La batalla más dramática en las guerras de divisas fue el 15 de ene- ro de 2015. Fue el equivalente al ataque de Pearl Harbor…
“Me sorprendió que él no me contactase”, dijo la directora del FMI, Christine Lagarde, a Steve Liesman de CNBC ese día, “pero como us- ted sabe, chequearemos eso”.
Usted casi se puede imaginar la conversación posterior entre Ma- rio Draghi del Banco Central Europeo (ECB) y el presidente del Swiss National Bank (SNB) Thomas Jordan…
Thomas Jordan: “Pensé que tú se lo ibas a decir”. Mario Draghi: “Bueno, ¡yo creí que tú se lo ibas a decir!”
Suiza acaba de abandonar su paridad del franco suizo con el euro. El resultado fue un caos, con una inmediata caída del 30% en el valor del euro contra el franco y miles de millones de dólares en pérdidas de cambio por los bancos e inversores alrededor del mundo.
Varios intermediaros extranjeros entraron en quiebra porque sus clientes no podían cumplir con sus transacciones de pérdidas. El Ban- co Suizo operó en una total discreción.
Las guerras de divisas se parecen a las guerras reales en el sentido de que no se trata de una lucha continua. Por momentos hay batallas intensas, seguidas de momentos de calma, seguidos de más batallas intensas.
Pero no hay nada nuevo sobre el movimiento del Swiss National Bank. Es el último bombardeo en la guerra de divisas que el Presi- dente Obama comenzó en 2010, y no será el último. Fue en 2010 que el presidente anunció su Iniciativa de Exportación Nacional diseñada para doblar las exportaciones americanas en cinco años.
La única forma de hacer eso fue con un dólar más barato, entonces la política del presidente fue lo mismo que una declaración al mundo que Estados Unidos quería que otros países permitiesen que sus di- visas aumenten para que el dólar bajara. Diez meses después, el mi- nistro de fi nanzas brasileño, Guido Mantega, sorprendió a las élites fi nancieras globales al proclamar públicamente lo que todos sabían pero nadie decía – que el mundo estaba en nueva guerra de divisas.
El problema con las guerras de divisas es que duran mucho tiempo – a veces 15 o 20 años. La razón es que no tienen conclusión lógica, simplemente devaloraciones que van y vienen y revaloraciones en la medida en que los países contraatacan unos a otros.
Hemos visto esta característica re emerger. El dólar débil del 2011 se ha vuelto un dólar fuerte en 2015. Los países que se quejaban que el
dólar débil estaba dañando sus exportaciones en 2011 ahora se quejan que el dólar fuerte está dañando sus mercados de capitales en 2015.
Ese es otro problema con las guerras de divisas – nadie gana, y to- dos pierden. Las guerras de divisas no apoyan al crecimiento; simple- mente roban crecimiento en forma temporal de sus socios comerciales hasta que esos socios comerciales lo vuelven a robar con sus propias devaloraciones. La sorpresiva devaloración del franco suizo el 15 de enero de 2015 no será la última sorpresa. Hay varias paridades impor- tantes dejadas en el sistema monetario internacional con posibilida- des de quebrarse. Justamente ahora, el dólar de Hong Kong y las di- visas más importantes de Arabia están ajustadas al dólar americano.
El yuan chino está ajustado libremente al dólar americano tam- bién. Si Estados Unidos eleva las tasas de interés este año tal como lo ha advertido la Reserva Federal, el dólar más fuerte obligará a esos países a romper con su paridad, porque sus propias monedas serán demasiado fuertes y lastimarán sus exportaciones.
Si la Reserva Federal no aumenta las tasas de interés, el resultado podría ser una violenta inversión de las tendencias actuales y un dólar más débil ya que el mantra del “riesgo” causa que el capital salga de Estados Unidos y vuelva a los mercados emergentes. Sea el escenario que se dé, la volatilidad es la certeza.
El otro problema con las guerras de divisas es lo que el FMI llama efectos “excedente”, también conocido como contagio fi nanciero. Mu- chas hipotecas en Polonia, Hungría y otras partes de Europa Central y Oriental están hechas no en moneda local sino en francos suizos. Si el franco suizo es más fuerte, esto signifi ca que esos prestatarios necesi- tan más de su moneda local para cancelar sus hipotecas.
Esto puede llevar a una ola de hipotecas impagas y un derrumbe del mercado inmobiliario similar al que Estados Unidos experimentó en 2007. Esto demuestra cómo una decisión tomada en Suiza puede liquidar a un propietario en Budapest. El contagio fi nanciero funciona
como el ébola. Una vez que comienza la epidemia, es difícil de frenar. No pasará mucho tiempo hasta que el ataque escurridizo del franco sui- zo infecte la cartera de inversiones de un ahorrista en Estados Unidos.
El contagio fi nanciero también puede ser una vía de doble mano. No solo crea peligros, crea oportunidades para inversores que pueden conectar los puntos en las guerras de divisas. La conclusión más fácil que usted puede sacar y actuar en consecuencia es esta simple verdad: No le crea a las mentiras del gobierno y del banco central.
Esta máxima no existe sin un precedente histórico. Probablemente ha escuchado sobre el propio ataque escurridizo de divisa de Franklin Roosevelt. En 1933, el Presidente Franklin Roosevelt ideó un plan para aumentar el precio del oro en dólares, efectivamente una devalo- ración del dólar. Pero él tuvo un problema. Si el aumentaba el precio del oro mientras estaba en manos de los americanos, la ganancia iría a los ciudadanos, no al Tesoro de Estados Unidos. Sabía que debía mentirle al pueblo americano sobre su intención para poder lograr el robo del siglo.
Entonces Roosevelt emitió una orden ejecutiva de emergencia con- fi scando el oro a US$ 20 por onza y luego lo revaluó a US$ 35 por onza, dejando las ganancias al Tesoro.
El 15 de enero, el Swiss National Bank lanzó una similar escena pe- ligrosa. El pasado noviembre, los ciudadanos suizos votaron en un re- feréndum para solicitar una paridad informal del franco suizo al oro. El Swiss National Bank discutió contra el referéndum argumentando que los llevaría a romper la paridad del franco suizo al euro.
La gente les creyó y votaron “no” al referéndum. Pero ahora el Swiss National Bank ha roto la paridad de todas formas. El precio del oro está subiendo como resultado, pero los ciudadanos suizos han perdido ese benefi cio porque el referéndum es ahora una ley en desu- so. El Swiss National Bank les mintió a sus ciudadanos acerca de sus intenciones respecto de la paridad.
La lección de historia es que los ciudadanos deberían tener algo de oro, guardado en forma segura y no creer en las mentiras del gobierno ni del banco central. De hecho, podemos ver más inversores huyendo hacia la seguridad del dólar en los próximos meses en la medida en que cae la confi anza en los bancos centrales.
CAPÍTULO 9
EL MERCADO ALCISTA DEL ORO NO HA TERMINADO