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Esta fecundidad será, en primer lugar, la de la oración, que es poderosa por ser perfecta e in molada Después de su oración sacerdotal por la Iglesia, Jesús entra en la gruta de Getsemaní y en ella

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Espíritu teresiano

3. Esta fecundidad será, en primer lugar, la de la oración, que es poderosa por ser perfecta e in molada Después de su oración sacerdotal por la Iglesia, Jesús entra en la gruta de Getsemaní y en ella

se entrega, él, la pureza infinita, a, los tormentos del pecado. Prosternado en: tierra, bajo el peso del pecado del mundo, nos libera; orando dolorosamente en su angustia y sudando sangre, asegura la efi- cacia de su oración de unión por los apóstoles y por nosotros.

También Elías, el padre del Carmelo, había gemido ya en la caverna de Horeb bajo el peso del pecado de Israel:

«Ardo en celo por el Señor, Dios de los ejércitos, porque los israelitas han abandonado tu alianza, han de- rribado tus altares y han pasado a espada a tus profetas»20.

También Teresa lloraba y gemía por el pecado del mundo en el coro de San José de Ávila o en las ermitas:

«Yo quedé tan lastimada de la perdición de tantas almas, que no cabía en mí. Fuime a una ermita con har- tas lágrimas»21.

Santa Teresa y sus hijas continuarán por la Iglesia la oración de Jesús en Getsemaní. El cuadro de su vida y la espiritualidad que las guía las preparan a cumplir esta función del sacerdocio de Cristo. La fidelidad a la gracia de su vocación debe guiarlas a esas regiones en las que el alma purificada me- rece recibir al mismo tiempo las llamas del amor que consume y el manto del pecado que oprime y en las que, al lado del Cordero que quita el pecado del mundo; aprenden a susurrar la oración ardiente y dolorosa que purifica y salva.

De este modo santa Teresa del Niño Jesús, al fin de su vida, bañada en los raudales de la miseri- cordia divina que la penetra y envuelve, come el pan negro de la incredulidad moderna soportando do- lorosas tentaciones contra la fe:

Esta oración, altamente contemplativa y eminentemente eficaz, es la primera forma del aposto- lado teresiano, el primer fin de la espiritualidad teresiana.

4. ¿Será el único? ¿La doctrina espiritual de santa Teresa será solamente apta para formar gran- des contemplativos, orantes perfectos, al servicio de la Iglesia? Algunos parecen creerlo.

20

1Re 19, 14.

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Efectivamente, el éxito maravilloso de los monasterios de carmelitas en Francia desde hace tres siglos, su profunda influencia, han contribuido a crear la convicción de que el Carmelo entero está re- ducido en el recinto de los monasterios, aislados de contactos y ruidos por altos muros y rejas austeras, de que la doctrina espiritual de santa Teresa está destinada solamente a contemplativos que pueden crearse un ambiente especial de recogimiento y en modo alguno adaptada a un apostolado dentro del movimiento y de la acción.

Error tanto más lamentable cuanto que encubre a los ojos de muchos una de las doctrinas espiri- tuales de apostolado más sencillas y más encumbradas, especialmente apta para la formación de após- toles perfectos.

Santa Teresa fue una mujer de acción extraordinaria. Su espiritualidad la halló totalmente adap- tada a la vida de trabajó que llevó durante quince años. En este período fue cuando su doctrina en- contró la fórmula perfecta.

Para dirigir en los caminos de la acción a quienes ella consideraba sus padres e hijos –que lleva- ban vida de apostolado–, los carmelitas descalzos, a quienes había engendrado a la vida carmelitana perfecta, y a sus directores, que le habían mandado escribir: los jesuitas Baltasar Álvarez y Gaspar de Salazar, los dominicos Báñez y García de Toledo, no tenía más que darles, como a sus carmelitas, su ciencia espiritual vivida.

Pero ¿dónde encontrar esta doctrina espiritual y en qué se distingue de su doctrina contemplati- va? Para responder a estas preguntas se podrían señalar en todos sus escritos algunos consejos particu- lares para quienes tienen la misión de trabajar por la Iglesia, y anotar que en el libro de su Vida y en el

Camino de perfección, escritos antes de la expansión de la Reforma carmelitana, es la contemplativa

quien expone su doctrina sobre la oración, mientras que en el Castillo interior es las contemplativa apóstol, convertida en esposa de Cristo, quien habla y ofrece una doctrina más elevada, más amplia y más: completa sobre la vida espiritual.

En realidad, no se puede separar ni distinguir, en la doctrina teresiana, la doctrina espiritual de apostolado y la contemplativa. En esta espiritualidad, contemplación y apostolado son solidarios una de otro, en ella tienen su base y se complementan admirablemente. Son dos aspectos de un todo armo- nioso, dos manifestaciones de una misma vida profunda22.

A lo sumo, corresponden aparentemente a dos fases de la vida espiritual. En primer lugar, el al- ma es invitada, sobre todo, a reservarse para Dios, porque, ante todo, interesa su unión; luego se le permitirá y, por fin, tendrá la obligación de trabajar por el bien de las almas. ¡Fase contemplativa y ac- tiva!, se dirá. No nos apresuremos a clasificarlas, sirviéndonos de denominaciones que prontamente reconoceríamos inexactas. El recogimiento del primer período no está destinado sino a acumular fuer- zas para el apostolado. En cuanto a la actividad del segundo período, ésta aprovecha en primer lugar a la contemplación, que purifica de todos los egoísmos y prepara la unión transformante.

Al brotar de su alma y de su vida, la espiritualidad de santa Teresa lleva en sí el doble carácter, altamente contemplativo y sorprendentemente activo. Forja espirituales, siempre apóstoles de celo de- vorador cuando han aprendido a estar constantemente en presencia del Dios viviente, según la doble expresión del profeta, que constituye la divisa del Carmelo teresiana: Vivit Dominus in cuius conspec-

tu sto... Zelo zelatus sum pro Domino Deo exercituum.

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Por el momento no podemos más que afirmarlo. Estas afirmaciones encontrarán su desarrollo y su prueba en la exposi- ción de la doctrina teresiana; ya están señaladas en el esquema general al principio dé este libro.

CAPÍTULO 9

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