3.2. Variables de microsistema familiar
3.2.1. Variables de microsistema familiar custodio
3.2.1.2. Clima familiar
3.2.1.2.1. Calidad de la relación que mantiene el progenitor custodio con el hijo o la hija.
Otra posible variable que puede actuar como factor de protección sobre la experiencia del divorcio parental y el ajuste de los hijos e hijas tras la separación de
sus padres es la calidad de la relación existente entre el progenitor con la custodia, en general la madre, y los hijos e hijas.
El mantener una relación estrecha con ambos progenitores tras el divorcio parental es claramente un factor de protección para el bienestar y ajuste emocional de los hijos e hijas (Fabricius y Sokol, 2006; King, 2006b). En este sentido, Valery King (2006b) en un estudio reciente con adolescentes encuentra que quienes muestran un mejor ajuste psicológico son quienes mantienen una buena relación con ambos progenitores. No obstante, no siempre es posible mantener relación, y menos que ésta sea estrecha, con ambos progenitores tras la ruptura. Se ha encontrado que cuando los chicos y chicas mantienen una relación estrecha con uno de los progenitores, ésta también actúa como un factor de protección de su ajuste psicológico tras la separación de sus padres (por ej., Sobolewski y Amato, 2006). Así, cuando en un hogar monomarental la madre mantiene una relación buena y estrecha con sus hijos e hijas, (una relación caracterizada por el afecto, la comunicación, la supervisión de manera firme y consistente), los niños, niñas y adolescentes se adaptan mejor al divorcio o la separación de sus padres (DeGarmo, Forgatch y Martínez, 1999; Hines, 1997;
Vandewater y Lansford, 1998). Además, la calidad de la relación entre los progenitores y sus hijos e hijas influye en las expectativas que los primeros tienen sobre cómo va a ser el ajuste de los segundos tras el divorcio. Concretamente, cuando mantienen una relación estrecha, los padres tienen expectativas positivas de cómo va a ser el ajuste de sus hijos e hijas al divorcio (King, 2002). En definitiva, tener una buena relación con uno de los progenitores puede actuar como un factor protector del ajuste de los niños y niñas tras el divorcio y de los efectos que generan los conflictos familiares (Hetherington et al., 1982). En este sentido, Videon (2002) encuentra que cuando la relación que existe entre los progenitores y sus hijos e hijas adolescentes se caracteriza por ser conflictiva, éstos muestran un alto índice de conductas delictivas.
Por tanto, es de esperar que la calidad de la relación entre la madre y los hijos e hijas sea una variable importante e incluso que puede hacer que un niño o una niña se adapte mejor o peor a las circunstancias familiares estresantes o a las transiciones familiares. Valery King (2006b) encuentra que la calidad de la relación entre la madre y sus hijos e hijas tiene efectos más fuertes y consistentes sobre el ajuste y la adaptación de éstos que la calidad de la relación que mantienen con el padre. Como
señalan Lutzone, Wolchik y Braver (1996) una buena relación entre la madre y sus hijos e hijas actúa como mediadora de los efectos negativos que tienen los conflictos entre los progenitores sobre el ajuste de los hijos e hijas, concretamente hace que disminuya el miedo al abandono o a que la madre les rechace, sentimientos muy frecuentes en los chicos y chicas tras la separación de sus padres, sobre todo en los más pequeños. En esta línea, Riggio (2004) encontró que el divorcio está asociado a una mejora en la calidad de la relación entre chicos y chicas jóvenes (18- 32 años) y su madre lo que hace que estén más satisfechos con el apoyo social que recibe su familia.
Como se analizó en el apartado anterior, la calidad del estilo educativo de las madres puede verse afectada tras la separación (menos control, menos supervisión, menos comunicativas, incluso conductas más punitivas) (Hetherington y Clingerpeel, 1992), hecho que puede afectar negativamente a la calidad de la relación que mantiene la madre con sus hijos e hijas (Camara y Resnick, 1988; Hetherington et al., 1982; Wallerstein y Kelly, 1980). No obstante, a medida que transcurre el tiempo tras la separación, las madres suelen dar un papel más activo a sus hijos e hijas en la toma de decisiones relacionadas con cuestiones de la vida familiar, fomentando que sus hijos e hijas sean más responsables e independientes y en especial que las chicas sean más maduras que quienes forman parte de otros tipos de familias (Hetherington, 1989). Posiblemente por ello, esta misma autora encuentra que las madres separadas están más satisfechas con la relación que mantienen con sus hijas que las madres que conviven con su pareja.
Otros estudios han hallado que la influencia de la calidad de la relación entre los progenitores y sus hijos e hijas sobre el ajuste psicológico de éstos y éstas tras el divorcio parental, está mediada por otras variables. En palabras de Michael Lamb (2006) este efecto está mediado por las características del contexto familiar (circunstancias económicas, conflictos parentales, apoyos, etc).
Se ha encontrado que la calidad de la relación entre las madres y los hijos e hijas en familias monomarentales parece diferenciarse en función del género, en el sentido de que la relación suele ser más estrecha con las hijas y más estresante con los hijos (Belle, 1994, cit. en Cantón et al., 2000). Cuando la relación entre los hijos varones y la madre se caracteriza por ser mala, los chicos presentan más problemas
de ajuste académico, en las relaciones con sus compañeros y el profesorado tiene una percepción más negativa hacia ellos. A su vez, estos problemas de ajuste académico se relacionan con una baja autoestima y con problemas de control de la conducta en el contexto familiar, haciendo más probable que la madre se muestre más coercitiva e irritada con ellos (Patterson, 1986).
En un estudio de corte cualitativo realizado por Trzcinski (2002) se preguntó a chicos y chicas acerca de su relación con su madre tras la separación. Todos ellos y ellas destacaron la importancia de mantener una relación estrecha con ella. Estos chicos y chicas destacaban que su relación con su madre se veía favorecida cuando el horario laboral y el escolar coincidía, pues así se daba mayor comunicación, apoyo general y con las tareas escolares en particular. Sin embargo, el hecho de que las madres estuviesen multi- empleadas a su juicio afectaba negativamente a la relación entre ellos.
Por último, otra variable que parece estar modulando los efectos de la calidad de la relación entre la madre y sus hijos e hijas sobre el ajuste de éstos y éstas es el tiempo transcurrido desde la separación o el divorcio. Un estudio en el que se entrevistó a 58 jóvenes universitarios cuyos padres se habían separado cuando ellos y ellas se encontraban en educación primaria. Se encontró que tanto los unos como las otras afirmaban en la entrevista que la relación que mantenían con su madre se caracterizaba por ser estrecha y bastante buena y que además valoraban mucho el esfuerzo que las madres habían hecho por ellos, la implicación y el apoyo que les habían ofrecido y le seguían ofreciendo en la actualidad (Arditti, 1999). Aunque según Orbuch, Thornton y Cancio (2000) parece que la evolución de la calidad de la relación entre la madre y sus hijos e hijas es diferente según el género de éstos, en el sentido de que, a medida que transcurre el tiempo parece que la relación entre la madre y sus hijos varones se deteriora y la que mantiene con sus hijas mejora.