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El papel de los diversos tipos de simplicidad en la investigación

N i los hechos observados ni la simplicidad han de­ sempeñado ningún papel prominente en la constitución

4.2. El papel de los diversos tipos de simplicidad en la investigación

E l papel de las simplicidades en la investigación cien­ tífica — a diferencia de sus productos: los datos y las teorías— es en resumen el siguiente. Las simplicidades no son de desear en la fase del hallazgo de problemas, puesto que el mero descubrimiento o la mera invención de problemas aumenta la complejidad existente. Por otra parte, bay simplicidades de varios tipos que son de desear en la formulación de problemas y, en medida mucho me­ nor, en la solución de los problemas, que a veces exige una complicación del problema dado (por ejemplo, la

ampliación de su ámbito) o la invención de conceptos, hipótesis o técnicas nuevos y complejos. Además, algu­ nos tipos de simplicidad — en particular, la economía sintáctica y semántica— están implicadas nolens volens

en la construcción de teorías, ya sea a causa de la obli­ gada indigencia de todo comienzo o porque una compli­ cación incómoda aparecida en una fase avanzada haya requerido algún tipo de simplificación (usualmente sin­ táctica); pero ninguna teoría sería sacrificada a la sim­ plicidad si fuera profunda y prometedora. Por último, la simplicidad sintáctica y la pragmática son favorables, dentro de ciertos lím ites, a la contrastación de las teo­ rías. Pero en tal caso la simplicidad en uno u otro as­ pecto es generalmente compensada por la complejidad en algún otro aspecto; basta con recordar la compleji­ dad sintáctica infinita que debe admitirse como pago por el empobrecimiento epistemológico de teorías promovi­ das por la sustitución de expresiones trascendentes («au­ xiliares») por expresiones observacionales.39

La función de las simplicidades en la investigación científica no es, en cualquier caso, tan importante como lo habían imaginado convencionalistas y empiristas. La principal razón de la pérdida de importancia de la sim­ plicidad es la siguiente. La tarea del teórico no consiste únicamente en describir experiencia del modo más econó­

mico, sino construir modelos teoréticos (no necesariamen­ te mecánicos) con fragmentos de realidad, y contrastar es­ tas imágenes mediante la lógica, otras construcciones teo­ réticas, datos empíricos y reglas metacientíficas. Un tra­ bajo constructivo de este tipo supone, sin duda alguna, el olvido de las complejidades, pero no apunta a su me­ noscabo; el desiderátum de toda nueva teoría es más bien el de explicar lo que haya sido ignorado en las con­ cepciones previas.

Ésta es la razón por la que no podemos seguir cre­ 39. William Craig, véase nota 5.

yendo en la máxima escolástica simplex sigillum veri:

poique sabemos que todas nuestras construcciones son defectuosas puesto que suponen, deliberadamente o no, el olvido de una suma desconocida de factores. Las teo­ rías factuales se aplican exactamente a modelos o imá­ genes esquemáticos y empobrecidos, y sólo de un modo inexacto a los correlatos reales de estos signos; cuanto más simple sea el modelo teorético, tanto más grosero o irreal resultará. N o necesitamos esperar las constrasta- ciones empíricas para descubrir que todas nuestras teo­ rías son falsas, hablando de modo estricto (cf. 1.4). Le» sabemos a priori aunque sólo sea porque todas incluyen

demasiadas simplificaciones, como lo muestra un aná­ lisis de la construcción y aplicación de las teorías fac­ tuales, y la experiencia histórica. La economía concep­ tual es por consiguiente un signo y una prueba de tran- sitoriedad, es decir, de falsedad destinada a ser sustitui­ da por una falsedad menor. Simplex sigillum falsi.

4.3. Conclusión

La exigencia indiscriminada de economía en todos los aspectos, o incluso en uno solo, es claramente in­ compatible con una serie de requisitos importantes de la construcción de teorías — tales como, por ejemplo, la precisión, la profundidad y la consistencia externa— , de donde se desprende que la simplicidad tout court no debe considerarse como imperativa ni como criterio in­ dependiente a la par con los demás, por no decir por encima de los demás. Las reglas de la simplicidad se subsumen bajo la norma general que dice «No sostener creencias arbitrarias (sin fundamento)».

Si se rodea de todas las precauciones debidas para evitar la mutilación de la teoría científica, la regla de la simplicidad se reducirá a la norma que nos exige mini­ mizar superfluidades. Pero, naturalmente, esta regla, igual

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que toda otra prescripción negativa, es insuficiente como medida para la construcción de teorías; además, no nos ayuda a reconocer qué elementos de una teoría son re­ dundantes, es decir, cuáles no desempeñan una función lógica ní una función empírica. La producción no se ase­ gura especificando lo que debe hacerse.

La simplicidad es ambigua como término y como pres­ cripción es un arma de doble filo, y debe ser controlada por los signos de la verdad más que considerada como un factor de verdad. Parafraseando a Baltasar Gradan — «Lo bueno, si breve, dos veces bueno»— , digamos que una teoría eficaz cuando es simple funciona doblemente bien; pero esto es una trivialidad. Si se desea un consejo práctico como corolario, éste puede ser que la navaja de Ockham, como todas las navajas, debe manejarse con cuidado para evitar que sea decapitada la ciencia al intentarse afeitar algunas de sus pilosidades. En la cien­ cia, como en la barbería, vale más estar vivo y bar­ budo que muerto y bien rasurado.

Me complace dar las gracias a mis alumnos James Hullett y Robert Schwartz por sus consejos literarios.