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Sobre el tema de la decadencia, cf G Campioni, «Nietzsche, Tai-

F. Nietzsche, Frammentipostumi, 1888-89, op cit, pág 93.

38 Sobre el tema de la decadencia, cf G Campioni, «Nietzsche, Tai-

ne et la décadence», en Nietzsche. Cent ans de réception francaise, al

te esta negación de la inmunización sitúa a Nietzs- che, al menos a este Nietzsche, dentro de su mecanis- mo de recarga. Negando la negación inmunitaria, él queda inevitablemente atrapado en su léxico negati- vo.

Eojzgz

de afirmar su propio punto de vista^jiseli- mita a negar el punto de vista opues^OTjgdando^asi, subordinado a este. Como sucede en toda lógjcareac- tiya —caracterizada por una modalidad estructural- mente negativa que Nietzsche tan eficazmente de-

1 construyó—, también la crítica de este autor a la in-

' munización moderna responde a algo que la precede lógicamente. La idea misma de de-genera.cjón (En- tatíUBg), qug-komacomo punto de partidaparapropo- ner un antídoto, se configura de manera/esenciaimen-" te negativa: PIS lo contrario de generación. Una gene-

ración replegada sobre sí misma y pervertida: no una afirmación, sino la negación de un negativo, típico procedimiento antigénico. No por casualidad, cuanto más sgL^sfiíexzaJSietzsche en combatir el síndrome inmumtarip, más_cmeiüa^e^ámucaae la infección y~ la contaminación. Todo el motivo de la pureza, de la integridad, de la perfección —al que su pluma vuelve obsesivamente, hasta en términos a i itohiográficos—

tiene esa tonalidad inconfundiblemente reactiva, do- blemente negativa, respecto de una impureza expan- siva que es el verdadero primum desu discurso: «ÜrT extremado sentidajde.la integridad parajrenmigo . mismo es el presupue^toJ_d^mi_existencia, yg^sjenfo

quájnuen} si meencuentro enCsituaciorScont^n^ia- das^ a^í. sienmraJuejnijrestumbre nadar, bañarme,

1 chapotear_continuamente en el agua o en algún otro

elemento absolutamente transparente y luminoso [."..] Todo miZamg^glzxLeajm^iiMramb ala_soledacL_ o, si se me ha entendido, a lapureza».39 Más aún:

Nietescnl^ misma como cau- 39 F. Nietzsche, Ecce homo, op. cit, págs. 283-4.

sa, y a la vez efecto, de que los puros sean contagiados poco a poco por los irhpnrns. Estos últimos son lqs_o¿ie^

para quitar a las fuerzas afirmativas su poder, las contaminan extendiendo como una mancha de aceite la zona enferma. Tanto es así, que Nietzsrihe exhorta

a combatir de la decadencia, antes que la enfermedad en sí, difícil de erradicar como tal, justamente la línea de avanzada del contagio: «La decadencia misma no es algo que se pueda combatirTes absojutamente ne- cesaria y propia de todo tiempo y de todo pueblo. Aquello que se debe combatir con todas las fuerzas es

eTcontagio délas partes sanas deforglmismo».4tr~~ 3. No puede pasar inadvertido el carácter hiperin- Tirnmtarjo de esta crítica a la inmunización: para res- guardarse del exceso de protección —de la obsesión autoconservativa de las especies más débiles— hay .-—que protegerse de su contagio. Hay que~engir uñaba- / — r r e r a más sólida e impenetrable que la ya levantada

^ l^por eñas. H_ay que hacer definitiva la separggón"en:: -*dW* 0 tre partes sanas y enfermas: «La vida misma no reco-

f" noce ni solidaridad ni "paridaJ^enq^erecho^jentre"las' partessanas de un organismo y sus pgjjgg gnígEmas: éstas újtimjasdeben ser amputadas: de lo mntrarioteT tndn pprecel>.4i Aquí, la distinciones más, lajíposieión —=¿ biológica, entre loJisiplógicp y lo ¿gto¡Qgieo ti^neun ^ansparente signmcad^sociair^s^ inútil señalar los numerosj^aasa^ insig±e-©n-lajiace- sidad deconseryar, incluso acentuar, la rígida divi- sión entre clases.-aspecialmente entre la raza de-Ios. /fo'** amos y la de Ins gjcjayos. Al respecto, es má«ume_gl.o-

cuente su exaltación de la orglmizaeióñ-inala en-cas? tas incomunicah|es¡. Lo que hay que destacar es el contraste categorial! que se establece, también desde

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este punto de vista, respecto de lajflosofía política moderna: aj homo aegualik del individualismo liberal v, del universalismo democrático se le opone el*ifeae&3

ii^archicuh del mundo premoderno, como cornlrma-

cion del carácter regresivo y restaurador característi- co de este eje del discurso nietzscheano. Por lo demás, las citas en apoyo de Boulanvilliers —a quien no por casualidad hace referencia, en varias ocasiones, el Foucault biopolítico— vanen ega misma_dirección antimoderna: él fue uno deló^primeros en impugnar el léxico de la soberanía y de la nación una e indivisi- ble, en favor de una irreductible separación de clases y razas contrapuestas. Eajma cuestión indecidibla^i /eLracislño^a!eT;^tescne)es de tipo horizontal o trans-

versal, es decir, si discrimina entre distintos puebloi§ o bieripractica un corte dentro de su propia comunidad nacionaír dado que, según los escritos y las~círcuns~ tandas, él se desplaza de un plano a otro. Pero, desde el punto de vista conceptual, es preciso atender a la evidente contradicción que representa, con respecto a la tesis de la abundancia originaria, una medición ni- veladora según la cual Relevación déTó¥uño1Tes di- rectamente! proporcional a.la comnrjsián3n clu s o ^

(eliminación^ de los otros: «Lo esencialdeunabuena^y sana aristocracia es que [.. XadmiteTcon conciencia

tranquila al sacrificio de innumerables seres huma-

nos que por amor a ella deben ser oprimidos y menos- caKados"*hasta. volverse hombres incompletos, escla- vos, instrumentos»^^

Desde luego —según se lo ha señalado—, la de Nietzsche no es una posición aislada en el panorama de-su-tíempo.43 Expresiones semejantes pueden en-

contrarse en el pensamier^o^ansgxgador, y hasta en

/ ^ ^ Ai o

42 F. Nietzsche, Al di la del bene e del male, op. cit., pág. 176. 43 Me refiero al libro, tan importante como discutible, deD. Losurdo, Nietzsche, il ribelle aristocrático, Turín, 2002.

la tradición liberal, cuando se refieren al destino de los pueblos exiTaeuroneos sujetos a la colonizacióiLy a la explotación racial. Pero su relevancia en el marco de nuestro razonamiento está dada por su intensato- nalidad biopolitica. Lo que se cuestiona en este-jgqui- fibrio sacrificiai, en el que unjplato de la balanza debe necesariamente descender para que el otro pueda subir, no es~soIfflm.ente efpoder, el prestigió o el traba- jo. sino(Ia,vida mismeu Para que sujustancia biológi- ~- ca pueda elevarse, la vida debe ser hendida por una

- Ifnaa damarcatoria de hierro que la contrapone a sí^

' > niismaT^ida contra vidáT)Q, más drásticamente, vida de unos merced a la no vida de otros: <¿Vivir significa^ e^tn^rechazax^sin tregua algo de sí que quiere mo- rir».4 4 No sólo protegerla yida daLcontagio de_la_

muerte, sino hacer de la muerte el mecanjsmo-.de re- producción contrastiva~?íela vida. Una vez más, vuel- ve_a-J3resentarse &on toda su aspereza la referencia, incluida en el pasaje antes citado sobre labran políti-

ca, a~?a^íminar.ión de las especies parasitarias^de-

ggneradai. Ya se deje de practicar lajgoedicinacon los

incuraMes o. sin más, se los suprima, ya se impjdala procreación de los tipos biológicos dafer.tunsns_n se

estimiiTe g»1 sviridio de quienes padecen taras irrever- sibles, todo ello bien puede interpretarsejsomo un « (egkjbójB). particmarmentré^espiadado^ffie la^algría de

horrores que, partiendo de la eugenesia decimonóni- ca, llega a los campos de^^egminio del siglo siguien-

XX íg. ^rsoaateiefíte^ adhiero a la opción hermenéutica

de no atenuar en clave metafórica oltEráHa. pasajesy expresiones que, por otra parte, Nietzsche comparte cojn£j£tQrj2sxomoJL^ Le Bon, Emerson, Lapo- gue, Gumplowicz yiotros tantos: en todos ellos, la vida humana^s_fljyj¿id^ por un límite inexorable que con-

diciona eLplacgr, el saber v el poder de^mosjiocos)al_