ÍNDICE DE TABLAS
CAPÍTULO 2: CREATIVIDAD
2.1 EVOLUCIÓN Y CONCEPTO DE CREATIVIDAD
reinvención de los conocimientos. De este modo acercó la pedagogía al concepto de creatividad.
Por tanto, el estudio científico de esta variable es relativamente reciente, fue Gildford (1950) quien lo introdujo en una conferencia ante la American Psychological Association (APA), diferenciando 3 aspectos dentro de ella: contenido, operación (representado por la fluidez, flexibilidad y originalidad) y productos creativos, como resultado final de la creatividad. Hasta ese momento la creatividad había sido considerada como algo místico.
El hecho de que fuese un concepto multidimensional, multifacético, y polisémico, que implicaba la interacción entre múltiples dimensiones; le hizo un término difícil de entender (Ámabile, 1983; De la Torre, 1991; Garaigordobil 2003 y Serrano 2004).
Posteriormente la creatividad ha sido estudiada desde diferentes perspectivas, teniendo en cuenta el ambiente (Amabile 1983; Csikszentmihalyi 2006; Corbalán, Martínez y Limiñana 2006; De la Torre 1991; Gardner 1993; Miller 2000; Rogers, 1979; Sternberg 1995; y Menchén 2009), las características de las personas (De Bono 1974; Dudek 1974;
Guilford 1977 y Torrance 1965), el proceso (Abric 1985; Barron 1955; Gordon, 1961) o el producto creativo (Runco, Plucker y Lim, 2001; López-Fernández y Llamas-Salguero, 2018; Piaget 1964; Runco y Sakamoto 1998; Runco, Plucker y Lim, 2001).
Díaz Martínez, Llamas Salguero y López Fernández (2016), a partir de las aportaciones previas de Mooney (1963) y MacKinnon (1970), definen estas cuatro dimensiones de la creatividad de la siguiente manera:
- Persona: desde el punto de vista de la persona, la creatividad se considera como una constelación o combinación de características que capacitan a la persona para un uso óptimo de la metacognición (López- Fernández y Llamas-Salguero, 2018). Esta dimensión hace referencia a los aspectos no cognitivos (estados motivacionales, rasgos de personalidad y un estilo de trabajo favorecedor de la creatividad) de la creatividad (Romo, 2006).
- Proceso creativo: Es el proceso cognitivo que comienza con la necesidad de interpretar una situación que supone un fallo, para lo cual se inicia una serie de soluciones mentales. Estaría formado por una secuencia de pasos o estadios distintos hasta llegar a la resolución del problema (producto creativo). La creatividad se
considera desde esta dimensión como una destreza que tienen las personas para plantear y solucionar problemas (Elisondo y Donolo, 2013). Sastre-Riba y Pascual- Sufrate (2013) la entienden como un repertorio de actividades y conductas humanas, al considerar las numerosas habilidades cognitivas que despliega la persona desde el momento que detecta la necesidad de dar solución hasta que soluciona (producto final creativo, que puede ser o no algo tangible). Para algunos autores como Wallas (1926) y Barron (1976), el proceso creativo está compuesto por una serie de fases:
calentamiento, crear un estado mental propicio para la creatividad (López, 2015), preparación (establecer los límites y buscar información del problema), incubación (inspiración del sujeto), iluminación (encontrar la solución), verificación (evaluación de soluciones encontradas), elaboración, y llevar a cabo la idea o producto creativo (Campos, 2017).
- Producto creativo: La creatividad es la producción de algo nuevo con suficiente impacto y transcendencia. Puede hacer referencia tanto a productos artísticos como derivados del proceso científico o la resolución de tareas.
- Ambiente/contexto: Implica que la creatividad no viene por el simple azar, sino que está influenciada por factores ambientales, sociales y culturales. La creatividad se entiende como un fenómeno influenciado por el contexto, que repercutirá en la creatividad de los sujetos, así como en sus procesos y sus producciones creativas (Cuadros, Valencia y Valencia, 2008). En el contexto educativo, Garcês, Pocinho, Neves y Viseu (2016), remarcan la influencia de la familia, la escuela y la sociedad en este desarrollo.
Teresa Huidobro Salas, en su tesis doctoral titulada Una definición de creatividad a través de 24 autores, define claramente estas variables (persona, producto, proceso y ambiente o contexto), como elementos definitorios del concepto creatividad (Huidobro Salas, 2002), aceptados por la mayor parte de los autores, evidenciando que no es tanto un sustantivo como un adjetivo que califica a una persona, un proceso, un producto creativo y un contexto en el que éste se desarrolla (Belmonte, 2013). A este modelo denominado “4P,s”, por cómo se denominan estos elementos de la creatividad en inglés (product, person, process and place), otros autores le han añadido otras dos dimensiones más, la persuasión
de Simonton (1990), entendida como una capacidad de la persona creativa para crear razonamientos críticos válidos para cambiar la forma de pensar de otras personas (Simonton, 2009) y el potencial de Runco (2003), definido como procesos de la creatividad no manifestados y subjetivos (Runco, 2003), que han configurado un modelo nuevo denominado de “6P,s” (Aguilera Luque, 2016).
Desde las primeras definiciones de creatividad hasta las más actuales, observamos cómo se da importancia a la persona como centro de la creatividad, así como al producto y proceso creativo. El contexto o ambiente es el que ha cobrado protagonismo en las últimas investigaciones.
Por su parte, la red neurológica de la creatividad está aún por determinar (AzizZadeh, et al., 2013), sin embargo, hay acuerdo entre investigadores en cuanto a considerar la creatividad como un proceso cognitivo multidimensional y difícil de abordar que requiere de la actividad neuronal de ambos hemisferios del cerebro (Rodríguez-Muñoz, 2011), no únicamente el hemisferio derecho como se creía inicialmente, sino de su totalidad (Díaz Martínez, Llamas-Salguero y López-Fernández, 2016). La creatividad sería, por tanto, el conjunto de habilidades cognitivas, emocionales y motoras de un individuo, las cuales a través del proceso de enseñanza-aprendizaje le proporcionan la estimulación y motivación que le permiten expresar su creatividad estableciendo soluciones innovadoras a los problemas diarios (Velásquez, De Cleves y Calle, 2010).
Si entendemos la creatividad como una capacidad superior del pensamiento, algunos autores como López Calichs (2007) la entienden como esa capacidad que modifica el contexto así como al propio individuo, dando lugar al aprendizaje creativo, el cual debe ser individualizado, significativo y desarrollador, con una originalidad de carácter única y personal, para generar cultura, dentro del contexto social en el que el sujeto está inmerso.
En este sentido, Corbalán, Martínez, Donolo, Tejerina y Limiñana, (2003) sostienen que la cantidad de producto creativo que generan los individuos se explica en términos de flexibilidad cognitiva, definida como la habilidad del sujeto para adaptar los desempeños creativos a las condiciones ambientales.
Dávila (2004) concibe la creatividad como una capacidad emprendedora más común en ambientes complejos, dinámicos, en los que las personas requieren idear alternativas ante
el riesgo y la incertidumbre y, respecto a las cuales no hay experiencias similares previas (Lastra y Merlo, 2018).
Otros autores estudian la creatividad como una fortaleza del carácter de las personas relacionada con el razonamiento, cuya virtud quedaría asociada a la sabiduría y el conocimiento (Castro-Solano y Cosentino, 2017; Hernández, 2015). En este sentido, Seligman (2019), la define como una fortaleza cognitiva del sujeto que implica la adquisición y el uso del conocimiento, que promueve la curiosidad, la apertura mental, el juicio y pensamiento crítico, así como el amor por el aprendizaje, pues genera en la persona una predisposición hacia el mismo, la cual se conceptualiza como tener ideas originales y útiles (Castro-Solano y Cosentino, 2017).
Cuando nos movemos en ambientes educativos, Gervilla (2003) insiste en que no es posible el desarrollo de las habilidades creativas dentro de un ambiente coercitivo, destacando la importancia de metodologías activas en las aulas donde el alumno es protagonista de su propio aprendizaje para fomentar la creatividad de los alumnos.
Algunos autores (Goñi 2000, citado por Chacón y Moncada, 2006), consideran la creatividad como una característica típica de personas talentosas capaces de aportar en la sociedad, innata de la mente humana y que se encuentra potencialmente en todas las personas (Menchén, 2001; Peñaherrera y Cobos, 2012), por lo cual puede aprenderse y desarrollarse, de ahí la importancia de introducirla en las aulas universitarias.
Rodrigo y Rodrigo (2012, citado por Abarca-Cedeño y Orozco 2019), resaltan la necesidad de que el sistema educativo valore la creatividad como parte del proceso de enseñanza- aprendizaje de los alumnos y promueva competencias acordes a las necesidades de la sociedad.
Para concluir y teniendo en cuenta las aportaciones de los diferentes autores y las teorías aquí descritas, nos aventuramos a acotar el término de creatividad como un atributo, pero fundamentalmente un proceso cognitivo innato en la capacidad humana, capaz de transformar el pensamiento aprendido en algo nuevo y original, influenciado tanto por las propias características personales y emocionales como por estímulos externos del ambiente, donde la educación resulta propicia para su desarrollo.