EL UNIVERSO DE LA PALABRA
LA IMAGEN ÁRBOL
I. EL ENFRENTAMIENTO CON EL OTRO
En 1996, año de la muerte de Peleg, cuyo nombre designa la división del mundo por la construcción de la torre, tuvo lugar la Haflagá, la partición. Si se contara siguiendo la tabla genealógica, ello ocurrió 340 años después del diluvio. Estos 340 años encuentran su sello en el nombre de Sem, en hebreo SheM: 300-40. “Shem” significa ‘nombre’, aludiendo a aquel que está en conocimiento de lo esencial, o sea del Nombre efectivo (que hace efecto). En consecuencia de este conocimiento, Sem no es seducido a comer del árbol del desarrollo, del árbol que hace frutos. La Haflagá no lo toca a Sem. Sem, y su cuarta generación Eber, son conocedores autoconscientes del sentido de la vida56, en toda su actitud vital y su práctica diaria. “EBeR”: 70-2-200, significa ‘del otro lado’, ‘de la orilla de enfrente’.
Sem conocía el nombre Señor y el sentido de la vida. Eber, como cuarta generación, crea la unificación con el otro mundo, con ‘aquel de la vida de enfrente’. La Biblia da a Israel, en consecuencia, también el nombre de “ibrim”, ‘hebreos’, que significa o alude a ‘aquel que viene del otro lado’, estando en oposición a este mundo, siendo otros, no perteneciendo a este mundo. La lengua de la Biblia, el hebreo, es entonces la lengua de otro mundo, ‘que proviene de la otra orilla’.
El principio del ‘otro lado’ se expresa por supuesto también en otras esferas. Por ejemplo, en el segundo relato de la creación, la corriente que viene del jardín del Edén se divide en cuatro brazos principales (Gén. 2:10-14). El primero es Pisón (en hebreo Pishón); el segundo, Gihón (Gijón); el tercero, Hidekel (Jidekel); y el cuarto, el Eufrates (Prat). Según la Tradición57 el Pisón encuentra su expresión en el Nilo. Todos los acontecimiento se desarrollan en la región de estos cuatro ríos, tal como la vida se desarrolla en los cuatro ele toldot, o en los cuatro elementos. En la Cabalá se habla de la existencia de los cuatro Mundos. Estos cuatro ríos se enfrentan con el gran río (el 1) como el 1-4 que se manifiesta en todas las cosas. Con los 4 ríos el mundo entero se expresa en el 4. El 4 es en esencia el máximo número terrenal.
Cuando la Biblia indica las fronteras del País, del País Prometido, se está refiriendo a la tierra que debe extenderse de Egipto (Nilo) hasta el Eufrates, o sea desde el primer río hasta el cuarto. Esa Tierra, por lo tanto, contiene todo, el mundo entero, los 4 mundos. Cuando la Tradición58 dice que el rey Salomón gobernaba sobre todo el mundo se refiere a esta zona.
Que estos ríos corran geográficamente de manera distinta –¿cómo podrían ser estos ríos fronteras del mundo entero?– no tiene importancia. Los ríos geográficos no son representantes de lo esencial del mundo, de una dimensión superior; son imágenes de este mundo.
56 M.R. Bereshit 37:10, 63:15, 56:20; S.I.
57 de acuerdo a Saadia Gaón; Rashi (Gén. 2:11); Ibn Ezra; Najmánides. 58 Targum Sheni 1:2.
Los “ibrim”, ‘hebreos’, provienen del “otro lado”, del más allá de los cuatro ríos. Desde el punto de vista geográfico se podría decir que provienen del otro lado, del cuarto río, del Eufrates, del más allá de la frontera del mundo. Eber, la cuarta generación, viene del más allá del cuarto río. Por ello, el ibrí es siempre distinto a este mundo; está siempre en conflicto con él. La Tradición59 dice que Abraham e Isaac fueron educados en la Escuela de Sem y Eber, y que También Jacob fue discípulo de Eber.
Cuando tuvo lugar la Haflagá Abraham tenía ya 48 años. En su tiempo sucede la partición, al final del séptimo día, cuando se encuentra en el cuadragésimo noveno año.
Desde su nacimiento Abraham estaba en conflicto con el mundo, representado por el rey Nimrod, el gran cazador. Nimrod sabe y siente que Abraham no cree en la fuerza evolutiva terrenal, y está convencido de que su falta de fe es un peligro. Nimrod y sus consejeros saben que Abraham cuenta con otras medidas, y que llegará a ser el verdadero líder del mundo; también saben que Nimrod procede de Jus, y por to tanto de Ham (Gén. 10:6-8), y que será siempre criado del “otro mundo”. Por ello, este “otro mundo” les resulta ser un disgusto.
Abraham no sólo es del otro mundo, también lo manifiesta. La Tradición relata muchas anécdotas sobre esta época de él. Ya de niño se burlaba de los dioses que su padre tallaba. Nimrod lo hizo echar a un horno de cal encendido, pero Abraham salió ileso. Contra todas las leyes de la materia Abraham quedó con vida.
Se puede destruir la materia, pero no el ser de Abraham. Con la Haflagá adviene el fin de un mundo, pero el “gancho” Abraham ya existe.
El tercer ele toldot es el Vav, el 6 de la fórmula 10-5-6-5. Este 6 une como gancho el primer 5 con el último 5. Une los opuestos. Con Sem y Eber, Abraham forma el puente hacia el nuevo mundo. No son tocados por la Haflagá.
Dios sacó a Abraham del mundo de Nimrod60. Abraham se dirigió con su padre Teraj hacia Harán, en hebreo JaRáN: 8-200-50. Teraj no pudo continuar, pero Abraham, que entonces tenía setenta y cinco años, siguió camino con su mujer Sara; con Lot, hijo de su hermano; y con todas sus pertenencias que habían llevado consigo, más con todas las almas obtenidas en Harán. Se dirigieron hacia el país de Canaan (Gén. 12:4-5).
En las medidas de este mundo se podría decir que fue un “morir”, un camino hacia otro mundo.
El nuevo mundo de Abraham está determinado por Canaan. Es el país que aquí expresa el mundo del origen y al mismo tiempo el futuro, el momento cuando la armonía esté restablecida y la unificación lograda. En la fase en la que domina el mundo de la dualidad, esto se expresa en el 10 superior y en el 10 inferior, dividido en 5-6-5. Es un mundo curioso. En él se encuentra el Árbol de la Vida, árbol que es fruto y hace frutos.
Abraham está con Lot, hijo de su hermano Harán. Sobre Harán, cuenta la Tradicìón61 que se dejó arrojar al horno por Nimrod, al igual que Abraham, y que sin embargo se quemó, porque al que sigue este camino motivado por lo beneficioso del mismo, le falta el móvil más importante para la unificación con Dios, o sea la fe, el creer a pesar de que lo opuesto se manifiesta.
De Harán proviene Lot, y la Tradición62 dice que él forma la parte “serpiente” en el hombre, la más desarrollada materialmente. Ya que Abraham entero va hacia el nuevo mundo, también Lot, la parte inferior, lo acompaña. Después de haberle
59 S.I.
60 Midrash Haneelam. 61 S.I.
prometido Dios a Abraham este mundo de Canaan (Gén. 12:7), Abraham construyó un altar y habitó un campo entre Beitel y Haai (Gén. 12:8).
El nombre “BeITEL” significa ‘Casa de Dios’, y en cifras: 2-10-400-1-30, valor total 443. El nombre “HaAI” es en cifras 5-70-10, con un valor total de 85. Abraham acampa entre Beitel y Haai; la distancia en lo esencial entre los nombres Beitel y Haai es 443 - 85 = 358. Ya conocemos esta cifra, que es el valor total de las palabras hebreas equivalentes a Mesías y serpiente.
En Gén. 12:8 se relata que Abraham construyó allí, donde levantó su cabaña, un Altar al Señor, y predicó el nombre del Señor. Cuando Dios da a Abraham y a sus sucesores la Tierra Prometida, Abraham se dirige a ese lugar, que tiene el mismo valor que Mesías. Allí, Abraham se encuentra a la misma distancia de Beitel que de Haai, o sea 179 (la mitad de 358). También esta cifra, la mitad, se refiere a un determinado estado. El “Jardín en Edén”, en hebreo ‘GaN BeEDéN’, es: 3-50, 2-70-4-50, valor total 179. En el Mundo Venidero, el lugar donde se habita, es realmente el Jardín del Edén. Allí se vive al lado del Árbol de la Vida.
La comunicación que ofrece la Tradición, de que Abraham al salir de Harán llega a otro mundo, se basa en el saber de estos nombres y de la estructura bíblica. Después de haber destruido y ridiculizado a los dioses humanos, Abraham llegó al mundo siguiente; a un lugar, que es el Jardín del Edén; a un camino, que es el del Mesías.
Cuando Jacob tuvo la visión de la Escalera Celestial, dijo: “Seguramente el Señor está aquí, y yo no lo sabía; tuvo temor y dijo: ‘Qué santo que es este lugar. Aquí no hay otra cosa que la Casa de Dios, y aquí está el Pórtico del Cielo’. Jacob se levantó por la mañana, tomó una piedra que había estado bajo su cabeza, la erigió, vertió aceite sobre ella, y llamó al lugar Beitel. Anteriormente, la ciudad se llamaba Luz” (Gén. 28:16-19). También aquí se nombra Beitel con el valor de 443. Luz, que también en hebreo es LUZ, equivale a: 30-6-7 = 43. Jacob agregó al viejo nombre el 400. De este modo –con la Escalera Celestial que llegaba al Cielo– el camino del 400, este período de servidumbre, la era de los cuatro mundos, llega a su meta. Con el agregado de este 400, Luz se transformó en Casa de Dios, en Beitel.
El nombre “Beit Lejem” significa ‘Casa del Pan’. El pan es el producto final del trigo, ‘jitá’. En otro nivel, al nivel de la higuera, el trigo es el árbol del conocimiento, ya que entre el trigo y la higuera –primero y cuarto, respectivamente, del sistema de frutos– se da la misma relación y afinidad que entre el primero y el cuarto día de la creación (ver tabla 2). Después de la caída, el trigo, que participó de la decadencia, llega a ser el tipo de planta que hace frutos. Desde entonces, el trigo, después de haber sido segado, trillado y molido, tiene que ser mezclado con agua, amasado y horneado hasta que surge el producto final, el pan. Es un camino largo y duro. Se necesita agua y fuego, rompiendo y amasando, camino de la penosa dualidad.
“Pan”, en hebreo, es ‘LeJeM’: 30-8-40. “Guerra”, en hebreo, es ‘MiIJaMáH’: 40- 30-8-40-5; cuya raíz es lejem (pan). Todo, en el mundo, surge después de un crecimiento penoso. El trigo, como primera forma de manifestación del principio “crecimiento”, tiene que pasar por un camino duro de destrucción, muerte y trituración, hasta que la meta, el pan, sea lograda. El camino del árbol que hace frutos encuentra su expresión en el camino del trigo al pan. Por ello, existirá guerra, dualidad, pelea en el mundo hasta su fin.
Beit Lefem es la Casa del Pan, producto final del trigo. En Bet Lejem, Rut llega a
Boaz. De su matrimonio nace Obed, abuelo de David (Rut 4:21-22), el rey ungido, que nació en Bet Lejem. Bet Lejem llega a ser entonces el origen de la generación mesiánica. Pero hay más aún en la voz BeIT LeJeM. En cifras se escribe: 2-10-400, 30- 8-40, cuyo valor total es de 490. Esta es la frontera con el 500, es el 7 x 7 en el nivel de
las decenas, es el fin del séptimo día, es el lugar de pasaje del séptimo al octavo día, o sea de este mundo al mundo siguiente.
David, nacido en Beit Lejem, pertenece a la séptima generación después de las 26 que llegan al Sinaí. Es el padre del octavo, de Salomón, quien construye la Casa sólida para Dios sobre esta tierra. Según la comunicación bíblica (Samuel I 16:1-13) David es hijo de Ishai, de Beit Lejem, de la ciudad en la cual el séptimo día finaliza, allí donde el trigo llega a ser pan. El trigo, primero de los siete frutos, significa el comienzo de lo múltiple, como el primer día de la creación fue comienzo del 2. El trigo no es el l. Este 1 se encuentra fuera de los 7 frutos, fuera de la multiplicidad. Con el trigo, ésta comienza. Por ello el trigo ocupa, en cierto sentido, el lugar del árbol del conocimiento.
II. LO INCREIBLE
Dios hizo salir a Abraham, y le dijo: “Mira el cielo y cuenta las estrellas, si las puedes contar, y le dijo: Así será tu descendencia” (Gén. 15:5). Abraham se enteró que la vida en el mundo futuro deberá surgir de él. Hagar, la sirvienta egipcia de Sarai, le dio como hijo a Ismael, pero su mujer, Sarai, que llegó a llamarse Sara, era estéril. Ya hubiera estado contento si el futuro se hubiera expresado en su hijo Ismael. Ismael, en la Biblia es IShMAEL: 10-300-40-70-1-30, arrojando un valor total de 451. Abraham, quien entonces todavía se llamaba Abram, en cifras es 1-2-200-40, valor total 243. HaGaR, la mujer egipcia, aquella del mundo de la dualidad, en cifras es: 5-3-200, valor total 208. 243 + 208 = 451, o sea el valor total de la voz Ismael.
Todo es exacto en este mundo, pero que el pueblo del futuro surgiría de Sara, le parecía inimaginable a Abraham, quien señalando a Sarai estéril se dirigió a Dios diciendo: “Señor, Dios, ¿Qué quieres darme? No tengo hijos..., y Eliezer de Damasco poseerá mi casa” (Gén. 15:2-3).
Eliezer es de Damasco, en hebreo DaMeSeK: 4-40-300-100, valor total 444. El heredero, concluye Abram, será este mundo del 4 en todos los niveles, en el nivel de las unidades, de las decenas y de las centenas. Tal como en este mundo el hijo es continuación de la vida; así, en su esencia, la vida venidera es hija de esta vida. El diálogo de Dios con Abram se da sobre la vida venidera, que Dios le mostró a aquel.
La Tradición63 cuenta que Dios le ordenó a Abraham salir para que viera las estrellas, para que mirara más allá de las medidas terrenales. Allí comprenderá que existen muchos mundos y que por lo tanto el futuro no puede ser calculado con nuestras medidas. Dios le hace ver que él debe renunciar a las medidas terrenales de espacio y de tiempo. Le toca vivir entonces lo opuesto al árbol del conocimiento.
Abram se había dado cuenta que algo del Mundo Venidero no era congruente con las medidas actuales, “comprobó” que aquello que Dios le había contado no podría ser. El había tomado del árbol del conocimiento, se había formado una imagen del futuro. Para sacarlo de este pensar, Dios lo mandó afuera, más allá de sus cálculos. Liberado de las medidas terrenales, sabiendo de otras medidas, Abraham perdió sus dudas, “Abraham creyó Al Señor y le fue sumado por justicia” (Gén. 15:6).
Cuando finalmente debe nacer Isaac ya nadie lo puede creer. Cuando Dios le anuncia su futuro nacimiento, Abraham cae sobre su rostro, ríe y dice en su corazón: ¿Tendré yo con mis 100 años un hijo, y Sara con sus 90 parirá? (Gén. 17:17).
Dios dice que el hijo se llamará Isaac, voz que denota “risa”, en hebreo Itzjak. Abraham tiene 100 años. El 10, como consecuencia del 4, se ha cumplido plenamente en el 10 x 10.
Isaac nace recién después de la circuncisión de Abraham, recién cuando la envoltura ocultante es quitada. Entonces ese futuro que parecía imposible puede penetrar. Para Ismael, el sucesor terrenal de Abraham, la circuncisión cae en el año decimotercero, cuando el “doce” del tiempo ha pasado ya; cuando el “trece”, la palabra “uno”, ha llegado. Abraham, que se había circuncidado él mismo, estaba sentado en la puerta de su tienda, en el momento más caluroso del día. Al levantar la vista vio a tres hombres parados ante él. Al verlos, corrió hacia ellos desde la puerta de su cabaña, y se inclinó sobre la tierra diciendo: “Señor, si he encontrado misericordia ante ti, no pases de largo a tu siervo” (Gén. 18:1-3; Gén. 17:24-27).
Abraham espera huéspedes; está preparado para recibirlos como el mensaje de Dios. A través de los emisarios Dios mismo le habla. Uno de los huéspedes le dice: “Volveré a ti de aquí a un año; entonces Sara tu mujer tendrá un hijo” (Gén. 18:10). Lo imposible va a suceder. Los huéspedes también anuncian la destrucción de Sodoma (Gén. 18:2021).
De Lot desciende Rut como hija de Moab, hijo de Lot. Rut llega a ser la madre matriarcal de la generación mesiánica. El mundo de Sodoma perece. Lot no puede imaginar que pueda existir, además de este mundo, otro; a pesar de que Abraham está tan cerca. El mundo sodómico lo había cegado.
Abraham, él mismo está en un límite; tiene 99 años; primero tiene lugar en él un derrumbe por la auto–circuncisión; después perece el mundo dualístico de Sodoma64. Que un nuevo mundo pudiera llegar es tan increíble, tan inverosímil, que lo único que se puede hacer es reír.
La Tradición65 comenta que Isaac era tan parecido a su padre que los dos se confundían fácilmente; así se espera también de la vida futura: se parecerá a ésta como una gota de agua; no es otra cosa que continuación. Es como el árbol que es fruto y que
hace frutos.
La circuncisión de Isaac tiene lugar en el octavo día. En el octavo día él es liberado de la envoltura material, después de haber estado envuelto por ella, por la dualidad, durante siete días. Sin embargo, la envoltura no se pierde totalmente; sólo es restringida, plegada, hasta que el núcleo se torna visible. Es el estado del mundo en el octavo día. Por ello existe la costumbre, entre los hebreos, de emplear un sillón, durante la circuncisión, para el Profeta Elías, ya que éste anunciará la llegada del Mesías en el octavo día.
64 S.I.; M.R. Bereshit 49:9; T.B. Sanedrin 109a,b; P.E. 65 S.I.; M.R. Bereshit 49:9; T.B. Sanedrin 109a,b; P.E.