TEXTO, EXPOSICION Y AYUDAS PRÁCTICAS I RESUMEN DEL MENSAJE PROFETICO DE ISAIAS, 1:1-6:13.
II. EL MINISTERIO PROFETICO DE ISAIAS DURANTE LA GUERRA DE LA COALICION DE SIRIA E ISRAEL CONTRA JUDA, 7:1-12:6.
6. Profecía del fracaso de Asiria a las puertas de Jerusalén, 10:5-
En esta sección tenemos un ejemplo de las profecías de Isaías, con anticipación al avance de las tropas de Senaquerib hacia Jerusalén. Bien podría esta profecía pertenecer a los primeros años del reinado de Ezequías, pero podría también haber sido pronunciada por primera vez en los días de Acaz, poco después de la ruina de Samaria (v. 11).
Para quienes a cada instante están viendo en las profecías de la Biblia historia narrada en es- tilo profético, es decir, falsificación, tenemos en esta sección la gran oportunidad de evaluar al profeta y al alcance de su visión, con toda honestidad. En los vv. 28 al 32 el profeta presenta el avance de las tropas asirias hacia Jerusalén [página 83] por la vía del norte: Ayat (o Hai), Migrón, Micmas, Geba, Ramá, Gabaa, Galim, Lais, Anatot, Madmena, Gebim, y finalmente Nob, casi a las puertas de Jerusalén, y desde donde agita su mano contra la colina de Jerusalén (v. 32), dando la señal de combatirla hasta tomarla.
Note el orden de los nombres de estos lugares por la vía del norte: Ayat (o Hai), Migrón, Mic- mas, Geba, Ramá, Gabaa, Galim, Lais, Anatot, Madmena, Gebim, y finalmente Nob, casi a las puertas de Jerusalén, y desde donde agita su mano contra la colina de Jerusalén (v. 32), dando la señal de combatirla hasta tomarla.
El orden de los nombres de estos lugares, la mayoría de los cuales pueden ser ubicados en el mapa, muestra el avance de norte a sur, a través de los pasos en la región central del territorio de Benjamín. Pero no ocurrió así, porque Senaquerib movilizó sus tropas desde Laquis, por el lado sur occidental (ver cap. 36).
Sin embargo, los asirios avanzaron contra Judá, como el profeta siempre dijo que ocurriría, y también capturaron la mayoría de sus ciudades fortificadas hacia el occidente de Jerusalén. Y también llegaron a las puertas de Jerusalén; pero entonces ocurrió algo milagroso, y hay que re- conocer en ello la directa intervención divina contra el campamento asirio (vv. 33, 34).
Imperio asirio
En el siglo XI Asiria se transforma en una potencia y en su vertigi- nosa carrera arruinó al imperio hitita, alcanzando en su punto más alto en los siglos VIII y VII, bajo los reyes Senaquerib y Asurbanipal.
El ejército asirio era el más poderoso y organizado de ese tiempo en Oriente. Además era el mejor ejercitado en el arte de la guerra y el que trataba con mayor crueldad a los vencidos. En sus continuas conquistas, sometieron a Babilonia, Caldea y se apoderaron de Feni- cia, de Palestina y hasta de Egipto, conservando a éste por corto tiem- po. En cada conquista que hacían se limitaban a exigir fuertes tribu- tos, por esa razón tuvieron que soportar muchas rebeliones.
a. de. J.C. haciendo desaparecer este poderoso imperio, que fundó su éxito en la violencia y el terror.
Soberanos asirios importantes:
• Tiglat-pileser III, (746–727 a. de J.C.)
• Salmanazar (727–722), destruyó el reino de Israel.
• Sargón II (722–705) fue sucesor de Salmanazar. Afirmó su do- minio en Babilonia y Samaria.
• Senaquerib (S. VII), fue hijo de Sargón II, destruyó Babilonia, rival de Nínive.
• Asurbanipal (669–627 a. de J.C.). Fue famoso por su biblioteca, una de las más famosas de su tiempo.
Aunque no sea necesariamente objeto de profecía, también el concepto que el rey de Asiria te- nía de sí mismo, de su imperio, de su dios y de sus conquistas concuerda en esta profecía (vv. 7– 11) con las palabras que dijo Rabsaces en nombre de Senaquerib, y que aparecen citadas en 36:18–20.
Semillero homilético
Una misión desagradable 10:5–19
Introducción: Vemos en la historia que en ocasiones Dios ha utilizado a naciones y personajes paganos para traer castigo a los suyos. Es el caso de Asiria. Esta es una misión desagradable, por varias razones:
I. Por ser Asiria un medio de juicio divino hacia Israel (vv. 5, 6). 1. Asiria era la vara de la ira divina.
2. Asiria era el garrote de su furor.
II. Por tener Asiria planes más ambiciosos (vv. 7–11). 1. Asiria tenía planes de destruir muchas otras naciones.
2. Asiria tenía soberbia, pensando que su mano alcanzó los reinos de los dioses.
III. Por ser Asiria el objeto del castigo divino en el futuro (vv. 12– 19).
1. El que ha traído juicio sobre otros también va a experimentar el juicio divino (vv. 12–14).
2. La destrucción será devastadora y completa (vv. 15–19).
Conclusión: La persona nunca debe mostrar soberbia cuando está en posición de autoridad, porque puede llegar el día cuando pierda su poder y sea humillada.
[página 84]
Pero a partir de este trasfondo enmarañado de las concepciones politeístas de aquellos pueblos y de aquellos hombres, y de la mayor parte de Israel y de Judá, el profeta nos confronta con una revolucionaria concepción de la historia universal. El imperio asirio sólo constituye la vara de la ira de Dios (v. 5), para lograr su propósito justiciero. Dios lo envía contra una nación impía (v. 6), un pueblo que es objeto de mi indignación (v. 6). Pero esa nación, ese pueblo, no es otra cosa que su propio pueblo, y Jehovah es su Dios. ¡Ningún otro dios de ningún otro pueblo hizo algo seme- jante contra su pueblo, a fin de corregirlo y capacitarlo para llevar a cabo sus más altos objetivos en la historia!
Joya bíblica
Por tanto, así ha dicho el Señor Jehovah de los Ejércitos: "Pueblo mío, habitante de Sion, no temas a Asiria. Con vara te golpeará y contra ti alzará su garrote, como en Egipto" (10:24).
El v. 12 dice: Pero acontecerá que después que el Señor haya acabado su obra en el monte Sion y en Jerusalén, castigará también el fruto del corazón soberbio del rey de Asiria y la gloria de sus ojos altivos. Los vv. 13 y 14 describen claramente los conceptos sobre cuya base los reyes de Asi- ria elaboraron su política de conquista y todo su aparato imperial. En medio de todos ellos desta- ca el factor de una jactancia, de una arrogancia extrema, a la cual ridiculiza el profeta diciendo: ¿Se jactará el hacha contra el que corta con ella? (v. 15).
Técnica militar de los asirios
A los asirios, pueblo militar y belicoso por excelencia, se les atri- buye los siguientes inventos: Caballería de guerra que era arma de exploración, combate y devastación; el carro de combate conducido por caballos; la infantería acorazada, cuyos componentes usaban indumentaria de cuero escamadas de metal; el casco de acero; los flotadores para cruzar los ríos. Fueron también expertos en cons- trucciones de fortificaciones, así como en la técnica de ataque y des- trucción de las mismas. Se distinguieron también por el extraordina- rio uso de los metales, especialmente el hierro, el plomo y el oro, lo que delata la existencia de una técnica metalúrgica avanzada.
A continuación, el profeta pasa a describir al ejército asirio como un gran bosque que en lugar de árboles está constituido por hombres robustos (vv. 18, 19, 33, 34). Y el juicio divino contra Asi- ria será [página 85] prenderle fuego a este su bosque: ... debajo de su gloria encenderá una hogue- ra como fuego abrasador (v. 16), el cual consumirá desde el alma hasta la carne... y vendrá a ser como cuando desfallece un enfermo. Los árboles que queden en su bosque serán tan pocos que has- ta un niño los podrá contar (vv. 18, 19). Lo sorprendente es que esto ocurriría justo cuando los ejércitos de Asiria estarían a las puertas de la capital de Judá, a corta distancia de la colina de Jerusalén (vv. 32–34).
No sería especular demasiado si, a partir de esta profecía dicha con tanta anticipación a los acontecimientos narrados en 37:36, 37, pensamos con más detenimiento en aquel extraño suceso que los comentaristas llaman en términos generales “epidemia”. ¿Sería una poderosa fiebre, como el fuego abrasador? (Ver vv. 16–18.) Se ha conjeturado algo como fiebre tifoidea.
Detrás de estos acontecimientos el profeta ve con esperanza que un remanente de Israel es- carmentará y nunca más volverá a apoyarse en el poder de ninguna potencia mundial, como Asi- ria en esta ocasión, sino que verdaderamente se apoyarán en Jehovah, el Santo de Israel (v. 20). Como si Israel, a pesar de su insignificancia territorial y numérica en medio de las naciones del mundo, hubiera sido plantado en el centro del planeta para probar que si son fieles a su Dios, sobrevivirán a todos los cataclismos de la historia universal. [página 86] (Comp. 7:9, y ver comen- tario allí.)
Joya bíblica
Pero he aquí que el Señor Jehovah de los Ejércitos desgajará el ramaje con violencia; los de gran altura serán talados, y los altos serán abatidos, ...y el Líbano caerá ante el Poderoso (10:33, 34).
El profeta no disimula su gran alegría cuando exclama en el v. 21: ¡Un remanente volverá; un remanente de Jacob volverá al Dios fuerte! Jehovah es Dios fuerte; el desenlace de la confrontación de Jehovah con Senaquerib lo dejó demostrado (comp. 37:23). Jamás podría caber en la concep- ción profética una confrontación con Asur, el dios de los asirios, o con otro dios de otra nación, porque los dioses no son nada.
Ningún profeta como Isaías ha transmitido con tanto sentimiento el amor de Jehovah por su pueblo, zarandeado siempre entre las potencias mundiales: “Pueblo mío, habitante de Sion, no te- mas a Asiria... Porque de aquí a muy poco tiempo se acabará mi ira, y mi furor será para su des- trucción” (vv. 24, 25).
Sobre el Mesías
Isaías haciendo uso de una figura, habla del Mesías como tronco o vástago de raíces. La figura que usa el profeta tiene que ver con una familia, la familia de Isaí.
¿Quién fue Isaí? Fue nieto de Booz y Rut la moabita, padre del rey David y nativo de la ciudad de Belén (Rut 4:17). Isaí tuvo ocho hijos, siendo David el último (1 Sam. 17:12). La actividad de Isaí era la posesión de ganado, principalmente rebaños que David cuidaba juntamente con sus demás hermanos. Isaí no fue un hombre de gran renombre, Isaías menciona que el Mesías es una "vara del tronco de Isaí" y también dice que es "la raíz de Isaí" (Isa. 11:1, 10).
Algunas versiones católicas, por ejemplo la versión de Nácar y Colunga, mencionan a Isaí, con el nombre de Jesé.
Algunos investigadores dicen que el v. 34 no es el final de esta profecía, y que continúa en 14:24–27 (ver comentario allí).