F. Nietzsche, Frammentipostumi, 1888-89, op cit, pág 93.
6 Un ejemplar estudio de la relación entre totalitarismo y filosofía se
pecíñco de la biopolítica nazi. Mientras el régimen co- munista, no obstante su tipicidad, procede de la época moderna —de sus lógicas, de sus dinámicas, de sus derivas—, el régimen nazi es algo' radicalmente dis- tinto: no nace de la exacerbación de la modernidad, sino de su descomposición. Del comunismo cabe afir- mar que «realiza», siquiera de manera exasperada, una de las tradiciones filosóficas de la modernidad, algo que bajo ningún aspecto puede decirse del nazis- mo. Pero esta no es sino una verdad a medias, que es preciso completar como sigue: el nazismo no es, ni puede ser, una filosofía realizada porque es ya una
biología realizada. Lo trascendental del comunismo
es la historia, su sujeto es la clase y su léxico la econo- mía, mientras que lo trascendental del nazismo es la vida, su sujeto es la raza y su léxico la biología. Es cierto que también los comunistas actuaban con la convicción de fundarse en una precisa concepción científica; pero sólo los nazis identificaron esa ciencia con la biología comparada de las razas humanas y animales. Desde este ángulo, hay que tomar en el sentido más estricto la declaración de Rudolph Hess de que «el nacionalsocialismo no es otra cosa que bio- logía aplicada».6 En realidad, esta expresión había sido utilizada por primera vez por el genetista Fritz Lenz en el difundidísimo manual de Rassenhygiene,
redactado en colaboración con Erwin Baur y Eugen Fischer, en un contexto en el que Hitler era definido como «el gran médico alemán» capaz de dar «el último paso hacia la derrota del historicismo y hacia el reco- nocimiento de valores puramente biológicos».7 En tér- minos muy similares se había expresado también, en otro influyente texto de medicina, Rudolph Ramm, al
s Cf. K. J. Lifton, The Nazi dactors, Nueva York, 1986 [traducción
italiana: / medid nazisti, Milán, 2003, pág. 51].
7E , Baur, E. FischeryF. Lenz, Grundriss der menschlicken Erblich- li&itslehre und Rassenhygiene, Munich, 1931, págs. 417-8.
afirmar que «el nacionalsocialismo, a diferencia de cualquier otra filosofía política o de cualquier otro programa de partido, está de acuerdo con la historia natural y con la biología del hombre».8
Hay que procurar no perder de vista el muy par- ticular carácter de esta explícita apelación a la biolo- gía en contra de la filosofía. Esto marca la verdadera ruptura, en relación no sólo con un genérico pasado, sino con la biopolitica moderna misma. Es cierto que desde siempre el léxico político emplea metáforas bio- lógicas, a partir de la del Estado-cuerpo, tan socorri- da. Y es cierto, como puso en evidencia Foucault, que a partir del siglo XVIII la cuestión de la vida fue inter- secándose gradualmente con la esfera de la acción po- lítica. Pero todo esto, siempre a través de mía serie de mediaciones, lingüísticas, conceptuales, instituciona- les, que faltan por completo en el nazismo: entre polí- tica y biología cae todo diafragma. Lo que siempre ha- bía sido una metáfora vitalista se torna realidad, no en el sentido de que el poder político pase directamen- te a manos de los biólogos, sino en el sentido de que los políticos adoptan los procesos biológicos como cri- terio rector de sus acciones. Desde esta perspectiva, no puede siquiera aludirse a una mera instrumentali- zación; la política nazi no se limitó a emplear con fines legitimadores la investigación biomédica de la época. Pretendió identificarse directamente con ella en una forma absolutamente inédita de biocracia. Cuando í4*.
Hans Reiter, al hablar en nombre del Reich en la Pa- rís ocupada, proclamó que «este modo de pensar en el aspecto biológico debe poco a poco volverse el de todo el pueblo», porque en él está enjuego la «sustancia» del propio «cuerpo biológico de la nación»,9 hablaba
8 R. Ramrn, Ártzliche Reckts und Standeskunde. DerArzt ais Ges-
undkeitserzieher, Berlín, 1943, pág. 156.
9 H. Reiter, «La biologie dans la gestión de l'État», en W.AA., État et
conscientemente en nombre de algo que nunca formó parte del léxico categoría! moderno: «Nos encontra- mos en el inicio de una nueva época —escribe otro ideo-biólogo del régimen— [.. .] el hombre mismo re- conoce las leyes de lo viviente que lo modelan indivi- dual y colectivamente; y el Estado nacionalsocialista se ha atribuido el derecho, en lo que esté a su alcance, de influir sobre el devenir humano como lo exige el bienestar del pueblo y del Estado».10
3, Con todo, mientras se hable de biología, perma- necemos en un plano de razonamiento demasiado ge- neral. Para acercarnos al núcleo de la cuestión debe- mos centrar la atención en la medicina. Es conocido el papel que desempeñaron los médicos nazis en el ex- terminio consumado por el régimen. Ciertamente, no es el único caso de colaboración del cuerpo médico con formas de tanatopohtica: piénsese en el rol de los psi- quiatras al diagnosticarles enfermedad mental a los disidentes en la Unión Soviética estalinista, o en las vivisecciones practicadas por los médicos japoneses a los prisioneros norteamericanos después de Pearl Harbor. Pero en Alemania hubo algo más. No me re- fiero tan sólo a los experimentos con conejillos de In- dias humanos, o a los datos anatómicos que los cam- pos proveyeron a prestigiosos médicos alemanes, sino a su participación directa en todas las etapas del ho- micidio masivo: desde la individuación de los niños, y más tarde los adultos, destinados a la muerte «mise- ricordiosa» del Programa T4 y la extensión de lo que
Conti, «L'organisatioii de la santé publique du Reich pendant la gue- rre»; F. von Verschuer, «L'image héréditaire de l'homme»; E. Fischer, «Le probléme de la race et la législation raciale allemancle»; A. Scheu- nert, «La recherche et l'étude des vitamines au service de l'alimenta- tion nationale»).