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LA HISTORIA DE LOS DOS ÁRBOLES

EL UNIVERSO DE LA PALABRA

D INA H IJOS DE R AQUEL 11 J OSÉ ; 12 B ENJAMÍN

I. LA HISTORIA DE LOS DOS ÁRBOLES

Ahora investigaremos si el sistema encontrado en la primera parte es significativo para toda la Biblia (Toráh). Volvamos una vez más al relato del paraíso, al Jardín del Edén. El hombre está en el mundo como hombre y mujer. En aquella forma en la cual según el principio dos cosas se enfrentan en este mundo, tal como es el caso también del alma y el cuerpo. La mujer, en lo esencial, es la envoltura del hombre, así como ella es también la carne que tiene su lugar en la totalidad del hombre. “Femenino”, en hebreo es ‘NeKeBA’: 50-100-2-5. Este término proviene de la voz NeKeB que significa ‘agujero’, ‘cueva’. Esa cueva debe ser llenada por el hombre. Una cueva sin el núcleo es considerada incompleta, no ha alcanzado aún su destino. Por supuesto, esta cueva juega también, en la expresión esencial de lo femenino, un papel en el cuerpo de la mujer. Esta cueva la hace portadora de la vida cuando está colmada por el hombre.

A su vez, en todo otro sentido, lo femenino es el ser envolvente, como el hogar. Así, el Alma –como parte masculina– habita en el cuerpo –como parte femenina.

La parte femenina en el sistema de la Biblia es el lado izquierdo. “Izquierdo”, en hebreo, es ‘SMOL’, 300-40-1-30. “Vestido”, en hebreo, es ‘SiMLA’. “Izquierda” y “vestido” tienen la misma raíz, porque la izquierda envuelve, cubre. Constituye una cualidad femenina el envolver, el cubrir.

Otra voz con la misma raíz de carácter izquierdo, es la palabra SaMAeL, nombre del Ángel de la perdición, que expresado en cifras es 60-40-1-30. Es expresado entonces con la misma estructura que las palabras ‘vestido’ e ‘izquierda’, sólo que la letra Sin es reemplazada por la Samef.

Una voz emparentada con el nombre Samael, es la voz hebrea SaM (veneno), 60- 40. Las letras Samef y Sin tienen la misma pronunciación, y muchas veces una es reemplazada por la otra. Sin se distingue de Shin, fonéticamente, por asumir la totalidad del Samej. En la puntuación masorética el punto del Shin es colocado en el extremo superior derecho; mientras que en el Sin, en el extremo superior izquierdo. En su esencia, Sin es el lado izquierdo de Shin. La historia conocida en Jueces 12:6 sobre los términos shibolet y sibolet también está relacionada con el carácter de izquierda y derecha de Shin. Así se ve el último parentesco entre las voces vestido, izquierda,

Samael y veneno, con lo cual se manifiesta también que la izquierda tiene un carácter

especial (Quizás está vinculado con ello la voz “siniestra”, que en italiano significa ‘izquierda’).

Un relato, que puede parecer algo infantil para el no iniciado en las Viejas Escrituras, manifiesta que “la serpiente era tan grande como un camello, y Samael la montaba”. Pero veremos que contiene una gran sabiduría.

“Camello”, en hebreo, es ‘GaMaL’: 3-40-30. La misma raíz se emplea también para denominar a la letra Guimel, cuyo valor es tres. El camello montado por Samael es

Guimel, es tres, el tercero. El ‘tercero’ ocupa un lugar especial por su dualidad, por su

carácter dualista. En el tercer lugar del sistema se encuentran Jacob–Esaú, y la dualidad de los árboles: El Árbol de la Vida y el árbol del conocimiento.

El camello lleva en su figura la dualidad de las jorobas. En el sistema de los animales entra en la clasificación de rumiantes pero sin pezuñas partidas (Lev. 11:4). Además, Guimel es la única letra cuyo pie está dividido en dos. Sobre esa dualidad está sentado Samael33, que es la fuerza del lado izquierdo, aquella de la perdición, porque con la dualidad puede seducir a los hombres. Samael alza la voz de las contradicciones y quiere llevar al hombre a eliminar aquellas según los criterios de la percepción. El, jinete sobre la dualidad, es la fuerza de la dualidad. Y Samael es también la muerte, porque la dualidad lleva consigo que la muerte aparezca como opuesta a la vida. Como señor de la dualidad, Samael provoca la envoltura del núcleo, de lo esencial. El núcleo desaparece más y más dentro de la envoltura impregnada por lo femenino.

¿Por qué se ha elegido la imagen de un camello?, ¿Qué sentido tiene? La Tradición habla de un gran camello, de un gran Guimel. En métodos matemáticos, con ello no sólo se indica el valor externo del tres, sino el valor total de la palabra Guimel en toda su extensión, a saber: la primera letra es GuiMeL, o sea 3-40-30. La segunda letra es la MeM, o sea 40-40; y la tercera letra es la LaMeD, que equivale a 30-40-4. El valor total del Gran Guimel es entonces: (3 + 40 + 30) + (40 + 40) + (30 + 40 + 4) = 227.

Samael monta este gran Guimel (SaMAeL = 60-40-1-30, cuyo valor total es 131). Juntos, arrojan el resultado de 131 + 227 = 358. Ya conocemos esta cifra 358 como valor total de NaJaSh (serpiente), 50-8-300. De hecho, se trata acá de la serpiente del 358, que no es otra cosa que el 131 de Samael que monta el gran camello, el 227. Además, la cifra 227 tiene aun otro significado. “Masculino”, en hebreo, es ‘ZaJaR’: 7- 20-200, cuyo valor total es 227.

Así, uno puede introducirse más profundamente aún en el significado de ‘serpiente’ a través de lo esencial de la palabra y su valor numérico.

Es Samael, la fuerza de la izquierda, que monta lo masculino y lo utiliza como cabalgadura. Cuando el hombre, el alma, se deja montar por la fuerza de la izquierda, o sea por la fuerza de la envoltura, esa fuerza es la serpiente.

“Vestimenta”, en hebreo, es también ‘BeGueD’, 2-3-4; palabra que significa, al mismo tiempo, ‘falso’, ‘falsificar’. Lo envolvente oculta y ensombrece al núcleo, ‘falsifica’ la periferia del núcleo.

El mismo Guimel, como tercero, esconde en sí la dualidad. Es, como el gran

Guimel, el aspecto masculino de la dualidad. Pero ello significa que el Guimel, el

tercero, debe liberarse de la influencia de la “izquierda”, que constituye “lo segundo” en el sistema.

La unión de ‘lo segundo’ con lo tercero involucra peligros. Así también, en el relato de la creación, cada día está relacionado con el siguiente a través de las palabras “Y Dios vio que era bueno”. Sólo en la unión del segundo con el tercer día (Gén. 1:6-8; 9-13) falta esa fórmula, esa confirmación. Del mismo modo, en la bendición de Jacob a sus hijos (Gén. 49:5-7), el segundo y tercer hijo, Simón y Levi, son nombrados juntos para demostrar esa unión que “trae mala suerte”. También vemos después, que Levi, en el momento de liberarse de la unión con ‘el segundo’, con ‘la izquierda’, llega a ser el gran guía en la salvación, en el camino del 2 al 1; mientras que Simón es aquel que participa en la caída con Baal Peor (Núm. 25), donde Pinjas, de la tribu de Levi se revela contra Simón y mata al guía del motín (Núm. 25:7-8). También, José separa a Simón del resto del grupo y lo retiene en Egipto (Gén. 42:24).

Ya que expusimos sobre los hijos de Jacob, mencionaremos que el nombre Simón está construido con la raíz hebrea (equivalente a) “escuchar”; en cambio, el nombre del primer hijo, Rubén, proviene de la raíz hebrea (equivalente a) “ver”, expresión relacionada con el concepto de velocidad de la luz. En el lado izquierdo, en el segundo

lugar, está “el escuchar”, que es de menor velocidad, tal como el lado acuoso es “más lento” que el lado luminoso.

El hombre está en el mundo compuesto por alma y cuerpo. La serpiente, o sea Samael, el que monta el aspecto masculino de la dualidad, le señala al cuerpo el mundo. Entonces el cuerpo desarrolla sus órganos de sentido: ojos, oídos, nariz, pudiendo combinar percepciones y sacar conclusiones. Tiene la convicción de tener que dedicarse al mundo, alejándolo más y más del origen primitivo, adaptarlo a las experiencias de las ciencias naturales. Pero el cuerpo quiere estar protegido, quiere volver al origen, pero es detenido en el camino por las fuerzas evolutivas del mundo.

La evolución misma, el hacer de la dualidad, está reservada a Dios, así como también el conocimiento de la dualidad que se expresa en el árbol del conocimiento del bien y del mal. Pero cuando el hombre se coloca al lado o frente a Dios, puede desarrollarse y desarrollar el mundo. Porque el desarrollo es calidad divina frente al hombre y frente al mundo. El que desarrolla, ocupa el lugar de Dios.

Con el desarrollo se puede lograr mucho, se puede transformar la cara del mundo, pero también dominar a los hombres, ser señor sobre ellos. Finalmente no se comprende por qué Dios mandó no comer del árbol del conocimiento. Pareciera ser un Dios primitivo, celoso, que quiere mantener al hombre en un estado de subdesarrollo, etc.

Pero cuando el hombre comió del árbol del conocimiento, ocurrió algo inesperado: “Y fueron abiertos los ojos de ambos, y vieron que estaban desnudos” (Gen. 3:7). ¿Acaso el hombre ha sido ciego antes? No, esta imagen tiene otro significado: Quien comienza una vez a utilizar sus órganos de sentido para percibir el mundo en su evolución, notará que ello sucede con creciente facilidad. Los ojos se abren. Zonas que el hombre ni ha sospechado se abren ante él. Más y más nuevas zonas. La generación joven de hoy ve zonas que nos han sido totalmente extrañas en la juventud. Ni siquiera se sorprenden; sino que se entusiasman y quizás se admiran por no haber sido estas zonas descubiertas anteriormente.

La Tradición34 relata que el hombre, antes de haber comido del árbol del conocimiento, podía ver con una sola mirada de un extremo del mundo al otro. Estos ojos se cerraron. Si la visión antes ha sido total, ahora ve sólo lo múltiple y además limitado en tiempo y espacio, es decir que en un momento determinado y específico puede solamente ver el área que está al alcance de su campo visual en ese preciso instante. La gran imagen que engloba todo se ha ensombrecido, el hombre fue sepultado bajo la multiplicidad de los detalles; perdió la visión de la totalidad.

Con los ojos abiertos el hombre reconoció su desnudez, que su vida no tenía sentido en la evolución sin fin, que había sido “hechizado”. Todo eso llega ahora a su conciencia.

El hombre siente vergüenza ante la mujer, y la mujer ante el hombre. El cuerpo siente vergüenza ante él alma, y el alma ante el cuerpo. El cuerpo sabe que no tiene nada para ofrecer, que todo es apariencia y perecedero. Pero el alma tiene vergüenza ante el cuerpo porque se ha dejado seducir. Sí, el hombre se “dejó montar” por la “fuerza de la izquierda”, por Samael, y ahora siente vergüenza. Ambos, cuerpo y alma se ven en su desnudez.

“Desnudo”, en hebreo, es ‘ARUM’: 70-200-6-40, que también significa ‘astuto’, o sea la cualidad atribuida a la serpiente. Si el hombre es realmente aquello que pretende ser, o sea cuando no hay oposición, no hay razón para sentir vergüenza. La vergüenza tiene su base en la oposición entre la esencia y la apariencia. Al proceder con astucia se quiere pretender con plena conciencia que no haya oposición, o sea, se quiere evocar una apariencia.

Posteriormente “Cosieron hojas de higuera y confeccionaron delantales” (Gén. 3:7). Los frutos en la Biblia también son mencionados en determinada secuencia; se conocen siete especies (Deut. 8:8); a saber: Trigo, cebada, vid, higuera, granado, olivo, miel (de dátiles).

La higuera ocupa el cuarto lugar. El higo es el cuarto fruto. La Tradición35 manifiesta también que el árbol del conocimiento es el árbol del cuarto fruto. El árbol del conocimiento es el 4 frente al Árbol de la Vida como 1.

El hombre quiere cubrir su desnudez con las hojas del mismo árbol. Aquello que le ha dado la sensación de desnudez, su conocimiento científico, ahora lo quiere utilizar para cubrir su desnudez. La Tradición cuenta que a pesar de ello el hombre siguió sintiéndose desnudo; siendo que eran sólo delantales, mucho quedó sin cubrir. Más tarde utilizó este argumento como disculpas ante Dios por haberse escondido, a causa de su desnudez (Gén. 3:10).

El árbol del conocimiento no puede dar suficiente material como para cubrir realmente la desnudez. Pero el hombre que siente que ha tomado el camino equivocado, el camino que no está en el sentido de la creación, siente vergüenza ante Dios. Era el camino del propósito de ser él mismo dios, independiente, poderoso, indestituible. Ahora sabe el hombre que no ha cultivado y cuidado el jardín, que no ha llevado a la armonía. Dios lo autorizó a comer de todos los árboles excepto del árbol del

conocimiento, porque precisamente este árbol tenía la fuerza de la dualidad. Con ello el

hombre mismo llegó a ser creador de la multiplicidad. Hizo lo mismo que hiciera Dios con la creación, sintiéndose por ello señor. Ia serpiente tenía razón al haberle prometido: “Y seréis como Dios, y sabréis lo que es bueno y lo que es malo” (Gén. 3:5). Ese querer imitar, o sea jugar a ser Dios, es una parte del mundo de la apariencia que uno construye.

Si el hombre elige el camino del desarrollo, tiene que tomar medidas propias; pero si se decide por el camino de la reunificación con el origen, entonces tiene las medidas de Dios tal como aparecen en el Proyecto de la Creación Divina del Mundo. El sentido del mundo no es, según la Biblia, la continuación del desarrollo; el mundo está terminado, sólo tiene que ser unido, tal como es, con el Origen. Por eso la tarea del hombre era, según la Tradición, cuidar el jardín de los ataques de los animales, de los ataques de lo multitudinal. Pero el hombre comió del árbol del conocimiento. “Comer”, en hebreo, es ‘Ajol’. Esta voz significa también ‘terminar’, ‘cumplir’. La desinencia jol expresa ‘todo’, ‘totalidad’, ‘todos’, ‘entero’, ‘cada uno’ y ‘toda clase de’.

Aquello que no es tomado para “completar” se denomina ‘taref’, que significa ‘desgarrar’, ‘despedazar en muchas partes’, o sea colocar en estado de múltiple. Es lo opuesto de ‘comer’, ‘cumplir’, ‘completar’.

El hombre come; el animal desgarra, hace lo múltiple.

El comer es una acción especial. La persona se une con aquello que come; lo toma, se unifica a ello. El concepto “comer” va mucho más allá entonces que un recibir fisiológico.

Así, el hombre, en el jardín del Edén, tiene que unificar todo, a través de sí mismo, con el Origen. Este ligar, esta unificación, brinda la más profunda satisfacción. De este modo debe ser comprendida la acción de alimentarse. El hombre, quien ha comido del árbol del conocimiento, ha tomado el camino de la continuación del desarrollo, ha visto su desnudez en la falta de sentido de este camino, se ha escondido. Muchas veces uno se escode en la vida desapareciendo entre lo múltiple del mundo. Hasta que Dios llame.

El llamado de Dios al hombre es: “¿Dónde estás?”; y en hebreo: “¿AleKA?”, 1-10- 20-5. La Tradición36 indica que esta palabra tiene la misma estructura que como, voz con la que comienzan los cánticos de quejas de Jeremías: “Cómo está tan desierta la ciudad”, en el sentido de “Cómo estás tan solo”. Ello significa que el llamado de Dios es escuchado cuando todo se ve derrumbado alrededor del hombre, cuando éste se sabe abandonado de todo en cuanto había confiado, de todo lo que había sido desarrollado.

Adviene el diálogo con Dios. El hombre señala hacia la mujer, hacia el cuerpo que le fue dado por Dios. Ella lo ha llevado a tomar el camino equivocado. Pero la mujer señala a la serpiente, al mundo con su aspecto de crecimiento, su fuerza de desarrollo. El débil cuerpo seductor ha dado al hombre el fruto..., o sea “La mujer que me has dado”, con lo cual Dios mismo es indicado como causa, porque ha hecho al mundo y al hombre así.

Se le quitan los pies a la serpiente, con los que pudo estar parada sobre la tierra. “Pie”, en hebreo, es ‘reguel’, 200-3-30 = 233. Ya conocemos esta cifra; es el valor total de Árbol de la Vida. Árbol de la Vida tiene ese valor una vez, mientras que árbol de

conocimiento cuatro veces. En el Árbol de la Vida, el individuo está parado sobre el l.

La Tradición expresa que también los Angeles están parados sobre el 1 con los “dos pies” juntos, tal como el hombre debe pararse frente a Dios. Expresa también la Tradición: “En el momento de separar el hombre los pies, la serpiente pasa entre ellos y lo muerde en el talón”.

Juntando los pies se junta en realidad las dos columnas, base de todo. Pero la serpiente, el mundo, estaba parada sobre el 4; sobre los 4 elementos que constituyen el fundamento del mundo tal como lo vemos en la realidad. Con esta base del 4 la serpiente fue caracterizada claramente en su estructura. Estas 4 veces pie, estos 4 x 233 equivalen a 932, valor total del árbol del conocimiento.

Pero esto significa que por la serpiente pudo ser vista claramente la fuerza de la dualidad. No hubo más secretos.

Todo cambió. La serpiente perdió su poder de atracción. Se le quitó la astucia de su expresión, y se transformó en un ser ‘que se arrastra por el suelo’: “Caminarás sobre tu vientre y comerás polvo durante toda tu vida”. “Polvo”, en hebreo, es ‘AfaR’, 70-80- 200, cuyo valor total es 350, una cifra que encontraremos aún muchas veces más. También ‘polvo’ es expresión de lo múltiple, de la uniformidad monótona. La vida de la fuerza del desarrollo se torna fastidiosa, asfixiante, ya sin atracción, tal como el polvo.

La serpiente ha perdido sus pies, ya no tiene más un contacto unívoco con la tierra. La base clara se ha transformado en una curvatura, o sea una especie de continuidad vaga. Además vive “rebajada”, que es expresión de algo falto de importancia. Su mordedura es mortal, venenosa. El contacto con este mundo puede llegar a ser para el hombre un peligro mortal. Por ello, el hombre en su esencia, está en relación de hostilidad con la serpiente, con la fuerza del desarrollo. Tiene que aplastarle la cabeza, ya que de lo contrario él mismo entra en peligro. Tiene que reconocer que entre él y ella existe oposición.

Sin pies, la serpiente debe arrastrarse sobre su vientre, que como expresión de lo redondo, de lo cilíndrico, es símbolo de lo aparentemente infinito, en lo cual uno puede quedar atrapado a pesar de ser solamente un “círculo angosto”. “Vientre”, en hebreo, es ‘GaJoN’: 3-8-50. Esta palabra tiene los mismos componentes, sólo que en otro nivel, que la voz NaJaSh: 50-8-300.

El polvo, que es el alimento de la serpiente, caracteriza lo insípido, lo aburrido (monótono), que representa ahora el mundo del desarrollo que ha perdido sus cuatro pies.

También la mujer viene a ser debilitada en su fuerza. Su cuerpo, todo su cuerpo en general, observará que el pasaje de un mundo a otro es amargo porque el hombre ha incorporado en sí la fuerza de la dualidad; y con la dualidad ha incorporado