• No se han encontrado resultados

LA ILUSIÓN TRASCENDENTAL: IMMANUEL KANT (1724–1804)

In document Historia de La Psicologia - Desconocido (página 174-177)

LA CONSTRUCCIÓN DEL MUNDO MODERNO

LA ILUSIÓN TRASCENDENTAL: IMMANUEL KANT (1724–1804)

Kant escribió, «Dos son las cosas que me causan más admiración, el cielo estrellado en lo alto y la ley moral en mi interior». Al igual que Platón se ofendió por el aparente relativismo cognitivo y moral de los sofistas, Kant se ofendió por el aparente relativismo cognitivo de Hume y por el aparente relativismo moral de los naturalistas franceses. Con su nueva metafísica, Kant trató de refutar el escepticismo de Hume y de rescatar

la certeza del gran esquema de Newton en que la fuer- za de la gravedad rige el cielo estrellado. Volveremos más adelante a su nueva ética, donde Kant rebatía el escepticismo moral, al apoyar los juicios morales sobre reglas formales, elaboradas cognitivamente, que gobiernan una voluntad moral firme.

LA FILOSOFÍA KANTIANA: LA REAFIRMACIÓN DE LA METAFÍSICA

Kant afirmó que los argumentos escépticos de Hume le habían despertado de su «sueño dogmático».

Antes de leer a Hume, Kant había sido un se- guidor de Leibniz a través de su maestro Christian Wolff (1679-1754). Sin embargo, Hume sacudió el «dogmatismo» leibniziano de Kant. Al igual que Pla- tón en relación con los sofistas, Kant consideró que las conclusiones de Hume socavaban la posibilidad del conocimiento humano. También al igual que Platón, Kant perseguía la verdad trascendente y no se contentaba con las verdades meramente útiles. Para recuperar la verdad, en lugar de los argumentos empíricos de Hume sobre la mente, Kant utilizó ar- gumentos metafísicos. Se dio cuenta de que la vieja metafísica especulativa sobre Dios y sobre la esencia espiritual de los seres humanos ya no era viable. Sin embargo, Kant no podía aceptar el análisis meramen- te psicológico del conocimiento que había realizado Hume, y quiso demostrar la validez del conocimiento humano al margen de cualquier hecho empírico sobre la formación de los hábitos en el ser humano. De esta forma, frente a la psicología, reafirmó la pretensión que tenía la metafísica filosófica de convertirse en el fundamento de las demás ciencias.

Al igual que Hume, Kant comenzó con el marco de referencia cartesiano básico, pero lo desarrolló de una manera muy diferente. Kant denominó phenomena al mundo de la experiencia, es decir, al mundo tal y como es percibido en el Teatro Cartesiano o mundo fenoménico. Denominó noúmena al mundo de las cosas en sí mismas. De acuerdo con casi todos los intelectuales del siglo XVIII, Kant consideró la física newtoniana como el paradigma del auténtico conocimiento humano. La ciencia descansa en las observaciones, y se contrasta por tanto necesaria- mente con la experiencia, es decir, con los fenómenos. Formulada de este modo, la cuestión del conocimiento humano de la verdad depende de la naturaleza de los fenómenos, no de la naturaleza de los noúmena. Kant investigó después cómo surgen los fenómenos en la mente, afirmando que ésta estructura necesariamen- te la experiencia de una manera universal que hace potencialmente válidas las pretensiones de verdad.

Kant pensó que la filosofía empirista había perdido el rumbo porque había hecho la suposición intuitiva natural de que los objetos externos nouménicos se imponen al entendimiento, que se amolda a ellos. El

ca

pítulo 6:

LA ILUSTRA

CIÓN: 1700-1815

155 concepto humeano de impresión expresa claramente

este supuesto, ya que en la percepción, los objetos se imponen a la mente de la misma forma en que una sortija con sello imprime su huella en la cera. Para Kant, la filosofía de Hume demostró que algo debía de haber de equivocado en el supuesto ingenuo de que la mente se amolda a los objetos, cuando este supuesto termina conduciendo al escepticis- mo. Kant volvió del revés la suposición implícita de Hume al proponer que, en lugar de ser la mente la que se amolda pasivamente a los objetos, fuesen los objetos los que se amoldasen a la mente, que impondría activamente a la experiencia categorías innatas, a priori. Por ejemplo, Hume no podía hallar justificación a la afirmación de que todos los acon- tecimientos tuvieran una causa porque las causas mismas escapaban a la observación. Kant afirmó que aunque esto es verdad en los noúmena, en los fenómenos, en el mundo que conocemos y del que se ocupa la ciencia, todos los acontecimientos tienen efectivamente una causa porque la mente impone la causalidad a la experiencia.

Se puede utilizar El Mago de Oz para ilustrar la tesis de Kant. Oz es conocida como la Ciudad Esmeralda, pero la película no revela la razón del nombre. En el libro, todos cuantos entran en Oz reciben unas gafas verdes que deben llevar puestas en todo momento. Las gafas hacen que todo tenga un tono verdoso, y por eso Oz es la Ciudad Esmeralda. Imaginemos ahora que a los ciudadanos de Oz se les implantasen al nacer unas lentes verdes en los ojos, pero que esta operación se mantuviese en secreto. Los habitantes de Oz crecerían viendo todo en tonos verdosos y llegarían naturalmente a la conclusión, en términos empiristas, de que como los objetos se imprimen en la mente, todo parece verde porque en realidad todo es verde. Nosotros sabemos, por otra parte, que las cosas les parecen verdes a los habitantes de Oz de- bido a la alteración producida en la naturaleza de sus ojos. En su caso, los objetos se amoldan a la mente porque la mente de los habitantes de Oz se impone a los objetos. Observemos, pues, que los habitantes de Oz pueden afirmar al menos una verdad que no se puede falsar en el ámbito de los fenómenos: «Todo, o sea, «cualquier fenómeno» es verde».

La idea de Kant es que la mente humana o, dicho con mayor precisión, el Yo Trascendental humano o «Yo», impone a la experiencia ciertas Categorías Trascendentales del Entendimiento, como son el espacio tridimensional, el número y la causalidad. En la acepción kantiana, trascendental significa lógico y necesario. Kant creía haber demostrado que sus categorías eran condiciones previas, lógicamente necesarias, de cualquier tipo de experiencia que cada tipo de ser consciente tuviese. Por eso, en relación con los fenómenos, con el ámbito de lo que los seres

humanos pueden conocer, podemos afirmar ciertas verdades, como que «todo acontecimiento tiene una causa» o «los objetos existen en un espacio de tres dimensiones». Quedaba así rebatido el escepticismo de Hume sobre la posibilidad de un conocimiento irrefutable. Por otra parte, Kant mantenía que algunas cuestiones, a primera vista sencillas y directas, care- cían de respuesta porque no se referían al ámbito de los fenómenos. La tan controvertida pregunta sobre la existencia de Dios es una de ellas, porque Dios existe fuera del ámbito de los fenómenos. Los argu- mentos a favor y en contra de la existencia de Dios tienen la misma validez o falta de validez. Kant no afirmó, como Hume, que como no podemos percibir a Dios, Dios no existe, sino que la existencia o no existencia de Dios es una cuestión a la que la mente humana no puede responder. Kant puso límites al escepticismo, pero no lo derrotó completamente.

Kant creyó que había demostrado la validez tras- cendental de los conceptos innatos pero, desde una perspectiva moderna, estos conceptos, si existen, son resultado de la evolución, no condiciones metafísica- mente necesarias de toda conciencia. Por tanto, la explicación kantiana es tan psicológica como la de Hume o tan fisiológica como la de Reid. Dicho con otras palabras: lo que se puede aplicar a Reid en su enfrentamiento con Hume se puede aplicar también a Kant. La diferencia fundamental entre Hume por una parte, y Reid y Kant por otra, radica en la cantidad de equipamiento innato con el que nacen los seres humanos. El veredicto de la historia es ambivalente en este punto. La teoría de Kant se ha visto apoyada por algunos hallazgos que indican que la percepción del espacio tridimensional es innata, pero ha sido cuestionada por la moderna física cuántica, donde no todos los acontecimientos tienen causa, y por la construcción de las geometrías no euclidianas, que Kant había supuesto inconcebibles. La filosofía de Kant influyó directamente sobre el psicólogo suizo Jean Piaget. Kant defendió una forma de idealismo al sostener que el mundo de la experiencia se construye a partir de las categorías trascendentales de la per- cepción. Piaget estudió el proceso mediante el cual, a lo largo de la evolución infantil, se desarrollan las categorías y la construcción de conocimiento sobre el mundo. De hecho, una de las obras de Piaget se tituló La construcción de lo real en el niño, y en otras, estudió una por una todas categorías kantianas: La representación del espacio en el niño, El desarrollo de la noción de tiempo en el niño, La génesis del número en el niño, y así sucesivamente.

KANT Y LA PSICOLOGÍA CIENTÍFICA

Es lógico que Kant tuviera poco interés por la psicolo- gía si tenemos en cuenta su desdén hacia la explica- ción psicológica del conocimiento ofrecida por Hume.

HIST

ORIA DE LA PSICOLOGÍA

156

Kant creía que la psicología definida como el estudio introspectivo de la mente no podía ser una ciencia por dos razones. En primer lugar, porque no creía que se pudiese medir cuantitativamente un número suficiente de aspectos de la conciencia como para que fuera posible elaborar ecuaciones newtonianas sobre la mente. En segundo lugar, porque de acuer- do con Kant, toda ciencia tiene dos partes: la parte empírica, que implica observación y experimentación, y la parte racional o metafísica, que comprende las bases filosóficas que justifican la aspiración de esa ciencia empírica a producir conocimientos. Kant creía haber proporcionado el fundamento metafísico de la ciencia física con su explicación de la experiencia humana en la Crítica de la razón pura. En esta obra demostraba que los supuestos básicos de la física, como la causalidad universal, eran necesariamente verdaderos en toda experiencia humana. Por eso la física es una ciencia completa.

Sin embargo, Kant sostuvo que la psicología racional es una ilusión. El objeto de la psicología racional es la sustancia pensante o alma, el «yo pienso» cartesiano. Pero no tenemos experiencia directa del alma, del Yo Trascendental. El alma no tiene contenido, es puro pensamiento y tiene sólo existencia nouménica, no fenoménica. En términos lockeanos, Kant afirmó que no hay una capacidad introspectiva de reflexión porque el yo no puede observar su propio pensamiento. Hay un yo empí- rico, claro está, que consiste en la suma total de nuestras sensaciones o contenidos mentales y que sí podemos estudiar por medio de la introspección. Sin embargo, esta psicología empírica, a diferencia de la física empírica, no puede ser una ciencia; al carecer de la parte racional correspondiente, Kant no se ocupó de ella.

No obstante, Kant sí creía en la posibilidad de una ciencia o al menos una disciplina que se ocupase del ser humano. La denominó antropología: el estudio (lógos) de los seres humanos (ánthropos). La antropo- logía de Kant era en realidad una psicología, no una antropología en sentido moderno, ya que consistía en el estudio de las facultades intelectuales, los apetitos y el carácter humanos, no en el estudio transcultural de las sociedades. Kant pronunció una serie de confe- rencias muy populares que se publicaron con el título de Antropología en sentido pragmático (1798/1974). Si la filosofía de Kant es similar a la de Reid, su Antropo- logía es similar a la psicología de Stewart, porque es completa e incluye una enumeración de las facultades. Las conferencias de Kant son accesibles y están llenas de agudas observaciones sobre el comportamiento cotidiano, así como de encantadoras e incluso diver- tidas anécdotas y de prejuicios populares. En suma, la Antropología es la psicología kantiana del sentido común, y merece alguna atención.

Kant distinguió entre una antropología fisiológica, que se ocuparía del cuerpo y de los efectos que éste ejerce sobre la mente, y una antropología pragmática, interesada en las personas como agentes moral- mente libres y ciudadanos del mundo. La división de la psicología en una rama fisiológica y una rama social, realizada posteriormente por Wundt, es similar a la que llevó a cabo Kant con su antropología. El objetivo de la antropología pragmática era mejorar el comportamiento humano, por lo que no se basaba en la metafísica de la experiencia, sino en la metafísica de la moral. Los métodos de la antropología pragmá- tica eran numerosos. En primer lugar, tenemos un cierto conocimiento introspectivo de nuestra propia mente y, por extensión, de las mentes de los demás. No obstante, Kant era consciente de los peligros de la introspección. Cuando hacemos introspección modificamos el estado de nuestra mente, de forma que lo que hallamos es artificial y de escaso valor científico; el mismo argumento es aplicable al intento de observar nuestro propio comportamiento. Kant llegó incluso al extremo de afirmar que la reflexión excesiva sobre la propia mente podría conducir a la locura. De un modo semejante, cuando observamos a los demás, si se dan cuenta de que les estamos mirando, se comportarán de forma poco natural. La antropología debería ser un estudio interdisciplinar que adoptara estos métodos, aunque utilizándolos con cautela. También debería recurrir a la historia, la biografía y la literatura para obtener información sobre la naturaleza humana.

La Antropología es una obra muy rica. En ella Kant aborda muchos temas, desde la locura, que él con- sideraba innata, hasta la naturaleza de las mujeres, que serían más débiles pero también más civilizadas que los hombres, pasando por cómo organizar una cena para filósofos. Aquí, sin embargo, sólo vamos a ocuparnos de uno de los múltiples temas tratados por Kant, ya que lo encontraremos abordado en la psicología wundtiana de forma muy parecida. Kant analizó el tema de «las ideas que tenemos sin darnos cuenta de ellas». Si examinamos nuestra conciencia, hallaremos que algunas percepciones son claras, aquellas a las que atendemos, mientras que otras son oscuras. Tal y como lo expresa Kant: «Nuestra mente es como un inmenso mapa que sólo tiene iluminados unos pocos lugares». Esta concepción de la conciencia como un campo con zonas claras y oscuras es idéntica a la de Wundt. Las ideas oscu- ras son aquellas de las que no nos damos cuenta del todo, de modo que, evidentemente, la doctrina de Kant no es la doctrina freudiana de la represión inconsciente. Sin embargo, Kant sí dice que las ideas oscuras pueden afectarnos sutilmente. Kant observa que, a menudo, juzgamos irreflexivamente a las personas por las ropas que visten, sin que

ca

pítulo 6:

LA ILUSTRA

CIÓN: 1700-1815

157 seamos conscientes de la conexión que hay entre

las ropas y nuestros sentimientos hacia la persona que las lleva. También ofrece un consejo pragmático, dirigido a los escritores, consistente en oscurecer un poco las ideas para hacer que los lectores se sientan inteligentes cuando las aclaran.

Además de su concepción sobre la conciencia, otras muchas ideas kantianas influyeron sobre Wundt, el fundador de la psicología de la conciencia. En época de Wundt ya se disponía de modos de experimentar y cuantificar la mente, por lo que él pudo mostrar que era posible una psicología empírica de carácter científico sin necesidad de un acompañante racional. Wundt pudo así abandonar completamente el Yo Trascendental que, sin embargo, pervivió aún en su sistema, si bien de forma distinta. Wundt insistió en que la apercepción dotaba de unidad a la experiencia consciente, un papel que Kant asignaba al Yo Tras- cendental. Además, Wundt, al igual que Kant, situó el pensamiento fuera del alcance de la introspección, afirmando que sólo podía ser investigado de forma indirecta por medio del estudio de las personas en sociedad, propuesta similar a la de la Antropología de Kant. La psicología de Wundt comprendía dos aspectos: el estudio introspectivo de la experiencia en el laboratorio, es decir, la psicología empírica de Kant convertida en ciencia a su pesar, y el estudio de los procesos mentales superiores a través del estudio comparado de las culturas, algo parecido a la Antropología kantiana, aunque Wundt no usara este término. Wundt también modificó la concepción kantiana de la introspección, porque para él, una buena introspección científica no consistía en un in- tenso escrutinio del alma, algo que Kant consideraba peligroso, sino tan sólo en la observación de la propia experiencia, lo cual hasta Kant encontraría viable. LA CUESTIÓN MORAL: ¿ES NATURAL LA SOCIEDAD?

El filósofo Claude Helvetius escribió en De l’esprit [Sobre el espíritu] (1758, citado por Hampson, 1982. p. 124): «En mi opinión, se debería tratar la ética de la misma forma que las demás ciencias, y se debería desarrollar una ética experimental de la misma forma que la física experimental». Este será el centro vital del Proyecto Ilustrado: encontrar el modo ideal de vida humano a través de la investigación científica, y construirlo mediante la aplicación de la tecnología científica. Sin embargo, la elaboración de una ética experimental resultó una tarea más desalentadora y peligrosa que la de la física experimental. Hobbes había abordado la naturaleza humana con espíritu científico y descubrió que los seres humanos eran criaturas depravadas y peligrosas, dispuestas a lanzarse al cuello de sus semejantes, si no fuera

por el severo control ejercido por un gobierno auto- ritario. Los pensadores franceses de la Ilustración asumieron este proyecto con la pretensión optimista de mejorar la vida de todo el mundo mediante los descubrimientos de la ciencia, pero con su revolución parecían confirmar el pesimismo de Hobbes. De la misma forma en que la epistemología científica con- dujo eventualmente a una crisis escéptica, la ética científica desembocó en una crisis moral. En Escocia, los filósofos del sentido común se enfrentaron a la crisis moral de un modo que fue especialmente im- portante para el pensamiento estadounidense. Por otra parte, al mismo tiempo que Helvetius escribía su obra De l’esprit, comenzaba a surgir una reacción contra la Ilustración.

LA ÉTICA EXPERIMENTAL: EL NATURALISMO

In document Historia de La Psicologia - Desconocido (página 174-177)

Outline

Documento similar