• No se han encontrado resultados

EL PRECIO DEL PETRÓLEO: EL BUENO, EL MALO Y EL FEO

In document LA GRAN CAIDA.pdf (página 113-117)

Todos los días los americanos encuentran buenas razones para ce- lebrar y al mismo tiempo temer al colapso reciente en los precios del petróleo. Esta es la caída más rápida y dramática en las cotizaciones del crudo desde mediados de los años 80. Los resultados se eviden- cian en el auge de la explotación de gas. El precio de la nafta común ha colapsado, al pasar de casi US$ 4 por galón a US$ 1,99 en algunos lugares de los Estados Unidos.

Para un conductor que utiliza 50 galones de combustible por sema- na, esto equivale a un ahorro de US$ 100 por semana: sufi ciente para comprar ropa nueva o llevar a su familia a una linda cena.

Si esos nuevos precios se mantienen, se podrá ahorrar más dinero y sumar unos US$ 5.000 al año. Y lo que es mejor aún, el gobierno no puede cobrar impuestos sobre esos US$ 5.000. Si usted tiene un aumento de salario, esta cantidad será víctima de impuesto, pero si el costo de las cosas que usted compra es menor, la carga impositiva no

puede trasladarse a sus ahorros. ¿Qué es lo malo en todo eso? Esa es la buena noticia.

Los economistas asumen que usted gastará de inmediato ese di- nero extra en su bolsillo. Ese gasto adicional entrará en el bolsillo de otra persona. Por ejemplo, si usted gasta US$ 100 semanales de sus ahorros en combustible en ir a cenar fuera de casa, le dará una pro- pina al mozo de US$ 15, en cuyo caso éste último tendrá un extra de US$ 15 (tal vez más si sus vecinos hacen lo mismo), de esa manera él podrá gastar más y así sucesivamente.

Este es el famoso efecto “multiplicador”, donde un gasto extra con- lleva a un mayor gasto por parte de quien lo recibe en primera instan- cia con lo cual el crecimiento económico total, a lo que los economis- tas llaman “demanda agregada”, es mayor que el gasto inicial. Más buenas noticias. Por lo menos es lo que usted escuchará en la televi- sión. Cuando mira por debajo de todo ello, sin embargo, verá algunas cosas que no son tan buenas, sino malas para su cartera.

Por ejemplo, simplemente porque alguien tiene un extra de US$ 100 en su bolsillo, no signifi ca que saldrá corriendo y los gastará en algo nuevo. Muchas personas utilizan el dinero para pagar sus deu- das, incluyendo tarjetas de crédito, préstamos por estudio, préstamos de autos, hipotecas y otras formas de crédito.

Eso sería lo más prudente, pero no aporta nada al PIB. Es simple- mente una forma de desapalancamiento. Ambos lados de su balance personal, efectivo y deudas se ven reducidos. No hay nada malo en eso, pero no hay un incremento de la demanda agregada y no hay mul- tiplicador místico.

También, cuando usted ahorra US$ 2 por cada galón de nafta, quiere decir que alguien más – la empresa petrolera – deja de recibir esos US$ 2. Su ganancia es la pérdida del otro. Ninguno de nosotros debe derramar una lágrima por las grandes petroleras, pero los efec- tos prácticos de los bajos precios del crudo y la reducción de las ga-

nancias de las empresas del segmento energético, se manifi estan de manera negativa.

Las débiles cotizaciones del petróleo causan la demora en la eje- cución de nuevos proyectos y el cierre de pozos que acarrean altos costos. Eso signifi ca despidos y reducción en el margen de gastos para oleoductos, equipos y transporte.

Los empleos del sector energético son muy bien remunerados. Los trabajos en un restaurante no corren la misma suerte. Si ganamos puestos de trabajo en un restaurante y los perdemos en pozos petrole- ros, no está claro que la economía está mejor.

Esa es la mala noticia.

A partir de acá las cosas comienzan a empeorar. El precio del pe- tróleo es bajo porque la demanda ha bajado, a lo que se suma el lento crecimiento global y que el abastecimiento está en manos de empresas

fracking.

Pero todo ese sistema fracking acarrea costos de desarrollo, y mu- cho de ese dinero se proviene de bonos basura. Cuando esos títulos fueron emitidos, los proyectos detrás de ellos fueron concebidos tras la asunción de que el petróleo oscilaría entre US$ 80–130 el barril.

Con el petróleo en US$ 45–55 por barril, esos proyectos dejan de ser rentables y esa deuda comenzará a entrar en default a fi nes de 2015 o comienzos de 2016. ¿Dónde se encuentra esa deuda? Parte de la misma podrá estar en su 401(k) (plan de retiro) escondida en un bono de “alta rentabilidad” adquirido por sugerencia de su broker. Es algo que tal vez le interese revisar. Sea suyo, de su vecino, del banco frente a su casa, el punto es que a alguien le pertenece y los tenedores de estos bonos están viendo una gran cantidad de pérdi- das por venir.

Finalmente, deberíamos considerar el impacto de la rápida caída en el precio del petróleo en la Reserva Federal y la política monetaria de los Estados Unidos.

La Reserva Federal estableció la meta de alcanzar una infl ación de 2%. En este preciso momento, la misma se encuentra por debajo de ese objetivo y sigue una tendencia a la baja. Los índices de precios recientes han mostrado una total defl ación, lo opuesto a los deseos de la Fed.

Cuando la Reserva Federal mira a las estadísticas de precios, se focalizan en la infl ación “central”, que excluye el impacto en las va- loraciones de alimentos y energía. La base de esto es que los precios de los alimentos y de energía son muy volátiles y tienden a seguir a la infl ación principal durante largos períodos de tiempo.

Es posible ignorar las subas y bajas de los precios del segmento energético porque tienden a hacer ruido mensualmente y se van uni- fi cando a lo largo del año.

De hecho, existe evidencia empírica real para argumentar este en- foque, motivo por el cual la Fed se apoya en él.

¿Pero qué sucede si esta caída en los precios del rubro energético no es simple ruido? ¿Qué sucede si se mantiene por años gracias a fuerzas geopolíticas y macroeconómicas permanentes?

Si ese es el caso, entonces el enfoque estándar de la Fed no enten- dería el signifi cado de la tendencia y estaría subestimando el impacto de la caída en el precio y la defl ación que vendría en consecuencia.

En ese contexto, la Reserva Federal podría elevar las tasas de inte- rés en 2015 – como ya indicó que lo hará – puesto que el persistente descenso de precios está creando expectativas defl acionarias y llevan- do a la economía a una recesión. Una subida de la tasa de interés, al borde de una recesión es la peor medicina posible. Pero los modelos imperfectos de la Fed deben estar preparándonos para semejante re- sultado.

A largo plazo, los precios bajos del petróleo son buenos para los consumidores y positivos para el crecimiento real. Pero a corto pla- zo, es nocivo para los productores, desastroso para los tenedores de

bonos basura y posiblemente contradictorio para la política de la Re- serva Federal.

El año próximo podría ser una época difícil si se incrementa el cese de actividades y aparecen las deudas. Sería aún peor si la Reserva Federal no interpretase el escenario y subiese las tasas como han amenazado hacer.

Usted debería analizar su cartera y vender cualquier fondo de ren- ta fi ja que esté vinculado a un crédito basura. Luego, use las ganancias para obtener efectivo y compre bonos de alta calidad del Tesoro de los Estados Unidos. El efectivo le ayudará a preservar su patrimonio y los bonos le darán ganancias en los tiempos de defl ación que se aproxi- man. Cuando se aclare el panorama con respecto a las políticas de la Reserva Federal, el dinero líquido puede emplearse para comprar ac- tivos infravalorados. Tendremos más para decir acerca de estas gan- gas del mercado, más adelante.

In document LA GRAN CAIDA.pdf (página 113-117)