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Una mujer como síntoma

In document Nudos Del Análisis (página 63-67)

Entonces plantea Lacan: “Para quien está estorbado por el falo ¿qué es una mujer? Es un síntoma. Es un síntoma y eso se ve por la estructura que estoy por explicarles, a saber, que no hay goce del Otro como tal, que no hay garante encontrable en el goce del cuerpo del Otro, que haga que gozar del Otro exista, ejemplo mani- fiesto del agujero, o sea de lo que no se soporta más que del objeto a, pero siempre por error, por confusión.” Y agrega: “una mujer, en efecto, no más que el hombre, no es un objeto a. Hacerla síntoma a esta una mujer es decir que el goce fálico es también su asunto. La mujer no tiene que sufrir ni más ni menos castración que el hom- bre, en relación con eso de lo que se trata en su función de síntoma, ella está completamente en el mismo punto que su hombre.” Y un poco después continúa: “los puntos suspensivos del síntoma son de hecho unos puntos de interrogación en la no relación. Esto es lo que justifica esta definición que les doy: que lo que constituye el síntoma, ese algo que se besuquea con el inconsciente, es el que se cree en ello (2)”.

Hay un error, una confusión, porque el hombre, estorbado por el falo, aborda a la mujer como objeto a porque no se puede gozar del cuerpo del Otro en tanto tal. El hombre entonces cree abordar el cuerpo del Otro, el cuerpo de esa mujer, pero en realidad está abor- dando su propio objeto a. Es una confusión porque a su vez una mujer no es un objeto a -tendríamos que situarla en el lugar del La tachado. Hay dos cuestiones en este punto: por un lado el planteo de Lacan en el Seminario 20 acerca de que si un hombre pasa por la un hombre. Es esta función del modelo la que tiene que ver con la

dimensión del respeto. Es interesante que aquí Lacan pone en serie el amor con el respeto, de modo que el respeto del que es digno el padre está directamente ligado con el amor que promueve por su posición deseante respecto de una mujer. No se trata de ese falso respeto -que en realidad es un temor- que generan ciertos padres al estilo del padre de la horda, por la violencia que ejercen. No se trata entonces de la posición de excepción que tiene en la familia por el mero hecho de ser el padre, cuestión que a veces confunde a los practicantes del psicoanálisis, que creen que el padre es un padre por tener ese rol en la familia. No alcanza con ese lugar, debe asumir de- terminada posición, particularmente en el punto en que vehiculiza la ley a través de su propio deseo como hombre, no por imposición. Por eso la función paterna es un nudo entre ley y deseo vehicu- lizado por un hombre que hace de una mujer la causa de su deseo, entonces dice Lacan: “sólo puede ser modelo de la función al realizar el tipo de ésta. Poco importa que él tenga síntomas, si añade a ellos el de la père-versión paterna, es decir que su causa sea una mujer, que lo haya adquirido para hacerle hijos y que a éstos, los quiera o no, les brinde un cuidado paternal (2)”. No se trata tampoco de que tenga una vocación por la paternidad, ni de que tenga un supuesto deseo de tener hijos, no tiene que ver con eso. Y añade: “La normalidad no es la virtud paterna por excelencia, sino justamente el me-dios, el medio decir, el medio Dios justo al instante, o sea el justo no dicho (2)”. Otro aspecto fundamental para realizar el modelo de la función es este medio decir, que haya una dialéctica entre el silencio y la palabra. Cuando subraya “père-versión, única garantía de su función de padre, la cual es la función del síntoma (2)”, está indicando que un padre va a ser síntoma para sus hijos en la medida en que él a su vez esté atra- vesado por una mujer como síntoma. Si concebimos el síntoma como una traducción del inconsciente simbólico a lo real, que se produce a partir de la función de la repetición, que conlleva los puntos suspen- sivos, podemos abordarlo como la insistencia fallida de la escritura fálica, como manifestación real de lo imposible de escribir.

pone nombres a los animales?, ¿es ese tipo de nominación que sería como pegar un nombre a una cosa?, ¿o se trata de un estatuto más real de la nominación, más cercano al momento inaugural de la creación divina según el relato bíblico? En ese punto abre el hori- zonte a cierta dimensión real de la nominación paterna, que está en relación con la función del padre como síntoma (12).

VI. El analista como ayuda contra

Esto es lo que va a retomar en el Seminario 23, interrogando el estatuto del síntoma en su conexión con la función paterna, lo que hace paradójicamente a través de un sinthome psicótico, que repara la ausencia de Nombre del Padre. Es un seminario en el que hay muchas contradicciones, se vuelve evidente que se trata de una búsqueda. Me parece que la escritura del sinthome que él propone es una redefinición del síntoma, particularmente de su función en la estructura. No considero que esta operación anule o se oponga a sus concepciones previas del síntoma. Me parece que le da un valor más fundamental de anudamiento, más estructurante que hasta ese mo- mento. A veces se dice un poco rápidamente que el sinthome es una solución, sin tener en cuenta que en todo caso es una solución que conlleva una falla. Por eso una de las primeras referencias de Lacan en ese seminario es el pasaje del Génesis en el cual Dios le da una mujer a Adán, pasaje en el que Lacan lee que se trata de una ayuda contra. Y precisamente define al sinthome así, como una ayuda con- tra. Es una buena definición para tener presente cuál es el estatuto del sinthome. Y es precisamente en este seminario que Lacan plantea que el psicoanalista es un sinthome. En este seminario el cuarto que anuda es el sinthome, siempre viene a reparar algún lapsus del nudo.

El analista como sinthome vendría justamente a ese lugar de cuarto que anuda, lo que también implica una falla.

Que haya un hombre y una mujer no significa que haya encuen- tro, que haya alguien que quiere analizarse y que vaya a ver una castración puede amar a una mujer y no abordarla desde el fantasma

(8), cuestión que trabajamos en detalle el año pasado en el semina- rio sobre los Nudos del amor (9). En ese punto me interesa subrayar la función de causa como diferente de la función de objeto, ya que en este caso la flecha va del objeto al sujeto y no al revés.

Esta función de causa ya implica un franqueamiento del uso neurótico del fantasma. Cuando el objeto está como causa queda en primer plano la hiancia, como señala Lacan en el Seminario 11 (10), haciendo referencia al Ensayo sobre las magnitudes negativas de Kant (11). Esta función de hiancia se opone a la función de cierre, de obturador, que tiene el a como objeto del fantasma. Cuando una mujer es causa del deseo para el hombre se opera una reversión del fantasma y en ese punto se abre la dimensión del síntoma. Por eso la definición: “los puntos suspensivos del síntoma son puntos de interrogación en la no relación (2).” Hay una pata del síntoma que está del lado fálico, es lo que se escribe y se vuelve a escribir, lo nece- sario. Y después están los puntos suspensivos, que dejan un espacio abierto. Cuando escribimos los puntos suspensivos ya dejamos de escribir significantes.

En el Seminario 22 Lacan está construyendo el nudo borromeo, intentando dar cuenta de cómo se anudan los tres registros en el ser hablante, distinguiendo la inhibición como nominación de lo ima- ginario, el síntoma como nominación de lo simbólico y la angustia como nominación de lo real, planteando sobre el final del seminario cada una de estas nominaciones como duplicaciones de alguno de los registros. Pero en el Seminario 23 se va a detener en la función del síntoma, dejando de algún modo de lado las otras dos nomina- ciones. Ya sobre el final del Seminario 22 había dejado abierta una interrogación acerca del estatuto del síntoma en su articulación con la función del padre: ¿se trata de una nominación de lo simbólico reducida a lo simbólico, como cuando en el relato bíblico Adán les

primo. El niño le pregunta al padre qué piensa -le pide que le diga algo- y el padre le dice: “la sexualidad es como una linterna que puede iluminar cualquier lugar, hasta el más recóndito, es como un abanico que se abre y se puede ir para cualquier lado”.

El padre se niega a orientarlo, y este sujeto, ya un hombre gran- de, sigue con la duda sobre si es gay, no encuentra cómo orientarse. El problema con la linterna es que puede iluminar cualquier cosa. En ese punto es fundamental la referencia de Lacan al medio decir, como atinente tanto a la función del padre como a la del analista. No tiene que decirlo todo, pero tiene que decir algo. La referencia a la linterna es no decirle nada. Quizás ese padre no tenía un deseo claro respecto de su posición sexual para trasmitirle al hijo y en- tonces le trasmitió su propia desorientación. Si hubiera habido un deseo claro, seguramente le hubiera podido decir otra cosa, desde sus entrañas le hubiera dicho otra cosa. Hay una proximidad entre la función paterna y la función del analista en este punto de la fun- ción de orientación, una orientación que tiene que ver con el lugar de una causa del deseo, que orienta a que el sujeto asuma su deseo, no para que vaya en determinada dirección. Entonces, cuando La- can dice que el psicoanalista es sinthome como cuarto que anuda, concluimos que durante todo el tiempo que dura el análisis, de al- guna manera, es el analista mismo con su presencia el que encarna y sostiene el anudamiento entre los registros, a través del análisis los registros se empiezan a anudar de otra forma.

Vamos a retomar la cuestión de los empalmes del nudo en el Se- minario 23, donde él dice “Si pensamos que no hay Otro del Otro, o al menos no goce del Otro del Otro, tenemos que hacer en algún lugar una sutura entre lo simbólico y lo imaginario, es un empalme entre lo imaginario y el saber inconsciente. Todo esto para obtener un sentido, lo que es el objeto de la respuesta del analista a lo ex- puesto por el analizante todo a lo largo de su síntoma” (1). analista no quiere decir que haya encuentro. Cuando eso ocurre,

quien se dirige a ese Otro se encuentra con una respuesta en ese lu- gar. Es por medio de esa respuesta que el analista se constituye como sinthome, que empieza a ocupar un lugar en el nudo del sujeto. El analista pasa a formar parte del inconsciente del sujeto, que sueña con él, pero también de su conciente y su preconciente, dialoga con él, su mirada y su voz están presentes, pasa a formar parte de su es- tructura, está cenando con ella y su marido, está todo el tiempo ahí, a veces hasta puede estar en la cama. ¿Cómo entra el analista ahí? Entra como respuesta enigmática, como respuesta que deja abierta la dimensión de la pregunta, como ayuda contra.

Intervención: pero el analista tiene que ser provisorio, tiene que proveerle una otra solución más allá del análisis.

Nieves: Hacia allí vamos. De todos modos, parece ser más fácil la entrada que la salida. Es el problema del análisis interminable. Es interesante la respuesta de Lacan a la pregunta sobre si el psicoaná- lisis es un sinthome. Él dice que no, el psicoanálisis no, el analista es un sinthome. Se puede tener una relación con el psicoanálisis más allá de que haya terminado, pero lo que anuda es un analista, lo que anuda es la transferencia.

Lo que anuda es un deseo. En el caso del padre, es el deseo del padre como hombre por una mujer; en el caso del analista, es el deseo del analista. Hay un punto de juntura entre el deseo del padre y el deseo del analista, pero hay una diferencia. La diferencia es que hay deseo del analista en tanto tal, independientemente de su subje- tividad -el deseo del analista es atinente a la función; en cambio no hay deseo del padre en tanto tal, sino deseo de un hombre por una mujer. La juntura se sitúa en la función de orientación que tanto un padre como un analista cumplen para el sujeto: se abre una puerta, hay un camino, aunque no se sabe adónde llevará. Me estaba acor- dando de una supervisión que hice hoy, se trata de un sujeto que a los siete años es encontrado por el padre en un juego sexual con un

Si hacemos los dos empalmes quedan dos falsos tréboles anuda- dos borromeanamente, de modo que por un lado quedan el simbó- lico y el imaginario y por otro lado quedan el sinthome y el real. Son dos nudos triviales –como pueden ver si los ponemos por separado- que están anudados borromeanamente.

Es interesante este segundo empalme que le enseñamos a hacer al analizante, lo que retomará Lacan al año siguiente en el Seminario 24, cuando se refiere al saber hacer allí con el síntoma, como fin posible del análisis. Cuando se enseña una habilidad, en algún mo- mento el otro aprende, se apropia de eso, y prescinde de nosotros, Ahí la operación analítica produce algo nuevo: que se empal-

men lo imaginario y el saber inconsciente. En el estado neurótico común el saber inconsciente y lo imaginario están separados, no es- tán empalmados, están distinguidos. El imaginario de un analizante cambia con el análisis porque pasa a ser un imaginario que está em- bebido, bañado de inconsciente -ya no es el imaginario común. Por eso también cuando alguien se empieza a analizar comienza a ser un bicho medio raro y quizás hay cierto tipo de lazos o cierto tipos de goces que ya no puede compartir con otros, porque forman parte de un imaginario que está desligado del inconsciente.

Lacan agrega una segunda operación: “Al tiempo que hacemos este empalme hacemos otro, entre lo que es simbólico y lo real, es decir que por algún lado [escuchen esto porque encuentro aquí la clave de la cuestión de la salida del analista del nudo] enseñamos al analizante a empalmar, a hacer empalme entre su sinthome y lo real parásito del goce. Lo que es característico en nuestra operación, volver este goce posible, es lo mismo que escribiré j’ouissens [es decir a la vez que goce oigo sentido]. En el análisis se trata de empalmes y suturas (1).” I Σ S R I Σ S R I S ΣR

por eso el fin de análisis como saber hacer allí con el síntoma, creo que está exactamente en ese punto del empalme entre lo real y el sinthome.

Clase del 14 de julio de 2010.

Bibliografía:

1) Lacan, J. Le séminaire. Livre XIII. Le sinthome. Seuil. París, 2005. Págs. 72-73.

2) Lacan, J. Seminario 22. RSI. Inédito. Clase del 21 de enero de 1975. 3) Lacan, J. El Seminario 10. La angustia. Pág. 194.

4) Kierkegaard, S. La repetición. Alianza Editorial. 2009.

5) Lacan, J. “Televisión”, en Psicoanálisis. Radiofonía & Televisión. Ana- grama. Barcelona, 1977. Pág. 99.

6) Freud, S. Sinposis de las neurosis de transferencia. Ariel, 1989. 7) Ibid 1. Pág. 13.

8) Lacan, J. El Seminario 20. Aún. Paidós. Buenos Aires, 1981. Pág. 88. 9) Soria Dafunchio, N. Nudos del amor. Del Bucle. Buenos Aires, 2011.

10) Lacan, J. El Seminario 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Paidós. Buenos Aires, 1986. Pág. 29.

11) Kant, E. “Ensayo de introducción del concepto de magnitudes negativas a la filosofía”, en Referencias en La Obra De Lacan (Vol. 9 IV Abril), 1997.

12) Ibid 2. Clase del 13 de junio de 1975.

7. El contrapsicoanálisis

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