PARA UNA BUENA UTILIZACIÓN
C ONTABILIDAD NACIONAL Y ANÁLISIS ECONÓMICO
1.7 LO QUE MIDE LA CONTABILIDAD NACIONAL
1.7.1 Lo que teóricamente mide la contabilidad nacional
La contabilidad nacional aprehende la traza monetaria de la economía de un país, y hace de ella una presentación integrada, utilizando un esquema contable generalizado. La palabra “traza” debe tomarse aquí en su sentido matemático: se trata del con- junto de magnitudes monetarias asociadas a todo lo que constituye la vida económi- ca de un país. Esta traza puede ser directa: se dispone, para un fenómeno dado, de datos monetarios provenientes de transacciones realizadas; pero también se pueden buscar trazas indirectas: composición de elementos monetarios disponibles (por ejem- plo, el costo de los factores para medir la producción no de mercado) o indicadores (utilizar un precio del mercado para el autoconsumo).
El concepto de “ingreso” es el que asegura la coherencia de todas estas magnitu- des monetarias, ya que el precio de mercado utilizado como referencia es la manifes- tación de las transferencias de valor que se producen entre agentes económicos: transferencias propiamente dichas o cesiones de bienes o servicios. En efecto, el precio de mercado fundamenta el ingreso que genera el producto vendido. En cuanto al ingreso en su conjunto, sólo proviene de la producción.
Por extensión, el patrimonio se mide también con el valor que le atribuye el mer- cado. Su variación resulta entonces de dos elementos:
– el aumento que proviene del ahorro logrado durante el período (es decir, la parte no consumida del ingreso);
– la variación del valor de mercado de los bienes de capital y de los títulos financie- ros heredados del pasado.
La medición propuesta para los flujos corresponde al acumulado simple, en un período dado, de los valores monetarios asociados a cada acontecimiento elemental. Para ser posible, este acumulado (o agregado) requiere el uso de clasificaciones. Eso permite clasificar los flujos según su naturaleza o su función económica. Ahora bien, esta clasificación se realiza desde la implementación de la recolección estadística.
Y por eso es importante mencionar desde ya una restricción que pesa fuertemente sobre los usuarios de las cuentas: los agrupamientos elementales utilizados por los estadísticos se imponen a todos, comenzando por los contables nacionales. A su vez, éstos encierran sus datos en las clasificaciones previstas por el sistema. Y, finalmen- te, esos agrupamientos resultan ser muy restrictivos para el análisis. Ciertamente, pueden imaginarse agrupamientos diferentes, pero a condición de poder acceder a los documentos de trabajo que contienen la información a un nivel más detallado.
Estos comentarios brindan una visión de los principales marcos conceptuales utiliza- dos para este tipo de medición. Pero esto sigue siendo muy teórico. Entonces, para dar al discurso un giro más concreto, nos ha parecido preferible interesarnos más especialmente en la medición que permite el producto interno bruto (PIB). Este agregado es, en efecto, el
más conocido, y es el más representativo de la contabilidad nacional. Se encuentra en el cruce de todas las grandes definiciones que caracterizan el sistema, y da una medida del ingreso que la nación genera con su producción. Por eso los comentarios referidos a él pueden ser transpuestos a los otros agregados propuestos por el sistema.
Para llevar a cabo este análisis es preferible distinguir lo que tiene que ver con la definición del agregado y lo que se refiere a su valoración monetaria.
a. Los límites de la producción
Esta cuestión de los límites de la producción, y del PIB relacionado con ella, es un
viejo debate. Se trata, en realidad, de saber qué extensión dar al concepto de produc- ción. Y según la respuesta que se dé, el ingreso obtenido por la economía nacional no es el mismo. El SCN aborda la cuestión frontalmente, y propone algunas justificacio-
nes para explicar la elección hecha para el marco central21. En realidad, ningún argu- mento puede imponerse para preferir una u otra extensión de este concepto. Según los análisis considerados, o en función de la posición ocupada por el usuario, pueden preferirse límites diferentes. Y, por otra parte, esto es así porque en el capítulo dedi- cado a las cuentas satélite se ha propuesto explícitamente construir cuentas basadas en otras definiciones. Entonces, pretender que los límites elegidos no son apropiados
sería hacerle un juego sucio al sistema. Pero hay que saber que una buena presenta- ción del cuadro de oferta y utilización (COU) puede ayudar a la medición de un PIB de límites más restringidos. Para una ampliación (por ejemplo, a la economía domésti- ca) se requieren, en cambio, trabajos complementarios.
Por otro lado, es importante señalar que el nivel del PIB, para una definición dada,
depende también de la organización social elegida para el ejercicio de las actividades consideradas. Así, según que una actividad sea o no considerada de mercado, el modo de valoración elegido no es el mismo. Y en un país marcado por una gran desigualdad social, la parte del trabajo doméstico que está en relación con la produc- ción es más importante, pues se recurre más a personal remunerado.
b. La representación monetaria del PIB
La producción está constituida de múltiples bienes y servicios sin relación entre sí; las cifras que se les pueden asociar (cantidad unitaria, peso, etc.) son heterogéneas; hacer con ellas una agregación directa no tiene sentido. Sólo el uso de un equivalente general permite hacerlas homogéneas. Al proceder así, no se hace sino introducir una relación de orden entre todos los productos. Y eso es lo que permite la adopción de los precios de mercado para medirlos22. A partir de ahí la agregación es posible.
Pero hay que adquirir todavía conciencia de la relación de orden así introducida. Por los precios de mercado, los productos se posicionan entre sí sobre la base de su valor de cambio. Ahora bien, los economistas reconocen otras dos relaciones de or- den interesantes para desarrollar sus análisis:
– la cantidad de factores necesarios para la producción del producto, – su valor de uso.
En el caso teórico de un mercado perfecto, un equilibrio competitivo se establece en torno a un sistema de precios que permite la igualdad entre la oferta y la demanda. Y se demuestra que esos precios de equilibrio se establecen de tal manera que corres- ponden a los costos marginales de los factores necesarios para la producción de los productos. Si ése es el caso, los precios de mercado proponen una relación de orden idéntica a la suministrada por los factores necesarios para la producción de los pro- ductos23.
Por el contrario, se ha demostrado (teorema de Arrow)24que no existe valor de uso macroeconómico resultante de la suma de las preferencias expresadas por cada
22. Este problema teórico se desarrolla en el anexo al capítulo 14 de esta obra, al mismo tiempo que las otras cuestiones planteada por los precios y su variación.
23. Sobre este tema se puede consultar L’économie néo-classique de B. Guerrin, La Découverte, París, 1989. 24. O. Arkhipoff presenta el estado de la cuestión en las Collections de l’Insee, nº C41, pp. 43-47, París, 1976.
consumidor: no se puede establecer una relación de orden colectivo sólo a partir de las preferencias individuales. A lo sumo puede constituirse una a partir de la consta- tación de los comportamientos colectivos de consumo, que correspondería a una suerte de utilidad social de los productos (su valor de uso); se demuestra entonces que, en el caso de un mercado perfecto, el sistema de los precios puede constituir esa relación de orden.
Pero esta referencia al mercado perfecto, si bien es confortable para el teórico, resulta ser inoperante en la práctica, ya que el mercado perfecto no existe de ninguna manera. En consecuencia, la medición del PIB es la expresión del orden que el merca-
do atribuye a los productos; pero no es utilizable como tal para medir una productivi- dad (que requiere una relación de orden basada en la utilización de los factores) o una utilidad social (que supondría tomar el valor de uso colectivo como referencia). A pesar de todo, el PIB es utilizado para tales mediciones; se trata necesariamente de
aproximaciones que son tanto menos fiables en la medida en que existen distorsiones entre esas diferentes relaciones de orden.
Además, existen casos en los cuales la situación económica es tal, que ni siquiera se cumplen las condiciones para que los precios de mercado constituyan un equi- valente homogéneo desde el punto de vista del valor de cambio: inflación, mercados fragmentados, una producción importante que escapa al mercado, etc. Estas fallas de la medición se analizan en el párrafo siguiente (sección 1.7.2).
Cuando el mercado no existe: incluso en el caso de una economía de mercado, una parte de los productos que forman parte de la producción no dan lugar a una comercialización:
• porque son de tipo no mercantil (servicios colectivos), • porque son ofrecidos a título gratuito (salud, educación, etc.), • porque no son comercializados por el productor.
Para integrar estos productos en el cálculo del PIB, es necesario atribuirles el equi-
valente de un precio. Diversas soluciones son matemáticamente posibles. Pero debe darse la preferencia a la que introduce la relación de orden más compatible con la propuesta por los precios de mercado.
c. Hacer comparaciones
Uno de los objetivos de la contabilidad nacional es permitir comparaciones: – en el tiempo, lo que permite particularmente medir el crecimiento; – en el espacio: se trata en este caso de comparar los países entre sí.
Exclusivamente desde el punto de vista teórico, para que tal comparación sea posible, se requieren dos condiciones:
– que los límites asignados a la producción sean los mismos;
– que se utilice un único “vector de precios” para medir la producción de las dos situaciones que se van a comparar.
Entonces, la comparación temporal dentro de una serie homogénea de cuentas nacionales es posible utilizando los precios de un año de referencia: es el método de las cuentas a precios constantes. Sólo hay que saber que los resultados serán diferen- tes según el año que se tome como referencia (pues el vector de precios se modifica de un año a otro).
Las comparaciones entre países presentan más dificultades. En principio, habría que utilizar el mismo “vector de precios” para valorizar sus producciones respecti- vas; pero aun así, la comparación seguiría siendo poco satisfactoria, pues las diferen- cias técnicas y culturales en la manera de vivir suponen relaciones de orden diferentes entre los productos (la energía no tiene la misma utilidad en Suecia que en Italia; no es posible comparar los hábitos alimentarios de Francia y Japón).
Por tanto, hay que rechazar las comparaciones que se contentan con transponer los PIB a una moneda de referencia (el dólar, por ejemplo), por medio del tipo de
cambio del momento. Ésta es, sin embargo, la práctica todavía más corriente. Pero se requieren métodos más sofisticados, que tengan en cuenta las paridades del poder de compra25.
d. PIB y nivel de vida
Es frecuente utilizar el PIB como indicador del nivel de vida de un país; se com- paran los PIBper cápita entre los países; o, incluso, se considera el crecimiento
en volumen de este agregado como un progreso social. Las reflexiones anteriores muestran los peligros posibles de ese tipo de uso. Ciertamente, se trata de un indicador que puede tener una cierta validez; pero no es eso lo que mide el PIB.
Más precisamente, hay que insistir en el hecho de que el PIB no es la medida del nivel
de vida, es decir, de la utilidad social de la producción (o incluso de un bienestar colectivo)26.
En el caso de un mercado imperfecto, que es el destino de todas las economías reales, el PIB sólo puede medir dos cosas:
– el orden que le da el mercado a los productos; – el ingreso generado por la venta de la producción.
25. Puede encontrarse una presentación resumida de los métodos actualmente propuestos en: “Les parités de pouvoir d’achat”, de P. Pauriche, en Courrier des Statistiques nº 64, INSEE, París, 1964.
Para mostrar la distancia que puede existir entre variaciones del PIB y nivel de
vida, proponemos tres ejemplos; para facilitar la comprensión de los problemas, se trata de ejemplos expresamente simplistas, cuyos efectos inducidos se ignoran.
Ejemplo 1
Consideremos un país cuyo territorio está compuesto de dos islas distantes algunos kilómetros; una parte importante de la producción corresponde a los costos de trans- porte por barco entre las dos partes del territorio. Se emprende la construcción de un puente. El PIB crece como consecuencia del costo de esta construcción. El año en que
el puente se pone en servicio (sin peaje, ya que el riesgo de saturación todavía no existe) el PIB disminuye por dos razones:
– el cese de los trabajos de construcción, – la desaparición de los transportes por barco.
Esto corresponde a una reducción del trabajo realizado; una redistribución del trabajo podría traducirse en un crecimiento del tiempo libre de cada uno. La caída del
PIB coincidiría entonces con una mejora general de las condiciones de vida (transpor-
te más fácil y más tiempo libre).
Ejemplo 2
Consideremos un país donde los hombres de leyes (abogados, escribanos, etc.) son poderosos. Ellos logran establecer una ley que hace obligatoria su intervención para todo acto válido en la justicia o la administración. Resulta de esto un crecimiento del
PIB, pero ¿se trata de un crecimiento del bienestar general?
Ejemplo 3
Consideremos un país productor de una materia prima agrícola cuya cotización se derrumba de un año a otro. Con los ingresos provenientes de la exportación de esta materia prima el país importa una parte de los bienes necesarios para su consumo final, sin asumir el riesgo de un endeudamiento. Todos los demás precios se mantie- nen sin cambio. Con cifras, esto puede representarse de la manera siguiente:
Valor año n Índice Año n+1 Índice Año n+1 de volumen Precio n de precios Precio n+1
Producción 200 110,0 220 72,7 160
Importaciones 100 60,0 60 100,0 60
CF 200 80,0 160 100,0 160
Así, el PIB registra un alza en volumen del 10%, debido al esfuerzo emprendido
para incrementar el volumen de las exportaciones como compensación de la caída de la cotización. Pero, al mismo tiempo, el consumo final baja un 20% en volumen, sin que los precios se hayan modificado.