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Contar hasta diez

In document Nudos Del Análisis (página 77-79)

III. La propuesta del pase

8. Contar hasta diez

Nieves Soria Dafunchio: Le damos la bienvenida a Fabián Sche- jtman. Es psicoanalista miembro de la EOL y de la AMP, docente del ICdeBA, Profesor Titular de la Cátedra II de Psicopatología de la Facultad de Psicología de la UBA y Director de la Maestría en Psicoanálisis de la UBA.

I. Contar

Fabián Schejtman: Quiero agradecerle a Nieves la invitación para participar en éste que es su espacio de enseñanza en la escuela. No me detuve a contar hasta diez para proponerle el título de esta clase, es decir, me dejé llevar por lo que se me ocurrió en deter- minado momento. No me detuvo, entonces, una vertiente quizás un poco superyoica que puede oírse en ese “contar hasta diez”. Se conoce la frase que dice “hay que contar hasta diez antes de…”, antes de abrir la boca para decir alguna boludez, o antes de pasar al acto. Como si en ese contar, lo que se llama pensamiento pudiese detener el acto, aun el de hablar. Lo que se denomina, a veces, pru- dencia: “¡deténgase usted por un instante, cuente hasta diez antes de hacer… tenga precaución!”. No conté hasta diez, entonces, y me dejé llevar por esa ocurrencia proponiendo ese título. Tiene algo de paradójico, seguramente: propongo “Contar hasta diez”… ¡pero no cuento hasta diez para proponerlo!

En cuanto a ello -la cuenta con los dedos de las manos-, es muy curioso, puede notarse que al contar con los dedos, al comenzar a contar -uno, dos, tres…- cuando se pasa al cuatro las cosas se com- plican: quiero destacarlo porque es el punto en el que está Lacan en el Seminario 22, pasar del tres al cuatro. Ustedes ¿qué dedo utilizan para el cuatro? Ven que en el pasaje del tres al cuatro hay una difi- cultad, hay un umbral que atravesar, lo mismo pasa si ustedes siguen con la otra mano y siguen contando seis, siete, ocho, nueve, nueva- mente allí se juega una complicación -al pasar al nueve, cuarto dedo de la segunda mano-. ¿Llegaremos a decir, parafraseando a Freud: algunas consecuencias matemáticas de la… anatomía, de la exten- sión de los tendones de la mano, de las posibilidades musculares de la mano humana?

Y, por lo demás, uno llega a preguntarse ¿qué sistema numéri- co tendríamos si tuviésemos, digamos, manos de tres dedos? ¿Sería un sistema que tenga por base el número seis? No es imposible, a nosotros nos parece que el diez es un número… redondo. Pero es que estamos acostumbrados a ello, ¿no? Para un sistema en el que la base sea seis, o doce -del que se constatan vestigios en el uso del número- sería totalmente disimétrico el diez. Veamos brevemente esos residuos de otros sistemas numéricos. En francés, por ejemplo, ochenta se dice quatre-vingt, cuatro-veinte, o cuatro veintenas. Se tienen restos allí del sistema vigesimal. O si nos metemos con la medición del tiempo, ahí en general no tenemos por base el diez, sino el doce -para las horas- o el sesenta - para los minutos-. Lo que conlleva las complicaciones conocidas para el aprendizaje de la lec- tura de la hora en los relojes con agujas… cosa que mi hijo menor, Ezequiel, experimenta ahora que está aprendiendo a leer los relojes de este tipo. Claro, hace años que estamos en la era del reloj digi- tal -una vez más ¡digitales!- pero vieron que los de agujas resisten, ¿verdad? Tienen un encanto, se ve, que no pasa de moda. En fin, tiene su dificultad, en efecto, explicarle a un niño que cuando la aguja grande marca el doce y la chiquita el diez, son las diez, o que si la aguja grande marca el uno ya son las diez… ¡y cinco! Hay ahí fantil que abre la última clase del Seminario 22 de Lacan. Él se remi-

te allí en efecto, a un especie de canturreo que sirve evidentemente para que los niños -en francés- aprendan los números, ese que dice: “Uno dos tres, iremos al bosque, cuatro cinco seis, a recoger cerezas, siete ocho nueve, en mi cesta nueva…”. En realidad la canción con- tinúa, pero él se detiene allí en el nueve. El canto sigue: “diez, once y doce todas ellas -las cerezas- rojas”1. Lacan lo interrumpe, efectiva-

mente, en el nueve, en el marco de proponer para su vigésimo tercer seminario el título “Cuatro, cinco, seis”, dice algo así en esa última clase del Seminario 22: “Este año fue Uno, dos, tres -es decir, RSI-, el año que viene será Cuatro, cinco, seis”. Y, como se sabe, Cuatro, cinco y seis, no es otra cosa que… inhibición, síntoma y angustia. Es decir, los nombres del padre -incluso padres del nombre- que La- can encuentra en Freud y que propone al final de ese Seminario 22 como los responsables de mantener enlazados lo real, lo simbólico y lo imaginario. Cada uno de esos miembros del trío freudiano de 1925 podría funcionar, en efecto, como cuarto que venga a sostener el lazo borromeo de aquellos uno, dos y tres: RSI. Lo retomaremos. Pero, en fin, es preciso comenzar indicando que nuestro siste- ma numérico es decimal, es decir que tenemos por base el diez… porque tenemos diez dedos en las manos. Aparentemente estaría aceptado eso. En general no nos ponemos a contar también con los de los pies, ¡habría que sacarse los zapatos!: en ese caso sería vigesi- mal. Pero eso no quita que de hecho haya sistemas vigesimales, es decir, de base veinte. Pero, en principio, el nuestro es básicamente un sistema decimal, es decir que tenemos en las cuentas por base los diez números que van del 0 al 9, después se empieza a construir más adelante por una vía que combina estos diez números, estos diez dígitos. Claro, ahí también se escucha que se trata de los dedos: están en juego los dígitos.

1. La versión francesa: “Un, deux, trois, nous allons au bois. Quatre,

cinq, six, cueillir des cerises. Sept, huit, neuf, dans un panier neuf. Dix, onze, douze, elles seront toutes rouges”.

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