La creciente incorporación de la mujer al mundo laboral, el cambio de ideología y los cambios de roles del hombre y de la mujer dentro de la familia, entre otras variables, ha fomentado la mayor participación de la figura paterna en el cuidado y la educación de sus hijos e hijas, aunque todavía hay muchos padres que asumen muy pocas responsabilidades, incluso ninguna, con respecto a sus hijos e hijas (Cabrera, Tanis-LeMonda, Bradley, Hofferth y Lamb, 2000). Es por ello que en esta etapa en la que los roles de género parecen estar evolucionando hace que el rol del padre tras la separación o el divorcio sea difícil de predecir.
La implicación de los padres en la educación y crianza de sus hijos e hijas tras la ruptura es más difícil de predecir que el de las madres, aunque se sabe que está muy relacionado con la anterior a la separación. Sin embargo, a veces esto no es así y
ocurre que algunos padres implicados en la crianza y educación de sus hijos e hijas antes de la separación, se implican menos tras la misma al mantener una relación conflictiva y tensa con la madre de su hijo o hija. Otros hasta la separación se mantenían más al margen de la educación y crianza de sus hijos y es justo a partir de la misma cuando afirman descubrir su rol como padre (King, 1994). Tristemente, muchos otros no mantienen ningún tipo de contacto ni asumen ninguna responsabilidad en la crianza de sus hijos e hijas tras la separación (Cabrera et al., 2000).
En términos de Lamb, Pleck, Charnov y Levine (1987, cit. en Marsiglio, Day y Lamb, 2000) podemos distinguir tres áreas de implicación diferentes. Concretamente los autores distinguen entre la obligación o el compromiso del padre para con los hijos e hijas (alimentación, apoyo en tareas escolares, etc.), la accesibilidad (supervisión de las tareas, estar cerca de los hijos e hijas como potencial de interacción) y la responsabilidad (el padre como figura responsable del cuidado y bienestar de sus hijos e hijas). A continuación, en este apartado vamos a realizar un análisis de los distintos factores que pueden ejercer influencia sobre el tipo de implicación de la figura paterna tras la separación o el divorcio en la vida de los hijos e hijas.
El grado de implicación de la figura paterna en la crianza y educación de sus hijos e hijas tras la separación está relacionado con variables de distinta índole, por ejemplo con la duración del tiempo de la convivencia (Booth y Scott, 2006), el tipo de relación que mantiene con la madre, existiendo más probabilidad de aumentar los contactos y la implicación para con sus hijos e hijas cuando la relación que mantiene con la madre se caracteriza por ser poco conflictiva (Camara y Resnick, 1988;
Hetherington y Stanley- Hagan, 1995; Leite y McKenry, 2002). La calidad de la relación que mantenía con el hijo o la hija antes de la separación también es un factor que nos ayuda a entender cómo va a ser su implicación tras la separación o el divorcio.
Concretamente se encuentra que los padres que mantenían una relación estrecha con sus hijos e hijas antes de la separación son quienes se implican más en la educación y crianza de los mismos tras dicha experiencia (Demo, 2000).
La implicación del padre también se relaciona con algunas características de los hijos e hijas, pues hay constancia de que los padres se implican más en sus vidas y les visitan con más frecuencia cuando éstos están en edad escolar o en la adolescencia
que cuando son más pequeños, e incluso visitan más a los hijos varones que a las hijas (Booth y Scott, 2006; Seltzer, 1991).
El ajuste emocional del padre tras la separación es otra variable a tener en cuenta, pues es más probable que se impliquen más quienes presentan menos problemas de ajuste tras la separación (Camara y Resnick, 1988). En esta línea, Dudley (1996) realizó un análisis de cinco estudios, todos ellos de corte cualitativo, en los que se entrevistaba a padres que no tenían la custodia de sus hijos e hijas. Este autor encontró que la mayoría de los padres que formaron parte de los distintos estudios sentían una gran pérdida tras el divorcio, concretamente sentían que habían perdido a sus hijos e hijas, su rol como padre y su control o autoridad sobre sus hijos e hijas. Todo esto les influía negativamente sobre su ajuste emocional. Este estado emocional les llevaba a racionalizar sus sentimientos pensando por un lado, en no ver con frecuencia a sus hijos e hijas pues pensaban que éstos ya no les necesitaban, por otro, en la necesidad de dedicarse más al trabajo para estar ocupado, y por último, en la necesidad de buscar una nueva pareja que le necesite, que necesite de su dedicación.
Otra variable importante es el estilo educativo del padre antes de la separación, en el sentido de que los padres que se sienten muy identificados con el rol de padre (cuidado y educación de los hijos e hijas) antes de la separación, después de ésta luchan por mantenerlo y se implican más en las decisiones relacionadas con sus hijos e hijas (Stone y McKenry, 1998). En este sentido Stone y McKenry (1998) encuentran que los padres que creen que su función como padre está centrada en las tareas lúdicas con sus hijos e hijas, se implican menos tras la separación. Cuando mantienen una relación estrecha con sus hijos e hijas (afecto, comunicación) se implican más en la crianza y educación de sus hijos e hijas tras la separación. En la misma línea, Amato y Grilbreth (1999) encuentran que el hecho de que el padre esté implicado en el proceso de educación y crianza de los hijos e hijas favorece al bienestar de éstos.
Concretamente cuando sus prácticas educativas se caracterizan por ser democráticas, los niños y niñas presentan un mejor rendimiento académico, menos problemas emocionales y comportamentales. Esto les lleva a concluir que el padre puede contribuir más que económicamente con los hijos e hijas.
El nivel educativo del padre también resulta ser una variable relevante para explicar la implicación del mismo en la educación de sus hijos e hijas tras la
separación. Los padres con un nivel educativo más alto se implican más en las tareas de los hijos e hijas, les ayuda con las tareas del colegio favoreciendo que sus hijos e hijas presenten un buen rendimiento académico (Cooksey y Fondell, 1996).
Otro de los factores que influye en la implicación del padre en la crianza de los hijos e hijas son los recursos económicos. Meyer y Bartfeld (1996) y Meyer (1999) encontraron que los padres con mayor nivel de ingresos estaban más a favor de contribuir con el apoyo económico acordado. Estos autores encontraron que los padres que incumplían con el pago de la pensión establecida, no tenían un nivel de ingresos muy alto, aunque sus recursos económicos les permitían afrontar esos pagos. En esta línea, Smock y Manning (1997) realizaron un estudio con el que exploraron las variables que influyen sobre el cumplimiento del pago de la pensión alimenticia por parte del padre. Estos autores encontraron que el cumplimiento del pago de la pensión por parte del padre está asociado al nivel educativo de éste y a sus recursos económicos. Concretamente encontraron que a mayor nivel educativo y a mayores ingresos, en el momento en el que se les entrevistó, es más probable que los padres no custodios cumplan con el pago de la pensión alimenticia para sus hijos e hijas.
Además, un nivel alto de recursos económicos influye positivamente sobre el ajuste general de los hijos e hijas (Cooksey y Fondell, 1996). En este sentido, Greene y Moore (2000) y (King 1994) encuentran que el apoyo económico y material por parte del padre y sobretodo el apoyo informal está asociado al bienestar de sus hijos e hijas.
A pesar de los efectos positivos sobre el ajuste de los hijos e hijas que supone el apoyo económico por parte de la figura paterna tras la separación, Demo (2000) encuentra que más de la mitad de los padres separados en Estados Unidos afirma no participar en las decisiones relacionadas con sus hijos e hijas y justamente menos de la mitad de ellos ofrece apoyo económico a sus hijos e hijas.
En otros estudios se ha encontrado que la implicación del padre tras la separación en la vida de sus hijos e hijas depende de factores como la distancia geográfica entre la residencia del padre y la de los hijos e hijas (Demo, 2000) y el grado de conocimiento del rol que debe ejercer como padre tras la separación. En cuanto a este último factor, Umberson y Williams (1993) realizaron un estudio cualitativo en el que entrevistaron a 45 padres que no tenían la custodia de sus hijos e hijas. Los resultados de su estudio muestran que los padres divorciados tienen un mayor nivel de tensión para ejercer su rol como padre que los padres que conviven con
su pareja. Encontraron también que esta tensión está relacionada con las visitas, la pensión alimenticia a los hijos e hijas y con la calidad de la relación con la ex pareja.
En relación con la distancia geográfica de las viviendas, el hecho de que después de la separación ambas residencias estén alejadas y que exista desconocimiento por parte del padre acerca de su rol paterno tras la separación son circunstancias que ponen en riesgo el grado de implicación del padre en la educación y crianza de sus hijos e hijas, en el sentido de que se hace más probable que éste disminuya (Leite y McKenry, 2002). Greene y Moore (2000) encuentran que además de la cercanía geográfica entre ambas viviendas, el apoyo que ofrece la familia del padre a sus hijos e hijas son dos buenos predictores de cómo va a ser la implicación del padre tras la separación. En el sentido de que cuando las viviendas no están alejadas geográficamente y la familia del padre ofrece ayuda y apoyo a sus hijos e hijas es más probable que éste se implique más en la educación y crianza de los mismos tras la separación o el divorcio. Otro factor de protección de la alta implicación de la figura paterna es el tener la custodia compartida con la madre (Demo, 2000).
Otra variable a tener en cuenta es que cuando los padres contraen nuevas nupcias, las nuevas responsabilidades pueden ocupar su tiempo poniendo en riesgo de su implicación con sus hijos e hijas (Seltzer y Brandreth, 1994).
En cuanto a las características de la implicación del padre en la educación y crianza de sus hijos e hijas, algunos estudios han encontrado que la relación que mantienen con éstos se caracteriza por ser una relación de amistad, el padre ejerce más un rol de amigo que de padre, sobre todo al principio tras la separación, pues la mayor parte del tiempo que comparten lo dedican para ir al cine, salir de paseo, a comer fuera de casa, etc. (Furstenberg y Cherlin, 1991).
Es preciso tener en cuenta que el primer año tras la separación o el divorcio es un período de reorganización familiar donde se establecen los patrones de implicación entre el padre y los hijos e hijas (Cantón et al., 2000). De ahí, la importancia de que la intervención enfocada a aumentar la implicación del padre en la educación de sus hijos e hijas se deba producir en los primeros meses tras la separación y deba centrarse en establecer una relación cooperativa entre los progenitores para la crianza de sus hijos e hijas (Hetherington y Stanley-Hagan, 1997). Para ello es muy importante tener en cuenta las ideas evolutivo –educativas de los padres en relación al rol paterno ante la
nueva situación familiar y saber adaptarlas a los posibles cambios que acontezcan (Wilson, 2006).
Valery king (2005) ha encontrado que el grado de implicación o cooperación de la figura paterna en la educación de sus hijos e hijas tras la separación es un buen predictor de la frecuencia con la que va a mantener contactos con ellos, de la calidad de la relación que van a mantener y de la accesibilidad o disponibilidad que les va a ofrecer.
1.1.7. La frecuencia de contactos entre el padre y sus hijos e hijas tras la