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Momentos de la práctica

In document Nudos Del Análisis (página 34-37)

Voy a comentar algunos momentos de la práctica para trabajar algunas de las cuestiones de las que estuvimos hablando.

Comenzaremos por el caso de una adolescente que viene por sugerencia de su madre, en una posición de querer contentarla. Se encuentra en un estado francamente anoréxico, peligrosamente del- gada, pero cuando viene me dice que está muy bien, que está muy contenta, que nunca se sintió tan bien, pudiendo hacer tantas cosas, que ella está bárbara, y que quien está preocupada es la madre, y que ella no quiere enfrentarse con la madre, que quizás la madre tiene razón.

En las primeras entrevistas empieza a desarrollar todo el rechazo que le produce la angustia de la madre, cómo la invade mirándola cuando come, etc. La escucho en silencio hasta que en una entrevis- ta me cuenta que hace un año murió su padre -como al pasar, para hacer referencia a que su casa ahora es muy distinta, que está todo muy deshabitado, que la casa se siente muy vacía, que era el padre quien llenaba con su presencia vital esa casa en la que quedaron sólo mujeres: ella, su hermana y su madre.

Recuerda entonces que la casa estaba siempre llena de comida, de todo tipo de comida, ya que al padre le gustaba mucho comer, para él era toda una fiesta ir al supermercado y comprar cosas que de la anticipación, del apronte, en la estructura de la angustia. La

angustia es puro tiempo, se abre al futuro, y por eso es fundamental en ella la dimensión de la espera. Es en esa espera que se abre lo que falta, desgarrándose el velo del fantasma, de allí que la angustia misma conlleve la dimensión del corte.

Intervención: ¿Dijiste que el deseo del analista encarna el deseo del Otro?

Nieves: Claro, Lacan señala que el deseo del analista encarna el deseo del Otro en tanto tal, por eso en este seminario desarrolla la angustia como una respuesta a la dimensión enigmática del deseo del Otro, que es lo que queda velado por la estructura del fantasma, por lo que se presenta como objeto del fantasma. Más adelante, en el capítulo XXIV, que es la última clase del seminario, titulada “Del a a los nombres del padre”, él dice: “La única vía en la que el deseo puede entregarnos aquello en lo que deberíamos reconocer el objeto a, en tanto que en última instancia es nuestra existencia más radical, sólo se abre al situar al a como tal en el campo del Otro. No es otra cosa que la posibilidad de la transferencia” (13).

La importancia de la transferencia consiste en que posibilita co- locar el a como tal en el campo del Otro, lo que es la clave de toda la operación analítica, de allí que más adelante, en Televisión, Lacan la definiese justamente como un nuevo amor (14). Y un poco más adelante dice: “Lo que hace de un psicoanálisis una aventura única es la búsqueda del ágalma en el campo del Otro” (15). Entonces se pregunta: “¿Qué conviene que sea el deseo del analista para que el trabajo sea posible, más allá de los límites de la angustia?” (16). Ya que si bien se pone en juego la dimensión temporal de la angustia, la finalidad del análisis no es angustiar al sujeto, sino más bien abrir esa dimensión para ir más allá -se trata de atravesar ese campo. En- tonces dice que el analista tiene que ser aquél que haya podido hacer entrar su deseo en aquel objeto a irreductible, que eso es lo que ofrece una garantía real al concepto de la angustia, lo que posibilita

En un momento determinado este joven se va unos meses por trabajo de viaje a otro lado. Entonces ella empieza a extrañarlo, y es frente a su ausencia que comienza a darse cuenta de que lo que a ella le pasa con él va más allá del goce sexual, y que en verdad hay algo del orden del amor. Con mucha dificultad, muy de a poco va dándose cuenta de esto. Cuando ya le queda muy claro, decide hablar con él y plantearle lo que le pasa, estando ella convencida de que eso significaba el fin de la amistad, y que él no iba a querer saber nunca más nada con ella, ya que hablarle de su enamoramiento sig- nificaba la ruptura de un pacto implícito. Pero para su sorpresa él le responde que a él también le pasaba lo mismo, agradeciéndole que ella se haya animado a plantearlo. Quedan entonces en vivir juntos a la vuelta de su viaje. En ese tiempo de espera, en la modalidad imperiosa propia del acting, es tomada por una pasión totalmente avasalladora por una mujer, quedando totalmente fascinada y cap- turada por ella, no pudiendo dejar de ir a su encuentro, lo que la lleva a un estado de angustia masiva. Ella me pregunta entonces si no se habrá equivocado, si no será que en verdad ella es homosexual.

Le respondí si no se trataba más bien del temor a ocupar un lugar de mujer al lado de un hombre. Surge entonces un recuerdo infantil: cuando era chica vivía en un pueblito del interior. Para volver del colegio a la casa tenía que atravesar un descampado, cosa que hacía con una compañera del colegio, ya que vivían las dos en el mismo barrio. Ese día se había desatado una tormenta fuerte en medio de la travesía por ese campo, por lo que ambas corrieron a refugiarse en una garita de seguridad en la que encontraron a un tipo que estaba armado. El tipo comenzó a toquetear a la amiga delante de ella. Las dos tenían miedo, ninguna dijo nada, y todo el tiempo que duró la tormenta ella se quedó mirando lo que el tipo le hacía a la amiga.

Asocia entonces con las escenas sexuales en las cuales ella se que- daba mirando cuando este hombre que le gustaba tanto -y a quien recientemente le había declarado su amor- tenía sexo con otra mu- jer, precisando además que ella trataba de imaginarse lo que sentía le gustaban; me aclara entonces que el padre era medio gordito, que

tenía unos rollos. Termina diciendo que desde que el padre murió la comida ya no tiene lugar en su casa. En la entrevista siguiente me cuenta que estaba muy malhumorada porque se había mirado en el espejo y se había visto unos rollos. Le digo entonces que quien tenía rollos era su padre. Esa simple intervención, que tocó algo de la identificación narcisista, melancólica, al padre muerto, abrió el camino del análisis, para su sorpresa.

Podría decirse que con esa intervención el sujeto sale del acting en el que consistía su anorexia, una escena en la que ella estaba mostrando algo que no sabía qué era. Es a partir de la lectura de que ella está identificada con ese objeto perdido que es el padre, que el gordo era el padre, y que el verse gorda era una manera de no per- derlo, sale de esa autoafirmación narcisista en la que había llegado. A partir de ese momento comienza a manifestarse la dimensión de la falta de distintas maneras, incluso empieza a sentir cansancio en el cuerpo, cosa que no sentía, extrañamente para el estado en el que se encontraba hasta ese momento. Me pide de venir dos veces por semana, tomando entonces ella una posición deseante en relación con el espacio analítico y comenzando un análisis al poco tiempo.

Otro ejemplo es el de una joven que consulta cuando su madre, con quien la une una relación que ella define como de devoción, se está muriendo. Me llama la atención desde el principio su posición provocadoramente varonil. Corta la primera entrevista, a la que ha- bía llegado vestida con ropa deportiva, diciéndome que debía irse a jugar al fútbol, ya que la esperaba un equipo de diez hombres, en el que ella era la única mujer que jugada. Agrega con satisfacción que ella juega mejor que algunos tipos, por eso sigue estando en el equi- po, y además no tiene inconveniente en compartir con ellos el asado posterior en el que todos -ella incluida- hablan de sus proezas sexua- les. Se dedica a experimentar con diferentes hombres, participando también de sesiones de sexo grupal, sin ningún tipo de pudor. Una y otra vez volverá en su relato la figura de un compañero de correrías sexuales con el cual hacen de todo, particularmente el sexo grupal.

10) Ibid. 11) Ibid.

12) Ibid. Cap. XII. 13) Ibid. Cap. XIV.

14) Lacan, J. “Televisión”, en Psicoanálisis. Radiofonía & Televisión. Anagrama. Barcelona, 1977. Págs. 114-115.

15) Ibid 7. Cap. XXIV. 16) Ibid.

él en ese momento. A partir de esta sesión cae totalmente su pasión por esa otra mujer, comenzando a desplegarse una cuestión muy fundamental -que va abrir el camino del análisis para ella- que es la cuestión del amor por su padre, al que adoraba, pero quien sólo tenía ojos para su hermano varón, destinándola a acompañar a su madre. El padre y el hermano se iban juntos a pescar, a cazar, a ha- cer deportes, mientras ella tenía que quedarse teniéndole la vela a la madre; por eso no es casual que ella consulte justamente cuando le está teniendo la vela a la madre que se está muriendo. Ella había de- dicado toda su infancia a mostrarle al padre que ella podía más que el hermano, que a pesar de ser mujer era mejor hijo, y la escena del fútbol con la que había llegado al análisis se devela entonces como respondiendo a esa estructura fundamental de su posición.

Clase del 26 de mayo de 2010

Bibliografía

1) Lacan, J. “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis”, en Escritos 2. Siglo veintiuno. Buenos Aires, 1985. Pág. 535.

2) Lacan, J. Le Séminaire. Livre VIII. Le transfert. Seuil. París, 1991. Pág. 156.

3) Ibid. Pág. 17

4) Ibid. Caps. III, XI y XIII.

5) Lacan, J. El Seminario. Libro 11. Los cuatro conceptos fundamentales

del psicoanálisis. Paidós. Buenos Aires, 1986. Cap. XX, ptos. 2 y 3.

6) Lacan, J. “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el incons- ciente freudiano”, Ibid 1. P. 805.

7) Lacan, J. El seminario. Libro 10. La angustia. Paidós. Buenos Aires, 2006. Cap. XI.

8) Ibid. Cap.X 9) Ibid.

4. Lo que se teje y lo que se desteje en el análisis

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