EN EL PRESENTE CAPÍTULO pretendo
realizar un análisis pluridimensional de una de las frases más conocidas, para- digmáticas y características del Qohe- leth: “¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol”[51]. Es obvio que la afirmación de que “nada hay nuevo de bajo del sol” resulta difícil de asumir cuando se la considera desde el punto de vista de los avances científi- cotecnológicos que el desarrollo de la teoría del conocimiento, o lo que so- ciológicamente denominamos civiliza- ción, ha puesto a disposición de los se- res humanos. Distinta consideración sería aquella que abordase la cuestión que yo voy a plantear desde la visión de la filosofía, de la psicología y, de manera más concreta y precisa, desde
los ámbitos de una investigación teoló- gica enjundiosa y seria.
En los últimos tiempos, y sobre todo en diversos medios de comunicación social, esta aseveración salomónica ha sido sacada a colación y presentada como interrogante a algunas de las mentes más preclaras y con una erudi- ción científica de la mayor credibilidad: filósofos, físicos, biólogos, etc.
En realidad, la afirmación del autor del Eclesiastés ha venido siendo cuestiona- da desde que, en el siglo XVI, comen- zó lo que se puede considerar como el inicio de la época científica en la histo- ria humana. Hoy en día, esta máxima se considera superada, desfasada y ob- soleta. Son muchos los que piensan que sólo la más crasa ignorancia puede seguir manteniendo un presupuesto fi- losófico o científico semejante. Pero
quienes dejan discurrir su pensa- miento por estos derroteros, están olvidando la Historia, la realidad de la estructura y el fundamento cós- mico del Universo, el sistema que mantiene el equilibrio ecológico de la Tierra y que constituye el funda- mento biológico de la vida, así como la realidad antropológica, anímica y pneumática que se devie- ne en el corazón de los seres huma- nos.
En su libro, el autor se interroga a sí mismo y a los demás de la si- guiente manera: “¿Hay algo de lo que se pueda decir: He aquí esto es nuevo?”; y la respuesta a su propio planteamiento es radical y lapida- ria: “Ya fue en los siglos que nos han precedido”[52].
Para poder hacer un análisis correc- to de la frase y nada hay nuevo de- bajo del sol, desde el punto de vista científico y teológico, es necesario tener en cuenta una cuestión funda- mental: Tanto desde el punto de vista teológico como científico, para verificar la verdad de una afir- mación es necesario tomar en con- sideración dos principios básicos. El primero es tomar en cuenta el contexto teológico o científiconatu- ral en que la aseveración se encuen- tra; y el segundo, considerar el fon- do doctrinal científico o teológico que está más allá de la cuestión puntual que se plantea. Creo que re- sulta evidente que el análisis cientí- fico –ya sea en el campo de la Teo- logía o en el de la Ciencia– debe de responder al método epistemológi- co que mantiene que una parte siempre debe de ser vista y anali- zada a la luz del todo; y nunca se debe de proceder a una extrapola- ción de la misma para presentar una conclusión instrumentalizada al ser- vicio de determinados prejuicios o intereses ideológicos concretos.
Cuando se nos quiere hacer enten- der que sí, que hay cosas nuevas debajo del sol, no se puede recurrir al resultado de la aplicación al cam- po de la tecnología de principios científicos descubiertos. No es ne- cesario ser un pensador digno de re- cibir el premio Nobel para entender que los descubrimientos científicos, desde los más sencillos y elementa- les hasta los más grandiosos y tras- cendentes, son sólo eso: descubri- mientos. Dicho de otra manera: la investigación fundamentada en el método científico más exigente y ri- guroso sólo puede aspirar, en el mejor de los casos, a descubrir las leyes y principios que rigen el fun- cionamiento del Universo y de la vida. Los descubrimientos de los grandes sabios y científicos de la historia de la Humanidad sólo han sido, y continúan siéndolo, el resul- tado de lo que el ser humano des- cubre cuando se inclina sobre la materia o intenta investigar y cono- cer la realidad y los contenidos del espíritu humano.
Así, pues, el descubrimiento de la ley de la gravedad, de las leyes que rigen la herencia y la genética, de la inmensidad cósmica del mundo ga- láctico, del funcionamiento del cuerpo humano, del conocimiento de la psicología profunda, de la es- tructura del átomo y de los princi- pios de la electrónica y de la infor- mática, sólo han sido posibles cuan- do los investigadores han podido ir penetrando, con grandes dificulta- des y contradicciones, en las leyes y principios que el Creador del Uni verso, de la Vida y del Hombre dejó plasmados, estructural y diná- micamente, en la gran Obra de la Creación.
De manera más concreta, y volvien- do a la frase que esta mostratando en este capítulo (nada hay nuevo debajo del sol), es necesario poner de manifiesto que cuando se quiere
obtener una interpretación herme- néutica correcta de la misma hay que proceder, en primer lugar, a realizar un análisis exegético conse- cuente con su contexto, como ya señalamos más arriba. Resulta cla- rísimo, si así se procede, que (desde 1:4 hasta el 11) el autor está tratan- do un tema general que tiene que ver con leyes cósmicas, biológicas y principios vivenciales y anímicos que están ahí desde que la Creación existe, y que siguen funcionando y realizándose de acuerdo con las nuevas realidades que empezaron a devenirse a nivel cósmico, biológi- co, antropológico, existencial y anímico a partir del momento de lo que teológicamente, como hemos estado considerando, se conoce como la desestructuración amártica del hombre, o su caída.
Es evidente que las leyes que rigen el funcionamiento de nuestro siste- ma solar, los principios que infor- man los movimientos del viento o aquellos que regulan los ciclos vita- les del agua en la naturaleza siguen siendo los mismos de siempre; y es en este contexto, y no en otro, don- de hay que hacer una interpretación y un análisis correcto de nuestra frase salomónica: “y nada hay nue- vo debajo del sol”. Una afirmación, por otra parte, que constituye el re- sultado de todo un proceso de in- vestigación rigurosa realizado por uno de los hombres más sabios que han vivido en esta Tierra en cual- quier momento de nuestra Historia. Interpretar la afirmación de Salo- món como hacen quienes no se acercan con respeto y rigor al texto bíblico, resulta tan fuera de lugar como pretender que el continente americano comenzó su existencia cuando aquel marinero gritó: “¡Tie- rra!”. Sólo fue un descubrimiento, le demos la importancia histórica que le queramos dar. (Continuará).
R
“Palabras del Predicador, hijo de David, rey en Jerusalén. Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad. ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol? Generación va, y generación viene; mas la tierra siempre permanece. Sale el sol, y se pone el sol, y se apresura a volver al lugar de donde se levanta. El viento tira hacia el sur, y rodea al norte; va girando de continuo, y a sus giros vuelve el viento de nuevo. Los ríos todos van al mar, y el mar no se llena; al lugar de donde los ríos vinie- ron, allí vuelven para correr de nuevo. Todas las cosas son fatigosas más de lo que el hombre puede expresar; nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír. ¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mis- mo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol. ¿Hay algo de que se puede de- cir: He aquí esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han precedido. No hay memoria de lo que precedió, ni tampoco de lo que sucederá habrá memoria en los que serán después” (Eclesiastés 1:1-11).
El sentido de
la vida
José Manuel
González Campa
Licenciado en Medicina y Cirugía. Especialista en Psi- quiatría Comunitaria. Psico- terapeuta. Especialista en al- coholismo y toxicomanías. Conferenciante de temas científicos, paracientíficos y teológicos, a nivel nacional e internacional. Teólogo y Es- critor evangélico.http://
www.josemanuelgonzalezcampa.es/ Libros.html
#8
Nada nuevo bajo el sol
EN EL PRESENTE CAPÍTULO pretendo
realizar un análisis pluridimensional de una de las frases más conocidas, para- digmáticas y características del Qohe- leth: “¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol”[51]. Es obvio que la afirmación de que “nada hay nuevo de bajo del sol” resulta difícil de asumir cuando se la considera desde el punto de vista de los avances científi- cotecnológicos que el desarrollo de la teoría del conocimiento, o lo que so- ciológicamente denominamos civiliza- ción, ha puesto a disposición de los se- res humanos. Distinta consideración sería aquella que abordase la cuestión que yo voy a plantear desde la visión de la filosofía, de la psicología y, de manera más concreta y precisa, desde
los ámbitos de una investigación teoló- gica enjundiosa y seria.
En los últimos tiempos, y sobre todo en diversos medios de comunicación social, esta aseveración salomónica ha sido sacada a colación y presentada como interrogante a algunas de las mentes más preclaras y con una erudi- ción científica de la mayor credibilidad: filósofos, físicos, biólogos, etc.
En realidad, la afirmación del autor del Eclesiastés ha venido siendo cuestiona- da desde que, en el siglo XVI, comen- zó lo que se puede considerar como el inicio de la época científica en la histo- ria humana. Hoy en día, esta máxima se considera superada, desfasada y ob- soleta. Son muchos los que piensan que sólo la más crasa ignorancia puede seguir manteniendo un presupuesto fi- losófico o científico semejante. Pero
quienes dejan discurrir su pensa- miento por estos derroteros, están olvidando la Historia, la realidad de la estructura y el fundamento cós- mico del Universo, el sistema que mantiene el equilibrio ecológico de la Tierra y que constituye el funda- mento biológico de la vida, así como la realidad antropológica, anímica y pneumática que se devie- ne en el corazón de los seres huma- nos.
En su libro, el autor se interroga a sí mismo y a los demás de la si- guiente manera: “¿Hay algo de lo que se pueda decir: He aquí esto es nuevo?”; y la respuesta a su propio planteamiento es radical y lapida- ria: “Ya fue en los siglos que nos han precedido”[52].
Para poder hacer un análisis correc- to de la frase y nada hay nuevo de- bajo del sol, desde el punto de vista científico y teológico, es necesario tener en cuenta una cuestión funda- mental: Tanto desde el punto de vista teológico como científico, para verificar la verdad de una afir- mación es necesario tomar en con- sideración dos principios básicos. El primero es tomar en cuenta el contexto teológico o científiconatu- ral en que la aseveración se encuen- tra; y el segundo, considerar el fon- do doctrinal científico o teológico que está más allá de la cuestión puntual que se plantea. Creo que re- sulta evidente que el análisis cientí- fico –ya sea en el campo de la Teo- logía o en el de la Ciencia– debe de responder al método epistemológi- co que mantiene que una parte siempre debe de ser vista y anali- zada a la luz del todo; y nunca se debe de proceder a una extrapola- ción de la misma para presentar una conclusión instrumentalizada al ser- vicio de determinados prejuicios o intereses ideológicos concretos.
Cuando se nos quiere hacer enten- der que sí, que hay cosas nuevas debajo del sol, no se puede recurrir al resultado de la aplicación al cam- po de la tecnología de principios científicos descubiertos. No es ne- cesario ser un pensador digno de re- cibir el premio Nobel para entender que los descubrimientos científicos, desde los más sencillos y elementa- les hasta los más grandiosos y tras- cendentes, son sólo eso: descubri- mientos. Dicho de otra manera: la investigación fundamentada en el método científico más exigente y ri- guroso sólo puede aspirar, en el mejor de los casos, a descubrir las leyes y principios que rigen el fun- cionamiento del Universo y de la vida. Los descubrimientos de los grandes sabios y científicos de la historia de la Humanidad sólo han sido, y continúan siéndolo, el resul- tado de lo que el ser humano des- cubre cuando se inclina sobre la materia o intenta investigar y cono- cer la realidad y los contenidos del espíritu humano.
Así, pues, el descubrimiento de la ley de la gravedad, de las leyes que rigen la herencia y la genética, de la inmensidad cósmica del mundo ga- láctico, del funcionamiento del cuerpo humano, del conocimiento de la psicología profunda, de la es- tructura del átomo y de los princi- pios de la electrónica y de la infor- mática, sólo han sido posibles cuan- do los investigadores han podido ir penetrando, con grandes dificulta- des y contradicciones, en las leyes y principios que el Creador del Uni verso, de la Vida y del Hombre dejó plasmados, estructural y diná- micamente, en la gran Obra de la Creación.
De manera más concreta, y volvien- do a la frase que esta mostratando en este capítulo (nada hay nuevo debajo del sol), es necesario poner de manifiesto que cuando se quiere
obtener una interpretación herme- néutica correcta de la misma hay que proceder, en primer lugar, a realizar un análisis exegético conse- cuente con su contexto, como ya señalamos más arriba. Resulta cla- rísimo, si así se procede, que (desde 1:4 hasta el 11) el autor está tratan- do un tema general que tiene que ver con leyes cósmicas, biológicas y principios vivenciales y anímicos que están ahí desde que la Creación existe, y que siguen funcionando y realizándose de acuerdo con las nuevas realidades que empezaron a devenirse a nivel cósmico, biológi- co, antropológico, existencial y anímico a partir del momento de lo que teológicamente, como hemos estado considerando, se conoce como la desestructuración amártica del hombre, o su caída.
Es evidente que las leyes que rigen el funcionamiento de nuestro siste- ma solar, los principios que infor- man los movimientos del viento o aquellos que regulan los ciclos vita- les del agua en la naturaleza siguen siendo los mismos de siempre; y es en este contexto, y no en otro, don- de hay que hacer una interpretación y un análisis correcto de nuestra frase salomónica: “y nada hay nue- vo debajo del sol”. Una afirmación, por otra parte, que constituye el re- sultado de todo un proceso de in- vestigación rigurosa realizado por uno de los hombres más sabios que han vivido en esta Tierra en cual- quier momento de nuestra Historia. Interpretar la afirmación de Salo- món como hacen quienes no se acercan con respeto y rigor al texto bíblico, resulta tan fuera de lugar como pretender que el continente americano comenzó su existencia cuando aquel marinero gritó: “¡Tie- rra!”. Sólo fue un descubrimiento, le demos la importancia histórica que le queramos dar. (Continuará).
R
“Palabras del Predicador, hijo de David, rey en Jerusalén. Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad. ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol? Generación va, y generación viene; mas la tierra siempre permanece. Sale el sol, y se pone el sol, y se apresura a volver al lugar de donde se levanta. El viento tira hacia el sur, y rodea al norte; va girando de continuo, y a sus giros vuelve el viento de nuevo. Los ríos todos van al mar, y el mar no se llena; al lugar de donde los ríos vinie- ron, allí vuelven para correr de nuevo. Todas las cosas son fatigosas más de lo que el hombre puede expresar; nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír. ¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mis- mo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol. ¿Hay algo de que se puede de- cir: He aquí esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han precedido. No hay memoria de lo que precedió, ni tampoco de lo que sucederá habrá memoria en los que serán después” (Eclesiastés 1:1-11).