PARA UNA BUENA UTILIZACIÓN
C ONTABILIDAD NACIONAL Y ANÁLISIS ECONÓMICO
1.3 LAS GRANDES OPCIONES MACROECONÓMICAS DEL SCN
El circuito que acabamos de esbozar lleva en sí una gran parte de la historia del pensamiento económico occidental. Ya Quesnay y los fisiócratas tenían la idea de un circuito para representar la economía nacional, alimentado por el valor creado duran- te el período estudiado. Sin embargo, se proponía una definición diferente de los agentes, y el ingreso distribuido se limitaba sólo a la contrapartida de la producción agrícola. Pero la idea estaba lanzada y comenzaba su camino; actualmente, todo el mundo se vuelve a encontrar con la idea de representar la economía por medio de un circuito.
Un primer esbozo de la contabilidad nacional moderna vio el día en la Unión Soviética, con la implementación de los balances de materiales. Pero con el pensa- miento keynesiano fue como este enfoque adquirió toda su importancia y cuando la contabilidad nacional hace realmente su aparición. Para Keynes, en efecto, es posible intervenir para modificar el curso de la historia económica de un país, y esa tarea le corresponde al Estado. En consecuencia, éste debe disponer de una información que le permita evaluar la manera de intervenir y juzgar los efectos de su intervención6.
Aun cuando la mayor parte de los economistas está de acuerdo actualmente en que el modelo keynesiano ya no aporta por sí solo las soluciones que los gobier-
6. Sobre los orígenes de la contabilidad nacional, podemos remitirnos a Introduction à la comptabilité nationale de Oleg Arkhipoff, ed. Ellipses, París, 1995.
nos necesitan para superar las contradicciones económicas a las que se enfren- tan, ninguna teoría lo suficientemente creíble ha tomado el relevo para explicar las causas, y todavía menos para proponer los medios de superarlas. Por eso la manera de interpretar la economía introducida por Keynes se ha mantenido; y se la conserva como fuente de inspiración para el sistema de contabilidad nacional propuesto por las Naciones Unidas, aun cuando esa inspiración haya sido luego completada.
En este contexto de la historia económica es donde hay que comprender los con- ceptos y definiciones utilizados para construir el SCN.
Constatemos en primer lugar tres características importantes del circuito, tal como fue propuesto:
– el lugar acordado al reparto del ingreso entre consumo y ahorro, – el lugar que se da al equilibrio del mercado,
– la articulación entre flujos y stocks.
El ingreso constituye un punto de referencia esencial del sistema; él es quien hace allí de “fluido”. Su medición está dada por la producción, y más exactamente por el producto de la venta de los bienes y servicios que la componen. En efecto, es su precio de venta lo que está en el origen del ingreso extraído de toda producción. Así, utilizando el precio de mercado para valorizar la producción, se alcanza simultánea- mente un doble objetivo:
– medir el ingreso generado,
– disponer de un equivalente general que permite agregar la producción7.
Por convención se extiende esta medición a los productos no de mercado, atribu- yéndoles, si es posible, el precio que el mercado les acordaría; y, a falta de él, se utiliza el precio de costo.
Otra decisión importante: la extensión que se da a la producción. Esta decisión no determina solamente el ingreso generado, sino que también caracteriza los pro- ductos (los puestos a la venta en el mercado) y determina los factores (trabajo y capital fijo) que se van a poner en juego para realizar esa producción. Estas diver- sas consecuencias han llevado a elegir una definición ampliada de la producción, sin por eso abrirla a los espacios que escapan a las posibilidades de intervención del poder del Estado.
En consecuencia, una actividad es considerada como productora desde el mo- mento en que aparece uno de los siguientes elementos en su ejercicio:
– uso de una fuerza de trabajo remunerada,
– utilización de bienes considerados como soporte del patrimonio de la nación (ca- pital fijo),
– creación de bienes o servicios que puedan ser intercambiados en el mercado. En la práctica, tal definición se concretiza por medio de una clasificación de bienes y servicios. Encontramos allí en particular todos los bienes (incluso los pro- ducidos por cuenta propia, considerados como no de mercado), los servicios comer- cializados (incluso los suministrados por los bancos y las compañías de seguros), el alquiler de viviendas (aun cuando estén ocupadas por sus propietarios) y, finalmente, los servicios no de mercado brindados por las administraciones públicas o privadas. La contabilidad nacional tiene por objeto resaltar los comportamientos de los agentes económicos. Conforme a la teoría keynesiana, se privilegia la distribución entre productores y consumidores; esta distribución es la que permite la interpreta- ción de los comportamientos relativos a los ingresos. En cuanto a la definición de los agentes, la teoría privilegia la capacidad de tener un patrimonio; éste es, en efecto, el enfoque más apropiado para llevar a cabo los análisis sobre la apropiación de los ingresos y sobre la acumulación patrimonial; esto nos lleva a la definición de los sectores institucionales. Pero tal agrupamiento no conviene para algunos de los aná- lisis que se hacen sobre la producción; se le da entonces preferencia a un enfoque por industria (con referencia al análisis de entradas/salidas preconizado por Leontief).
Debe darse un límite preciso a la economía nacional. El SCN propone una definición que toma en cuenta la realidad económica: se elige la noción de residencia, con prefe- rencia a la de nacionalidad. En consecuencia, forma parte de la economía nacional todo agente presente de manera habitual en el territorio económico, cualquiera sea su nacio- nalidad. En cuanto al territorio económico, se le define en función del espacio sobre el cual el Estado pretende llevar a cabo una política económica homogénea.
La medición de un flujo se hace tomando un período de tiempo como referencia. Es el año lo que generalmente se elige8; frecuentemente el año civil, pero algunos países pueden tener otra referencia, la del presupuesto, por ejemplo, que en ese caso se impone a los contables nacionales. Además, el análisis se inscribe en el tiempo (hay que comparar varios años para hacer aparecer la existencia de comportamientos significativos). El establecimiento de una serie de cuentas para varios años es, enton- ces, necesario; y con el fin de hacer posible la comparación a través del tiempo, a pesar de la deformación de los precios, se recomienda elaborar cuentas a precios constantes.
8. Muchos países elaboran también cuentas trimestrales. La elaboración de éstas supone una metodología particular que no es mencionada en este libro. Una presentación rápida se hace en Iniciation pratique à la comptabilité nationale, de J.E. Chapron y M. Séruzier, 3ª edición, Masson, París, 1984.