3$45+06,.98 Detección, presencia y análisis
2. La imagen caleidoscópica como patrón estructural en las artes decorativas 1 La metamorfosis en M C Escher y en la relación entre las artes decorativas y la
2.2. Continuidad, camuflaje, interrupción
Se entiende por decorativo aquello que “está fuera del foco de nuestra atención”. Desde que el ser humano existe, las AADD han estado presentes en diferentes emplazamientos y se han realizado a través de distintas técnicas. Según Gombrich, no hay ninguna cultura en la que no haya tradición de ornamentación como “telón de fondo”: lo vemos, pero no lo advertimos. Este “telón de fondo” rara vez se analiza, ni tampoco se han desarrollado investigaciones completas sobre por qué el ser humano ha sentido el “impulso universal” de cubrir paredes, objetos, telas, etc. con los patrones característicos de las AADD. Éstas, siempre aparentemente en el lugar de lo inadvertido, hicieron que artistas como William Morris o historiadores como Gombrich se preguntasen por qué esas obras “no eran consideradas como ‘arte’” (Gombrich, 1999, p. VII). Sin embargo, más allá de la presencia de la IC en las AADD del ser humano, surge una vertiente singular al observar que también hay animales cuyas creaciones refieren, precisamente, a la IC. Este es el caso de un pez globo japonés, que genera impresionantes patrones caleidoscópicos y efímeros bajo el agua (Figs. 61-62), con fines reproductivos (BBC One: Live Story, 2014).
Fig. 61. BBC One Live Story, pez globo japonés e imagen caleidoscópica. 2014.
En su estudio sobre la psicología de las AADD, Gombrich demuestra que existe un sentido del orden inherente en el ser humano, que puede que sea de índole biológica (1999, p. XI) o psicológica (1999, p. 95). En este sentido, Gombrich y Arnheim tienen diferentes opiniones: Arnheim se fundamenta sobre nuestra atención perceptiva hacia la forma simple de acuerdo con la teoría de la Gestalt, mientras que Gombrich plantea que es la ruptura del orden lo que genera nuestra atención activa (1999, p. XII). Sin embargo, ambas teorías no tienen por qué ser excluyentes. Podemos tener una dinámica perceptiva hacia la forma simple y que a la vez sea la ruptura del orden lo que genere nuestra implicación activa. Por otro lado, sí se debe definir el discurso de Gombrich bajo la línea de pensamiento de Popper, la cual sustenta que el ser humano y sus impresiones se generan en el marco de la experiencia, bajo la constante necesidad de explorar el entorno (1999, p. 1). Como se ha
referido, dicho pensamiento va en la línea de las tendencias presentes en la investigación artística actual (Klein, 2010).
Lo que yo he llamado sentido del orden cabe afirmar que nos sirve ante todo para orientarnos en el espacio y el tiempo […]. Al servicio de esta función encontramos la ‘hipótesis de la simplicidad’ de tan inmensa utilidad para el organismo. Nos permite considerar las cosas como leídas y atender selectivamente a los significados individuales. La percepción de regularidad, de repetición y redundancia, ofrece gran economía. […] nos basta con clasificar los elementos en busca de redundancias, recorriendo con la vista toda la serie y fijándonos tan sólo en un componente repetitivo. (Gombrich, 1999, p. 151)
Fig. 62. BBC One Live Story, cámara filmando al pez globo japonés. 2014.
Nuestro propio organismo tiene también una organización repetitiva que es, además, fractal (Mandelbrot, 2009, pp. 213-214): es importante, por lo tanto, la evidente relación entre nuestro propio organismo y el movimiento presente en la generación de un patrón visual: “los simples ritmos de nuestra respiración o de nuestro caminar permiten a los movimientos hacerse automáticos” (Gombrich, 1999, p. 11). Encontramos un ejemplo a este respecto cuando el sujeto deja de percibir un sonido constante y repetitivo –ruido blanco–, o bien acomoda la vista y deja de prestar atención ante una pared de la Alhambra o por la continua repetición de un panel publicitario. La continuidad, desde un punto de vista perceptivo, deja de registrarse por causas tanto fisiológicas como psicológicas (Gombrich, 1999, p. 108).
Al fijar el ojo en una configuración dada […], la percepción se desvanecerá en ausencia de las oscilaciones incesantes a las que procedemos. Toda sensación corporal, toda visión o todo sonido de carácter continuo se desvanecerán más allá del umbral de la atención. […] se convierten en mero fondo y serán ignorados a no ser que interfieran con otros sonidos. Sin embargo, la mejor prueba de que todavía oímos lo que ya no advertimos procede de que nos damos cuenta cuando el sonido cambia o se detiene. (Gombrich, 1999, p. 108)
Así, el elemento ordenado y repetitivo que caracteriza a la IC en el marco de lo decorativo produciría un acomodo en nuestra percepción. Constantemente tenemos determinada la noción natural de continuidad “sin cambios”, hasta que se produce una interrupción y nos fijamos en el patrón decorativo que hay en la pared o en los repetitivos latidos del corazón. La mente humana ha elegido manifestaciones de regularidad que son producto de una mente controladora, de forma que así destaquen sobre la naturaleza, aparentemente caótica, orgánica –aún cuando presente un orden a primera vista imperceptible–. Por ello, codificamos mejor aquel patrón visualmente ordenado, que geométricamente sea repetitivo –por lo que la IC entraría en esta designación–, lo que posibilitará recordarlo mejor que una configuración más compleja e irregular (Gombrich, 1999, p. 115). Efectivamente, el patrón repetitivo pasa aparentemente desapercibido, pero el uso de la repetición lleva a que se recuerde mejor que otro tipo de imagen. Además de compositivamente, esta cualidad coincide con el mecanismo intrínseco de la publicidad:
pasa aparentemente desapercibida y emplea constantemente el recurso de la repetición para transmitir su mensaje. Igualmente, según la teoría de la Gestalt, nuestra atención ante la discontinuidad es la de cerrar o “completar” mentalmente dichas formas (Gombrich, 1999, p. 113), por lo que trabajos como algunas de las fotografías de Courtecuisse representan, precisamente, el malestar que genera la interrupción de la continuidad (Fig. 63).
Fig. 63. C. Courtecuisse, Un ligero cambio en el orden de las cosas. 2005.
El libro debía ser como esos dibujos que proponen los psicólogos de la Gestalt, y así ciertas líneas inducirían al observador a trazar imaginativamente las que cerraban la figura. Pero a veces las líneas ausentes eran las más importantes, las únicas que realmente contaban. (Cortázar, 1994, p. 647)
Un fenómeno similar al de los patrones decorativos o el ruido blanco como “telón de fondo” sería el del camuflaje, por el conflicto que se genera por la desaparición de los contornos y la forma del objeto real. Éste, por un lado, intenta camuflarse en el entorno y, por otro, los perfiles del propio objeto son ocultados al presentar una “información conflictiva” sobre su superficie. A este respecto articula Gombrich que aquello “que necesitamos para la comodidad visual, sin embargo, es conseguir una fácil captación (mental o física) de la manera en que está formada una cosa” (1999, p. 165).