La educación es un ámbito muy adecuado para fomentar el espí- ritu emprendedor en las personas. No se trata solamente de educar para el trabajo, sino de fomentar actitudes y valores que abran los caminos de la creatividad personal y lleven a nuevas formas de com- prometer el trabajo individual y colectivo. A la posibilidad de que quienes están estudiando vayan elaborando sus propios proyectos empresariales, sobre todo en la universidad, aunque eso no asegura que tengan espíritu emprendedor.
Las empresas, por su misma índole, se apoyan en el espíritu em- prendedor o fracasan. No basta con contar con profesionales forma-
Aprender a emprender 120 Capítulo 13
dos en la universidad o en las mismas empresas. Necesitan gente con visión, con una mentalidad de desafío. Gente que esté renovando permanentemente sus conocimientos y confrontándolos con los di- ferentes frentes de la globalización.
Del “aprender a emprender” podemos destacar algunos aspectos: • El espíritu emprendedor es espíritu de liderazgo
• El imperativo es construir nuevos caminos rompiendo el equilibrio de lo establecido, buscar nuevas salidas.
• “El espíritu de liderazgo comporta el ser creativo; para resolver problemas antiguos, para ver las cosas de otra manera, para plan- tearse problemas nuevos, para repensar la organización” (R. Na- varro).
• Hay que desencadenar lo espontáneo e informal en cada uno. Lo formal es actuar de acuerdo a como otros han actuado o a como se espera de acuerdo con las funciones asignadas.
• Lo espontáneo es ir más allá de lo que le piden a uno, es proponer- se alcanzar metas ambiciosas, es plantearse el ser más creativo, es no acostumbrarse a hacer las cosas siempre de la misma manera. • La gente robotizada no abre caminos ni resuelve dificultades para las que no está preparada. La gente curiosa, imaginativa, arriesga- da, ama los retos y lo desconocido.
Las empresas necesitan una generación de profesionales con au- téntico espíritu emprendedor, que sueñen con desafíos grandes en el campo empresarial y social, que en lugar de temer a las crisis y los problemas. Que piensen que es el momento preciso para despertar el potencial de liderazgo que llevan dentro, y que lo hagan realidad, concientes de que siempre los mayores éxitos los cosechan quienes afrontan los mayores riesgos.
Aquí podemos decir que el espíritu emprendedor conecta de nue- vo con el liderazgo, para no apocarse ante las crisis y los problemas que traen consigo la economía globalizada o los condicionamientos de los nuevos mercados. Y sobre todo, para implementar tecnolo- gías que les permitan mejorar la productividad y la competitividad, con base al desarrollo permanente de su capital humano, que es el
dad y adaptabilidad a los cambios.
Hoy en día Clara vive muy contenta de haberse lanzado a la aventura de emprender una nueva empresa que, como todas, empe- zó en pequeño. Poco a poco creció y con ella la aplicación de los conocimientos y experiencias logradas en la práctica profesional. Ha tenido siempre la asesoría de aquel profesor de procesos de pro- ducción que la animó a ser emprendedora.
Sus productos se venden en todos el país, y ya tiene todo prepa- rado para afrontar la internacionalización, abriendo dos sucursales en el extranjero. Su afición a dar clases ha tenido una salida muy buena. El decano de su carrera la llamó hace dos años para que se hiciera cargo de la cátedra “Emprendimiento empresarial”.
Clara no sólo puede mostrar su empresa, sino que se ha dedicado a recabar información de todos los proyectos que han sido aproba- dos por “Jóvenes emprendedores”. Ya tiene detectada una docena de negocios prósperos iniciados por estudiantes.
rturo es un hombre nacido para vender. Desde muy joven se dedicó a seguir los pasos de su padre y, después de trabajar un tiempo con él, instaló su propio negocio a los 20 años. Sólo tenía su título de bachiller, ganas y un ejemplo al lado. Tomó dos o tres líneas de distribución de telas, que era el fuerte de la firma de su padre. Pronto había establecido sucursales en tres ciudades fuera de la suya. En esas sucursales, en la parte administrativa, puso a personas de su confianza porque sus conocimientos ad- ministrativos eran escasos. Les pedía resultados a través de los balances, y de su análisis por parte de revisor fiscal de la compañía, un viejo compañero suyo de bachillerato quien cursó Contaduría en la universidad.
Con el crecimiento de los negocios, a Arturo se le com- plicó un poco la vida, precisamente por su falta de cono- cimientos de administración. Seguía siendo un vendedor estrella pero, a veces, vendía los inventarios que no tenía. No se informaba previamente , o no entendía suficiente- mente bien los informes que le pasaban de la contabili- dad. No se hacían reservas de prestaciones legales o para imprevistos. Arturo quería todo el dinero posible disponi- ble para compra de inventarios. Decía a sus gerentes de sucursal: “Ya llegará el dinero y lo repondremos”. En el curso de pocos años la expansión de Arturo en sus negocios era de admirar: ya tenía oficinas en diez ciuda- des. Pero cada vez era más acuciante la necesidad de flu- jo de caja para compras de grandes volúmenes de mer- cancía. Tuvo que empezar a solicitar créditos, varios al