Los vv. 10–13 constituyen la respuesta [página 157] de Dios a la oración del profeta Dios se dispone a intervenir (v 10) Todos los esfuerzos políticos de Judá, tanto sus planes como la ejecu-
6. Jehovah justifica y redime a Israel, 43:22-44:
Todas las maravillas mencionadas en la sección anterior, sobre todo en los vv. 16–21, Dios va a hacerlas para Israel no como una retribución a sus méritos o sus buenas obras (43:22–24), sino sólo por amor de sí mismo: Yo soy, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí... (v. 25).
Semillero homilético
¡Cuán grande es él! 44:21–23
Introducción: Dios ha manifestado su grandeza en muchas maneras. I. Grande en formar al ser humano (v. 21).
1. Somos sus siervos. 2. Hemos de recordarlo.
II. Grande en sus obras (v. 22). 1. Ha borrado nuestras rebeliones. 2. Nos ha redimido de la condenación.
III. Grande en despertar canciones de alabanza (v. 23). 1. Los cielos cantarán loores.
2. Las profundidades de la tierra gritarán en júbilo. 3. Las montañas prorrumpen en cántico.
4. Los bosques alaban al Señor.
Conclusión: Alabemos a Dios por su grandeza, por su misericordia, y por la redención que hemos experimentado por medio de Jesucristo.
La justificación de Israel, es decir, la anulación de su culpa (v. 2), es el primer paso hacia su redención. El primer padre de la nación, aquel que ha legado su nombre al pueblo, pecó. Esto alude a Jacob (43:27), a quien ahora Dios llama con un nuevo nombre, que expresa su justifica- ción: [página 193] Jesurún (44:2), que significa rectitud, en clara contraposición al nombre de Ja- cob (44:2; comp. Deut. 33:5 y Gén. 25:26; 27:36; ver también la nota de RVA para Gén. 25:26). Aunque Jacob reveló tener un carácter desaprobado desde el vientre, es un hecho histórico que Jehovah lo transformó en un hombre nuevo. Lo mismo sucederá con el pueblo del cual Jacob es el padre.
Semillero homilético
Una confianza mal colocada 44:9–23
Introducción: Isaías vivía en un día cuando la idolatría era muy co- mún. Muchas personas creían en los ídolos, tanto que la industria de hacer los ídolos ocupaba a muchos artesanos. Este capítulo resal-
ta la impotencia de los ídolos y lo equivocado de los artesanos. I. Los ídolos son insuficientes.
1. No sirven para nada (v. 9). 2. No aprovechan nada (v. 10).
3. Los ídolos se avergüenzan de su impotencia (v. 11). II. Los ídolos no tienen dinamismo.
1. El herrero hace ídolo que no puede ayudarle (v. 12).
2. El carpintero hace ídolos y se postra ante ellos, pero no repre- sentan ningún poder (vv. 13–17).
III. Los ídolos no libran al alma de su pena (vv. 18–20). 1. Sus ojos están tapados, para no ver (v. 18).
2. Su corazón no entiende (v. 20).
3. Se postran ante objetos que no tienen eficacia (v. 19).
Conclusión: ¿Nos postramos ante ídolos hoy en día? Aunque decimos que "No" ante tal pregunta, la realidad es que nuestro estilo de vida ilustra que tenemos muchos ídolos, tales como el poder, el dinero, y la fama. Necesitamos reconocer la idolatría que practicamos y reco- nocer que solo Dios es la fuente de toda bendición.
La redención de Israel coincide con el derramamiento del Espíritu divino sobre los descendien- tes de Jacob, expresado en la analogía del derramamiento de aguas sobre el suelo sediento y to- rrentes sobre la tierra seca (44:3, 4). Algunos comentaristas ven en las palabras Este, ése y aquel del v. 5 una alusión a la conversión de individuos de entre las naciones gentílicas al judaísmo, factor que forma parte de la concepción del Israel redimido que es propia de la segunda parte de Isaías (comp. 45:23; 56:1–8).
Joya bíblica
Yo iré delante de ti y allanaré las montañas. Romperé las puertas de bronce y haré pedazos los cerrojos de hierro. Yo te daré los tesoros de la oscuridad, las riquezas de los lugares se- cretos, para que sepas que yo soy Jehovah Dios de Israel, que te llama por nombre (45:2).
Estas profecías acerca del carácter profético de Israel, es decir, oráculos divinos que describen de antemano lo que uno de entre los pueblos del mundo va a ser, es la maravilla más grande que puede constatar el profeta, quien llama a Jehovah Rey de Israel y su Redentor. Jehovah mismo conmina a cualquier persona, sea hombre o sea dios, a que hable si es capaz de declarar y relatar las cosas que han sucedido desde el comienzo de la historia humana, junto con las cosas que han de venir (44:7, 8). Nadie más que Jehovah puede hacer esto, pues como él dice: Yo soy el primero y yo soy el último, y fuera de mí no hay Dios. (v. 6). De todas estas cosas Israel es testigo (v. 8; comp. 43:10).
A 44:8 sigue un largo paréntesis (vv. 9–20). Y tras este paréntesis aparece la continuación di- recta del v. 8 en los vv. 21 y 22 que contienen un tierno llamado divino a su pueblo Israel, para que se acuerde de [página 194] estas cosas y para que no se olvide de su Dios quien ha borrado sus rebeliones. Al final del v. 22 dice el Señor: Vuelve a mí, porque yo te he redimido.”
Como en 42:10–13, también ahora el profeta prorrumpe en un cántico de alabanza a Jehovah (44:23). Los cielos y las profundidades de la tierra son convocados a cantar loores porque Jehovah ha redimido a Jacob y será glorificado en Israel. De esta manera el profeta expresa su asentimiento con respecto a los designios de Dios.
En cuanto a la sección parentética (44:9–20), hay comentaristas que la consideran una adición posterior al texto original, y realmente interrumpe la secuencia del pensamiento que pasa de ma- nera fluida del v. 8 al v. 21. Estando donde está, cabe preguntarnos: ¿Por qué el autor o el editor ha juzgado conveniente incluirla? Nuestra opinión es que en estos versículos el profeta explaya lo que expresó en la segunda parte del v. 8 y que puede ser traducido así: ¿Hay Dios aparte de mí, o alguna otra Roca que yo no conozca?. En este versículo, la palabra Roca es sinónimo de Dios (comp. Gén. 49:24) y describe el carácter firme y permanente de la protección que Dios brinda a su pueblo. De este hecho, dice el mismo versículo, los hijos de Israel son sus testigos. Por otro lado, los testigos [página 195] de los ídolos y dioses vanos, ellos mismos no ven ni conocen, para su propia vergüenza (v. 9) la vanidad y la inutilidad de los ídolos. Observe lo ridículo de la invoca- ción del ídolo en la última parte del v. 17. Aquí es donde el autor empieza a explayarse sobre el tema de la vanidad de la idolatría, y aunque la nota tiene carácter parentético tiene señales de ser original.
¿Quién era Ciro?
La presencia de un personaje desconocido y del mundo pagano causó descontento entre un numeroso grupo de judíos. ¿Quién era este personaje y por qué aparece como Ungido y Pastor? Bueno, para Dios todo es posible. El es el Señor de la historia y en su sabiduría nombró al hombre por quien todo lo planeado en su soberanía se cumpliría.
El nombre de este personaje fue Ciro, conocido también en los anales de la historia antigua como "el Grande", rey de Persia y fun- dador del Imperio Persa. Para alcanzar este sitial, venció a los me- dos, a Craso, rey de Lidia (546 a. de. J.C.); tomó también Babilonia en (539 a. de J.C.) y reinó entre los años 546–529 a. de J.C.
Cuando este monarca llegó al poder, se estableció una nueva po- lítica con respecto a las naciones vencidas. Practicó una política de reconciliación con los pueblos sometidos. En vez de tiranizarlas y oprimirlas por la fuerza bruta, Ciro prefirió tratarlas con considera- ción para ganar su amistad. James C. Muir dice que esta política liberal de Ciro señala: "Un paso definitivo hacia adelante en la histo- ria de la civilización. La libertad religiosa e individual de los pueblos subyugados fue una nueva nota en la política administrativa nacio- nal."
Ciro reinó diez años más después de la captura de Babilonia. Murió en forma misteriosa en 529 a. de J.C. y lo sucedió en el trono su hijo Cambises. Este es el hombre a quien Dios usó como instru- mento para permitir el regreso del remanente de Israel y empezar la reedificación de los muros de Jerusalén, así como los del templo.