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Inconsciente y transferencia

In document Nudos Del Análisis (página 40-42)

Daremos ahora una vuelta por el Seminario 11. En él podemos situar un contrapunto entre todo lo que Lacan despliega del lado de lo que es el inconsciente como falla, como tropiezo, como hiancia, como causa -aquí Lacan le da un estatuto evanescente al inconscien- te, en tanto es algo que se abre para volver a cerrarse, que se mani- fiesta y existe sólo en ese instante de la formación del inconsciente -lapsus, acto fallido, sueño. Su estatuto es pulsátil, hace agujero, está del lado de lo que se desteje, y su correlato en la práctica es la interpretación.

Por otra parte, siguiendo a Freud, Lacan planteará que cuando se cierra el inconsciente es cuando se hace presente la transferencia, estableciéndose un contrapunto entre inconsciente y transferencia. Lacan va a utilizar el esquema de la nasa, que es un dispositivo que se usa para pescar. Se trata de una red de pesca pasiva, que consiste en una forma de cilindro, más precisamente un embudo invertido, de forma que cuando el pez o marisco entra en la red, ve dirigido su recorrido, cayendo en un depósito del que es imposible salir. Cuando se cierra con la presa adentro, en ese lugar Lacan ubica la presencia del objeto a en la transferencia, que a su vez es el lugar del analista.

Por un lado inconsciente e interpretación, por el otro transfe- apuntando a la dimensión más ética de la posición del analista: no

se trata de si es una confrontación o un señalamiento, sino de los efectos que tiene en el sujeto -es decir, si tiene o no efecto de inter- pretación. Va a definir entonces a la interpretación por el efecto que produce en el sujeto; no importa qué es lo que dice el analista, si hace una pregunta, si hace una afirmación, si cita lo que dice el pa- ciente, no pasa por ahí la cuestión. Nada que se pueda decir a nivel del enunciado dará cuenta de lo que es la interpretación, pero sola- mente se puede decir que una interpretación lo es retroactivamente, si opera lo que Lacan va a llamar acá una trasmutación en el sujeto. La interpretación tiene que producir algo nuevo, introduciendo en la sincronía de los significantes algo que bruscamente haga posible su traducción. Esa novedad va a impactar como trasmutación del sujeto (4).

Por otro lado Lacan señala que los posfreudianos, al obsesivizarse con estas distinciones se olvidaron de la dimensión, del alcance de mántica que tiene la interpretación en Freud (5). La mántica tiene que ver con las prácticas de adivinación, remite al oráculo. En la tradición griega, quien se dirigía al oráculo lo hacía con una pregun- ta absolutamente singular, personal, muchas veces ligada al propio futuro. Podemos aproximar la posición subjetiva de quien se acerca- ba al oráculo en la antigüedad griega con la posición del analizante, que se dirige a Otro que encarna el Sujeto Supuesto al Saber con una pregunta que lo concierne en su ser más íntimo, en su subjeti- vidad. La respuesta del oráculo es una respuesta enigmática, se trata de una respuesta que todavía hay que interpretar, y su emblema es Tiresias, figura a la que recurre Lacan en varias oportunidades para hablar del analista. En este texto el analista, como Tiresias, va a interpretar y la interpretación implica a la vez esta dimensión más enigmática de la respuesta que da el oráculo, e implica también el trabajo de desciframiento que conlleva.

La otra cuestión que va a situar Lacan en “La dirección de la cura…” es la dimensión dialéctica de la interpretación. Parte de los decires del sujeto para regresar a ellos, va y vuelve, quedando situada

ción analítica no alcanza con la interpretación. Y agrega que además es necesario que tenga tetas (7). Allí hace referencia a una obra de teatro de Guillaume Apollinaire -un escritor francés surrealista- Les Mamelles de Tirésias (Las tetas de Tiresias (8)), cuya protagonista es una mujer que se llama Thérèse, jugando con la proximidad fonemá- tica con Tiresias. Ustedes saben que Tiresias fue mujer durante siete años como castigo de los dioses por haber separado a dos serpientes que había encontrado copulando en su camino. En esta obra de Apollinaire Teresa se transforma en hombre, y hay una escena don- de pierde las tetas que se vuelan como globos.

Esta referencia a las tetas se continúa sobre el final del semina- rio con el apólogo del restaurant chino, cuando señala que cuando alguien quiere comer en la dimensión de lo exótico, va a un restau- rant chino, mira el menú y no entiende nada. Entonces llama a la camarera y le pide que le interprete lo que está escrito en chino. Ella traduce por ejemplo: pastel primavera. Ubicamos en esa traducción la dimensión de la interpretación. Ya en “La dirección de la cura…” Lacan había definido a la interpretación como una traducción que posibilita el surgimiento de un nuevo sentido (9), la mesera al tradu- cir hace surgir un sentido. Pero Lacan observa que quizás no alcanza con esa traducción que hace la mesera, quizás también el comensal tenga ganas de pellizcarle las tetas (10). En ese punto entra en juego la dimensión del objeto a, ligada con la presencia del analista.

Intervención: No termino de entender por qué la presencia del analista queda del lado de lo que se teje, cuando es un momento de detención de la asociación libre. Si uno piensa en la asociación libre como un tejido sería más bien como lo contrario.

Nieves: Por eso señalaba que se trata de una oposición dialéctica. Podemos situar a la asociación libre del lado de lo que se desteje, ya que lo que se le dice al analizante es “diga lo que se le ocurra”, con la finalidad de que en esa deriva algo se desteja, algo se escape. El su- jeto habla y de pronto, un lapsus, un significante que tiene un peso rencia y presencia del analista. La interpretación tiene esa misma

estructura del inconsciente, de abrirse para volver a cerrarse, podría- mos decir que toca y se va. Mientras que la presencia del analista está ahí todo el tiempo sosteniendo la operación analítica. En este seminario va a plantear que la interpretación apunta al sin sentido, a un agujero en el tejido del sentido. El correlato de esta dimensión del sin sentido es que va a hacer surgir un significante irreductible para el sujeto. Un significante que deja de deslizar, un significante último, que es la fórmula del discurso analítico:

Discurso del analista

El discurso analítico produce significantes sueltos, que no vuel- ven a encadenarse. Por eso la interpretación es un punto de deten- ción de la asociación libre, destejiendo la trama del sentido. Por otro lado va a definir a la transferencia como presentificación de la rea- lidad sexual del inconsciente -se trata allí de la dimensión más real del inconsciente. No la dimensión más simbólica del inconsciente -que es falla, lapsus, hiancia- sino la dimensión más real, que atañe a lo real del fantasma, y es lo que se va a poner en acto en la trans- ferencia. Podríamos decir que la realidad sexual del inconsciente es el fantasma, y la presencia del analista va a venir a ubicarse ahí en el lugar de objeto del fantasma del analizante (6).

Entre lo que se teje en la transferencia y lo que se desteje en la interpretación encontramos una relación dialéctica. En esa opera- ción el analista responde manteniendo la máxima distancia entre el ideal y el objeto, no prestándose a ubicarse en ese lugar al que lo convoca el analizante, como hace Sócrates con Alcibíades. Se corre de ese lugar al que es convocado para encarnar de modo decidido ese objeto que no es especularizable. En este punto Lacan señala que no alcanza con que el analista sea Tiresias, es decir que en la opera-

a S

dialéctica entre lo que se teje y lo que se desteje. Es esta operación la que le posibilitará al sujeto tener una relación con su goce que no sea por la vía del ideal, ni de las identificaciones, que caen del lado de lo que se desteje en el análisis, así como el atravesamiento del fantasma (11).

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