo ideal solo es un instrumento para captar el sentido subjetivo de los comportamientos. Weber se defiende, sin embargo, de querer reemplazar la interpretación determinista, por un vago espiritualismo. Este sería igualmente unilateral. La habilidad del método propuesto por Weber consiste en jugar con todos los factores, pero sin asignarles ningún orden vectorial de determinación. Por ello la ciencia es solamente probabilística. Esta indefinición que huye de cualquier afirmación, ejerce todavía un fuerte atractivo. A Weber se le ha llamado el Marx de la burguesía. Sin embargo la indefinición de su método ha servido como soporte tanto a los demócratas como a los fascistas. Esto puede estar en el origen de su gloria.
Aunque Weber cree que la ciencia social no da lugar a predicciones, por ser probabilística, prevé el afianzamiento de la burocracia, cuyo comportamiento contribuyó a analizar. La burocracia representa para Weber, la característica fundamental de la edad moderna. Se puede definir como la organización de la cooperación, en donde cada uno ejerce una función especializada. Su análisis es el mejor aporte de Weber a la ciencia social moderna.
El retorno a Kant es posiblemente uno de los aspectos más importantes de la ciencia social moderna. Impide deslizarse hacia los determinismos físicos que habían predominado en el análisis de la filosofía iluminista o hacia los reduccionismos biologistas del organicismo. Quiere conservar la autonomía del individuo, pero estableciendo al mismo tiempo una base analítica para la ciencia social. Este esfuerzo remata en el hallazgo de dos de los pilares de la ciencia social moderna: el concepto de role social y la aplicación del análisis
probabilístico al estudio de la sociedad. La limitación del concepto de role para el análisis ambiental de las acciones sociales, se verá más adelante cuando se estudien las contradicciones del funcionalismo.