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Recapitulación. — Cuando el Ejercitante llega al día quinto de la segunda semana está

lleno de los sentimientos que la persona de nuestro Señor Jesucristo le ha inspirado en los días anteriores. Estos sentimientos por un lado son fuertes y por otro dulcísimos.

Los fuertes y enérgicos le nacen de aquella su voluntad, resuelta a seguir al “Rey eterno”, al “Señor universal”, al “Sumo y verdadero Capitán”, al que “de Criador es venido a hacerse hombre, y de vida eterna a muerte temporal, y así, a morir por sus pecados”, al que hecho hombre por su amor y teniendo “delante del todo el universo mundo”, llama al Ejercitante y a cada uno en particular llama y les dice: “Mi voluntad es de conquistar todo el mundo y todos los enemigos, y así entrar en la gloria de mi Padre; por tanto quien quisiere venir conmigo ha de trabajar conmigo, porque siguiéndome en la pena también me siga en la gloría” [95].

Decidido, pues, el Ejercitante a ser uno de los que “más se querrán affectar y señalar en todo servicio de su rey eterno y señor universal”, no solamente ha ofrecido su persona al trabajo, más aún haciendo contra su propia sensualidad y contra su amor carnal y mundano, ha hecho oblaciones de mayor estima y mayor momento, diciendo que quiere y desea y es su determinación deliberada, de imitarle en pasar todas injurias y todo vituperio y toda pobreza así actual como spiritual, queriéndole su santísima majestad elegir y rescibir en tal vida y estado” [97-98].

Ha entendido además, y con la mayor claridad, que la santidad es el reino que se trata de conquistar y que los enemigos de ella son la propia sensualidad y su propio amor carnal y mundano; que la lucha que en este punto se entabla, no es contra el pecado manifiesto, sino con las afecciones a cosas honestas en sí mismas pero buscadas “no pura o debidamente por amor de Dios”; y que contra estos “engaños del mal caudillo” no hay más defensa que el “conoscimiento de la vida verdadera que muestra el sumo y verdadero capitán”, o sea, “pobreza contra riqueza, opprobrio o menosprecio contra el honor mundano, humildad contra la soberbia” [146]. Por haberlo entendido así, ha pedido, como gracia muy especial, ser recibido bajo la bandera de Jesucristo “primero en summa pobreza espiritual, y si su divina majestad fuere servido y le quisiese elegir y rescibir, no menos en la pobreza actual; 2.° en pasar opprobrios y injurias por más en ellas le imitar, sólo que las

pueda pasar sin pecado de ninguna persona ni displacer de su divina majestad” [147].

Su alma está igualmente llena de sentimientos dulcísimos, nacidos de su acercamiento a Jesús, de mirar su persona santísima, de oír sus palabras, contemplar sus acciones y “hacerse un esclavito indigno mirándole, contemplándole y sirviéndole en sus necesidades, como si presente se hallase, con todo acatamiento y reverencia posible” [114]. La presente dulzura se aviene perfectamente con la fortaleza de los sentimientos primeros, porque el Ejercitante ha visto y considerado que todo cuanto hace Jesucristo, va encaminado a la “summa pobreza, y al cabo de tantos trabajos, de hambre, de sed, de calor y de frío, de injurias y afrentas, para morir en cruz; y todo esto por él” [116]; y ha “considerado el exemplo que Christo nuestro Señor le ha dado para el primer estado, que es en custodia de los mandamientos, siendo él en obediencia a sus padres; y asimismo para el 2.° que es de perfección evangélica, quando quedó en el templo dexando a su padre adoptivo y a su madre natural”; ha visto “la intención de Christo nuestro Señor, y cómo se debe disponer para venir en perfección en cualquier estado o vida que Dios nuestro Señor le diere para elegir” [135].

Cuanto acabamos de enumerar, es sólo “alguna introducción” a las elecciones en las que ahora entramos de lleno: “la materia de las elecciones se comenzará desde la contemplación de Nazaret a Jordán tomando inclusive, que es el quinto día” [163]. Materia es ésta larga y complicada, pero hay aquí otra cosa más ardua aún que ella ciertamente y la única esencial dado el momento en que nos hallamos; nos referimos a la disposición espiritual en que debe hallarse el Ejercitante para hacer sana y buena elección. Esta disposición es el objeto preferente del esfuerzo de San Ignacio y la que de momento queremos declarar aunque sólo sea sumariamente, enlazando de esta manera la primera parte de esta semana que ha terminado, con la segunda que comienza ahora.

El cuarto día, ha sido para el Ejercitante de hondo meditar sobre la verdadera doctrina de la santidad en la que toda elección debe inspirarse, si el que elige quiere de veras buscar y hallar la voluntad de Dios en la disposición de la vida (banderas). Ha sido igualmente un examen riguroso de la propia voluntad para ver de distinguir los actos ciertamente eficaces de los que sólo son veleidades o abulias verdaderas, pero encubiertas (binarios).

Así se entra en el quinto día, dedicado todo él a la contemplación del acto solemne con que Jesucristo cambia para siempre la vida de Nazaret por la vida apostólica, inaugurando esta última con la gran humillación de su bautismo recibido de manos de su Precursor, San Juan. Dice así San Ignacio:

Esta contemplación se hará una vez a la media noche, y otra vez a .la mañana, y dos repeticiones sobre ella a la hora de la missa y vísperas, y antes de cena traer sobre ella los cinco sentidos; en cada uno destos cinco exercicios preponiendo la sólita oración preparatoria y los tres preámbulos, según que de todo está declarado en la contempláción de la encarnación y del nascimiento, y acabando con los tres coloquios de los tres binarios; o según la nota que se sigue después de los binarios [159].

perfección apostólica adquiera a los ojos del Ejercitante la máxima importancia. De este modo cambiando algo el orden de los misterios, pone inmediatamente después de las Banderas “el exemplo que Christo nuestro Señor nos ha dado para el 2.° estado que es de perfección evangélica, quando quedó en el templo dexando a su padre adoptivo y a su madre natural, por vacar en puro servicio de su Padre eternal” [135].

A continuación siguen las contemplaciones del cuarto día que promulgan las leyes propias de la más pura perfección evangélica, entrando después en el quinto día que consta de cinco ejercicios y cuya materia es el acto o misterio con que Jesucristo inaugura su vida apostólica. Como se ve, son éstos empujones muy vigorosos. Por si acaso nos habíamos olvidado, nos vuelve a recordar San Ignacio que “la materia de las elecciones se comenzará desde la contemplación de Nazaret a Jordán, tomando inclusive, que es el quinto día, según se declara en lo siguiente” [163].

Quiere decir esto, que el período de las elecciones en el que “comenzaremos juntamente contemplando su vida (de Jesucristo) a investigar y a demandar en qué vida o estado de nosotros se quiere servir su divina majestad” [135], toma pie de los más grandes ejemplos de sacrificio que nos da Jesucristo, dejando el estado o vida de familia de que tan santa y dulcemente gozaba en su casa de Nazaret.

Con lo dicho no están aún preparadas las elecciones, a gusto de San Ignacio, y por eso quiere reunir y concentrar en un solo haz cuantos rayos de luz han brillado desde el Principio y Fundamento hasta la hora presente, para poder dar al Ejercitante un faro luminoso que le guíe y oriente cuando llegue el tiempo de elegir. El faro no es otro que la consideración que él llama “tres maneras de humildad” [164-168] y quiere que se tenga antes de entrar en las elecciones”, “considerando a ratos por todo el día, y asimismo haciendo los coloquios” [164]. Quiere por lo tanto que a la par que vamos contemplando, investigando y pidiendo a Dios en qué vida o estado quiere servirse de nosotros su divina majestad [135], repitamos varias veces al día la consideración acerca del tercer grado de humildad, en la que por “imitar y parescer más actualmente a Christo nuestro Señor, quiero y elijo más pobreza con Christo pobre que riqueza, opprovios con Christo lleno dellos que honores, y desear más de ser estimado por vano y loco por Christo que primero fué tenido por tal, que por sabio ni prudente en este mundo” [167] añadiendo a la consideración “los tres coloquios de los binarios ya dichos, pidiendo que el Señor nuestro le quiera elegir en esta tercera mayor y mejor humildad, para más le imitar y seguir, si igual o mayor servicio y alabanza fuere a la su divina majestad” [168].

Puestas las cosas en semejantes términos, cree San Ignacio que el Ejercitante puede pasar ya a las elecciones; porque mire a donde mire, en todo verá que le convidan y alientan a la más alta perfección[97]. Y para el presente Directorio esto basta, dejando para el tomo siguiente la exposición de las tres maneras de humildad.

A continuación de las tres maneras de humildad, trae el libro de los Ejercicios una larga serie de documentos pertenecientes todos ellos a las elecciones, sin que esto quiera decir

que éstas hayan de hacerse precisamente en este punto de los Ejercicios. El Director que en todo momento sabe la disposición espiritual en que se encuentra el Ejercitante, es el que debe determinar cuándo ha llegado la hora de hacerlas con plena garantía de fidelidad. El Santo puso toda esta documentación al final de la segunda semana, y nosotros daremos ahora el catálogo de los citados documentos dejando la explicación para el siguiente tomo. Con esto vengarnos ya a los cinco puntos ordinarios del Directorio.

Fin. — El de esta parte es el que indicarnos ya en el capítulo anterior para toda la

segunda semana[98] concretándolo más en particular a que se haga una sana y buena elección; o lo que es lo mismo, a buscar y hallar la voluntad divina en la disposición de la vida.

Materia. — Parte de los misterios de la vida de Jesucristo empezando por su bautismo en

el Jordán hasta el domingo de Ramos. Ocho misterios señala el libro, pero el catálogo final pone quince, para que el Ejercitante acorte o alargue haciendo uso de la libertad que para ello le da San Ignacio [162].

Forma.— Cuatro son aquí las formas de oración: la contemplación para los misterios de

la vida de Jesucristo; la repetición y aplicación de sentidos en los últimos ejercicios de cada día y la meditación acerca de las tres maneras de humildad, pero en forma algo diferente de la practicada, porque para ella no se señala hora fija, ni se prescriben todos los preámbulos que son ordinarios en la oración, sino diciendo solamente “que en ellas se considere a ratos por todo el día y asimismo haciendo los coloquios” [164].

El primer preámbulo de la contemplación sigue siendo el mismo; es decir, la historia, y los puntos formales son como antes: personas, palabras, y obras.

Distribución.— La distribución de los días, la da San Ignacio, como sigue:

5.° día. — El quinto día contemplación sobre la partida de Christo nuestro Señor desde Nazaret al río Jordan, y cómo fué bautizado [158].

6.° día. — El sexto día, contemplación cómo Christo nuestro Señor fué desde el río Jordán al desierto inclusive, llevando en todo la misma for ma que el quinto. ,

7.° día.—El séptimo día, cómo sancto Andrés y otros siguieron a Christo nuestro Señor. 8.° día.— El octavo, del ser món del monte que es de las ocho bienaventuranzas.

9.° día. — El nono, cómo Christo nuestro Señor aparesció a sus discípulos sobre las ondas de la mar. 10.° día.— E1 décimo, cómo el Señor predicaba en el templo.

11.° día. — El undécimo, de la resurrección de Lázaro. 12.° día. — El duodécimo, del día de ramos [161].

La distribución de las horas de cada día, nos la pone después del día quinto:

Esta contemplación se hará una vez a la media noche, y otra vez a la mañana, y dos repeticiones sobre ella a la hoza de missa y vísperas, y antes de cena traer sobre ella los cinco sentidos; en cada uno de estos cinco exercicios preponiendo la sólita oración preparatoria y los tres preámbulos según que de todo esto está

declarado en la contemplación de la encarnación y del nascimiento, y acabando con los tres coloquios de los tres binarios, o según la nota que se sigue después de los binarios [159].

Para el día sexto dice, que la distribución será “llevando en todo la misma forma que en el quinto” [16.1]. El aviso que dió el Santo para la primera parte de esta semana, es valedero también para esta parte de la segunda semana.

Es de advertir que si la persona que hace los exercicios es viejo o débil o aunque fuerte, si de la 1.a semana ha quedado en alguna manera débil, es mejor que en esta 2.a semana a lo menos algunas veces no se levantando a media noche, hacer a la mañana una contemplación, y otra a la hora de missa, y otra antes de comer y sobre ellas una repetición a la hora de vísperas y después el traer de los sentidos antes de cena [129].

El cambio de que se habla en la nota transcrita es a veces de provecho “aunque el que se exercita sea recio y dispuesto” [133]. Así lo dice San Ignacio.

La mente de San Ignacio, por todo lo dicho no puede estar más clara. Los días de la segunda semana, han de ser completos por lo que mira al número de ejercicios o meditaciones que siempre deben ser cinco. Si el Santo cree conveniente suprimir alguno de ellos éste ha de ser el de medianoche, pero con el encargo de hacerlo después por la mañana.

Para los días de esta segunda parte de la semana, sólo se toma un misterio como materia de meditación, cuando para la primera parte de la misma se tomaban dos. Esta es la diferencia entre una y otra; la razón de hacerlo así puede ser la siguiente. En la segunda parte está el Ejercitante con la materia de las elecciones entre manos, y el Santo desea que pueda disponer de algunos ratos de oración destinada a ellas de un modo especial a las tres maneras de humildad. Así vemos, recordando lo citado poco ha en los números 159 y 161, que San Ignacio quiere que todas las contemplaciones acaben “con los tres coloquios de los tres binarios, o según la nota que se sigue después de los binarios”; y de las tres maneras de humildad dice también: “en ellas considerando a ratos por todo el día y asimismo haciendo los coloquios” [164].

Los cambios que en las adiciones señaló para la primera parte de la semana, valen igualmente para esta segunda.

En esta segunda semana en todas las diez addiciones que se dixeron en la primera semana se han de mudar la 2.a, la 6.a, la 7.a y en parte la 10.a.

En la segunda será luego en despertándome poner enfrente de mí la contemplación que tengo de hacer, deseando más conoscer el Verbo eterno encarnado, para más le ser vir y seguir.

Y la 6.a será traer en memoria freqüentemente la vida y misterios de Christo nuestro Señor, comenzando de su encarnación hasta el lugar o misterio que voy contemplando.

Y la 7.a será que tanto se debe guardar en tener obscuridad o claridad, usar de buenos temporales o diversos, quanta sintiere que le puede aprovechar y ayudar para hallar lo que desea la persona que se exercita. Y en la 10.a addición el que se exercita se debe haber según los misterios que contempla; porque algunos piden penitencia y otros no; de manera que se hagan todas las diez addiciones con mucho cuidado [130].

la 2.a addición de la manera que se sigue: luego en acordándome que es hora del exercicio que tengo de hacer antes que me vaya poniendo delante de mí adónde voy y delante de quién resumiendo un poco el exercicio que tengo de hacer y después haciendo la 3.a addición entraré en el exercicio [131].

Documentos. — Por ahora nos limitamos a dar la lista de ellos; el texto y su comentario

los pondremos más adelante, en el siguiente tomo.

1.° Preámbulo para considerar estados [135]. 2.° Tres maneras de humildad [164 168]. 3.° Preámbulo para hacer elección [169].

4.° Para tomar noticia de qué cosas se debe hacer elección, y contiene en si cuatro punctos y una nota [170-174].

5.° Tres tiempos para hacer sana y buena elección en cada uno dellos [175 1.78].

6.° El primer modo para hacer sana y buena elección contiene en sí seis punctos [178483]

7.° El segundo modo para hacer sana y buena elección contiene en sí cuatro reglas y una nota [184 188]. 8.° Para emendar y refor mar la propria vida y estado [189].

6.