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Tipos híbridos (Isings 28/82A1) En este apartado reunimos algunos ejemplares que

5. EL VIDRIO SOPLADO AL AIRE LIBRE El vidrio, desde el principio de su utilización,

5.1. LOS UNGÜENTARIOS 66 Desde el principio, el vidrio se mostró como la materia perfecta

5.1.6. Tipos híbridos (Isings 28/82A1) En este apartado reunimos algunos ejemplares que

muestran características intermedias entre las formas más corrientes del siglo I d.C., como el cuerpo piriforme que va adoptando formas cada vez más troncocónicas o acampanadas, junto a otros rasgos propios de la siguiente centuria, como el borde de labio plegado. Según Biaggio (1991, 148), estas nuevas formas derivan tanto del ungüentario tubular que, durante la segunda mitad del siglo I d.C., va desarrollando un largo cuello separado, por una marcada constricción, del cuerpo que va adoptando una forma cada vez más troncocónica o acampanada, como de la forma Isings 28b, que, en ese mismo periodo, muestra un cuerpo o depósito que tiende a siluetas cada vez más acampanadas y va desarrollando una mayor longitud de cuello, a la vez que, el borde, tiende a presentar el característico labio plegado, típico ya de los ungüentarios de candelero, de cronología más avanzada.

En realidad, una serie de rasgos que presentan gran parte de los fragmentos registrados en los yacimientos reunidos, tratándose de “tipos híbridos” que, según su grado de evolución, muestran diferentes características, clasificándose, pues, en diversas variantes de ese mismo modelo que marcará la transición entre los ungüentarios del siglo I d.C., hasta las formas más corrientes ya durante la centuria siguiente.

Dentro del estado inicial de ese proceso evolutivo, habría que incluir un ejemplar documentado en un vertedero localizado al exterior de un edificio de tabernas en Lorca (Fig. 203,1), que, fragmentando en dos, conserva por un lado la parte superior, presentando boca de embudo terminada en un labio tallado (Fig. 38,6) y, por otra, un fragmento del depósito, de forma ya ligeramente acampanada (Fig. 38,8), además de los ungüentarios documentados en la incineración nº 10 de la necrópolis de las parcelas 45 y 46 de Segobriga (Almagro Basch, 1979, fig. 18,9-12), al

78 Estos ejemplares conservan el nº de inventario 17.103 a 17.105, dado en el MAN a estas piezas que corresponden a parte de la Colección García Soria, actualmente conservadas en el Museo Monográfico de Segobriga (Lorrio y Sánchez de Prado, 2002, 176, nota nº 6).

79 Al parecer, el hallazgo no aparece registrado en la documentación de esta excavación antigua, aunque, según Gamo (1998, 122), podría corresponder a la sepultura nº 1, ya que, como señala, en las notas figura que el cadáver tenía un posible ungüentario que podría identificarse con esta pieza.

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ofrecer características similares a la pieza anterior (Fig. 202,2); todos mantienen rasgos propios de las producciones anteriores que se evidencia en el tipo de borde, mientras que la forma del depósito80nos lleva a relacionarlos, ya, con las producciones características ya del último cuarto del

siglo I d.C., bien documentadas en Herculano, donde se engloban en su Forma 47c (Scatozza, 1986, 58 ss., tav. XXXV,307 y 215) o en el cantón del Tesino (Biaggio, 1991, tav. 18,134.2.058 y 176.1.239; 22,000.1.057 y 163.2.047).

Fig. 203.- Ungüentarios, Tipos híbridos (Isings 28/82A1): 1-2. Variante Is. 28b: 1. Lorca; 2. Necrópolis de las parcelas 45 y 46 de Segobriga; 3-4. Borde variante 1: 3. El Molinete; 2. Lorca; 5. Segobriga; 6-8. Borde variante 2: 6. El

Molinete; 7. Lorca; 8. Segobriga; 9-11. Borde variante 3: 9. Lorca; 10-11. Segobriga.

Aparte de estos ejemplares más o menos completos, la realidad es que el conjunto engloba numerosos fragmentos, correspondiendo generalmente a su parte superior o restos del depósito, lo que dificulta su clasificación. Sin embargo, el detenido análisis de sus características morfológicas, que nos permiten relacionarlos con estos modelos más evolucionados, ampliamente registrados durante las últimas décadas del siglo I o inicios del II d.C., nos ha llevado a distinguir diversas variantes según el tipo de borde, en la mayoría de los casos la única parte conservada.

Dentro de nuestra variante 1, englobamos aquellos fragmentos que presentan un marcado cuello cilíndrico cuyo borde, saliente, se prolonga al exterior en una corta ala (Fig. 203,3-5). Se ha

80Entre el vidrio registrado en el Anfiteatro de Segobriga, encontramos parte de un depósito que presenta una forma acampanada que quizá se deba relacionar con estos modelos (Fig. 155,5).

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documentado en el Molinete (Figs. 23,20 y 23; 25,15), Lorca (Fig. 33,5), Ilici, donde se ha recuperado una pieza en el sector 6B, en un contexto de vertidos generados entre finales del siglo I o inicios del II d.C. (Fig. 63,1), y en el Anfiteatro de Segobriga (Figs. 152,13 y 155,3). Se trata de ejemplares que, según el diámetro de boca, entre 3,6 a 5 cm, podrían corresponder a piezas de un tamaño superior a los 11 cm, relacionándose con esos nuevos tipos que surgen hacia el 70 d.C., presentes en el cantón del Tesino (Biaggio, 1991, tav. 23,176.2.194), como en Herculano (Scatozza, 1986, Forma 49, tav. XXXVI,587).

La variante 2 reúne aquellos ejemplares que muestran, igualmente, un marcado cuello cilíndrico pero, a diferencia de los anteriores, presentan un borde saliente cuyo extremo gira al interior, quedando plegado sobre sí mismo (Fig. 203,6-8). Se ha registrado en el Molinete (Fig. 23,19), en Lorca, donde encontramos un ejemplar, casi completo, en los niveles de vertidos generados al exterior del edificio de tabernas (Fig. 38,7 y 9), en la villa de Huerta del Paturro, procedente del departamento 1, de un nivel fechado en la segunda mitad del siglo I d.C. (Fig. 45,10), en Ilici, donde encontramos un fragmento de boca, descontextualizado (Fig. 58,16), y en

Segobriga, con dos ejemplares, uno procedente de antiguas excavaciones en el Teatro (Fig. 149,4) y

otro en el Anfiteatro (Fig. 152,12). Se trata de un pequeño conjunto en el que se observa cierta variedad en cuanto a las dimensiones, oscilando los diámetros de boca entre los 3 y 4,5 cm, pudiendo corresponder, la mayoría, a tamaños superiores a los 11 cm de altura. Los datos, recabados a través de las escasas piezas contextualizadas, nos permiten plantear su encuadre en el tercer cuarto del siglo I d.C., lo que es corroborado por los hallazgos de Herculano81, donde, según

Scatozza (1986, 64, Forma 49, tav. XXXVI,1151, 965 y 799), habría estado funcionando un taller vidriero82 que habría incluido estos tipos entre la producción de los recipientes más corrientes.

Igualmente, en el sureste de Francia, se han documentado ampliamente estos ungüentarios englobados en nuestra variante 2, donde ofrecen un tamaño grande y borde plegado (Foy y Nenna, 2003, 264, figs. 134-135), siendo fechados, sobre todo, a partir de la segunda mitad del siglo I d.C.

Dadas las proporciones que habrían llegado a presentar algunos de los ejemplares reunidos en esta variante, no se puede descartar su relación con los restos de depósitos que presentan, del mismo modo, grandes dimensiones (Figs. 38,4 y 151,4).

Su presencia en ambientes funerarios queda atestiguada, por otra parte, a través de un ejemplar completo procedente de la necrópolis de Mahora, que, adscrito a la forma 28 de Isings,

81 En Herculano, tanto la variante 1 como la 2, son englobadas en la Forma 49 de Scatozza (1986), pudiendo señalar, por otra parte, el registro conjunto de ambas variantes en El Molinete, procediendo ambas del sondeo 15 realizado en la vertiente septentrional, que proporcionó un interesante material encuadrado en las primeras décadas del siglo I, lo que nos permite ampliar la horquilla cronológica ofrecida por el material documentado.

82 Según Scatozza (1986, 64), todas estas piezas documentadas en Herculano pueden atribuirse a la officina de Ampliatus, activa en el 79 d.C.

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muestra cuerpo de tendencia acampanada y cuello cilíndrico, presentando un borde cuyo extremo gira al interior, que queda plegado sobre sí mismo83 (Roldán, 1986-87, fig. 1c), muy similar a otro

recuperado de una pira en la necrópolis del Camino del Matadero (Madrigal y Fernández, 2001, fig. 7,6), aunque no se aprecie el tipo de borde que presenta, pudiendo corresponder, del mismo modo, al modelo anterior.

Finalmente, la variante 3 incluye algunos fragmentos que muestran una amplia boca en forma de embudo, cuyo borde, saliente, ofrece un labio que gira al interior, plegándose sobre sí mismo (Fig. 203,9-11). Este detalle morfológico aproxima estas piezas a los ungüentarios característicos del siglo II d.C., aunque su fragmentación impide conocer su forma original y por tanto su precisa adscripción tipológica. Menos documentada, tan solo aparece entre el material de Lorca, en el vertedero al exterior del edificio de tabernas (Fig. 38,10) y en Segobriga, donde se han recuperado dos fragmentos de boca en el Anfiteatro (Fig. 151,2-3), que presentan un diámetro de unos 6 cm, correspondiendo, pues, a piezas de gran tamaño, a los que se añade otro, en este caso elaborado en vidrio incoloro (Fig. 160,6), hallado al exterior de este edificio monumental. En cuanto a su encuadre, como las anteriores, es característica durante la segunda mitad del siglo I d.C., como demuestra el registro de dos ejemplares en los niveles de abandono de la “Casa de los Delfines” de Celsa, asociado a otro correspondiente a nuestra variante 2 (Paz, 1998, figs. 276,14 y 277,584 y 6).

En definitiva, entre época flavia e inicios del siglo II d.C., se registran formas híbridas que van a marcar esa transición entre los modelos antiguos y los nuevos, manteniendo rasgos o adoptando innovaciones que terminarán con la eclosión de un nuevo ungüentario, el denominado de “candelero”.

5.1.7. El ungüentario de candelero (Isings 82).- A lo largo del siglo II y hasta inicios de la

centuria siguiente, los ungüentarios van a ir evolucionando hasta adoptar unos rasgos que se convertirán en característicos de estos modelos. Por una parte, el borde muy exvasado que ofrece siempre el labio plegado, por otra, las bases que paulatinamente van siendo más anchas, o el propio vidrio, cada vez más fino (Foy y Nenna, 2003, 266). Entre las distintas formas que encontramos en este periodo, hay que destacar el ungüentario denominado de “candelero”, en el que se pueden distinguir diversas variantes según tengan o no una constricción en la base del cuello o la forma que adopte su cuerpo (Isings, 1957, 97 ss.). La funcionalidad de estas piezas está clara por su parte más característica, pues su largo y estrecho cuello facilitaba el verter muy pequeñas dosis, al mismo

83 Aunque tal detalle no se aprecie en el dibujo de la pieza, en la descripción se indica que “presenta una línea incisa en la parte interna del cuello en contacto con el labio” (Roldán, 1986-87, 249), lo que parece relacionarse con el pliegue del propio borde. 84 Sobre esta pieza, un pequeño borde exvasado que muestra un borde cuyo extremo se pliega al interior, hay que indicar que, a nuestro parecer, su relación con el ungüentario olliforme (Paz, 1998, 649) no parece lo más adecuado, proponiendo, en cambio, que se trate de un ungüentario del tipo tratado en este apartado.

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tiempo que prevenía y evitaba la rápida evaporación del contenido, unos rasgos formales que el tipo ungüentario mantendrá a lo largo del tiempo.

Fig. 204.- Ungüentarios de candelero (Isings 82): 1-3. Isings 82B1: 1. Necrópolis de Mahora, Albacete; 2. Ilici, MMA; 3. Carthago Nova, Museo Arqueológico Municipal; 4-5. Isings 82A2: 4. Mazarrón, Museo Arqueológico Municipal de

Cartagena; 5. Enterramiento del Portus Ilicitanus, MMA (4-5. Fotos autora).

Entre el vidrio reunido, los fragmentos que se pueden relacionar con este tipo son muy escasos. En el Molinete, procedente de uno de los sondeos realizados en la vertiente meridional, se recuperó un fragmento que ofrece un borde característico de este modelo, al mostrar un acentuado

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borde vuelto cuyo extremo gira al interior, quedando plegado sobre sí mismo (Fig. 23,5), muy similar al ofrecido por algunas piezas procedentes de Arlés (Francia), que, fechadas en el siglo II d.C., muestran un cuerpo de tendencia elipsoidal, pudiendo corresponder a importaciones orientales, aunque su frecuente registro en Italia o el Mar Negro permite plantear la existencia de talleres múltiples (Foy, 2010, 167, nº 318-320). Por su parte en Ilici, hay que señalar la presencia de un ejemplar, del que se conserva el depósito, de perfil moldurado (Figs. 58,10; 204,2), muy similar a otra pieza, fragmentada igualmente por la base del cuello, conservada en el Museo de Cartagena (Sánchez de Prado, 1999, fig. 1,9) (Fig. 204,3). Este modelo corresponde a la forma 135 de Rütti (1991, Taf. 101,2347-2354), relacionada, tradicionalmente, con la forma 82B1 de Isings (1957, 98) y que, en Augusta Raurica, se fecha desde época de Claudio-Nerón hasta el siglo III d.C. (Rütti, 1991, 119). Relacionada con esta forma es una pieza documentada en la necrópolis de Mahora (Fig. 204,1), procedente de la tumba nº 1, donde, como parte del ajuar, se recuperó este pequeño ungüentario que fue adscrito a la forma 82A2 de Isings (Roldán, 1986-87, fig. 2,A), aunque presenta un perfil muy cercano al de los ungüentarios de cuerpo moldurado, correspondiendo a un modelo bien registrado entre la segunda mitad del siglo I e inicios del II d.C., una cronología corroborada por la presencia, en el mismo enterramiento, de un plato de terra sigillata sudgálica, que se fecha entre el 80 y el 120 d.C. (Id., 1986-87, 253).

En realidad, estamos ante una de las primeras formas incluidas dentro de la diversidad mostrada por el ungüentario de “candelero”, por lo que algunos de los rasgos formales que presenta son una herencia de tipos anteriores85. Así, ofrece una boca de embudo rematada en un labio

tallado, todavía muy alejado del característico borde plegado que caracterizarán otros modelos más avanzados. En España, Price recoge los hallazgos de algunas piezas muy similares, pudiendo destacar dos ejemplares procedentes de la necrópolis de Carmona (Sevilla), fechada en el siglo I d.C., además de otro recuperado en las excavaciones en la Fábrica de Tabaco de Tarragona, que proporcionó materiales de amplia cronología (Price, 1981, figs. 104,161-162 y 37,51, respectivamente) o el conservado en el Museo de Mérida (Caldera de Castro, 1983, 50, fig. 13c), adscrita al siglo II d.C. El tipo aparece entre el vidrio de Herculano, aunque solo se recuperó un ejemplar, recogiéndose numerosos hallazgos en Italia procedentes de ambientes funerarios que permiten encuadrar esta forma entre el último cuarto del siglo I y el primero del siglo II d.C. (Scatozza, 1986, 62, Forma 48, tav. XXXVI, 1430), una fecha que corroboran, por otra parte, los documentados en la necrópolis occidental de Tipasa (Lancel, 1967, 17, Forma 16, nº 127-134). Nuestras piezas, de reducidas dimensiones, presentan un estrecho paralelismo con otras procedentes

85 En la parte oriental del Imperio, esta forma aparece recogida por Dussart (1998, 169, tipo BXIII.151), habiéndose documentado entre el vidrio de Jordania, remitiendo a un momento similar al ofrecido por los ejemplares occidentales.

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de Francia, pudiendo señalar un ejemplar recuperado en la necrópolis de Saint Lambert (Fréjus), que es fechado entre fines del siglo I-inicios del II d.C. (Foy y Nenna, 2001, 155, nº 198), así como con varios de los ungüentarios documentados en Arlés, fechados desde época de Claudio hasta inicios del siglo II d.C., que ofrecen, del mismo modo un perfil ligeramente moldurado y dimensiones similares (Foy, 2010, nº 286, 289 y 291). La forma tan característica de este modelo ha llevado a plantear su derivación del ungüentario piriforme, Isings 28, al mostrar un cuerpo de forma troncocónica y un largo cuello que se abre en una boca exvasada, terminada en un borde tallado (Id., 2010, 108).

Por último, en el Museo de Cartagena encontramos, procedente de una intervención de urgencia en una villa de Mazarrón, un ungüentario completo86 (Fig. 204,4) que corresponde a la

forma 82A2 de Isings (1957, 98), un tipo que se encuadra, en general, entre finales del siglo I y todo el II d.C., documentado en la necrópolis occidental de Tipasa, donde los ejemplares recuperados se fechan durante la segunda mitad del siglo II d.C. (Lancel, 1967, 17, Forma 17). Relacionada con esta forma, en la provincia de Alicante, encontramos la parte superior de un ungüentario de candelero que muestra una amplia boca exvasada cuyo extremo aparece plegado, procedente de la Canyada Joana (Crevillent) donde se documentó una importante villa tardorromana (Trelis y Molina, 1999, 81), siendo muy similar a una pieza que ofrece la misma fragmentación por la base del cuello, su parte más frágil, dada la constricción que suelen mostrar en este punto, recuperada en un enterramiento documentado en el Portus Ilicitanus (Sánchez de Prado, 1984b, fig. 3,1) (Fig. 204,5), en el que apareció asociado a una cerámica corintia, decorada con los trabajos de Hércules y una jarra de producción africana, lo que lleva, a González (2001, 417 s., fig. 131), a fechar el conjunto entre el último cuarto del siglo II y primera mitad del siglo III d.C. A este grupo se añade un fragmento de boca, igualmente realizado en vidrio incoloro, recuperado en una de las intervenciones realizadas en el edificio termal asociado a la domus de Baños de la Reina (Fig. 129,9), pudiéndose adscribir todos ellos a la forma Isings 82A2, un tipo que podría remitir tanto a producciones orientales87 (Dussart, 1998, tipo BXIII.1211a) como del norte de África88, dado el

ajuar registrado en el enterramiento del Portus Ilicitanus, en el que se han combinado materiales procedentes de diferentes puntos del Mediterráneo, que habrían llegado a través del comercio marítimo.

86 Lamentablemente, se trata de una pieza descontextualizada que impide una mayor precisión cronológica, asignándosele un encuadre general.

87 Este tipo se documenta en Jordania y, sobre todo, en Palestina, donde son numerosos los hallazgos procedentes de contextos funerarios que se fechan entre el siglo I hasta el III, e, incluso IV d.C. Igualmente, está bien registrado en Chipre, en época antonina y los siglos III-IV d.C. (Dussart, 1998, 165).

88 Algunos de los diversos tipos que integran el amplio abanico de formas que ofrece el ungüentario de candelero está ampliamente registrado en esta zona (Foy y Nenna, 2003, 270).

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Como se ha constatado, entre el vidrio del Conventus Carthaginiensis, el característico ungüentario de candelero es un tipo que va a documentarse de forma muy escasa, siendo muy pocos los ejemplares procedentes de hábitat como de necrópolis registrados89, teniendo que buscar la

causa en ese progresivo declive que, en un momento avanzado del siglo II d.C., sufren algunas de las más importantes ciudades de este territorio lo que afectaría, por otra parte, al denso tráfico comercial que se había mantenido a lo largo del siglo I d.C., una caída que se evidencia por el notable descenso en el volumen de las importaciones, encontrando, paulatinamente, un mayor número de recipientes elaborados en talleres de carácter regional.

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