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Yendo del baño a la cama

In document Nudos Del Análisis (página 92-94)

Nieves: Gracias Marcela, voy a hacer un comentario del caso y después vamos a abrir a la cuestión del nudo. Se me ocurrió para comentar el caso parafrasear a Charly García, ya que en lugar de “Yendo de la cama al living”, este caso parecería estar yendo del baño a la cama. Gabriela consulta hace dos años; no consulta tanto por una iniciativa propia sino porque se lo sugiere su gastroenteró- loga, de modo que lo que la lleva al análisis es ese diagnóstico de colon irritable, que no es el único fenómeno psicosomático que ella trae, ya que también padece de psoriasis.

Gabriela es una mujer de cuarenta y nueve años que viene por el lado del cuerpo, particularmente de cierta dimensión más bien real del cuerpo, que se hace presente en estos fenómenos psicosomáti- cos. Ambos fenómenos quedan directamente ligados con la figura del partenaire. Con respecto al colon irritable el detonante es una cena con el marido y sus amigos en la que, según sus palabras, “se hace encima”, momento a partir del cual comienzan deposiciones sin previo aviso. Parece tratarse de un cuadro bastante repetido, ya que según nos enteramos después, el marido rehuye el estar a solas con ella y siempre están sus amigos de por medio. Hablando mal y pronto, podríamos decir que en ese cuadro que arma el marido ella lo caga, le hace un presente ahí con una dimensión muy real del objeto que introduce una dimensión obscena en la escena. Hay algo de la presencia real del objeto que desarma el cuadro, que hace mancha en el cuadro.

que por esa época yo tenía, aunque debo reconocer que con justa razón. Luego me rogó varias veces que no me enojara, con el rostro francamente desencajado. La sesión siguiente tuvo su eje en el recuerdo de las discu- siones de sus padres, remarcando que su papá le daba a la madre todo lo que pedía para “mantenerla calladita”. Se equipara con su madre en que “ella no disfruta tampoco”. En una ocasión dice: “no sé por qué tengo la puta costumbre de fijarme que los demás disfruten y yo no me ocupo de mí.” El señalarle “esa puta costumbre” permitió poner a traba- jar que ella disfruta en su reticencia, vestida con las galas del altruismo.

Un hecho acontecido a mediados del año pasado provoca en Gabrie- la una crisis de angustia. Le diagnostican Alzheimer al padre. Meses después de esto, su padre se separa. Gabriela denuncia que ella siempre ha sido la única que se encargaba de las cuestiones de salud, compitien- do en su momento con la mujer del padre por estos asuntos, poniéndose “en el medio”. Al señalarle su posición dice que ahora siente como un peso el tener que ocuparse del padre, quien no sólo cena con su familia sino que la llama por cualquier tema, preocupándola. Califica de horri- ble su pensamiento de que el padre se muera, ya que cree que la llama “sólo para joder.” Hace mención a que tiene que indicarle como a un hijo que no debe hacer determinadas cosas en la mesa, subrayando que su padre siempre fue muy minucioso con los detalles para comer y su actual comportamiento le da asco. Interrumpo su decir señalando: “es un papá enfermo, no un hijo”. Y finalizo la sesión.

Hacia fines del año pasado, Gabriela vuelve a mencionar su temor a las descomposturas. A pesar de que no había vuelto a tener ningún episodio meses después de iniciado su tratamiento conmigo y de que su médica le diera de alta, el temor estaba. La ocasión que lo suscitaba era la planificación de sus primeras vacaciones sola con su familia. Evité preguntar por las descomposturas para que desplegara el problema de estar sola con su marido. Confiesa que desde su maternidad sólo accede a tener relaciones sexuales para evitar problemas con su esposo, sólo para complacerlo. Hizo propia la afirmación materna de que “una mujer tie- ne que sufrir en el matrimonio.” Asegura que antes de casarse disfrutaba de las relaciones sexuales, a las que llama clandestinas. En este punto

cierto corte en una intervención de la analista cuando Gabriela está hablando de los dolores abdominales de la hija, que atribuye a los nervios y la analista le dice “pescás rápidamente eso”. Es una in- tervención que toca ese goce y produce un efecto de corte, hay un alivio y se detiene el acting, ya no pide pasar al baño después de la sesión.

En otro momento del relato desarrolla, a partir de una descom- postura que ella tiene en una discusión con su madre, toda la línea del deseo de muerte. La madre le dice “ojalá no hubieses nacido”, “tendría que haberme deshecho de vos”, de modo que la madre enuncia estrictamente un deseo de muerte donde ella queda como desecho, queda como objeto anal, como resto; también cuando se enojaba le decía “te voy a meter la cabeza en el inodoro” -esa madre iba siempre al mismo lugar, como va el goce de ella, siempre al inodoro. Se trata de un goce sádico-anal de la madre, directamente ligado con el deseo de muerte.

Otra intervención de corte es cuando la analista le dice “con ha- blar es suficiente”, cuando ella dice que recurre a la descompostura. Una intervención que intenta tener en cuenta que lo simbólico se hace presente en el plano más real del cuerpo. Hay cierto movi- miento ahí, esas intervenciones producen un efecto de corte sobre el goce anal y algo se desplaza al campo del significante. Hay cierto efecto metafórico, ya no se trata ahora de cagarse encima, de pasar al baño, sino de que ella es cagona. Ya hay una dimensión metafó- rica. Ahora el cagar ya está sustituyendo a otro significante, que es tener miedo: ella es cagona, requiere de la opinión del marido, el marido la protege. Podemos ubicar cierta implicación subjetiva en ese momento, en relación con el goce anal, porque ya no es el otro que la caga a gritos, o la manda a cagar, o le mete la cabeza en el inodoro, sino que ella es una cagona. También nos enteramos en ese momento que el marido no la convoca como mujer, más bien rehúye del encuentro a solas con ella, las salidas siempre son con otros, interpone a otros.

Lo mismo ocurre con la psoriasis, que también queda directa- mente ligada con el partenaire, pero ahora con otro aspecto de su relación con su marido, que es al deseo de muerte hacia él, que volveremos a encontrar en distintos pasajes del relato de Marcela. La psoriasis se desencadena a partir de que ella teme que su esposo haya muerto en el atentado del 11 de septiembre, haciendo presente cierta dimensión, no ya del objeto anal sino de la mirada arrasando la imagen del cuerpo. Algo se mancha en la imagen del cuerpo, desarmando, “ensuciando”, la dimensión más agalmática, narcisista, de la imagen corporal. La mancha se hace presente a partir de la idea de que el esposo podría haber muerto; hay claros deseos de muerte hacia su esposo, que ella manifiesta como fantasías que surgen en determinados momentos de conflicto en su vida.

Por otra parte, respecto de la cena en la cual se despierta su sínto- ma de colon irritable, resulta que ella realiza una equivalencia entre la posición del esposo y la de madre: ambos la ridiculizan ante otros, le gritan. En esa escena que ella vuelve obscena con su deposición sin previo aviso, ese otro -su partenaire, su marido- encarna algo del Otro materno. Parece tratarse de un retorno casi en espejo, luego nos enteraremos de que el marido “la caga a gritos” y que entonces ella le caga la cena. Esta escena remite a la neurosis infantil: la cena era la ocasión de las peleas entre los padres, ante lo que ella había encontrado como solución: el encierro en el baño. Vemos que ella recurre a defensas obsesivas: el encierro en el baño, el aislamiento en el goce anal. También ahí se abre la dimensión de la infidelidad del hombre, el padre infiel -igual que su primer esposo- en un contra- punto con su madre fría sexualmente, al igual que ella.

Es notable el lenguaje anal en Gabriela, es palpable hasta qué punto los significantes están tomados por el goce anal: habla de que el marido la caga a gritos, después pide pasar al baño. En este primer tiempo del análisis la analista está claramente en el lugar del inodoro, del receptáculo del objeto anal, incluso en esto que po- dríamos llamar un acting que ella realiza en todo el primer tiempo del análisis, que es pasar al baño cuando se va. Este goce encuentra

II. La histerización

A partir de cierto deslizamiento que escucha la analista entre el padre y el marido en relación con la frialdad, surge -se hace presen- te, se anuncia- una fantasía incestuosa con el padre. Primero dice que cuando está teniendo relaciones con el marido se le aparece la cara del padre, entonces bajo la forma de la negación dice “yo no tengo ninguna fantasía con mi padre, ¡eh!”, y después cuenta que le dice “papito” a su marido. La intervención “¡papito!” nuevamente recorta el goce en juego en esa fantasía. En ese punto podemos ubi- car que en el mismo movimiento en el que Gabriela dice implicarse como sujeto en el goce anal, también la relación con el marido reto- ma la vertiente paterna.

Notamos un efecto de histerización. Al principio el marido es- taba equiparado a la madre, que la cagaba a gritos y la ridiculizaba delante de otros, mientras que ahora se abre la vertiente paterna: la frialdad del marido y del padre hacia ella y las fantasías sexuales con el padre. También ahí habla de que ella se afea para que el marido no la mire, pero que no lo consigue. Hay otra intervención enfática de la analista, que le dice “menos mal”, señalando como deseable que algo de mujer quede en ella, que siga causando el deseo del marido a su pesar, a pesar de sus intenciones. En este punto ella despliega un punto de identificación con la madre: la falta de deseo con el mari- do que ocurre “desde que soy mamá”. Esto remite a la dedicación exclusiva a la crianza de los hijos y a la frialdad sexual. Parece que a la madre la única calentura que le interesaba era la del capot del auto -para verificar si su marido había salido con otra o no-, no la del ma- rido en su cama. En este punto surge el recuerdo de la adolescencia cuando ella trata de provocar al padre como hombre, de buscar en el padre la misma mirada que éste le dirigía a otras mujeres. De modo que si bien ella empieza ubicando un punto de identificación con la madre en la renuncia a la femineidad, en el refugio en la maternidad y el rechazo al deseo sexual, culmina en un recuerdo en el que ella quiere provocar al padre como mujer, no está como hija.

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