Ubico un tercer momento, tres años después de la muerte del padre, a los veintisiete años, momento en el que coinciden el naci- miento del hijo y la separación del marido. ¿Se tratará de la irrupción de un padre en lo real en ese momento? Con la paternidad de este hombre, el hecho de que se transforma en el padre de su hijo Pablo. Parece que en este momento algo de lo real se suelta, podemos ubi- car un desencadenamiento paranoide en este momento, cuando se hace presente la iniciativa del Otro, que se hace patente en la escena del estadio de fútbol, cuando tiene la certeza de que el marido hace que se pare todo para que la señalen a ella como culpable cuando él juega mal al fútbol, y también de tener relaciones sexuales con el marido por indicación del director técnico. El marido se hace pre- sente como un padre en lo real, y comienza la persecución del loco de la ruta, que conspira con el ex marido para sacarle el hijo, el fruto de la paternidad de este hombre.
S R Ni I S R Soltamiento de Ni anterior Ns: Delirio paranoide I
interpreta en el sentido de la iniciativa del Otro y del delirio persecu- torio. Nos enteramos que desde este momento hasta los treinta y tres años hace una mudanza de Bahía Blanca a Buenos Aires, empujada por este delirio, para escapar de la mafia del loco de la ruta.
Hay una eficacia de la mudanza como consecuencia del aleja- miento físico, de un cambio de lugar que produce un apacigua- miento del delirio. Si bien ella sigue sosteniendo que fue perseguida por la mafia del loco de la ruta, tanto la organización mafiosa como su ex marido desisten de quitarle la tenencia de su hijo y no tiene más noticias de ellos. El delirio de que le quieren quitar al hijo des- aparece con una mudanza, a diferencia del caso Aimeé -el caso de la tesis de psiquiatría de Lacan- que justamente es una mujer que delira con que le quieren quitar el hijo, y termina encontrando una solución para ese delirio -que es angustioso, que deja algo suelto entre imaginario y real-, que es un pasaje al acto en el que ella ataca a su perseguidora, una actriz famosa a la que acusaba de ser parte de una conspiración para quitarle el hijo.
Se trata del mismo punto de desencadenamiento frente al na- cimiento del hijo, que pone en juego algo del Nombre del Padre imposible de asimilar simbólicamente, entonces el delirio es que le van a quitar el hijo, como una significación que le viene a dar algún sentido a ese agujero que es la paternidad en la psicosis. Aimeé pasa muchos años sufriendo hasta el momento del pasaje al acto, cuando ataca, hiriendo a la actriz. La tesis de Lacan es que la solución en ese caso no es el pasaje al acto en sí mismo sino la consecuencia del cas- tigo, de allí que proponga la categoría de paranoia de autopunición. Carmen encuentra un camino más fácil para salir del problema de lo que deja suelto ese momento de desencadenamiento paranoi- de: su solución es la mudanza. No es casual que la solución venga por el lado de la distancia física, ya que la dimensión corporal, es- pacial, del cuerpo que puede moverse, es central en el caso -interro- garemos luego la gran dificultad que tiene la paciente para moverse. Pero cuando logra moverse de Bahía Blanca a Buenos Aires hay algo del orden del acto, algo del nudo se cierra. En este momento algo
se cierra entre imaginario y real, pero no tenemos datos suficientes pata conjeturar acerca de este cuarto momento del nudo, quizás Verónica quiera comentar algo al respecto.
Verónica: La verdad que son años muy difíciles de pescar, es muy desorganizado el discurso en ese punto. Lo único que puedo indicar como constante es el trabajo, en esa época trabajó y trabajó.
Nieves: Incluso se fue a Bolivia a trabajar.
Verónica: De hecho ella a Bolivia fue a unos programas de ayu- da a jóvenes que están o alfabetizándose o dejando las drogas, siem- pre en el marco de alguna cuestión social. Cuando se va a Bolivia se va trabajando muchísimas horas, todos los días, completamente dedicada a eso. Es lo único que puedo decir de esa época.
Nieves: Pareciera que algo se logra anudar ahí entre imaginario y real, el asunto es cómo pensar ese nudo, ya que el delirio paranoide cae o es reducido al mínimo. Obviamente ella declara que fue per- seguida, pero ya no es algo actual.
Verónica: Lo que me acabo de acordar que quizás sirva para pensarlo –algo que dijo sólo una o dos veces- es que mientras ella durante esos años trabajó y viajó tanto, en sus viajes dejaba al hijo, que era muy chiquito, con la madre viviendo acá.
Nieves: Pero ella tenía una posibilidad de despegarse del hijo y de la madre que no vuelve a tener después del desencadenamiento franco. En ese momento puede separarse de la pareja hijo – madre, puede moverse, viajar, trabajar, quizás con algún impulso maníaco.
Verónica: Hay algo maníaco, incluso ella en algún momento me muestra la foto de su documento de esa época: era otra persona, teñida, muy flaca, y tenía verdaderamente un aspecto maníaco.
ción de mala praxis. Pero no tiene la consistencia del delirio con la mafia del loco de la ruta.
Hay algo que se desliza ahí: “tuve que firmar mi propia partida de defunción”, “se me infectó todo el cuerpo”, “tenía el 90% del cuerpo muerto”, “me internaron porque me intoxicaron con topi- ramato, porque me dolía la cabeza”, “no lo querían reconocer, lle- garon a decirme que tenía HIV para sacarme de encima”, pero a la vez dice que tenía un cáncer de útero. Hay algo que no ancla en esas significaciones delirantes, con las que ella intenta adjudicarle a un Otro gozador esos fenómenos de órgano. El lenguaje de órgano pasa al primer plano: deja de reconocerse en ese cuerpo que tenía antes: si un miembro sufre todos los demás sufren con él, en ella sufren el corazón y la zona genital -ahí se escucha claramente el lenguaje de órgano: no se trata del amor sino del corazón, no se trata del deseo sino de la zona genital.
Y luego los huesos apilados en las piernas, de modo que la ima- gen que ella tiene ni siquiera es la del esqueleto, en el que los hue- sos están enganchados, articulados, sosteniendo el cuerpo; es muy impresionante esta imagen. También se hace presente la imagen del padre diciéndole que tiene que seguir viva cuando la están operan- do. También los temblores, los temores, el no soportar mirarse en el espejo, etc. Y los anteojos especiales que tendría que tener la analista para ver los huesos apilados, en una suerte de transparencia por la que ella ve directamente sus huesos, sus órganos.
Todo esto acompañado de una significación en relación con la figura de Cristo. Por un lado, cuando el padre se está muriendo ella va a pedirle a Cristo no estar presente, y de esa forma logra culparse por su muerte, siguiendo la lógica cristiana. Además está la edad de treinta y tres años, que ya había sido marcada por la bruja, que jus- tamente es la edad de la muerte de Cristo, y ella en esa operación en la que tiene que firmar su certificado de defunción viene a morir por su padre, como Cristo. ¿Sabés si efectivamente tuvo cáncer de útero?
Verónica: Parece que sí. Nieves: Precisamente, tengo la idea de que la manía es un nudo
entre imaginario y real, es una duplicación de lo imaginario que arrasa sobre lo real.
Verónica: Sin un anclaje simbólico.
Nieves: Quizás justamente al poder irse de Bahía Blanca y con ese movimiento espacial quitar el cuerpo del escenario de ese cuen- to, logra acotar al mínimo el delirio, rearmándose entre imaginario y real.