5. EL VIDRIO SOPLADO AL AIRE LIBRE El vidrio, desde el principio de su utilización,
5.2. RECIPIENTES PARA SERVIR O ALMACENAR ALIMENTOS Entre la vajilla
5.2.3. Los jarros Se trata de un recipiente provisto de un asa que presenta cuerpo globular u
ovoide, un detalle que, dada la fragmentación que muestran las piezas reunidas, es difícil concretar. Por otra parte, suelen ofrecer una boca estrecha con el borde rematado en un labio plegado hacia el interior100, aunque en algún caso se han registrado formas que ofrecen una amplia boca, de labio
simple e, incluso, alguna pieza muestra un pico vertedor, lo que habría favorecido el vertido gradual de su contenido.
En el Molinete se han documentado algunos fragmentos que pueden relacionarse con estos tipos, así encontramos la parte superior de un jarrito, que ofrece un tamaño muy reducido (Figs. 23,11; 208,1), muy similar a un ejemplar de Conimbriga (Fig. 208,2), tanto en la forma como en las dimensiones, que es fechado genéricamente entre el 60-125 d.C., al proceder de un nivel muy alterado (Alarçao, 1976, pl. XXXVII,95); del mismo modo, recuerda una pieza completa registrada en Saint-Paul-Trois-Châteaux, aunque elaborada en vidrio blanco y provista de un asa en color azul, que presenta un pequeño tamaño, unos 12 cm de altura y 2,5 de diámetro de boca, encuadrada entre el 10 y el 70 d.C. (Roussel-Ode, 2014, pl. 114,SPTC 10). Además, restos de asas que pueden relacionarse con este tipo (Figs. 23,13; 25,10), derivado de las formas 13/14 de Isings (1957, 30), una producción occidental, bien atestiguada en los talleres de Lyon y Avenches (Foy y Nenna, 2003, 240).
Por su parte, en Ilici hay que señalar la presencia de la parte superior de un jarro que presenta un borde plegado al interior y conserva el arranque del asa, aplicada a media altura del cuello (Figs. 63,4; 208,3) muy similar a otro recuperado en un nivel de la factoría de salazones, del que se ha conservado el asa (Fig. 74,2). El ejemplar de Ilici fue hallado en un nivel del sector 6B, que proporcionó un material fechado entre fines del siglo I e inicios del II d.C., un periodo en el que este tipo es muy habitual, pudiendo señalar su relación con los tipos 52/55 de Isings (1957, 69 ss.), al que se puede asdcribir un fragmento procedente de las excavaciones realizadas por Figueras Pacheco en Lucentum (Figs. 89,2; 208,5), como corrobora la ilustración aportada de su restitución ideal (Fig. 208,6).
centros de producción establecidos en esta área de la Mauritania Cesariense y África Proconsular, correspondiendo a distintos modelos de origen diverso y diferente cronología
100 Entre el material reunido hemos encontrado numerosos restos de bocas de recipientes que muestran parte de un cuello estrecho terminado en un borde cuyo extremo gira al interior quedando plegado sobre sí mismo, la mayoría relacionados con la variante 2 establecida para un modelo de ungüentario “híbrido” (vid. supra), sin que podamos descartar que se tratara, en algún caso, de pequeños jarros, dadas las similitudes en los detalles de la boca, aunque la fragmentación que ofrecen impida aportar una mayor precisión a su clasificación.
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Fig. 208.- Los jarros: 1-2. Formas Isings 13-14: 1. El Molinete, sondeo 13 de la vertiente septentrional; 2. Conimbriga; 3-5. Isings 52-55: 3. Ilici, sector 6B; 4. Anfiteatro de Segobriga; 5. Lucentum; 6. Restitución ideal de la pieza de anterior; 7. El Molinete, sondeo 28 de la vertiente meridional; 8. Baños de la Reina, balsa nº 2; 9. Augusta Raurica; 10. El Molinete, sondeo 32 de la vertiente meridional; 11. Avignon. (2. Según Alarçao, 1976; 6. Ilustración según Figueras
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Son jarros que presentan ciertas similitudes con los ejemplares registrados en Herculano (Scatozza, 1986, Forma 30, tav. XXXII,2887) y en Arlés (Foy, 2010, nº 484 y 485), fechados en esos mismos momentos. Se trata de un tipo ampliamente documentado en las provincias occidentales lo que parece sugerir su producción en diversos lugares, dada la concentración de hallazgos en el norte de Italia o en el norte de África y en el valle medio del Ródano, donde no se descarta el funcionamiento de un pequeño centro de carácter regional (Foy, 2010, 265). Del mismo modo, este modelo se ha registrado en el cantón del Tesino, donde se han catalogado hasta 17 piezas, que muestran una amplia variedad formal, encontrando ejemplares de pequeño tamaño, unos 10 cm de altura, hasta otros que alcanzan los 30 cm, bien fechados entre la segunda mitad del siglo I e inicios de la centuria siguiente (Biaggio, 1991, 189 ss.).
Por su parte, en el Teatro de Segobriga se documenta una pequeña base que puede relacionarse con el tipo jarro (Fig. 148,3), mientras que en el Anfiteatro se han recuperado varios fragmentos, como un borde que gira al exterior (Fig. 155,12) y la parte superior de un recipiente (Figs. 152,11; 208,4), que guarda estrechas similitudes con la pieza recuperada en el sector 6B de
Ilici, al mostrar un borde plegado, aunque ofrece un mayor tamaño, correspondiendo a una variante
de las formas Isings 52/55 (vid. supra). Además, encontramos asas (Figs. 154,23; 155,14; 159,8 y 17) y parte de un cuello cilíndrico (Fig. 157,5), siendo restos cuya tipología no puede precisarse, dada su excesiva fragmentación. También, hay que señalar el hallazgo de la boca de un jarro, en el nivel superficial, que estaría provisto de un pico vertedor, elaborado en vidrio verde-esmeralda (Fig. 152,8), una modalidad escasamente documentada, pudiendo indicar el hallazgo de un ejemplar en vidrio violeta en la necrópolis de Valladas (Saint-Paul-Trois-Châteaux), encuadrado entre el 15 y el 70 d.C. (Roussel-Ode, 2014, 111, pl. 114,SPTC 9). Según Arveiller-Dulong y Nenna (2005, 29), durante las primeras décadas del siglo I d.C., aparece un modelo de jarro que es una imitación de formas metálicas, realizándose en vidrio natural pero también en colores vivos, produciéndose hasta el tercer cuarto de esa centuria, siendo numerosos los hallazgos en la zona vesubiana, donde habría habido un taller dedicado a su fabricación.
Por otra, hay que destacar la presencia de dos ejemplares, que presentan un cuello estrecho terminado en una boca exvasada, cuyo borde muestra un doble pliegue, documentados, uno en el Molinete (Figs. 24,9; 208,7), mientras que el otro se encontró en los rellenos de la Balsa nº 2, localizada en el área de la Vivienda 2 de Baños de la Reina (Figs. 135,3; 208,8), que, colmatada en época bajoimperial, ha proporcionado restos de recipientes relacionados con la primera fase de este importante enclave costero. Entre el vidrio de Augusta Raurica, encontramos restos de dos recipientes, procedentes de un contexto fechado entre el 20-100 d.C., que ofrecen una boca muy similar, tanto por la característica forma del borde, con ese doble pliegue, como por el tamaño,
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mostrando, un diámetro que oscila entre los 5 y 7 cm (Rütti, 1991, 162, AR 165, Taf. 146,3732- 3733) (Fig. 208,9), correspondiendo a un jarro dotado de dos asas que puede mostrar bordes variados, redondeado, plegado o éste, más complejo101.
Por último, en el Molinete encontramos dos fragmentos informes, en vidrio incoloro, que presentan una decoración de hilos aplicados que forman unos motivos ovales encadenados (Figs. 27,5; 208,10), que proceden del sondeo 32 realizado en su ladera meridional. Se trata de una decoración, como señalan Alarçao y Alarçao (1965, 26), que se documenta sobre distintos tipos de recipientes y que cubre, además, una amplia cronología. Entre el vidrio de Conimbriga se ha registrado algún fragmento, también informe, con motivos muy similares (Id., 1965, est. I,13-15), correspondiendo a una decoración en “horquilla” o en red que cubriría toda la pieza (nipt diamond
waies102) y que surge en época flavia, aunque sigue registrándose en el siglo III d.C., como
demuestran los hallazgos de Karanis, correspondiendo, en este caso, a copas decoradas con estos característicos motivos y provistas de altos pies acampanados de origen egipcio (Harden, 1936, pls. XV,419 y XVI,420 y 425). En Chipre esta decoración en forma de horquilla aparece sobre un jarro (Vessberg, 1956, fig. 47,26), siendo esta forma con la que se relacionan la mayoría de los fragmentos documentados, y posiblemente los nuestros, pudiendo citar una pieza completa procedente de Avignon (Fig. 208,11), encuadrada entre mediados del siglo I d.C. y mediados de la centuria siguiente que, según Foy y Nenna (2001, 87, nº 99), podría corresponder a una producción salida de los talleres establecidos en el cantón del Tesino, donde se están produciendo una serie de vasos decorados con motivos de hilos aplicados (Biaggio, 1991, 107). También, entre el vidrio del valle medio del Ródano se han documentado algunos fragmentos que presentan esta peculiar decoración, tanto sobre un pequeño fragmento de frasco, en vidrio incoloro, recuperado en la taberna 5 en Alba-la-Romaine, fechado en la primera mitad del siglo II d.C., como sobre un vaso provisto de pie acampanado103 en Saint-Paul-Trois-Chàteaux, procedente de un contexto de la
segunda mitad de esa centuria (Roussel-Ode, 2014, pls. 16,ALB 248; 135,SPTC 524), a los que se añaden otros dos fragmentos de Arlés, también elaborados en vidrio incoloro, que muestran esta decoración en red, uno de ellos datado entre finales del siglo II hasta el IV, mientras que el otro, se
101 La clasificación de estos dos fragmentos ha entrañado gran dificultad, tanto por las pequeñas dimensiones que ofrecen, que no permite saber si estos recipientes habrían tenido o no asas, una característica del jarro, que en ellos no queda evidenciada; por otra parte, son diversas las formas que presentan un borde similar, para las que se ha señalado una procedencia mediterránea, pudiendo citar, como ejemplo, el frasco tipo Isings 70, con el que se relaciona un pequeño fragmento recuperado en Olbia de Provence (Fase 5) (Fontaine, 2008, 338, fig. 16,325), así como otro recogido por Foy (2013, fig. 13,14), procedente de Egipto, ya elaborado en vidrio incoloro. Esa diversificación de formas y los pequeños restos recuperados complican el precisar su clasificación tipológica, habiéndose relacionado, en este caso, con la forma propuesta por Rütti (1991) para el vidrio de Augusta Raurica, dadas las similitudes ofrecidas, como la forma y dimensiones, con nuestros ejemplares.
102 Se trata de un término que se acuñó en el siglo XVII, en Inglaterra, para denominar este tipo de decoración (von Saldern, 1980, 20).
103 Los fragmentos registrados en el Molinete podrían, pues, relacionarse con una base acampanada, elaborada en un vidrio similar, que apareció en ese mismo sondeo (Fig. 27,6).
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fecha entre los siglos I-III d.C. (Foy, 2010, 302, nº 529-530, respectivamente). Este mismo motivo decorativo se ha registrado en Olbia de Provence durante su fase 4, que cubre un periodo situado entre el último cuarto del siglo I hasta el tercer cuarto del III d.C. (Fontaine, 2006, fig. 24,517). En definitiva, se trata de una decoración que aparece sobre diversos recipientes, principalmente jarros, pero también frascos o altos vasos, habitual entre los siglos II-III d.C., para perdurar, incluso, durante la centuria siguiente.
Además, dentro de esta categoría de recipientes elaborados en vidrio incoloro, hay que señalar la documentación, en el vertedero identificado en el área de la Vivienda 2 en Baños de la Reina, de una amplia boca de embudo que muestra una moldura externa generada por un pliegue de la propia pared (Fig. 136,8), muy similar a la que presentan algunos jarros, pero también botellas, documentados en contextos fechados a partir del segundo cuarto del siglo II hasta la primera mitad del III d.C., tanto en la parte oriental como occidental del Imperio (Foy, 2010a, 21 ss., figs. 1-2), que hay que relacionar, asi mismo, con un fragmento recuperado en el taller vidriero de la calle Sabaters (Valencia) (Sánchez de Prado y Ramón, 2014, fig. 6,4).
En realidad, el jarro de vidrio es una forma escasamente documentada en contextos de hábitat, pues la fragilidad de este material dificulta, en gran parte, su identificación, a lo que se añade, por otra parte, el que diferentes formas de recipientes lleguen a compartir rasgos similares, lo que complica todavía más su clasificación. Los pocos fragmentos relacionados con el tipo se han documentado en general en los grandes núcleos urbanos, correspondiendo, en la mayoría de los casos, a recipientes de pequeño tamaño que serían usados en la mesa para servir alimentos en estado líquido o semilíquido, como salsas u otros condimentos y aderezos.
En cuanto a su presencia en ambientes funerarios de época altoimperial, no es habitual, pudiendo señalar, como excepción, su documentación en la incineración nº 2 de la necrópolis de las parcelas 45 y 46 de Segobriga, donde se recuperaron los restos de un ejemplar de tipología indeterminada (Almagro Basch, 1979, fig. 8,11). Su presencia se generalizará, en cambio, en momentos más avanzados, como se demuestra en la necrópolis I del Albir, un espacio funerario que ha proporcionado un nutrido y variado conjunto de recipientes encuadrados, en general, entre la segunda mitad del siglo IV y el V d.C., aunque, entre ellos, hay que señalar el registro de alguna pieza de cronología anterior, como un jarro, muy fragmentado, que ofrece cuerpo panzudo de tendencia cilíndrica y cuello que se va abriendo progresivamente. Presenta un asa acodada y moldurada, que desde los hombros alcanzaría la boca, no conservada (Figs. 119,1; 209,1).
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Fig. 209.- 1-3. Jarros: 1. Necrópolis I del Albir, Tumba 113; 2. Necrópolis de la Boatella; 3. Nîmes (2. Según Soriano, 1989; 3. Según Sternini, 1991).
El paralelo más cercano es un pequeño jarro procedente de la necrópolis valenciana de la Boatella (Fig. 209,2), que comenzaría a ser ocupada a partir de finales del siglo II o inicios del III, utilizándose hasta finales del siglo IV d.C. o inicios de la centuria siguiente (Soriano, 1989, 407, fig. 7,3; González, 2001, 228, fig. 51,2). Sin embargo, dada la fragmentación de nuestra pieza, no puede descartarse su relación con otro modelo que presenta la forma del cuerpo muy similar aunque provisto de una boca con pico vertedor, como ofrecen dos ejemplares, uno procedente de Nîmes
(Fig. 209,3), descontextualizado, que Sternini (1991, 118, pl. 43,241) relaciona con la Forma 56b de Isings (1957, 75 s.), y otro de Arlés, fechado en el siglo II d.C. (Foy, 2010, 278, nº 490).
El jarro de la tumba 113 de la necrópolis I del Albir nos lleva a constatar las estrechas relaciones que ofrece con el vidrio documentado en el cementerio de la Boatella, lo que nos permite establecer una ocupación de ambos espacios a partir de un momento similar, además de comprobar
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la circulación y comercialización de producciones muy similares en esta zona de Valencia y el norte de la provincia de Alicante104.