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Sobre los procesos de subjetivización, cf M Fimiani, «Le véritable

A. Dal Lago, Milán, 1997, pág 222].

47 Sobre los procesos de subjetivización, cf M Fimiani, «Le véritable

ra vez el significado intrínseco de la compleja figura de la sujeción. Lejos de reducirse a una mera objetiva- ción, esta remite más bien a un movimiento que con- diciona el dominio sobre el objeto a su participación subjetiva en el acto de dominación. Confesándose, o sea, encomendándose a la autoridad de quien llega a conocer y juzga su verdad, el objeto del poder pastoral se hace sujeto de su propia objetivación o es objetiva- do en la constitución de su subjetividad. El término medio de este efecto cruzado es la construcción de la individualidad. Obligándolo a exponer su verdad sub- jetiva, controlando las más íntimas vibraciones de su

conciencia, el poder individúa a quien somete en cali- dad de objeto propio, pero, al obrar de este modo, lo re- conoce como individuo dotado de mía específica subje- tividad: «Es una forma de poder que transforma a los individuos en sujetos. Hay dos sentidos de la palabra "sujeto": sujeto sometido al otro por el control y la de- pendencia, y sujeto que queda adherido a su propia identidad mediante la conciencia o el conocimiento de sí. En ambos casos, esta palabra sugiere una forma de poder que sojuzga y somete».48

3. Así como la dirección de conciencia de los pasto- res de almas inicia el movimiento de subjetivización del objeto, la conducción de gobierno teorizada y prac- ticada en forma de Razón de Estado traduce, y deter- mina, el gradual desplazamiento del poder del exte- rior al interior de los límites de aquello sobre lo cual se ejerce. Mientras el príncipe de Maquiavelo conser-

courage de la vérité, París, 2002, págs. 87-127, e Y. Michaud, «Des mo-

des de subjectivation aux techniques de soi: Foucault et les identités de notre temps», en Cites, n° 2, 2000, págs. 11-39. Fundamental para

este tema sigue siendo Foucault, de G. Deleuze, París, 1986 [traduc-

ción italiana: Foucault, Ñapóles, 2002].

48 M. Foucault, «Le sujet et le pouvoir», en Dits et écrits, op. cit., vol. IV, pág. 227.

vaba todavía una relación de singularidad y trascen- dencia respecto de su propio principado, el arte de go- bierno da lugar a un doble movimiento de iñmanenti- zación y pluralización. Por una parte, el poder ya no se relaciona circularmente consigo mismo —con la conservación o ampliación de sus propias estructu- ras—, sino con la vida de aquellos a quienes gobierna, en el sentido de que su fin no es la obediencia tan sólo, sino también el bienestar de los gobernados. Más que dominar desde lo alto a hombres y territorios, adhiere internamente a sus necesidades, inscribe su propia actuación en los procesos que esas necesidades deter- minan, extrae su propia fuerza de la fuerza de sus subditos. Mas para ello, para aceptar y satisfacer to- dos los requerimientos que le llegan del cuerpo de la población, está obligado a multiplicar sus prestacio- nes por cuantos ámbitos corresponda: desde la defen- sa hasta la economía y la salud pública. A ello obedece un doble movimiento cruzado: uno vertical, de arriba abajo, que pone en constante comunicación la esfera del Estado con la de la población, las familias, hasta los individuos, y otro horizontal, que pone en relación productiva las prácticas y los lenguajes de la vida en una forma que amplifica sus horizontes, mejora sus desempeños, intensifica sus rendimientos. Resulta evidente la divergencia con la inflexión predominan- temente negativa del poder soberano. Mientras este se ejercía en términos de sustracción, de retiro —de bienes, de servicios, de sangre— a sus propios subdi- tos, el poder gubernamental, por el contrario, se apli- ca a la vida de estos, no sólo para defenderla, sino también para desplegarla, potenciarla, maximizarla. El primero quitaba, arrancaba, hasta aniquilar. El se- gundo consolida, aumenta, estimula. Si se lo compara con la actitud salvífica del poder pastoral, el guberna- mental dirige su atención aún más decididamente al plano secular de la salud, la longevidad, la riqueza.

Sin embargo, para que la genealogía de la biopolí- tica pueda manifestarse de modo plenamente articu- lado falta un último paso, representado por la ciencia de policía. Esta no es —como hoy día la entendemos— una técnica específica dentro del aparato del Estado, sino la modalidad productiva que adopta su gobierno en todos los sectores de la experiencia individual y co- lectiva, desde la justicia hasta las finanzas, el trabajo, la salud, el placer. Antes que evitar males, la policía debe producir bienes. En este punto alcanza su ápice el proceso de reconversión afirmativa del viejo dere- cho soberano de muerte. El término Politik mantiene el significado negativo de defensa contra los enemigos externos e internos, mientras que la semántica de la Polizei es eminentemente positiva, destinada a favo- recer la vida en todas sus articulaciones.

De acuerdo con lo que se lee en el compendio de Ni- colás De Lamare,' la policía se ocupa no solamente de lo necesario, sino también de lo oportuno o lo placen- tero: «En definitiva, el objeto de la policía es la vida: lo indispensable, lo útil y lo superfluo. La policía debe garantizar que la gente sobreviva, viva e incluso se supere».49 Por su parte, Von Justi, en sus Elementos de policía, apunta todavía más lejos: el objeto de la policía se define también en este caso «como la vida en sociedad de individuos vivientes»,50 pero su propósito más ambicioso es crear un círculo virtuoso entre desa- rrollo vital de los individuos y potenciación de la fuer- za del Estado: «La policía debe asegurar la felicidad de la gente, entendiendo por felicidad la superviven- cia, la vida y su mejoramiento [...] desarrollar los ele- mentos constitutivos de la vida de los individuos de