FUNDAMENTO DE LAS CIENCIAS SOCIALES
LA TEORÍA DEL LENGUAJE COMO FUNDAMENTO DE LAS CIENCIAS SOCIALES
va la propia actividad de búsqueda sociológica y justifica las pretensio- nes críticas de la teoría.
El logro de estos objetivos (tanto del objetivo metodológico y meta- teórico de fundamentación de la ciencia social como del objetivo teórico
de explicar cómo es posible el orden social) exigirá a HABERMAS una am-
pliación del marco categorial puesto en juego por las teorías de la socie- dad que le preceden (centradas básicamente en la acción instrumental o estratégica y la racionalidad teleológica asociada a ellas). La ampliación que postula tendrá que integrar la nueva categoría de acción comunica- tiva así como la concepción de racionalidad que se encuentra ya inscrita en este tipo de acción y que tiene como base el entendimiento intersub- jetivo entre aquellos que hablan y/o actúan.
Como hemos apuntado en el capítulo precedente, el desarrollo de
este proyecto significará para H A B E R M A S un trabajo de casi dos décadas.
A pesar de que el programa empieza a tomar forma de una manera inci- piente en la discusión con el positivismo y, de una manera ya mucho más clara en La lógica de las ciencias sociales (1966-67) —escrita bajo el impulso de aquella discusión—, no adquirirá su perfil definitivo hasta la publicación de Teoría de la acción comunicativa (1981), donde encon- tramos la presentación canónica tanto de la vertiente filosófica de la teo- ría (centrada en el concepto de racionalidad comunicativa) como de la vertiente sociológica (centrada en el concepto de acción comunicativa y la distinción mundo de vida!sistema).
Pero lo que nos interesa destacar aquí es que la materia sobre la que se estampan estas dos caras de la teoría no es otra que la pragmática formal: la teoría del lenguaje y de la comunicación que H A B E R M A S de-
sarrolla simultáneamente durante esos años y que, por tanto, constitu- yen el arco filosófico que tendrá que sostener todo el edificio teórico (incluyendo, en última instancia, su pretensión cognitivista y universa- lista). La finalidad del presente capítulo es mostrar exclusivamente cómo la formulación de esta teoría del lenguaje y de la comunicación —que analizaremos en detalle en los capítulos posteriores— es el re-
sultado natural de la confrontación crítica de H A B E R M A S con las estra-
tegias teóricas que las ciencias sociales habían puesto en práctica hasta aquel momento.
Desde un punto de visa analítico o conceptual, puede decirse que este proceso se desarrolla en dos estadios, en función de los cuales se es- tructura también este capítulo (si bien hay que decir que desde un punto de vista historiográfico relativo al desarrollo de la teoría estos dos pro- cesos tienen lugar simultáneamente):
a) En un primer estadio H A B E R M A S llega al convencimiento —so-
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contra el intento reduccionista de la teoría de la ciencia unificada el ac- ceso a la problemática de las ciencias sociales no puede prescindir del planteamiento hermenéutico. Considera que la estrategia metodológica más fructífera tiene que continuar siendo una que, como la hermenéuti- ca, no cosifique las acciones sociales y tenga plenamente presente el ca- rácter simbólicamente estructurado del ámbito de la sociología (II.2.) Esta rehabilitación del método hermenéutico —que debe emprenderse, eso sí, desde una nueva perspectiva intersubjetivista que no esté conta- minada por los supuestos de la filosofía del sujeto— significa defender —con W E B E R — que la categoría básica de la teoría sociológica es el sen- tido de la acción, de manera que la tarea principal del sociólogo será in- terpretar o descifrar este sentido (II.3).
b) El paso siguiente —que será el que distinguirá propiamente este planteamiento de la estrategia weberiana o de otras propuestas de «so-
ciología comprensiva»— será la reinterpretación por parte de HABERMAS
de esta categoría de «sentido» exclusivamente en clave de análisis lin-
güístico o, más concretamente, de pragmática lingüística. En W E B E R
—ligado como está a sus orígenes neokantianos— el concepto de «sen- tido» tiene todavía una carga fuertemente idealista y resulta ciertamente de difícil aprehensión y es precisamente por ello que será interpretado de formas diferentes —como contenido intencional, como finalidad, etc.— en función de la estrategia metodológica escogida. La propuesta de HA-
BERMAS consistirá en traducir este concepto idealista de «sentido» a la
categoría lingüística de «significado». Y precisamente será la necesidad de clarificar este último concepto lo que le llevará a desarrollar su pro- pia teoría del lenguaje y de la comunicación que analizaremos en los ca- pítulos siguientes (11.4).
La presentación de esta evolución interna que se produce en la obra de HABERMAS durante el período de consolidación de su teoría —a par-
tir justamente del problema metodológico de les ciencias sociales— ten- dría que hacer comprensible la apelación continuada a los argumentos fi- losófico-lingüísticos y a la teoría del lenguaje y de la comunicación. No podía ser de otra forma: es precisamente en la pragmática formal —y en las teorías del significado y de la verdad que se desarrollan en este mar- co— donde se encuentra el fundamento último que sostiene toda la teo- ría de la acción comunicativa así como sus pretensiones universalistas y cognitivistas, hasta el punto que el éxito de éstas depende absolutamen-
te de la pertinencia de aquélla2.
2 Debemos recordar aquí que si bien las motivaciones iniciales de HABERMAS son de carácter sociológico —en concreto: la metodología más adecuada para las ciencias sociales—, lo que nos in- teresa de todo este proceso —-dado el objetivo del presente trabajo— son particularmente las con- secuencias filosóficas que extrae del mismo (consecuencias en cierta manera inesperadas para el propio autor, como reconoce en el mismo prólogo de la TkH).
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2. LA REHABILITACIÓN DE LA COMPRENSIÓN HERMENÉUTICA COMO MÉTODO PARA LA TEORÍA SOCIAL
A mediados de los años sesenta, y como resultado de los trabajos previos sobre la necesaria mediación entre teoría y praxis, así como de su confrontación con el racionalismo crítico en el marco de la disputa del
positivismo, HABERMAS es cada vez más consciente de que desde el pun-
to de vista metodológico el acceso a las ciencias sociales no podía ha- cerse con el instrumental del que hacía uso la disciplina en aquel mo-
mento3. La disputa del positivismo se había cerrado sin cambios de
posición aparentes entre los contrincantes, pero a HABERMAS le había
servido para dar un primer paso en su propio «proceso de auto-aclara-
ción»4 en relación a la forma que debería tener la ciencia social y las ta-
reas que le corresponden.
Este proceso de auto-aclaración (iniciado al amparo de la discusión
entre A D O R N O y POPPER) continuará con el estudio (que HABERMAS cali-
fica de «informe bibliográfico») sobre La lógica de las ciencias sociales, elaborado durante 1966 y publicado por primera vez en febrero de 1967 en la revista Philosophische Rundschau. En este trabajo —que no por ca-
sualidad lleva el mismo título que A D O R N O había dado a su primera con-
tribución a la disputa del positivismo— HABERMAS emprende, como he-
mos mencionado ya en el capítulo anterior, una revisión de los diferentes enfoques metodológicos que dominaban el panorama sociológico de la época (tanto de aquellos que eran deudores de la teoría analítica de la ciencia y de su idea de la ciencia unificada, como de los que provienen de la fenomenología, la lingüística o la hermenéutica) y ello con la in- tención última de dilucidar qué estrategia teórica podía resultar más ade- cuada para las ciencias sociales, especialmente en un momento en el que los planteamientos de carácter ceintifista parecían dominar la disciplina.
Como ha señalado G. H. VON WRIGHT, esta discusión sobre la propia
naturaleza de la disciplina —que es una preocupación general de todas las ciencias— ha perseguido muy especialmente a la sociología desde
3 Véase los trabajos incluidos en Teoría y Praxis: «Kritische und konservative Aufgaben der Soziologie» («Tareas críticas y conservadoras de la sociología») en TP: 290-306/273-283; «Dog- matismus, Vernunít und Entscheidung. Zur Theorie und Praxis in der verwissenschaftlichten Civili- sation» («Dogmatismo, razón y decisión. Teoría y praxis en la civilización cientifizada»), en TP: 307-335/288-313, y, en particular, las dos aportaciones de HABERMAS a la disputa del positivismo: «Nachtrag zu einer Kontroverse: analytische Wissenschafttheorie und Dialektik» («Apéndice a una controversia: teoría analítica de la ciencia y dialéctica») publicado inicialmente en HORKHEIMER (ed.), 1963: 473-501, incluido más tarde en ZLS: 15-44/21-44 y «Eine Polemik: Gegen einen po- sitivistisch halbierten Rationalismus» («Una polémica: contra un racionalismo recortado en térmi- nos positivistas»), en ZLS: 45-76/45-70; ambos trabajos se encuentran también en el volumen co- lectivo editado por ADORNO, 1969.
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sus propios inicios como disciplina autónoma. Nacida en un momento en el que se había consolidado la demarcación metodológica fundamental entre ciencias naturales y ciencias del espíritu (o ciencias históricas) la sociología se encuentra, prácticamente desde su nacimiento, bajo el fue- go cruzado de la discusión positivismo-antipositivismo:
No es sorprendente, por lo tanto, que [las ciencias sociales] hayan ve- nido a resultar un campo de batalla para las dos tendencias en liza en la filosofía del método científico. La aplicación de métodos matemáticos a la economía política y otras formas de estudio social fue un legado de la Ilustración del siglo xvm que encontró apoyo en los positivistas del siglo xix. El mismo COMTE acuñó el nombre de «sociología» para el estudio científico de la sociedad humana. De los dos grandes sociólogos del cam- bio de siglo, Emile DURKHEIM fue esencialmente un positivista en todo lo referente a su metodología, mientras que en Max WEBER se entremezcla- ba un cierto tinte positivista con el énfasis en la acción teleológica (zwec-
krationales H ande In) y en la comprensión empática (verstehende Sozio- logie)5.
El trabajo de HABERMAS sobre La lógica de las ciencias sociales
—que en sí mismo y en términos historiográfícos constituye una extra-
ordinaria aportación a esta polémica— servirá a HABERMAS para sentar
las bases de su propio método sociológico, que debe entenderse como un intento de superación de la estrechez que debilita tanto los planteamien- tos objetivistas como los planteamientos idealistas. El trabajo se abre
precisamente con un análisis retrospectivo muy detallado —desde DILT-
HEY y RICKERT hasta GADAMER O POPPER, pasando por CASSIRER y WEBER
o HEMPEL y NAGEL— de la dicotomía entre las ciencias de la naturaleza
y ciencias del espíritu y de las diferentes y separadas metodologías que
utilizan. HABERMAS considera necesario reabrir el antiguo debate entre
ambas posiciones, agitando un dualismo que —en aquel momento, en el que los planteamientos empírico-analíticos y los planteamientos herme- néuticos se mantenían totalmente cerrados sobre sí mismos— parecía de- masiado solidificado y acríticamente aceptado por ambas partes:
El persistente dualismo que en la práctica de la investigación, acepta- mos como algo obvio, hoy en día ya no se discute en el marco de la lógi- ca de la investigación. Ya no se dirime en el plano de la teoría de la cien- 5 VON WRIGHT, 1980: 25. Resulta interesante constatar que la revisión histórica general que especialmente en el capítulo primero de este libro realiza VON WRIGHT de la problemática metodo- lógica entre ciencias naturales y ciencias del espíritu tiene un gran paralelo —incluso en las fuentes y la bibliografía que utiiliza— con la que había ofrecido HABERMAS cuatro años antes en la La ló-
gica de las ciencias sociales. VON WRIGHT conocía muy bien el trabajo de HABERMAS —que tuvo
una gran repercusión en el ámbito de la sociología en lengua alemana a finales de los 60— y su tra- bajo se refiere explícitamente a él. (véase VON WRIGHT, 1980: 52).
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