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MODELOS EXPLICATIVOS DE LA CREATIVIDAD

In document Tesis doctoral (página 76-80)

ÍNDICE DE TABLAS

CAPÍTULO 2: CREATIVIDAD

2.2 MODELOS EXPLICATIVOS DE LA CREATIVIDAD

Algunos investigadores (Fernández-Fernández y López-Peralta, 1998, Rodríguez- Rodríguez, 2010 o Mejías, 2012; entre otros) proponen una clasificación de teorías de la creatividad que ofrece una visión general de la misma, para que pueda ser aplicada a todos Urban (1990); la Teoría de la inversión de Sternberg y Lubart los ámbitos, y nace de un estudio comparativo entre diferentes modelos explicativos, fruto de la interacción de factores cognitivos, personales y ambientales.

Este es el caso de los tres modelos teóricos de creatividad que exponemos a continuación:

el modelo componencial de (1993) y el modelo teórico de pensamiento productivo de Treffinger, Feldhusen e Isaken (1990).

El Modelo de Urban (1990, 1995), entiende la creatividad como el resultado de la interacción entre factores cognitivos, pensamiento general/específico y personalidad. Se entienden por factores cognitivos, la mezcla entre pensamiento divergente, cuyas características son la flexibilidad, elaboración u originalidad entre otras, el pensamiento general, el pensamiento de un área específica y los factores de personalidad definidos como compromiso con la tarea, tales como la concentración, firmeza y persistencia, la motivación, como los motivos, curiosidad, necesidad e interés y la tolerancia a la ambigüedad como el humor, la autonomía, inconformidad y capacidad para afrontar riegos.

La teoría de la inversión de Sternberg y Lubart (1993) considera creativa a la persona que persiste en el empeño de lograr el posicionamiento de su teoría, a pesar del rechazo inicial por apartarse de lo establecido (Fernández y Peralta, 1998; Sepúlveda, 2003). Esta teoría postula que la creatividad es la interacción de varios elementos como: Procesos intelectuales, conocimiento, estilos intelectuales, personalidad, motivación y contexto.

Finalmente el modelo teórico del pensamiento creativo de Treffinger, Feldhusen e Isaksen (1990) considera que el surgimiento creativo proviene de la interacción de conocimientos, elementos motivacionales y procesos meta-cognitivos que proporcionan al sujeto las herramientas necesarias para la creatividad, considerada como el producto de una serie de estrategias personales puestas en acción para dar sentido y significado al contexto con una buena toma de decisiones y resolución de problemas en la vida.

2.2.2 Teorías personalistas o integradoras.

Otros autores diferencian entre teorías personológicas e interrelacionales (Garaigordobil y Pérez, 2005) o personalistas e integradoras (Acevedo 2012; Aguilera Luque, 2016; Rebollo y Soubirón, 2010; Zavaleta, 2017).

Las teorías personalistas o personológicas se centran en el propio individuo creador, en sus rasgos de personalidad, de inteligencia y cognitivos, aspectos motivacionales y actitudinales que ensalzan la conducta creativa, e incluso aquellos aspectos afectivos que también pueden influir en dicha conducta y que provienen de manera intrínseca del propio sujeto creador.

Dentro de los modelos personalistas, podemos encontrar modelos de rasgos, cognitivos y asociativos. Entre los modelos de rasgo está la teoría del umbral de Torrance (1962), la cual sostiene que la inteligencia es una condición necesaria para la creatividad, pues se necesita un mínimo para que aflore la creatividad, pero no es suficiente, pues no hay correlaciones positivas entre ambos constructos.

Dentro de los modelos cognitivos encontramos la teoría evolutiva de Campbell (1960), que considera que para que aflore la creatividad, el autor primero debe despojarse de sus conocimientos previos para poder producir uno nuevo y por tanto creativo. El modelo cognitivo de Gildford (1967) propone un tipo de pensamiento asociado a la creatividad que difiere de la inteligencia medida con un CI, al que denomina pensamiento divergente.

Finalmente, el modelo de Gardner (1983) defiende que inteligencia y creatividad son elementos múltiples y relacionados, (Gardner 1993).

Dentro de los modelos asociativos encontramos el de Mednick (1962), que describe la creatividad como el pensamiento creativo que surge desde el proceso en el cual elementos dispares se unen para crear nuevas combinaciones útiles para la persona y la sociedad.

Los modelos integradores, se enmarcan en el campo de la cognición social, y consideran que el contexto influye en la conducta creativa del individuo debido a la percepción e interpretación subjetiva que el sujeto hace de él (Lewin, 1951). Dentro de este bloque se enmarca el modelo componencial o psicosocial de Amabile (1983, 1990), el cual trabaja la influencia del ambiente en tres componentes creativos: destrezas de dominio y creativas (estilo cognitivo de la persona como un estilo de trabajo en el que predomina el esfuerzo y la concentración para que se dé la creatividad) y motivación en la tarea (lo que un

individuo puede hacer y lo que realmente hace). Otro modelo integrador es el modelo sistémico, que entiende la creatividad como el resultado de las interacciones que se producen entre los tres elementos: dominio, campo y persona (Csikzentmihályi, 1999).

La teoría del modelo de inversión de Sternberg y Lubart (1991), entiende que la creatividad no es una suma de recursos, sino una compensación de los mismos. El modelo biopsicosocial de Dacey y Lennon, (1998) parte de que cualquier acto creativo surge de la interacción de factores biológicos, psicológicos y sociales. Finalmente, el modelo sociocultural defendido por Sawyer (2006) sostiene que la creatividad es una materia multidisciplinar, por tanto, se debe entender también desde factores sociales.

2.2.3 Otras teorías

Portnova (2019), basándose en la clasificación que Kozbelt, Beghetto y Runco hicieron en el 2010, divide las teorías de la creatividad en: Teorías basadas en la resolución de problemas, que se centran en el sujeto creativo y como éste encuentra soluciones a los problemas. Teorías de búsqueda de problemas, que son una crítica a los modelos anteriores, y están basadas en la capacidad del sujeto para encontrar el problema en sí, como algo fundamental para su resolución. Las teorías evolutivas, que explican cómo la creatividad es difícil de explicar por sus influencias externas del entorno al que el sujeto debe adaptarse. Las teorías tipológicas, que se centran en las características individuales de las personas. La teoría de sistemas que entiende la creatividad como una variable compleja que no actúa de manera independiente sino relacionada con otras variables. Las teorías de desarrollo, que explican la creatividad longitudinalmente a lo largo de la vida del sujeto.

Las teorías psicométricas, que explican la creatividad desde la necesidad de ser evaluada a través de pruebas estandarizadas. Las teorías económicas, que explican la creatividad aplicada al trabajo, al rendimiento y la innovación. La teoría de etapas y procesos componenciales que dividen el proceso creativo en fases y, finalmente, las teorías cognitivas, que tienen en cuenta tanto a la persona como al proceso creativo y que conforman la base general de otras teorías. Esta clasificación proviene de la teoría de las

“4c” que desarrollaron Kozbelt y Kaufman en 2007.

Soto (2013) diferencia 5 enfoques de la creatividad: psicométrico, cognitivo, de personalidad, contextos y confluencia. El enfoque psicométrico, hace mención al producto

creativo representado por autores como Guildford o Torrance, los cuales han desarrollado pruebas de evaluación psicométrica, hoy en día, importantes y muy utilizadas en las investigaciones. El enfoque cognitivo, hace mención al proceso creativo que realiza el sujeto, dentro del cual nos encontramos con el enfoque interactivo de Gardner y la teoría del pensamiento ordinario versus pensamiento creador de Perkins (1988). El enfoque de la personalidad o personalista, centrado en el sujeto creador y sus características personales, donde se encuentra la teoría de rasgos de la personalidad creadora de Barron (1976), la teoría de los contextos de Simonton (1999), y finalmente el enfoque de confluencia, en el que se da importancia al contexto para la creatividad. Dentro de este enfoque se citan autores como Amabile (1983), y Csikszentmihalyi (1990), así como la teoría de la inversión de Sternberg y Lubart (1991) ya citada.

Tristán y Mendoza (2016) en su revisión de las principales clasificaciones de la creatividad observaron que las más abundantes son aquellas centradas en la creatividad como un proceso cognitivo, que explican el pensamiento convergente como un proceso espontáneo y no sistemático del individuo, acorde con autores como Torrance (1979), Guilford (1959, 1966) o Corbalán et al. (2003) entre otros, quienes además han aportado instrumentos de evaluación que han sido utilizados en numerosas investigaciones que a continuación detallaremos.

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