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La fusión de los precios antes y ahora es triple: 1-indica las necesidades de la sociedad (si se necesitan bienes se producen y si no se quieren nadie los produce); 2-indica la capacidad productiva de la sociedad (si resulta muy caro o se queda sin satisfacerse o se busca un sustitutivo); 3-orienta el uso más eficaz de los recursos escasos (indica que cantidad y a cambio de que sacrificio económico se desean).
En la actual dimensión planetaria del comercio internacional ha hecho cambiar el concepto de justicia en los precios. Hoy se ha pasado en un enfoque basado en la justicia conmutativa a unos más global que interrelaciona los precios de todos los bienes y servicios disponibles en un cierto equilibrio. Ningún precio puede entenderse aisladamente y desconectado de la totalidad de los precios vigentes. Con este cambio recuperamos la fusión de los precios de asignar racionalmente los recursos de que dispone la sociedad. Por eso el precio justo ahora es un tanto la perfecta igualdad entre las prestaciones sino aquello que regula el cambio en la exacta relación del aprovechamiento del cuerpo social. Por eso el precio justo esta en relación con la producción en que los bienes están sistemática y universalmente distribuidos dentro de una comunidad (justa distribución de los bienes). De ahí que hoy debamos dar más relevancia a la dimensión social de la formación de los precios y debamos cuestionar la precipitación de identificar el precio del equilibrio en el mercado con el precio justo.
Esta identificación es problemática en un mercado como e l actual difícilmente reducible al de competencia perfecta. Las distorsiones, intervenciones, limitaciones, condiciones que se ponen la competencia, hacen difícil confiar en los mecanismos espontáneos del mercado. Hoy no podemos suponer la ausencia de coacciones y de libertad. En ocasiones la necesidad del consumidor tiene más fuerza que el ejercicio de su libertad y a la colectividad le interesa que los consumidores puedan disponer de ciertos bienes – básicos – a precios más económicos de los que se derivan del mero juego de oferta y demanda. Esto justifica que la sociedad pueda determinar el precio a pagar por los consumidores y conduce a un cierto intervencionismo estatal en la regulación de los precios: 1- fijando precios cuando hay distorsiones en el mercado (beneficios no justificados para los productores), 2 – fijando topes máximos (para proteger al consumidor) y mínimos (para proteger al productor) sobre todo en determinadas circunstancias (alteraciones del clima: productos a agrícolas perecederos o demandas de navidad o vacaciones) o para comprar los excedentes cuando los precios tienden a pasar los mínimos (y ponerlos en venta los excedentes cuando los precios tienden a superar el máximo), 3- mediante la corrección indirecta de los precios (subvenciones e impuestos) con fines distributivos.
93 LECHERAS.
La firma pone en dudas la calidad del producto si el precio de venta está por debajo de las 100 pesetas.
Responsables de Leche Pascual se han quejado siempre de ser una de las pocas empresas que cuidan la calidad de la leche en origen; que mantiene un servicio de asistencia e información con los ganaderos; que rechaza la leche en las explotaciones con resto de antibióticos; que busca los mejores ganaderos y paga los mayores precios, mientras debe competir en el mercado con otras firmas especializadas en comprar las más baratas sin mas complicaciones.
Ya se habían olvidado aquellas polémicas cuando Leche Pascual… ha vuelto para poner en duda la calidad de leches por debajo de las 100 pesetas. Según fuentes de pascual, hay datos en la venta de leches que no encajan en la actual situación de costes en el sector y, en consecuencia, hay también para pensar que, en la elaboración de esos productos, hay algunas que no se pueden justificar fácilmente. En leche Pascual se argumenta que, una buena leche en origen, con control sanitario, sin antibióticos, siempre es cara con precios en los últimos meses por encima de las 50 pesetas. Ese producto de calidad, argumentan en la empresa láctea, en ningún caso podría competir con leches baratas o elaboradas basándose en permeatos o leches en polvo procedentes de terceros países, lo que supone reducir el coste un 30%.
En la actual coyuntura de dificultades para vender el producto a precios altos ante la fuerte presión de toda la distribución que siguen teniendo la leche como uno de sus productos reclamo, leche Pascual puso en marcha en los últimos días una nueva campaña en defensa de sus productos por la que se venía a poner en duda la calidad de leches por debajo de las 100 pesetas litro. Lo sorprendente de esta campaña para el resto del sector que, para justificar su postura, Leche Pascual no haya tirado de los escándalos que tiene cada empresa o que puede elaborar con mayor independencia cualquier consultora especializada en este sector. La empresa ha tomado como eje de campaña una frase de un artículo e la revista “Ganaderos” editada por una organización agraria, Iniciativa Rural, donde se dice texturalmente que de “leche por debajo e las 100 pesetas, el consumidor debe desconfiar”.
Industriales de la leche contestaron que es posible utilizando más la gran distribución que la tienda tradicional que es la base de las ventas de la empresa burgalesa o no gastando fuertes cantidades en publicidad y promoción (diez pesetas menos se podrían ahorrar) pues ésta la haría la propia gran distribución o compensando los beneficios de otros productos como la leche desnatada. (El País Negocios 9-6-1996, p.11)
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