5. EL VIDRIO SOPLADO AL AIRE LIBRE El vidrio, desde el principio de su utilización,
5.2. RECIPIENTES PARA SERVIR O ALMACENAR ALIMENTOS Entre la vajilla
5.2.4. Los frascos Se trata de un recipiente que, al igual que los jarros, habría sido utilizado para
servir las bebidas o alimentos en estado líquido, por lo que aparecen dotados de un cuello, en general, largo y estrecho, que habría de favorecer tanto la dosificación de su contenido como su fácil manipulación ante la ausencia de asas, presentando, por otra parte, diversas formas de cuerpo, siendo las más habituales las globulares y ovoides o piriformes. Lamentablemente, muchos de los detalles expuestos no han podido determinarse dada la fragmentación que presentan los ejemplares reunidos, de los que apenas se conserva algún resto correspondiente a su parte superior, lo que ha condicionado su identificación tipológica, encontrándonos, en algún caso, ante un fragmento que puede adscribirse a diversas formas, como ungüentarios, jarros o frascos, que comparten similares características.
En la villa de la Huerta del Paturro encontramos un fragmento que ofrece un estrecho cuello cilíndrico rematado en un borde, de tendencia recta, ligeramente engrosado, elaborado en vidrio azulado (Fig. 45,6), que procede de un relleno que proporcionó materiales encuadrados entre la segunda mitad del siglo I d.C. y la centuria siguiente. Este fragmento presenta una forma muy simple que puede relacionarse con diversos tipos que estén provistos de un largo y estrecho cuello, lo que se comprueba al analizar el vidrio procedente del valle medio del Ródano, donde se han recuperado algunas piezas similares, una identificada como un ungüentario en Vaison-la Romaine, procedente de un contexto fechado entre el 40-100 d.C., mientras que otra, en este caso un frasco, elaborado en vidrio incoloro, se registró en Alba-la Romaine, siendo encuadrado en la primera mitad del siglo III d.C. (Roussel-Ode, 2014, pls. 142,VAI 26; 25,ALB 497).
En Ilici, procedente de las excavaciones que se realizaron en el sector 6B, se recuperó parte de la boca de un frasco, que muestra un diámetro de 3 cm, en vidrio verde claro (Figs. 65,7; 210,1), que hay que remitir a esas características producciones orientales que presentan, como rasgo distintivo, un borde con “collarín”, como se señaló al analizar la botella documentada en Lorca (vid. apartado 5.2.2). Este frasco, relacionado con la Forma 70 de Isings (1957, 90), se documenta en Herculano, donde se recuperaron dos ejemplares, uno completo con cuerpo globular decorado con líneas talladas y largo cuello terminado con ese característico borde105(Scatozza, 1986, Forma 43,
104A ello se une la documentación de otra pieza de escaso registro peninsular, como es un guttus cerámico, una producción de la vajilla africana (Forma Hayes 121), que encontramos en El Albir formando parte de los materiales depositados en la tumba 17, localizada en el espacio de la Necrópolis II (Fernández Rojo y Amorós, 1991, 47, pieza nº 1), así como en la Boatella (Soriano, 1989, fig. 4,1).
105 Sin embargo, estos frascos, aunque muestran un borde similar cuyo extremo desciende y gira para ascender de nuevo, generando ese doble pliegue tan característico, carecen de un detalle que presenta el recipiente de Ilici y que es compartido por la botella de Lorca, y es que el labio, tras ese doble pliegue, se prolonga ligeramente hacia el exterior, lo que, quizá, pueda ser un rasgo distintivo
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pl. XXXV,588); así como en la necrópolis de Saint-Martin, en Alba-la-Romaine, donde encontramos dos piezas (Roussel-Ode, 2014, 132, nº ALB 74-75), la más completa (Fig. 210,2), que procede de la tumba 36, apareció asociada a una moneda de Domiciano y un vaso carenado, lo que permite fechar el conjunto en el último tercio del siglo I d.C. (Foy y Nenna, 2003, 262, fig. 129).
Las intervenciones realizadas en el área de la Vivienda 2, en Baños de la Reina, permitieron identificar un aljibe, la balsa 2, cuyo relleno proporcionó algunos materiales de clara cronología altoimperial, entre ellos la parte superior de un frasco, en vidrio incoloro, que parece ofrecer un cuerpo piriforme y un cuello que se va abriendo para terminar en un borde simple (Figs. 135,2; 210,3). Esta forma se registra entre el vidrio de Apt (Francia), de donde proceden dos recipientes muy similares que muestran un cuerpo de forma elipsoidal y un cuello que se abre en una boca de embudo rematada en un labio cortado (Fig. 210,4), procediendo, uno de ellos, de un contexto del siglo II d.C., que, según sugiere Roussel-Ode (2014, 153, pl. 42,APT 80 y 153), se relaciona con una variante de la Forma 92 de Isings (1957, 110), un tipo bien encuadrado a lo largo de esa centuria. Este tipo de frascos lo encontramos, también, entre el vidrio de Arlés, siendo un modelo habitual en el registro de esos momentos (Foy, 2010, nº 514).
Relacionada con esa forma, entre el material recuperado en las excavaciones realizadas en el sector Arena del Anfiteatro de Segobriga, hay que señalar la presencia los restos de un recipiente con borde cortado en aristas vivas (Fig. 156,10), mientras que al exterior de la Puerta Oeste se documentó la parte superior de un frasco, elaborado en vidrio incoloro, de gran calidad, que muestra una boca de tendencia exvasada, rematada en un labio cortado, conservando como decoración sencillas líneas talladas (Figs. 159,15; 210,5); este modelo resulta muy similar a dos piezas de Arlés provistas de un largo cuello y cuerpo globular o piriforme decorado con líneas talladas (Fig. 210,7), siendo ejemplares fechados entre mediados y segunda mitad del siglo I d.C., elaborados en vidrio de tono natural (Foy, 2010, nº 512 y 513). Se trata de un modelo bien documentado en el sur peninsular, recogiendo Price (1981, 603 ss., figs. 53,50; 75,18-19 y 90,17-18) algunos ejemplares, procedentes de contextos funerarios, en Mérida, Italica y Carmona (Fig. 210,8), que se añaden a otros registrados en Portugal, sugiriendo su producción en esta área durante el último tercio del siglo I d.C.
de un taller concreto. Ciertamente, está clara la atribución de todas estas producciones, de las que ya hemos analizado diversas formas, como aryballoi o jarros, a talleres establecidos en la parte oriental del Imperio, aunque también, cada vez más, se plantea el funcionamiento de centros que habrían estado realizando recipientes con este característico borde de “collarín” en otros lugares, como África del Norte, donde se concentran los hallazgos de botellas, o Egipto. Todo ello parece demostrar que este peculiar rasgo, como señala Foy (2013, 449), no es marca de un taller en concreto ni de un momento determinado, pues, durante los siglos II y III d.C., se seguirá documentando sobre algunos recipientes.
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Fig. 210.- Frascos: 1. Ilici, sector 6B; 2. Alba-la-Romaine; 3. Baños de la Reina, Balsa nº 3; 4. Apt; 5 y 9. Anfiteatro de
Segobriga; 6. Cantón del Tesino; 7. Arlés; 8. Carmona; 10. Saint-Paul-Trois-Châteaux. (2 y 4. Según Roussel-Ode,
2014; 6. Según Biaggio, 1991; 7 y 10. Fotos tomadas de Foy y Nenna, 2001; 8. Según Price, 1981) (6-7 y 10, sin escala).
Sin embargo, dado el escaso fragmento conservado, hay que señalar la presencia de otros modelos con los que podría relacionarse, al mostrar todos ellos un largo cuello que se va abriendo progresivamente terminado en una boca rematada en un labio cortado en aristas vivas. Por una parte, hay que destacar un frasco de cuerpo elipsoidal, que presenta una marcada constricción en su parte superior a partir de la que se va abriendo una boca de embudo, decorado con simples líneas
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talladas tanto bajo el borde como en el cuerpo, que se documenta en el Fuerte de Didymoi, en Egipto, procediendo de un contexto fechado entre el 76-100 d.C. (Brun, 2003, 380, AR 153, fig. 2,9); por otra, un frasco de cuerpo globular provisto de un cuello que se va abriendo hacia la boca, caracterizada por ese borde cortado, decorado, igualmente, con simples líneas talladas, siendo un tipo registrado entre el vidrio del cantón del Tesino (Fig. 209,6), fechado en la segunda mitad del siglo III d.C., que corresponde una producción centroeuropea que perdurará durante la centuria siguiente106 (Biaggio,1991, 170 ss., tav. 28,134.2.076).
Además, entre el material del nivel superficial del Anfiteatro encontramos la boca de un recipiente, en vidrio verde-azulado, que ofrece un marcado abombamiento y boca exvasada (Figs. 152,14; 210,9), que recuerda un modelo de frasco registrado en el valle medio del Ródano, de donde proceden dos ejemplares que presentan un largo cuello en “acordeón”, dado su perfil ondulado, rematado por una amplia boca en embudo. Uno de ellos (Fig. 210,10), en vidrio incoloro, procede de una tumba masculina, fechada entre el 70-100 d.C., de la necrópolis de Valladas, en Saint-Paul-Trois-Châteaux (Foy y Nenna, 2003, fig. 128; Roussel-Ode, 2014, pl. 123,SPTC 238), mientras que el otro, en vidrio verdoso, se registró en Vaison-la-Romaine (Roussel-Ode, 2014, pl. 196,VAI 478). Se trata de un tipo en el que esta singular estructura, de perfil sinuoso, debía favorecer el vertido gradual de su contenido, correspondiendo, pues, a un recurso del que aparecen provistas estas piezas, cuyo contenido, según Roussel-Ode (2014, 128), debía ser de alto valor o bien un producto farmacéutico.
Como se ha señalado, en la necrópolis del Albir se ha registrado algún recipiente que remite a una cronología altoimperial, entre ellos hay que señalar la presencia de un frasco de cuerpo achatado y cuello cilíndrico que suele mostrar una boca abocinada, en este caso fragmentada (Figs. 119,3; 211,1), cuyo mejor paralelo se encuentra en la necrópolis occidental de Tipasa (Fig. 211,2), donde se recuperaron tres ejemplares, uno de ellos muy fragmentado (Lancel, 1967, Forma 11, nº 68-69, pl. VI,3), procedentes de las sepulturas que integraban la Tumba A, que proporcionaron materiales fechados entre mediados y segunda mitad del siglo II d.C., y la B, saqueada de antiguo, aunque los escasos objetos documentados remiten a un periodo situado desde mediados hasta finales del siglo I d.C. (Id., 1967, 8). En realidad, se trata de una forma bien encuadrada en el siglo II d.C., como corroboran algunos frascos documentados en otros ambientes funerarios, pudiendo destacar su presencia en la tumba 157 de la necrópolis de Tréveris, un conjunto de la segunda mitad de esa centuria (Goethert-Polaschek, 1977, Taf. 14,nº 157) (Fig. 211,3), o en la tumba nº 28 de Saint-Lazare (Apt, Francia), fechada en un momento similar (Roussel-Ode, 2014, 151, pl. 42,APT
106 Durante el siglo IV d.C., este modelo queda representado por la Forma 104 de Isings (1957, 122 ss.), una de las producciones centroeuropeas más corrientes en esos momentos.
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82), siendo el único ejemplar documentado en la Narbonense que, según plantean Foy y Nenna (2003, 289), remite a modelos de origen oriental.
Fig. 211.- Frascos: 1. Necrópolis I del Albir; 2. Necrópolis occidental de Tipasa; 3. Necrópolis de Tréveris; 4, 7 y 10. Necrópolis de Las Eras de Ontur; 5. Susa; 6. Arlés; 8. Tipo de frasco documentado Inglaterra (300-330 d.C.); 9. Bruchweiler; 11. Aquileia. (2. Según Lancel, 1967; 3 y 9. Según Goethert-Polaschek, 1977; 4 y 10. Dibujos tomados de
Gamo, 1998; 5. Según Paolucci, 1997; 6. Según Foy, 2010; 7. Foto autora; 8. Según Cool, 1995; 11. Según Calvi, 1968.).
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Además, hay que referirse al hallazgo de dos pequeños frascos, destinados, dado su tamaño, entre 7 y 11 cm de altura, a contener sustancias oleaginosas que habrían sido utilizadas durante los ritos fúnebres, documentados en la necrópolis albacetense de Las Eras de Ontur, que Gamo (1998, 121 ss.) relaciona con la forma Isings 104b. Ambas piezas presentan una escasa longitud de cuello, un rasgo que parece corresponder a una variante temprana de un modelo que surge en el siglo III d.C., para alcanzar su máxima difusión durante la centuria siguiente. Por una parte, encontramos un recipiente de cuerpo globular provisto de un corto cuello cilíndrico que presenta una decoración tallada de círculos concéntricos, dispuestos en una cenefa central delimitada por dos líneas grabadas (Fig. 211,4), que, al parecer, fue recuperado en las tierras del relleno de la sepultura nº 1107
(Giménez, 1984, fig. 19; Gamo, 1998, 121, ER 50).
Se trata de un motivo decorativo que encontramos sobre dos frascos muy similares, aunque muestran un cuello de mayor longitud con marcada constricción en la base, relacionado en este caso con la Forma 103 de Isings (1957, 121 s.), procedentes de contextos funerarios documentados en Italia, uno de ellos fue hallado en Susa (Turín), en el interior de un sarcófago de plomo (Fig. 211,5), habiéndose recuperado un conjunto material que es encuadrado entre fines del siglo II y primera mitad del III d.C., al que se añade otra pieza de una tumba femenina de Castenaso (Bolonia), descontextualizada, siendo ejemplares que Paolucci, (1997, 114 ss.) relaciona con otros hallados en Colonia y Bonn, encuadrados a lo largo del siglo III d.C. En el valle medio del Ródano, este modelo se registra en Vaison-la-Romaine, aunque descontextualizado (Roussel-Ode, 2014, pl. 154,VAI 317), mientras que en Arlés se documentan algunos fragmentos decorados con motivos de círculos secantes (Fig. 211,6), que corresponden a dos frascos fechados entre finales del siglo III y IV d.C. (Foy, 2010, 396, nº 745-746). A estas evidencias, se añade una pieza conservada en el Museo de Mérida, que, aunque alejada morfológicamente, presenta una decoración similar (Caldera de Castro, 1983, fig. 21b).
Se trata de un recipiente que, como se indica, ha de encuadrarse a lo largo del siglo III d.C., un periodo al que remiten estos modelos decorados con motivos de círculos tallados, corroborado, además, por las características formales de la propia pieza provista de un cuello de escasa longitud, un rasgo que ofrecen dos ejemplares elaborados en vidrio incoloro y decorados con simples líneas talladas, procedentes, uno, de Aventicum del que se conserva la parte superior, siendo un hallazgo asociado a una moneda fechada entre el 222 al 235 d.C. (Bonnet, 1997, 51, AV V139), y otro, de Arlés (Foy, 2010, 302, nº 527).
107 Entre los hallazgos que proporcionó este enterramiento se citan algunos fragmentos de vidrio, blanquecinos, con relieves o nervaduras, que podrían corresponder con este frasco, elaborado en vidrio incoloro, un tipo que, según las notas de Sánchez Jiménez (Sanz y Abad, 2015, 786 s.), se asocia a la documentación del ungüentario en forma de dátil (vid. supra).
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Por otra parte, cabe señalar la presencia de un pequeño recipiente de cuerpo globular y cuello corto de tendencia troncocónica, en cuya base presenta una marcada constricción (Fig. 211,7), lo que nos lleva a relacionarlo con la Forma 103 de Isings (1957, 121 s.). Esta pieza, decorada con una serie de depresiones en la parte central del cuerpo, procede de la sepultura nº 3 de esta misma necrópolis108 (Giménez, 1984, fig. 22; Gamo, 1998, 124, ER 60). Se trata de un modelo
que puede relacionarse con un tipo bien documentado en Inglaterra entre el 300-360 d.C., que, aunque presenta características similares, aparece provisto de una base anular (Cool, 1995, fig. 2,8) (Fig. 211,8). Al mismo tiempo guarda ciertas semejanzas con un ejemplar recuperado en la tumba de inhumación nº 20 de la necrópolis de Fourches-Vieilles, en Orange (Francia), que ofrece un cuerpo globular decorado con dos filas de pequeñas depresiones, sin embargo, en este caso, presenta un largo cuello terminado en un labio cortado, siendo una pieza fechada en la primera mitad del siglo III d.C. (Roussel-Ode, 2014, 252, pl. 100,ORA 593). En ambos casos, se trata de recipientes que guardan un estrecho paralelismo con la pieza de Ontur al ofrecer detalles formales muy similares, pero que ofrecen un tamaño superior, correspondiendo a producciones occidentales que están circulando entre los siglos III-IV d.C. En realidad, en esos momentos, la utilización del recurso decorativo de las depresiones es frecuente en diversos modelos de recipientes, vasos, jarros o distintos modelos de frascos que pueden presentar dimensiones muy variadas. En ese sentido, hay que señalar la presencia de una serie de recipientes, documentados sobre todo en Oriente que presentan un pequeño tamaño, mostrando un cuerpo globular decorado con depresiones y una amplia boca exvasada terminada en un borde plegado al interior, un rasgo que, en cierta manera, los aleja de nuestra pieza. Entre ellos, hay que citar tres ejemplares conservados en el Museo Arqueológico de Nîmes (Sternini, 1990, 28, pl. 14,37-39) como otros dos en el Museo del Louvre (Arveiller-Dulong y Nenna, 2005, 362, nº 1169-1170), siendo un tipo registrado entre el vidrio de Siria y Jordania, generalmente procedente de contextos funerarios que es fechado entre finales del siglo III y el IV d.C. (Dussart, 1998, 92, pl. 18, BVII.2412 y 2423). En Renania se han registrado modelos semejantes que son englobados en la forma Trier 78a de Goethert-Polaschek (1977, 123), encuadrada en el siglo IV d.C., entre los que se puede señalar una pieza procedente de Bruchweiler (Fig. 211,9) y otra depositada en la tumba 57 de la necrópolis de St. Mathias (Id., 1977, 123, nº 675 y 672, respectivamente). Finalmente, hay que poner de relieve la relación de todos estos modelos con un ejemplar hallado en la tumba 481 de la necrópolis sur de La Olmeda, que ofrece cuerpo
108 Este pequeño recipiente apareció, junto a otro que se analizará a continuación, en esta sepultura aunque fuera del ataúd y, como escribiría Sánchez Jiménez (Sanz y Abad, 2015, 790), “en la parte correspondiente a la cabeza”, habiéndose depositado a la derecha, mientras que el frasco de cuerpo cilíndrico se siuaba a la izquierda del cadáver. Además, se señala el hallazgo de un ungüentario fusiforme, un tipo cuya documentación remite claramente al siglo IV d.C., por lo que su análisis será realizado al tratar ya las formas bajoimperiales. Esta necrópolis ha proporcionado varios recipientes de vidrio que ofrecen, como se ha ido comprobando, una amplia cronología. En el caso de estas formas cerradas, se trata de tipos documentados en el siglo III d.C., aunque perdurarían, sobre todo en contextos funerarios, durante la centuria siguiente.
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globular decorado, igualmente, con depresiones y boca exvasada (Abásolo et al., 2004, fig. 16, nº 72).
Finalmente, en esta misma sepultura nº 3, se recuperó un recipiente de cuerpo cilíndrico provisto de un corto y estrecho cuello estrecho terminado en un borde exvasado, bajo el que parece presentar una gruesa moldura (Giménez, 1984, fig. 21; Gamo, 1998, 124, ER 59) (Fig. 211,10), que puede relacionarse con la forma 102b de Isings (1957, 121). La pieza, que presenta un pequeño tamaño, 7,8 cm de altura, corresponde a un tipo documentado tanto en Oriente, pudiendo destacar su presencia entre el vidrio de Egipto (Harden 1936, nº 696-699) y Siria (Dussart, 1998, 160, tipo BXI.3111), como en Occidente, habiéndose registrado en Aquileia (Calvi, 1968, tav. N,5) (Fig. 211,11) o Estrasburgo, donde los ejemplares, que proceden del mismo modo de contextos funerarios, se fechan entre el siglo III o primera mitad de la centuria siguiente109 (Arveiller-Dulong
y Arveiller, 1985, 127, nº 273-275), siendo una de las formas características en Inglaterra entre el 300-330 d.C., junto al modelo analizado anteriormente (Cool, 1995, fig. 2,7).
En definitiva, en esta necrópolis de Albacete se han registrado diversos modelos de frascos que remiten, en general, al siglo III e inicios del IV d.C., cuando se están documentando esos recipientes decorados con motivos geométricos tallados o con depresiones, un recurso ampliamente utilizado desde finales del siglo I d.C., que perdura en estos momentos como demuestran los diversos tipos que presentan esos característicos rebajes laterales. En realidad, variados modelos cuyos mejores paralelos proceden, igualmente, de otros ambientes funerarios siendo formas habituales, de probable producción occidental.