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Cartografía teórica de los dispositivos de saber-poder de la sexualidad

3. Poder y sexualidad: contra las hipótesis represivas y los determinismos naturalistas

3.2. Judith Butler: sexualidad y performatividad

3.2.1. Matriz de Inteligibilidad

En el planteo de Judith Butler, el dispositivo de la sexualidad se vale de una matriz de inteligibilidad cultural para fabricar sujetos sexuados, generizados y deseantes. Las unidades que hace posible esta

36 Consideramos, tal como hemos dicho, que Butler abreva del Foucault biopolítico y hace suyo este proyecto y lo radicaliza: “El objetivo de la presente investigación es mostrar cómo los dispositivos de poder se articulan directamente en el cuerpo –en cuerpos, funciones, procesos fisiológicos, sensaciones, placeres; lejos de que el cuerpo haya sido borrado, se trata de hacerlo aparecer en un análisis donde lo biológico y lo histórico no se sucederían (...), sino que se ligarían con arreglo a una complejidad creciente conformada al desarrollo de las tecnologías modernas de poder que toman como blanco suyo la vida.” (Foucault, 2003: 184)

37 El sexo no es la única marca de inteligibilidad, existen otros requerimientos normativos sobre los cuerpos. (Ver Butler, 2002)

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matriz gozan de una relación causal y coherente entre sexo, género, práctica sexual y deseo. En este punto, la heterosexualidad aparece como la grilla inexorable que fija el sentido de cada uno de estos términos y establece los límites de las posibilidades de cada identidad en un sistema binario de opuestos. Así, leyes culturales e históricas instituyen y regulan la forma y el significado de la sexualidad haciendo inteligibles aquellas identidades coherentes, continuas y estables, y condenando a la ininteligibilidad a las que no cumplan con esas normas (Cfr. Butler, 2001a: 38-67). Como veremos a lo largo de esta tesis, la heterosexualidad opera normativamente en el nivel discursivo de lo presupuesto e, introduciendo una categoría inscripta en el transfeminismo pero articulada con esta propuesta teórica, es necesario visibilizar que la heterosexualidad implica la cisexualidad. La coherencia exigida entre el sexo asignado al nacer y la identidad de género aparece nombrada desde finales de la década del 90 en el marco de la militancia trans* con el adjetivo cisexual o cisgénero en oposición a transexual o transgénero. Con esta operación, se le atribuye una marca discursiva a aquello que permanecía no-marcado por su correspondencia normativa (Cfr. Serano, 2007)38.

De este modo, el funcionamiento de la matriz de inteligibilidad heterocisexual establece las condiciones de subjetivación: conforma el campo de discurso en el que se “orquesta, delimita y sustenta aquello que se califica como ‘lo humano’” (Butler 2002b: 26). Es decir, a manera de interpelaciones o atribuciones que generizan los cuerpos, la matriz de inteligibilidad opera como condición de posibilidad de las operaciones que producen “lo humano”. La producción de los cuerpos que importan, de las formas de vida deseables, se recorta sobre la configuración de un territorio de abyección que como exterior constitutivo no sólo limita lo humano sino que define ese otro que amenaza tales fronteras con la posibilidad de derrumbarlas o resignificarlas.

Con este argumento, Butler desarma la acusación de “constructivismo radical” que había recibido su propuesta, ya que formula la existencia de

(…) un ámbito ‘exterior’ a lo que construye el discurso, pero no se trata de un ‘exterior’ absoluto, una ‘externalidad’ ontológica que exceda o se oponga a las fronteras del discurso” (2002b: 26-27). En el marco postestructuralista de Butler, la construcción es pensada como una “operación diferencial” que funda negando. De esta manera, la afirmación constructivista “todo se construye discursivamente” se vuelve ilegible en esta teoría, debido a que se supone un “exterior” inevitable que define las fronteras

38 Dice Julia Serano: “Yo no me identifico fuertemente con el término ‘blanca’ y ‘capacitada’, a pesar de que soy ambas cosas. Después de todo, he sido capaz de conducirme a través del mundo a mi manera, sin alguna vez haber tenido que darle mucho pensamiento a esos aspectos de mi persona. Y ese es el punto, mi privilegio blanco y mi privilegio de capacitada me permiten no tener que tratar con el racismo y el capacitismo diariamente. En general, solo nos identificamos con esos aspectos de nosotros mismos que son marcados. Por ejemplo, me identifico como bisexual y como mujer trans, porque esos son aspectos con lo que tengo que lidiar todo el tiempo (a causa del prejuicio de otras personas)” (Serano, 2009)

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sutiles de los “cuerpos que importan”. Un “exterior” que es excluido y suprimido como aquello que no cuenta, que no es nombrado, que resulta ininteligible, pero que, al mismo tiempo, resulta constitutivo de lo que se concibe como normal, como obvio, como natural (Butler, 2002b: 27 y 20). Es esta “supresión constituyente” la que exhibe el carácter contingente de la construcción, pero también la que revela el pliegue en el que la misma se vuelve vulnerable.

A los fines de aclarar el distanciamiento de esta propuesta tanto con el constructivismo como con cualquier voluntarismo y esencialismo, Butler dedica gran parte de la “Introducción” de Cuerpos que importan (2002). Aquí, no sólo deja de lado aquella forma de constructivismo moderado en la que el sexo, en tanto superficie natural, es reemplazado por la suma de significaciones sociales que el género presupone (2002b: 22-23), sino que también descarta todo constructivismo radical en el que el sexo no sólo es absorbido por el género, sino que “el ‘sexo’ llega a ser algo semejante a una ficción, tal vez una fantasía, retroactivamente instalada en un sitio prelingüístico al cual no hay acceso directo” (Butler 2002b: 23).

Dejando de lado tanto aquella perspectiva que entiende la construcción de manera determinista —es decir, como una acción sociocultural, externa al sujeto, en la que la agencia humana es suprimida—, como aquella otra en la que la construcción supone un sujeto voluntarista que crea su género mediante su propia elección, Butler no sólo nos advierte de que el cuerpo generizado no está antes ni después del proceso de generización sino que “emerge dentro (…) de las relaciones de género mismas” (2002b: 25). Más aún, que el sujeto sea producido dentro de una matriz generizada no significa la supresión del sujeto, sino que desplaza el interés hacia las condiciones que hacen posible su formación y su operación, es decir: la matriz de inteligibilidad (Butler 2002b: 25).39