cualquier sistema matemático que se idee, encerrará verdades inde- mostrables, que no pueden identifi- carse como verdades. Habrá afirma- ciones verdaderas que no puedan verificarse ni demostrarse que son ciertas. La clonación y la teletrans- portación también son consideradas aquí.
Apasionante resulta la lectura de los apartados que dedica a la cien- cia y a la existencia de un conoci- miento al margen de la realidad fí-
sica, algo que ya manejaban los pi- tagóricos. Y se pregunta si el ahora existe en el cerebro o solo en la mente. Lógicamente, su análisis se detiene necesariamente en el fisica- lismo, que afirma que las observa- ciones no cuantificables son ilusio- nes; a lo que Muller contrapone que no todo requiere ser verificado em- píricamente, pero podemos verificar sus consecuencias. Dice: “La cien- cia dice que no tenemos libre albe- drío. Tonterías. Esa afirmación está inspirada en la física, pero no tiene justificación en física”. Aborda, también, el problema de Dios, estu- diando con más detenimiento los planteamientos de Dawkins; aunque reconoce que los fisicalistas tienen una razón práctica para negar el co- nocimiento no físico, pues, una vez que se admite, se abren las puertas al espiritismo, la pseudociencia y a la religión.
Repetidas veces se ha referido el autor al tema del libre albedrío y ahora lo aborda en mayor profundi-
Gerd Altmann.
Arranca con el
teorema de
Gödel, que reza
que todas las
teorías
matemáticas son
incompletas, lo
que significa que
cualquier sistema
matemático que
se idee, encerrará
verdades
indemostrables,
que no pueden
identificarse
como verdades.
ximo a ellos es mucho más extraño de lo que la gente se imagina. Por ejemplo, no atraen ni absorben, sino que se puede orbitar a su alrededor igual que lo haría en torno a cual- quier otra masa. Es más, afirma: “no ha habido tiempo suficiente (desde nuestro sistema referencial propio) para que la materia caiga en la distancia infinita que caracteriza un auténtico agujero negro”. Abor- da Muller, también, el asunto de los agujeros de gusano, negando que el hecho de atravesar uno de ellos per- mita viajar hacia atrás en el tiempo. Con lo que pasa a la segunda parte de su obra, Flecha rota, a fin de tra- tar por qué el tiempo fluye hacia adelante en lugar de hacia atrás. La flecha del tiempo
Este tema, el de la flecha del tiempo, la llama el autor flecha de confusión. Analiza con detenimien- to la propuesta de Eddignton, que postulaba que un incremento de la entropía explica por qué el tiempo corre hacia adelante. Nos dice, des- de el inicio, que “el tiempo no solo es una cuarta dimensión del espa- cio. Es intrínsecamente distinto: avanza. Además, el pasado es muy distinto del futuro”.
Por supuesto, para destripar la pro- puesta de Eddington hay que pro- fundizar en el conocimiento de la entropía, que Muller pretende des- mitificar mediante sus planteamien- tos de la entropía del flujo de calor y la entropía de mezcla, para desembocar en lo desconcertante que es y, por supuesto, en la física cuántica. Y se pregunta: “la entro- pía aumenta. El tiempo progresa. ¿Están correlacionados, o hay una relación causa-efecto?” Desde lue- go, para Eddington, el tiempo se mueve hacia adelante porque nues- tro estado actual es altamente im- probable, lo que deja mucho mar- gen a la entropía.
Para que aumente la entropía, como requería Eddington, el universo ac- tual tiene que tener una entropía
baja. Aquí Muller se detiene en los estudios de Georges Lamaître y de Hubble, que parecen apuntar a que el Big Bang no fue una expansión de materia en el espacio, sino la ex- pansión del propio espacio. ¿Existía antes del Big Bang el espacio? El autor se inclina por la negación, pero no tiene respuesta para la pre- gunta de dónde salió, sino que se podría asumir que “allí” hay una quinta dimensión desconocida por el humano.
El espacio no es un vacío, sino como una substancia no material, sino algo más fundamental que vi- bra de muy diversos modos: en for- ma de materia o de energía. “La creación de espacio es lo que hizo posible la materia. Antes de la crea- ción del espacio no existía ninguna de las cosas que creemos ‘reales’”, nos dice Muller, aunque reconoce que estas ideas no forman parte de la ciencia, sino que son fruto de las meditaciones de un científico.
El universo entra en erupción, titula a su análisis de la naturaleza del Big-Bang. En él, recorre el princi- pio cosmológico, según el cual el universo es homogéneo, que consi- dera erróneo, así como el descubri- miento del fondo de microondas de la explosión inicial, sin el cual toda la teoría del Big Bang habría sido refutada. Se lanza a la búsqueda del principio del tiempo, una búsqueda que nos ha llevado, si no al princi- pio, sí a tan solo medio millón de
años después del principio, lo que nos ha permitido vernos como éra- mos, cómo era el universo, hace al- gunos miles de millones de años.
Y, sabiendo lo que ocurrió hace ca- torce mil millones de años, ¿qué se puede decir sobre los próximos cien mil millones de años? ¿Se seguirá así hasta el infinito o se producirá un Big Crunch? Esto lleva a Muller a ir ahora en busca del final del tiempo. Recorre el descubrimiento de que la expansión del universo se acelera, con lo que descarta el Big Crunch: “El espacio continúa para siempre, igual que el tiempo a me- nos que, por supuesto, quede otro fenómeno por descubrir”. No pasa por alto el error de Einstein en rela- ción con su constante cosmológica y se detiene en la teoría de la infla- ción o de la creación de espacio in- termedio entre puntos inmensamen- te alejados.
No soslaya sus reparos a la teoría de Eddington sobre la entropía como causa de la flecha del tiempo, ya que, a medida que el universo se expande, las microondas llenan más espacio, pero pierden energía, con el resultado de que su entropía per- manece constante. Y llega hasta la partícula divina, el bosson de Higgs. Entonces, si la entropía no establece la flecha del tiempo, ¿qué lo hace? Ha habido varias alternati- vas: la flecha del agujero negro, la flecha asimétrica del tiempo, la de la causalidad, la de la radiación, la
psicológica, la antrópica, la cuánti- ca o la cosmológica. Todas ellas son objeto de análisis por parte de Muller. De su análisis se desprende la necesidad de profundizar en la fí- sica cuántica, lo que en la tercera parte de su obra titula Física horri- pilante.
Física cuántica
Se trata, como dice el autor, de una introducción a la física cuántica empezando por el ejemplo más ab- surdo y más conocido, el del gato de Schrödinger, a raíz del cual desarrolla el concepto de medición y la que se ha dado en llamar la in- terpretación de Copenhague, finali- zando este apartado con la idea de que la teoría cuántica vulnera la re- latividad.
Muller aborda, como no podía der de otra manera, la misteriosa cues- tión de la medición y lo mal que se puede probar la función de onda cuántica, asunto ya planteado por Einstein cuando sugirió la dualidad de la onda-partícula, lo que le lleva a desarrollar el principio de incerti- dumbre de Heisemberg, la longitud de Planck, el caos y su incertidum- bre. Y comenta: “Toda teoría escri- ta sobre estos temas no pasa de ser una especulación fantasiosa. No es así como se desarrolló la física en el pasado. Puede que haya muchas fuerzas adicionales detrás de las cuatro fuerzas tradicionales (la electromagnética, la nuclear, la de la radioactividad, llamada también fuerza débil, y la gravedad”. Lo que sí parece tener claro es que algo causa el colapso de la función de onda mucho antes de que nos llegue a nosotros, pero que no sabe lo que es.
Einstein se equivocó en lo referido a la física cuántica. Pensaba que el electrón tiene en todo momento una posición real pero oculta y que la física cuántica, simplemente, no sa- bía lo que era. Estudia Muller este planteamiento y desemboca en el entrelazamiento, que acaba con esa
variable oculta; más allá, piensa que toda la física, incluida la cuán- tica, y toda la ciencia son funda- mentalmente incompletas, algo que aborda detenidamente más adelan- te. Pero sí profundiza en la compu- tación cuántica, para la que no de- muestra mucho optimismo.
Otro importante apartado es el que dedica a la observación del viaje hacia atrás en el tiempo. Feynman y su postulado de que un positrón es un electrón que recorre ese trayecto inverso ocupan varias páginas del libro; aunque se muestra poco re- ceptivo a la idea de que el ser hu- mano pueda hacerlo, ya que, se pre- gunta, de qué vale discurrir hacia el pasado si no se pueden cambiar las cosas; además, si todo en el futuro y en el pasado está determinado de antemano, ¿qué utilidad tiene ese viaje? Y concluye que, quizás, al- gún día alguien funde una religión basada en la idea de Wheeler: al morir, el alma vuelve hacia atrás en el tiempo, se dispersa y se convierte en un alma que se mueve hacia ade- lante en otra persona; tal vez haya una sola alma en el universo, con lo que adquiere valor la regla de oro, cualquier cosa que hagamos a los demás nos la hacemos a nosotros mismos.
Se llega, así, a la cuarta parte de la obra, Física y realidad, en la que se profundiza en las limitaciones de la física y del fisicalismo. Arranca con el teorema de Gödel, que reza que todas las teorías matemáticas son incompletas, lo que significa que cualquier sistema matemático que se idee, encerrará verdades inde- mostrables, que no pueden identifi- carse como verdades. Habrá afirma- ciones verdaderas que no puedan verificarse ni demostrarse que son ciertas. La clonación y la teletrans- portación también son consideradas aquí.
Apasionante resulta la lectura de los apartados que dedica a la cien- cia y a la existencia de un conoci- miento al margen de la realidad fí-
sica, algo que ya manejaban los pi- tagóricos. Y se pregunta si el ahora existe en el cerebro o solo en la mente. Lógicamente, su análisis se detiene necesariamente en el fisica- lismo, que afirma que las observa- ciones no cuantificables son ilusio- nes; a lo que Muller contrapone que no todo requiere ser verificado em- píricamente, pero podemos verificar sus consecuencias. Dice: “La cien- cia dice que no tenemos libre albe- drío. Tonterías. Esa afirmación está inspirada en la física, pero no tiene justificación en física”. Aborda, también, el problema de Dios, estu- diando con más detenimiento los planteamientos de Dawkins; aunque reconoce que los fisicalistas tienen una razón práctica para negar el co- nocimiento no físico, pues, una vez que se admite, se abren las puertas al espiritismo, la pseudociencia y a la religión.
Repetidas veces se ha referido el autor al tema del libre albedrío y ahora lo aborda en mayor profundi-
Gerd Altmann.
Arranca con el
teorema de
Gödel, que reza
que todas las
teorías
matemáticas son
incompletas, lo
que significa que
cualquier sistema
matemático que
se idee, encerrará
verdades
indemostrables,
que no pueden
identificarse
como verdades.
dad. Piensa que él lo tiene, pero no está totalmente seguro, porque aun- que no podemos llegar a la conclu- sión de que existe, no hay nada en la ciencia que lo excluya. Y esto, naturalmente, lo lleva a tratar el tema de la ética y de su fundamento.
El Ahora
Todo el camino recorrido hasta aquí nos conduce hasta la quinta y última parte del libro, que toma su título del que figura en su cubierta: Ahora. Propone Muller que, a la par que el Big Bang crea nuevo espacio, crea también nuevo tiempo y ese nuevo tiempo es la clave del ahora. Siendo verdad que el Big Bang es una explosión del espacio en tres dimensiones, una asunción más razonable, más próxima al es- píritu de la unificación espacio- tiempo, es que es una explosión del espacio-tiempo en dimensión 4.
A cada momento, el universo se agranda un poco más y hay un poco más de tiempo, siendo ese filo rec- tor del tiempo lo que llamamos el ahora. El futuro no existe aún, se está creando; el ahora está en la frontera, en la vanguardia, es nuevo tiempo que sale de la nada, filo rec- tor del tiempo. Pero no todos los ahora son simultáneos en todo el universo.
El tiempo, pues, está vinculado al espacio-tiempo, es su cuarta dimen- sión y, por lo tanto, cabe esperar que si aquel, el espacio-tiempo, se acelera, también lo haga el tiempo. Y por fluir del tiempo se entiende la continua adición de nuevos momen- tos, que nos confieren el sentido de que se mueve hacia adelante en una continua creación de ahoras.
Y este capítulo se cierra con una profundización en sus críticas al fi- sicalismo, al análisis de la empatía y al libre albedrío.
La obra culmina con una serie de apéndices, su mayoría dedicados a exponer fórmulas y ecuaciones que fundamenten los contenidos del li- bro, destinados a lectores con ma- yores conocimientos en estas mate- rias. Así, el primero está dedicado a la matemática de la relatividad, el segundo a tiempo y energía, el ter- cero a demostrar la irracionalidad de la raíz cuadrada de 2, y el quinto a la matemática de la incertidum- bre. El apéndice cuarto es una espe- cie de poema sobre la creación, mientras que el sexto y último abor- da el tema de la física y Dios.
En este último apéndice no elude aportar su opinión sobre el particu- lar; quizá, se pueda resumir con es- tas líneas del texto: “¿Por qué hubo un Big Bang? Hay quien ha invoca- do el principio antrópico y otros in- vocan a Dios. No veo una respuesta clara. Si hubiera Dios, ello no da respuesta a la pregunta de si merece la pena adorar al Dios creador. ¿Ve- neramos a un Ser Supremo solo porque dispuso unas ecuaciones fí-
sicas y prendió la mecha? Yo no. Si adoro, adoro al Dios que se preocu- pa por mí y me da fuerza espiritual”.
Nos hallamos frente a un libro muy interesante. Aborda y nos pone al día sobre los problemas de la cos- mología y de la física y lo hace con gran maestría y un considerable es- fuerzo por hacer inteligibles cues- tiones que no son fácilmente accesi- bles a quienes no están habituados a moverse en terrenos de fórmulas matemáticas y ecuaciones; y no rehúye el aportar las fórmulas que son necesarias por vía de un apéndi- ce destinado a quienes están más habituados a recorrer estos sende- ros. Por otro lado, va más allá de la física, la meta-física, exponiendo conclusiones ya fuera de los límites de lo cuantificable para entrar en te- rrenos filosóficos; y lo hace con sencillez y humildad, reconociendo las fronteras hasta las que puede lle- gar, dejando un amplio campo de opciones para que el lector pueda optar por las que considere más fundamentadas.
En un rápido esbozo, podemos re- sumir algunas de las ideas que dis- curren por la obra, al margen de lo relacionado con el tiempo y el aho- ra: 1. La existencia del libre albe- drío, con las consecuencias que tie- ne en los campos de la moral y la fundamentación ética; 2. Reconocer los límites del fisicalismo, abriendo la vía a la existencia de realidades no mensurables; 3. La existencia de un “alma”, no en sentido religioso, sino como algo que trasciende la realidad física. 4. Enfrentarse a las últimas preguntas, Dios o el sentido.
No es un libro religioso, evidente- mente. Pero no cabe duda de que ofrece unas bases sólidas sobre las que asentar una postura con una ro- busta base conceptual. R