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ENFOQUES Y MODELOS DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL La diversidad en el concepto de IE ha condicionado que se hayan desarrollado una amplia

In document Tesis doctoral (página 40-45)

ÍNDICE DE TABLAS

CAPÍTULO 1: INTELIGENCIA EMOCIONAL

1.2 ENFOQUES Y MODELOS DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL La diversidad en el concepto de IE ha condicionado que se hayan desarrollado una amplia

gama de modelos explicativos de ella. La clasificación más admitida (Cifuentes, 2017) distingue entre modelos mixtos, modelos de habilidad (Berrocal y Extremera, 2009) y otros modelos (García Fernández y Giménez-Mas, 2010). A continuación haremos una breve descripción de cada uno de ellos.

1.2.1 Modelos de habilidades

Estos modelos definen la IE como una habilidad o capacidad cognitiva de conocer nuestros propios sentimientos y los de los demás para actuar en función de ambos, habiendo hincapié en la relación entre los procesos cognitivos y emocionales (Mayer et al., 2000),

concluyendo que existen habilidades cognitivas para atender (evaluar y expresar), manejar y regular las emociones inteligentemente, a partir de las normas que se rigen como socialmente aceptadas y valoradas éticamente.

Salovey y Mayer son considerados como los creadores del modelo de habilidad (Berrocal y Pacheco 2005), que concibe la IE como una inteligencia cognitiva para adaptarse emocionalmente a un contexto en continuo cambio y su aplicación al pensamiento, siendo las emociones un medio para la resolución de problemas, compuesto por tres habilidades emocionales: La percepción, valoración y expresión emocional.

El modelo de Salovey y Mayer (1990) se componía inicialmente de tres ramas:

apreciación/expresión emocional, regulación emocional y uso emocional en la resolución de problemas, pero siete años más tarde reformularon su modelo, debido a que prestaba demasiada atención a la percepción y regulación emocional olvidándose de otras habilidades emocionales, por lo que ampliaron el modelo y la IE pasó a estar compuesta por cuatro factores: percepción, apreciación y expresión emocional; facilitación emocional del pensamiento (comprar emociones que nos hagan ir a la información relevante para generar un juicio u opinión y nos cambien el punto de vista); comprensión, análisis y utilización del conocimiento emocional; y regulación emocional, denominando al modelo de las cuatro ramas (Salovey y Mayer, 1997). Para este modelo explicativo, los sujetos se diferencian unos de otros en función de cómo manejan la información emocional tanto en un nivel intra-personal (propio manejo emocional) como en un nivel inter-personal (manejar las emociones de los demás).

1.2.2 Modelos mixtos

Estos modelos se caracterizan por mezclar rasgos y aptitudes, y consideran la IE como un conjunto mayor de habilidades que engloban el autocontrol, la auto-motivación, la consciencia social y el desarrollo de actividades sociales (Clarke, 2006) combinando procesos emocionales con aspectos de personalidad. Dentro de estos modelos se encuentran los de competencias emocionales (Goleman, 1995) y los de habilidades socioemocionales (Bar-On, 1997). En este grupo también se encuadra el modelo de auto- eficacia emocional de Petrides y Furnham (2003).

El modelo de competencias emocionales de Daniel Goleman (1995) se incluye dentro de los modelos mixtos de la IE, divide a la IE en dos tipos de competencias emocionales:

personales (conocimiento de uno mismo y sus emociones, capacidad de reconocer, adecuar y controlar un sentimiento en el momento que aparece logrando mayor control de la vida emocional) y sociales (reconocimiento de las emociones ajenas mediante la empatía y el control emocional en las relaciones).

Con el tiempo, Goleman (1995) ha ido reformulando estas competencias, definiéndolas con mayor amplitud, describiendo a la persona emocionalmente competente como aquella que tiene autocontrol, es entusiasta, persistente, y posee habilidad de auto-motivación. Para el autor, “hay una palabra pasada de moda que engloba todo el abanico de destrezas que integran la IE: el carácter” (p.285).

El Modelo Multifactorial de Bar-On (1997) considera la inteligencia socio-emocional, como un conjunto de aptitudes, competencias y habilidades no cognitivas (componentes factoriales) que influyen junto con las exigencias del contexto en la capacidad para conseguir logros. Divide las competencias socio-emocionales en cinco grupos diferenciados (Sosa Baltasar, 2014): Intrapersonales, Interpersonales, Adaptabilidad, Manejo del estrés y Estado de ánimo y motivación (felicidad y optimismo). Las personas socio-emocionalmente inteligentes tienen la habilidad de atender correctamente a sus emociones, lo que implica reconocerlas y expresarlas, así como regularlas, adecuándolas al contexto para poder relacionarse satisfactoriamente con los demás, empatizando y manteniendo relaciones interpersonales satisfactorias y responsables, sin llegar a ser dependientes; y se caracterizan por algunos rasgos tales como optimismo, flexibilidad, realismo y afrontación a los obstáculos sin estrés.

Los modelos mixtos de Goleman (1995) y Bar-On (1997) dieron una visión más amplia de la IE que los de habilidad, ya que tuvieron en cuenta tanto aspectos cognitivos como no cognitivos, centrándose en los rasgos de personalidad.

El modelo de autoeficacia emocional de Petrides y Furnham (2001) distinguió la IE tanto como un rasgo como una capacidad, como grupo de destrezas y habilidades relativas al procesamiento emocional del individuo. Su modelo de rasgo de autoeficacia emocional, está basado en su revisión de los modelos de IE más destacados y se fundamenta más en la

percepción subjetiva que la persona tiene acerca de sus capacidades emocionales que en la capacidad que el sujeto demuestra tener en el manejo emocional de situaciones diarias (Petrides, 2010).

1.2.3 Otros modelos

En este grupo de modelos explicativos de la IE, incluimos aquellos que incluyen diferentes aspectos de personalidad, habilidades cognitivas y otros factores personales.

El modelo de Cooper y Sawaf (1997) se ha desarrollado principalmente en el ámbito empresarial, postula que la IE está basada en cuatro bloques: Alfabetización emocional, Agilidad emocional, Profundidad emocional y Alquimia emocional o habilidad de innovación con problemas y presiones.

El modelo de Boccardo, Sasia y Fontenla (1999) distingue entre la inteligencia intrapersonal (habilidades de autoconocimiento emocional, control emocional y auto- motivación) y la inteligencia interpersonal (capacidades de reconocimiento de las habilidades ajenas).

El modelo de Matineaud y Engelhartn (1996) se centra en evaluar la IE mediante cuestionarios orientados a diferentes contextos de la vida cotidiana, e integrando como componentes de la IE: el auto-conocimiento, gestión del humor, automotivación positiva, control de impulsos y apertura a los demás (empatía). Este modelo se diferencia del resto por introducir factores exógenos, creados por los sujetos a través del entorno.

El modelo de Elías, Tobías y Friedlander (1999) sostiene que los componentes de la IE son: autoconocimiento, y conocimiento emocional de los demás (empatía), comprensión de diferentes perspectivas, hacer frente a los impulsos emocionales, plantearse objetivos positivos y planes para alcanzarlos, y utilizar habilidades sociales.

El modelo de Rovira (1998) engloba la IE en 12 dimensiones, que pueden resumirse en una actitud emocional positiva que reconoce, expresa y controlar los propios sentimientos así como los de los demás mediante la empatía, siendo la persona emocionalmente inteligente capaz de tomar decisiones adecuadas con motivación, ilusión, interés y autoestima que le proporcionarán habilidades para ser capaz de superar las dificultades, frustraciones y polaridades.

Los modelos de Autorregulación emocional para lograr la eficiencia y el logro, como el modelo de Vallés y Vallés (1999), el modelo Secuencial de Bonano (2001) y el modelo de las experiencias Emocionales de Higgins (1999), se diferencian entre sí por las dimensiones que postulan sus autores, pero todos concluyen que los seres humanos portamos un grado de IE que se ha de autorregular para su eficiencia.

El modelo de procesos de Barret y Gross (2001) parte de los anteriores modelos, e incluye una serie de procesos como selección y modificación de la situación, despliegue atencional, cambio cognitivo y modulación de la respuesta.

A modo de síntesis podemos afirmar que los modelos de habilidades se centran en estudiar aquellas capacidades mentales que favorecen el procesamiento de información basada en el afecto (Mayer, DiPaolo, y Salovey, 1990). Los modelos mixtos o de rasgo se caracterizan por interpretar que la IE posee dimensiones de la personalidad variables, como son la asertividad, la empatía y el optimismo, así como capacidades mentales y emocionales (Bar-On, 1997; Goleman, 1995). Finalmente, los “otros modelos” complementan a los modelos mixtos y de habilidades, pues incluyen habilidades cognitivas y elementos que forman parte de la personalidad y la complementan, teniendo en cuenta, tanto las dimensiones endógenas del individuo, como las exógenas (García-Fernández y Giménez- Mas, 2010).

Los expertos en la materia han tenido que adoptar uno de los tres enfoques: habilidad, mixtos (también llamados de rasgo) u otros modelos complementarios, entendidos como otros puntos de vista en abordar una misma temática, en este caso la IE. Esto les ha conducido a constructos diferentes de la IE y por consiguiente, a la elección de instrumentos de evaluación que miden un constructo u otro en función del modelo empleado, lo que ha llevado a resultados contradictorios en las investigaciones científicas (Bisquerra, 2009, citado por Pérez, 2017).

De todos ellos hemos escogido para nuestra investigación el modelo de Salovey y Mayer, por su coherencia, viabilidad y rigurosidad tanto científica como teórica desde sus comienzos hasta la actualidad, facilitando el desarrollo de programas de intervención viables que pueden evaluarse posteriormente (Berrocal y Pacheco, 2005).

In document Tesis doctoral (página 40-45)

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