En la actualidad, las guerras de divisas son una de las dinámicas más importantes en el sistema fi nanciero global. Por supuesto, co- mencé a hablar de esto hace un año en mi libro, Guerras de Divisas. Mi postura ahí era la misma que en la actualidad: el mundo no está siempre en una guerra de monedas, pero cuando lo está, puede du- ran cinco o diez, quince o veinte años inclusive. Pueden mantenerse por mucho tiempo. En los últimos cien años hubo tres guerras de divisas.
La Primer Guerra de divisas cubrió el período que va desde 1921 a 1936. Realmente comenzó con la hiperinfl ación en Weimar. Hubo un período de devaloración sucesiva de la moneda.
En 1921, Alemania destruyó su moneda. En 1925, Francia, Bélgi- ca y otros países hicieron lo mismo. ¿Qué sucedía en ese momento que antecedía a la Primera Guerra Mundial en 1914? Durante un largo período de tiempo antes de eso, el mundo había estado en lo que se conoce como estándar de oro clásico.
Si usted tenía un balance de pagos, su défi cit se pagaba en oro. Si tenía un excedente en su balance, usted recibía oro.
El metal precioso era el regulador de expansión o contracción de las economías individuales. Usted debía ser productivo, lograr una ventaja comparativa y tener un buen entorno de negocios para real- mente conseguir oro a través del sistema – o al menos evitar perder el oro que se poseía. Era un sistema muy estable que promovió un enorme crecimiento y baja infl ación.
Ese sistema colapsó en 1914 porque los países necesitaban impri- mir dinero para luchar en la Primera Guerra Mundial. Cuando con- cluyó la Primera Guerra Mundial y el mundo se adentró en los años 20, las naciones querían volver al patrón oro pero no sabían bien cómo hacerlo.
Hubo una conferencia en Génova, Italia, en 1922 donde se discutió el problema. El mundo comenzó con la paridad antes de la Primera Guerra Mundial.
Había una cierta cantidad de oro y una cierta cantidad de dinero respaldado por el oro. Entonces la masa monetaria se duplicó.
Eso dejó solamente dos alternativas si los países querían volver al estándar del oro. Podían haber duplicado el precio del metal – bási- camente disminuir el valor de su divisas a la mitad – o podían haber reducido la impresión de dinero a la mitad. Tenían la posibilidad de haber hecho cualquiera de las dos cosas pero tenían que alcanzar la paridad, ya sea en el nuevo nivel o en el viejo nivel.
Los franceses dijeron, “Esto es fácil. Vamos a reducir el valor de la divisas a la mitad”. Y lo hicieron.
Si usted vio la película de Woody Allen, “Midnight in Paris” (Me- dianoche en París), recordará que en ella se muestran ex patriotas americanos dándose una gran vida en Francia a mediados de los años 20. Eso fue real debido a la hiperinfl ación de Francia.
No fue tan mala como la hiperinfl ación de Weimar en Alemania, pero fue bastante negativa. Si usted tenía una modesta suma de dóla- res, podía irse a Francia y vivir como un rey.
El Reino Unido tomó la misma decisión pero lo hicieron diferente a Francia. Por lo contrario, ahí, en lugar de doblar el precio del oro, re- dujeron su masa monetaria a la mitad. Volvieron a la paridad anterior a la Primera Guerra Mundial. Fue una decisión de Winston Churchill, quien era Asesor de Exchequer en ese momento. Fue extremadamente defl acionario.
El punto es que cuando usted duplica la base monetaria, puede que no le guste, pero ya está hecho, tiene que hacerse cargo de ello y reco- nocer que ha destrozado su divisa.
Churchill se sintió obligado a igualar los viejos valores. Redujo la masa monetaria a la mitad y eso llevó al Reino Unido a una depresión tres años antes que el resto del mundo. Mientras que el mercado glo- bal cayó en depresión en 1929, el Reino Unido comenzó este proceso en 1926.
Menciono esa historia porque lo correcto hubiese sido regresar al oro con un alto precio establecido en libras esterlinas. Elegir un precio errado fue un factor determinante en la gran depresión.
Los economistas dicen hoy, “Nunca podremos tener un patrón oro” “¿Sabe usted que esa política causó la gran depresión?”
Yo sí lo sé – fue un elemento clave para el desarrollo de la gran de- presión pero no fue por el oro en sí, sino por su valoración. Churchill eligió el precio incorrecto y eso fue defl acionario.
La lección de los años 20 no es que usted no puede tener un es- tándar de oro, la moraleja es que el país es quien debe tener el precio correcto.
Ellos continuaron por ese camino hasta que, fi nalmente, el mis- mo era insostenible para el Reino Unido, y devaluaron en 1931. Poco después, Estados Unidos devaluó, en 1933. Luego Francia y el Reino Unido devaluaron nuevamente en 1936.
Hubo un período de sucesivas devaloraciones y de las conocidas políticas de “empobrecimiento del país vecino”. Por supuesto, el resul- tado fue una de las peores depresiones de la historia mundial. Hubo un nivel de desempleo impresionante y se desplomó la producción in- dustrial, a lo que sobrevino un largo período de débil crecimiento que terminó en terreno negativo.
La Primer Guerra de divisas no se resolvió hasta llegada la Segun- da Guerra Mundial y luego, fi nalmente, en la conferencia de Bretton
Woods. Fue entonces cuando el mundo se situó en un nuevo estándar monetario.
La Segunda Guerra de divisas tuvo lugar entre 1967 y 1987. El evento trascendental en el medio de esta guerra fue Nixon sacando a Estados Unidos, y fi nalmente al mundo, del patrón oro el 15 de agosto de 1971.
Lo hizo para crear empleos e impulsar las exportaciones para sal- var la economía de los Estados Unidos. ¿Qué sucedió realmente?
Tuvimos tres recesiones consecutivas, en 1974, 1979, 1980. Nues- tro mercado de valores se hundió en 1974. El desempleó se disparó, la infl ación estuvo fuera de control entre 1977 y 1981 (la subida de pre- cios de Estados Unidos en ese período fue del 50%) y el valor del dólar se redujo a la mitad.
Nuevamente, la lección de las guerras de las divisas es que no traen consigo los resultados esperados, como el crecimiento de las exporta- ciones, más empleos y expansión económica. Lo que sí producen es una defl ación extrema, infl ación extrema, recesión, depresión y catás- trofe fi nanciera.
Esto nos conduce a la Tercera Guerra de divisas, que comenzó en 2010.
Fíjese que salté el período que va de 1985 a 2010, ¿un período de 35 años? ¿Qué sucedió allí…?
Ese es el período que llamamos política del “Dólar Rey” o “dólar fuerte”. Fue una época de muy buen crecimiento, estabilidad econó- mica y excelente desarrollo económico en el mundo.
El sistema no tenía nada que ver con el patrón oro ni las reglas establecidas. La Reserva Federal prestaba atención al precio del metal como termómetro para saber cómo les estaba yendo.
Básicamente, lo que Estados Unidos le dijo al mundo fue “Nosotros no estamos en una dinámica de patrón oro, nos regimos por los pa- rámetros del dólar. Nosotros, Estados Unidos, acordamos mantener
el poder adquisitivo de la moneda y usted, nuestro socio comercial, puede unirse al dólar, o planifi car su economía en dólares. Eso nos dará un sistema estable”.
Y realmente funcionó hasta el año 2010 cuando Estados Unidos rompió el trato y básicamente declaró la Tercera Guerra de divisas. El Presidente Obama hizo esto en su State of Union (Unión de Estado) en enero de 2010.
Estamos en 2015 y aún continúan. No me sorprende. Los perio- distas hablaran del yen débil, y dirán, “Oh Dios mío. Estamos en una Guerra de divisas”.
Y yo diré, “Si, por supuesto que lo estamos. Lo hemos estado du- rante cinco años. Y probablemente seguiremos en ella por cinco años más, tal vez más”.
Las Guerras de Divisas son como un ir y venir – van y vienen. En 2011, por ejemplo, vimos un dólar muy débil. También vimos un pre- cio del oro muy alto. Alcanzó su máximo histórico de casi US$ 1.900 por onza. Desde entonces, el dólar se ha vuelto mucho más fuerte y el oro se ha venido abajo.
Es una correlación muy simple. Si usted quiere entender al oro, el precio dólar del metal precioso es justamente la inversa del dólar. Es simple pero varios inversores no comprenden la dinámica.
Si la moneda estadounidense es débil, el oro va a subir. Si tenemos un dólar fuerte, el metal va a bajar.
Si usted está interesado en oro u otros activos tangibles, necesita prestar atención al dólar. Muchos inversores me preguntan, “¿Cuál es el valor real del dólar?”. Siempre respondo, “¿Comparado a qué?”.
Todo consiste en tasas de cambio cruzadas. Existe un tipo de cam- bio cruzado dólar/euro. Existe otro dólar/yen. Existe un cambio cru- zado dólar/yuan, un dólar/franco y demás. Son muy dinámicos por- que el dólar podría subir contra el euro, lo que en la práctica es así, pero al mismo tiempo podría bajar contra el yuan chino.
Los inversores pueden obtener ganancias de estas dinámicas si las comprenden. Dos divisas cualquiera son parte de un juego de suma cero. Eso es otro punto que confunde a los inversores. Tienden a decir “Oh, se está derrumbando el euro. El euro tiene que bajar”.
Puede ser o no verdad. Pero lo que los inversores no consideran es que la Reserva Federal también quiere que el dólar baje. Pero el dólar y el euro no pueden bajar al mismo tiempo e comparación uno con el otro.
Últimamente el dólar ha estado subiendo y el euro bajando. Pero si usted sabe que la Reserva Federal quiere un dólar débil y está vien- do un dólar fuerte, ¿qué signifi ca eso? Signifi ca que la Fed tiene que hacer algo para lograr que el dólar retroceda. Por lo que en su debido momento, el euro debe subir.
En resumen, el dólar y el euro no pueden bajar uno contra el otro al mismo momento. No funciona. Una vez que entienda que los tipos de cambios cruzados son un juego de suma cero, recién ahí puede com- prender la dinámica correctamente.
Pienso en el oro como dinero, también, entonces coloco al oro en la mezcla de tasas cruzado. Es otra divisa.
La diferencia entre estar y no en una guerra de divisas es la esta- bilidad. No quiero decir que tenemos tasas de cambio fi jas. No es así, tenemos tasas de cambio variables. Pero los bancos centrales acuer- dan mantener sus monedas dentro de un cierto rango para cuando se termine la guerra. Cuando estamos en guerra de divisas, sin embargo, todas las apuestas quedan fuera. Cualquier cosa puede pasar.
Son muy dinámicas, muy complicadas y las analizamos en detalle en Inteligencia Estratégica. Existen varias alternativas para que los inversores ganen.
LA DIFERENCIA ENTRE GUERRAS DE DIVISAS