Como consecuencia de mi participación en LTCM, el fondo especu- lativo de inversiones que colapsó en 1998 luego de que las estrategias de comercialización de derivados fallaron catastrófi camente, comen- cé a utilizar la teoría de la complejidad para entender el riesgo en el mercado de capitales.
Después del colapso y el rescate conversé sobre lo que falló con uno de mis socios de LTCM, quien dirigía la empresa. Yo estaba fami- liarizado con las estrategias de mercado y comercialización, pero no
era un experto en las matemáticas aplicadas altamente técnicas que el comité de gerencia utilizaba para idear sus estrategias.
El socio con el cual conversaba era un analista cuantitativo real con un grado avanzado en matemática. Le pregunté cómo podía ser que todas nuestras estrategias de comercialización perdieran dinero en el mismo momento a pesar de que no estaban correlacionadas en el pasado. A lo que él respondió: “Lo que pasó fue simplemente increíble. Fue un evento de siete desviaciones estándar”.
En estadística, una desviación estándar se simboliza con la letra griega sigma. Aún quienes no son estadísticos entenderían que un evento de siete sigmas es raro. Sin embargo, yo quería saber qué tan raro era, por lo que consulté con un par de recursos técnicos. Descu- brí que por una ocurrencia diaria, un evento de siete sigmas ocurriría menos de una vez cada mil millones de años o ¡menos de cinco veces en la historia del planeta Tierra!
Sabía que mi socio, que era analista cuantitativo, había hecho las operaciones matemáticas correctas, pero para mí era obvio que su modelo era incorrecto porque los eventos del mercado ocurrieron en 1987, 1994 y en 1998, es decir aproximadamente cada cuatro años.
Cualquier modelo que intententara explicar un evento como algo que sucede cada mil millones de años no podría ser el modelo adecua- do para comprender la dinámica de algo que ocurre cada cuatro años. Desde este encuentro comencé una odisea de diez años para descu- brir el método analítico adecuado para entender el riesgo en el merca- do de capitales. Estudié física, teoría de redes, teoría gráfi ca, teoría de la complejidad, matemática aplicada y muchas otras disciplinas que se conectaban de varias maneras con el funcionamiento del mercado de capitales.
En su momento, vi que los mercados de capitales eran sistemas complejos y que la teoría de la complejidad, una rama de la física, era la mejor manera de entender y gestionar el riesgo y de prever colapsos
del mercado. Comencé a dar conferencias y a escribir sobre el tema, inclusive he escrito bastantes artículos que se publicaron en revistas técnicas. Construí sistemas con compañeros que utilizaron la teoría de la complejidad en conjunto con disciplinas relacionadas para iden- tifi car eventos geopolíticos en mercados de capital antes de que el pú- blico supiera de esos eventos.
Finalmente, recibí invitaciones para enseñar y contestar consul- tas sobre la teoría de la complejidad en algunas de las universidades y laboratorios destacados, inclusive la Universidad John Hopkins, la Universidad Northwestern, el Laboratorio Nacional Los Alamos, la Universidad de Singularidad y el Laboratorio de Física Aplicada.
En estos lugares continuamente promoví la idea de realizar esfuer- zos interdisciplinarios para resolver los misterios más profundos del mercado de capitales. Sabía que ningún área tenía todas las respues- tas, pero la combinación de experiencia de varias áreas produciría un entendimiento profundo y métodos que pudieran avanzar el arte de la gestión de riesgos fi nancieros.
Para ello propuse un equipo que consistía en físicos, modeladores de computadoras, expertos en matemática aplicada, abogados, eco- nomistas, sociólogos y otros que pudieran perfeccionar los modelos teóricos que yo y otros habíamos desarrollado y que pudieran suge- rir un programa de investigación y experimentación para validar la teoría.
Los científi cos con los cuales trabajé recibieron cálidamente las propuestas, pero los economistas las rechazaron e ignoraron. Los principales economistas constantemente expresaban que no tenían nada qué aprender de física y que los modelos económicos y de fi nan- zas estándar eran una buena explicación de la dinámica de los precios de títulos y del mercado de capitales.
Siempre que los economistas importantes se confrontaban con un evento del mercado de “siete sigmas” lo desestimaban como algo
atípico y modifi caban ligeramente sus modelos sin reconocer que sus modelos no funcionaban en absoluto.
Los físicos tenían un problema distinto, ya que querían colaborar con problemas económicos pero no eran expertos en el mercado fi - nanciero. Ellos habían pasado sus carreras aprendiendo física teórica y necesariamente no sabían más sobre el mercado de capitales que lo que el inversor se preocupaba por el plan 401 (k).
Yo no era un participante común en el área y la mayoría de mis colaboradores eran físicos intentando aprender sobre el mercado de capitales. Yo era un experto en el mercado de capitales que se había tomado el tiempo de aprender sobre física. Uno de los líderes del equi- po de Los Álamos, un ingeniero en ciencia de la computación de MIT, David Izraelevitz, me dijo en 2009 que yo era la única persona que él conocía con conocimiento profundo sobre fi nanzas y física, que com- binadas de alguna manera quizás desbloquearían los misterios de lo que causaba el colapso de los mercados.
Lo tomé como un halago porque sabía que tomaría décadas crear una teoría de la complejidad fi nanciera totalmente desarrollada y pro- bada con la ayuda de varios investigadores. Pero estaba agradecido de saber que estaba contribuyendo con el área con un pie en la física de laboratorio y un pie en Wall Street. Mi trabajo y el de otros en este proyecto continúa hasta el día de hoy.