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INTERVENCIÓN PARA EL DESARROLLO DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL

In document Tesis doctoral (página 155-167)

ÍNDICE DE TABLAS

CAPÍTULO 5: PROGRAMAS DE INTERVENCIÓN PARA EL DESARROLLO DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL, LA

5.1 INTERVENCIÓN PARA EL DESARROLLO DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL

CAPÍTULO 5: PROGRAMAS DE INTERVENCIÓN PARA EL

- Programa “La educación emocional a través del lenguaje dramático” de Luis Núñez Cubero (1975), dirigido a alumnos de bachillerato. Tiene en cuenta los beneficios de algunas estrategias utilizadas en la pedagogía teatral. Considera que el empleo del “lenguaje escénico” y, en particular, el lenguaje dramático-corporal es efectivo para fomentar algunas áreas de intervención en Educación Emocional.

- Programa “Desarrollando la inteligencia emocional” (D.I.E.) de Arándiga y Tortosa (1998). Dirigido a las etapas de Primaria, E.S.O y Bachillerato. Pretende lograr una autoconciencia y control emocional, además de desarrollar la empatía y mejorar las relaciones interpersonales.

- Programa “Siendo Inteligentes Con Las Emociones” (S.I.C.L.E.) de Arándiga (1999). Está dirigido a alumnos comprendidos entre el segundo ciclo de Educación Infantil y primero de Educación Primaria. Su objetivo es fomentar el desarrollo emocional a través del uso de la inteligencia intrapersonal e interpersonal, es decir, a través de la expresión de las propias emociones, pero también a partir de la empatía, para formar alumnos capaces de controlar sus emociones y alcanzar una felicidad que les haga conseguir sus metas.

- Programa de “Inteligencia Emocional para la convivencia escolar” (PIECE) de Arándiga (2000) cuyos objetivos son hacer hincapié en el desarrollo de la autoestima y el auto-concepto para promover habilidades sociales positivas (Pérez, 2011).

- Programa para el “Desarrollo y Mejora de la inteligencia Emocional de Espejo”, de García-Salmones y Vicente (2000). Dirigido a adolescentes, tiene como fin el desarrollo de habilidades sociales que implican relacionarse asertivamente y adquirir las habilidades emocionales para reconocer y controlar emociones, tanto propias como ajenas.

- Programa “Desconócete a ti mismo” de Güel (2000). Basado en la teoría de las inteligencias múltiples de Gardner (1983), está orientado a la educación secundaria y al bachillerato. Sus objetivos son desarrollar la IE de los alumnos mediante el entrenamiento de la autoestima, el autoconocimiento, las habilidades comunicativas, la asertividad y el autocontrol emocional para superar situaciones

estresantes, mejorar las relaciones interpersonales y evitar conductas agresivas y pasivas, fomentando así la toma de decisiones, la resolución de problemas en el ámbito psicosocial y las capacidades creativas.

- Programa “Filosofía para Niños” de Félix García (2002), desarrollado con niños de edades tempranas (3 años), está basado en la estimulación de la inteligencia racional y emocional. Recurre a la filosofía para potenciar en los niños el desarrollo personal, incluyendo las dimensiones cognitivas y las afectivas.

- Programa “Sentir y pensar, Educando para la vida” de Moraes y De La Torre, (2002), destinado tanto a alumnos de tres a cinco años como para el profesorado que imparte clases en dicha etapa. Consta de materiales como cuentos, actividades y otros recursos, que trabajan contenidos tales como la conciencia, autonomía, y Regulación emocional, así como competencias sociales para la vida y el bienestar.

(Bisquerra, 2010).

- Programa “Ulises” de Comas, Moreno y Moreno (2002). Orientado a adolescentes, parte de la idea de que mejorar sus competencias personales y sociales reducirá la posterior motivación hacia el consumo de sustancias y conductas problema. Las sesiones giran en torno a lecturas de las experiencias de Ulises en la batalla de Troya, de ahí el nombre del programa (Laprida, Hervás y Laprida Martín, 2013).

- Programa de Educación emocional de Segura y Arcas (2003), está basado en el concepto de “Analfabetismo Emocional”, entendido como la carencia o tenencia inadecuada de IE y todo lo que ella implica, y en los dos tipos de “Inteligencias Personales” (inter e intrapersonal acuñadas por Gardner en 1983). Está formado por ocho sesiones de cuarenta a sesenta minutos de duración aproximada, cuyos contenidos son: sentimientos, emociones, estados de ánimo, alegría, satisfacción, felicidad, tristeza, melancolía y nostalgia mediante una metodología activa (Laprida, et al., 2013).

- Programa “Construyendo Salud” de Luengo, Gomez-Fraguela y Arcas (2003), elaborado a partir del programa “Entrenamiento en Habilidades de la Vida”, iniciado en 1991 por Gilbert J. Botvin. Está orientado a niños de entre 12 y 14 años, y pensado para impartir en la educación formal con una duración variable, de una o

varias sesiones por semana. Tiene como objetivos principales: evitar y/o reducir el consumo de sustancias adictivas entre adolescentes, así como evitar y/o reducir las conductas antisociales.

- Programa “Desarrollando la Inteligencia Emocional” de Vallés (2003). Basado en el modelo de Competencia Emocional de Goleman (1998-2001), está orientado a alumnos desde Primaria hasta Bachillerato. Sus objetivos son lograr una autoconciencia emocional, control emocional y empatía, como comprensión de las emociones de los demás, obteniendo resultados satisfactorios tras su aplicación.

- Programas JUEGO, de Garaigordobil (2003, 2004, 2005, 2007), orientados a alumnos de 4-6, 6-8, 8-10, 10-12 años y Programa de intervención con adolescentes de Garaigordobil (2008). Son programas de intervención preventiva para el desarrollo socio-emocional y utilizan como única herramienta una metodología lúdica, basada en el juego, participativa y dinámica basada en el debate y otras técnicas grupales. Tienen como finalidad fomentar la conducta prosocial, el desarrollo emocional y prevenir la violencia.

- Programa “Instruccional para la Evaluación y Liberación Emocional” (PIELE) de Hernández y García (2004), destinado a niños entre seis y doce años, con el objetivo de fortalecer el autoconcepto, el control emocional y la comunicación entre sus iguales, desarrollando buenos hábitos de trabajo y autonomía.

- “Programa educativo de conciencia emocional, regulación y afrontamiento”

(PECERA) de Muñoz de Morales (2005). Se fundamenta en la psicología humanista y el enfoque cognitivo-evolutivo del desarrollo moral (Erikson, 1980;

Kohlberg,1992; Piaget, 1932-1984 y Turiel, 1983); la psicología cognitiva (Ellis, 1962; Beck, 1976); la teoría de las inteligencias múltiples (Gardner, 1988); los modelos de IE (Salovey y Mayer, 1990; Bar-On, 1997); el modelo transaccional de estrés (Lazarus y Folkman, 1986) y las investigaciones sobre educación emocional aportadas por Bisquerra (2000). El objetivo principal de este programa es minimizar los niveles de estrés psicosocial dentro del aula, entre la relación profesor-alumno, mediante el desarrollo de competencias emocionales relacionadas con las variables de educación emocional y estrés psicosocial.

- “Programa educativo para el desarrollo emocional y moral” (PECEMO) de Alonso- Gancedo e Iriarte (2005). Está dirigido a alumnos de educación secundaria. Tiene como objetivo fomentar mediante la actividad psicopedagógica, el desarrollo humano de todas sus dimensiones y facetas, ya que consideran a los adolescentes personas en continuo proceso de crecimiento personal (Martinez Clares, 2002;

Redín, Alonso-Gancedo y Sobrino, 2006).

- Programa para mejorar la “convivencia escolar” (CONVES) de García Rincón y Vaca (2006). orientado a estudiantes de primaria y de secundaria. Contiene 18 actividades con las que se pretende crear un buen clima que destaque por la convivencia, el compañerismo y la integración, tratando así de prevenir el acoso escolar y la violencia entre iguales y fomentar la convivencia escolar. La intervención se lleva a cabo en dos sesiones semanales de 45 minutos de duración.

- Programa para la mejora de la INTeligencia EMOcional (INTEMO) de Ruiz- Aranda, Fernández Berrocal, Cabello y Salguero (2008). Está basado en el modelo de IE de Mayer y Salovey (1997). Se dirige a alumnos de 12 a 18 años. Su objetivo es dotarles de habilidades emocionales analizando su influencia sobre el inicio y consumo de cualquier sustancia adictiva, así como, variables psicosociales de autoestima, adaptación personal, inadaptación escolar o desajustes clínicos. Está estructurado en 4 fases de intervención: percepción de las emociones en uno mismo y en los demás, facilitación emocional, comprensión emocional, y regulación emocional mediante actividades dinámicas y de juego que se realizan en pequeños grupos. Sus resultados positivos han sido validados por Castillo, Salguero, Fernández Berrocal y Balluerka (2013) y Cobos, Flujas y Gómez-Becerra (2019).

- Programa de educación emocional “Recognize, Understand, Label, Express and Regulate emotions” (RULER) elaborado por Brackett et al. (2009); Rivers y Brackett, (2011) de la universidad de Yale. Está orientado a alumnos de Educación Infantil. Su objetivo principal es generar un clima emocional positivo, además de optimizar la IE en toda la comunidad educativa, consiguiendo así el desarrollo académico, emocional y social de los alumnos y que estén capacitados para resolver los problemas que les surjan.

- Programa de aprendizaje social y emocional (ASEL-P) desarrollado por la institución educativa SEK (2010). Fue implantado en los colegios SEK por Linda Lantieri (miembro del equipo CASEL) y un equipo de profesores especializados debidamente entrenado. Se basa en dos programas americanos “The Inner Resilence Program” (IRP) y “El programa de resolución creativa de conflictos”, avalados por CASEL y que fueron adaptados al curriculum y al contexto español.

Sus objetivos originarios fueron mejorar la violencia en el aula y por consiguiente la convivencia a través de habilidades comunicativas (Vílchez; 2002). En contexto nacional el objetivo fue mejorar las habilidades socioemocionales de profesores y alumnos de Educación Primaria y hacer de la educación emocional una cultura institucional. El programa tuvo unos resultados muy positivos y fue validado por el equipo ASE de la Facultad de Educación de la Universidad Camilo José Cela.

Antecedente del presente estudio.

- Programa de “Salud Emocional” de Pellicer (2011) se basa en el modelo de Competencia Emocional de Bisquerra (2000), se aplica en Educación Secundaria y ofrece orientaciones para profesorado y alumnado. Sus objetivos van orientados a las competencias emocionales que desarrollan el nivel de conciencia emocional, que mejoran la Regulación emocional, desarrollan la competencia social y amplían las habilidades de vida y el bienestar de los estudiantes.

- “Programa de Entrenamiento de la Inteligencia Emocional Plena” (PEIEP) de Ramos, Olivia, y Enríquez, (2012). Se centra en el modelo teórico de IE de Mayer y Salovey (1990) y el concepto de IE Plena (IEP). Está orientado a adultos con posibilidad de adaptación a otras etapas educativas, desde primaria hasta la universidad. Se puede aplicar individualmente o de forma colectiva y su eficacia ha sido demostrada en educación primaria por Fernández, Sáenz-López, Almansa, Budia, López, Márquez y Zafra (2014).

- Programas del Grupo de Investigación en Orientación Psicopedagógica (GROP), elaborados por el grupo investigador en IE de la universidad de Barcelona, cuyo IP es Rafael Bisquerra. Son programas para la educación del profesorado en educación emocional, cuyos contenidos están basados en mejorar la competencia

emocional en la etapa de la educación primaria (de los 6 a los 12 años), (Soldevila, Filella, Ribes y Agulló, 2007).

- Programa de “Educación Emocional” creado por Fernández de la Cruz et al.

(2016). Está orientado a alumnos de sexto curso de educación primaria (11-12 años). Se trata de 15 sesiones agrupadas en 4 bloques de contenidos de acuerdo al

“Modelo Multifactorial de la Inteligencia Emocional” de Bar-On (1997), cuyo objetivo principal es generar relaciones de género saludables, basadas en valores como la igualdad, el respeto y la libertad individual, para anticiparnos al establecimiento de las relaciones no beneficiosas entre el hombre y la mujer que puedan sustentar la violencia de género futura en sus distintas modalidades (violencia en la pareja, acoso sexual en el trabajo o cualquier respuesta social sexista y discriminatoria hacia la figura de la mujer).

- Programa de “Inteligencia Emocional Intensivo” (PIEI) de Fernández, Fernández Carrascoso (2016) para alumnos de secundaria. Su objetivo es profundizar en tres competencias emocionales: conciencia emocional, regulación emocional e inteligencia interpersonal.

- Programa de “Educación Emocional para Adolescentes” (PREDEMA) de Montoya, Postigo y González-Barrón (2016). Está orientado a educadores emocionales que quieren aprender de sí mismos y enseñar a los adolescentes el valor de las emociones en el desarrollo de una vida con sentido. Las competencias emocionales, como la ética, no pueden transmitirse verbalmente, sino que deben mostrarse en la relación y mediante el ejemplo. Así, la educación en emociones requiere de un maestro que, a su vez, haya desarrollado sus propias competencias emocionales. El programa pretende ayudar al docente, tanto en la necesaria reflexión sobre la educación emocional, como en su puesta en práctica.

- Programa “Desarrollo de habilidades sociales, emocionales y de atención plena para jóvenes” (SEA) de Celma y Rodríguez (2017). Pretende mejorar en los jóvenes su inteligencia socioemocional, mediante su capacidad para reconocer los sentimientos propios y ajenos, así como su habilidad para manejarlos. El programa

se estructura en 18 sesiones semanales en las que se llevan a cabo distintas actividades individuales y colectivas.

- Programas “Aulas Felices”, elaborados por el Equipo SATI, formado por Ricardo Arguís, Ana Bolsas, Silvia Hernández y Mar Salvador, que llevan desarrollándose desde el año 2000. Basado en Bisquerrra y Hernández (2017), está orientado a alumnos de entre 3 y 18 años y se centra en seis virtudes resumidas como sabiduría y conocimiento, coraje, humanidad, justicia, moderación y trascendencia, dónde las fortalezas cobran una especial relevancia (Arguís et al., 2012).

5.1.2 Programas de intervención internacionales

- “Programa Romoting alternative thinking strategies” (PATHS) de Greenberg, Kusche, Cook y Quamma (1995). Tiene como objetivos, desarrollar la capacidad de comprender, expresar y regular las emociones; ponerse en el lugar del otro y resolver conflictos.

- “Resolving Conflicts Creatively Program” (RCCP) de Aber, Ones, Brown, Chaudry y Samples (1998). Sus objetivos fueron minimizar la violencia entre los jóvenes mediante el control de la ira, ayudarles a comprender sus emociones negativas en situaciones conflictivas, adquirir habilidades sociales que les ayude a relacionarse satisfactoriamente y fomentar la empatía.

- “Social decision making and problem solving program” de Claby y Elias (1999).

Tiene como objetivos, reconocer las emociones propias para mejorar el autocontrol mediante la regulación del estrés y de la ira, desarrollar las habilidades sociales y mejorar las estrategias de resolución de conflictos.

- “Programa basado en la Cognición Instruccional Positiva” (CIP) de Cabaco (2009).

Es una herramienta que puede ser eficaz en los distintos momentos evolutivos de la persona (Risco, Moreno, Urchaga y Cabaco 2015). Pretende optimizar las competencias vitales que conforman la formación integral de la persona (Saber, Saber hacer y Saber ser), que además concuerdan con la propuesta de la educación

en competencias del Espacio Europeo de Educación Superior (Barahona, Cabaco y Urchaga 2013).

- La Collaborative to Advance Social and Emotional Learning (CASEL) se formó en 1994 con el objetivo de establecer un aprendizaje social y emocional de alta calidad y basado en la evidencia como una parte esencial de la educación preescolar a secundaria. Sus programas de intervención, en línea con Goleman, fomentan la adquisición de cinco competencias (cognitivas, emocionales y comportamentales):

autoconocimiento, gestión emocional, conciencia social, habilidades sociales y toma de decisiones responsables.

5.1.3 Programas de intervención en la universidad

Grewall, Brackett, y Salovey (2006) realizaron un metaanálisis para examinar el impacto de 213 intervenciones implementadas, en Estados Unidos. Los hallazgos de este trabajo mostraron que las intervenciones para el aprendizaje de capacidades socioemocionales de niños de entre 5 y 18 años son eficaces, ya que mejoran no solo el RA del alumno sino sus competencias emocionales (Durlak, Weissberg, Dymnicki, Taylor, y Schellinger, 2011).

Los resultados han evidenciado cómo los programas de intervención mejoran la IE y optimizan dicho constructo (Di Fabio y Kenny, 2011; Qualter et al., 2007), estimulan el desarrollo de las habilidades sociales (Gore, 2000), la empatía (Castillo, Salguero, Fernández-Berrocal y Balluerka, 2013) la salud mental (Muñoz de Morales y Bisquerra, 2013), la depresión y la somatización (Ruiz-Aranda et al., 2012).

Estos programas se han dirigido a diferentes colectivos: alumnos de distintos niveles curriculares (Ambrona, et al., 2012; Dacre y Qualter, 2012; Fernández-Berrocal, et al., 2009; Maurer y Brackett, 2004; Nelis, et al., 2009; Ruiz-Aranda, et al., 2012). También se han promovido intervenciones dirigidas a empresas y profesionales de la educación, como personal del colegio (Brackett, et al., 2007), docentes (Brackett, et al., 2007; Samayoa, 2012) y en universitarios (Gilar-Corbi, Pozo-Rico y Castejón, 2019).

Entre los objetivos de estos programas podemos destacar: promover el aprendizaje social, emocional y académico (Maurer y Brackett, 2004); incrementar la capacidad para reconocer y comprender emociones simples y complejas (Ambrona, López-Pérez, y

Márquez-González, 2012); analizar los efectos de un programa educativo en la salud mental (Ruiz-Aranda, et al., 2012); entrenar en habilidades emocionales que pueden aumentar la resistencia al consumo de sustancias (Fernández-Berrocal, RuizAranda, Extremera, y Cabello, 2009); examinar si la IE se puede mejorar (Dacre y Qualter, 2012;

Nelis, et al., 2009); estudiar si los beneficios de la formación dependen del nivel inicial de IE (Nelis, et al., 2009); observar si es posible mejorar la autoeficacia emocional (Dacre y Qualter, 2012); socializar las emociones (Guil Bozal y Gil-Olarte Márquez, 2007);

implementar con éxito un programa de aprendizaje socioemocional (Brackett, et al., 2007), promover el conocimiento del constructo IE y dotar de estrategias que permitan el desarrollo de competencias que faciliten el aprendizaje y control emocional (Samayoa, 2012).

Estos programas abordan múltiples contenidos: lecciones integradas en diferentes asignaturas, tomando como base el modelo de Mayer y Salovey (1997) y las recomendaciones de CASEL (Maurer y Brackett, 2004); estrategias para la regulación de emociones internas y el manejo de la presión por parte de los iguales (Fernández-Berrocal, et al., 2009), conocimientos teóricos sobre las emociones y capacitación para aplicar las habilidades emocionales específicas en la vida cotidiana (Dacre y Qualter, 2012; Nelis, et al., 2009); entrenar habilidades generales y específicas de una situación, cumplimentar un diario de diferentes situaciones a las que se enfrentan y analizar situaciones problemáticas (Guil Bozal y Gil-Olarte Márquez, 2007); trabajar habilidades de IE y entrenar a los usuarios para implementar un programa de aprendizaje socioemocional (Brackett, et al., 2007); y abordar el constructo IE y sus componentes básicos desde un enfoque neurocientífico (Samayoa, 2012).

Respecto a la duración de estos programas, observan que existen programas cortos, de 10 a 12 horas, (Ambrona, et al., 2012; Nelis, et al., 2009); de duración media, de 20 a 30 horas, (Dacre y Qualter, 2012; Samayoa, 2012) y largos, de dos años de duración, (Fernández- Berrocal, et al., 2009; Ruiz-Aranda, et al., 2012).

La revisión de Gilar-Corbi, Pozo-Rico y Castejón (2019), nos expone una serie de programas de intervención llevados a cabo en la universidad, que nos dejan testimonio del

creciente interés en los últimos años por inculcar estos contenidos e intenciones a nuestros alumnos de educación superior:

- Programa “POCOSE”, elaborado por Repetto, Pena y Lozano (2007-2009). Tiene como objetivos fundamentales formar al alumno universitario, en competencias socioemocionales dentro del marco de las prácticas en empresas (Practicum), favoreciendo la inserción laboral (Ponce 2016).

- “Programa de entrenamiento en habilidades de Inteligencia emocional” de Yilmaz (2009). Tuvo como objetivo principal mejorar las habilidades en el manejo de la ira en estudiantes universitarios (32 voluntarios universitarios: 16 del grupo control y 16 del grupo experimental). Se compuso de 12 sesiones que se desarrollaron durante un trimestre, y tuvieron resultados positivos.

- “Programa de mejora en competencias sociales y emocionales” de Oberst, Gallifa, Farriols y Vilaregut (2009). Son seminarios de resolución de conflictos orientados a alumnos universitarios de Psicología. Tuvo como variación su programa orientado a profesiones académicas (es decir, al profesorado), donde las habilidades inter e intra personales fueron competencias importantes a desarrollar.

- “Programa de bienestar” desarrollado por Short, Kinman y Bake (2010) que promovieron el bienestar en alumnos universitarios de psicología a través de seminarios de coaching.

- Programa “Aula Happiness at Work”, elaborado por Prada Belascoaín y Blanco (2016). Es un programa formativo puente entre la universidad y la empresa, dirigido a alumnos universitarios de último curso que van a insertarse al mundo laboral, y que por tanto necesitan orientar sus fortalezas para encontrar salidas laborales. Tras su aplicación se evidenciaron aumentos de los niveles de felicidad general e IE.

- Programa “PINEP”. Fue elaborado por Ramos, Recondo Enríquez, (2012) y puesto en práctica posteriormente en muestra universitaria por Enríquez, Ramos, y Esparza (2017) con el propósito de mejorar la regulación emocional. Se llevó a cabo durante 8 semanas con dos horas semanales de duración y tuvo resultados muy favorables.

- Programa de “Capacitación Avanzada en Competencia Emocional” (ATPEC) de Bar-On (2002), basado en el modelo mixto de IE, quiso mejorar las habilidades emocionales para una educación integral del alumno, no limitándose a enseñar habilidades académicas y técnicas, sino también emocionales. Gilar-Corbi, Pozo- Rico y Castejón-Costa (2018) lo pusieron en práctica en tres países, entre ellos España, con resultados satisfactorios, quedando por tanto demostrada la eficacia del programa de intervención, independientemente de factores socio culturales o de la carrera que cursen los alumnos inmersos en el programa.

En general, los datos de los programas que han sido puestos en práctica, concluyen resultados satisfactorios, evidenciando la potencialidad educativa que promueven en este alumnado, que adquiere una formación más completa, no solo a nivel académico sino socioemocional, lo que le proporcionará herramientas futuras en su desarrollo profesional.

Aunque ya venían diciéndolo Marina (2005) y Fernández-Berrocal, Extremera y Palomera (2008) son escasos los programas de intervención socioemocional orientados a fomentar la IE, a nivel nacional que estén sustentados bajo una fundamentación teórica consistente. Sin embargo, las cosas están cambiando y comienza a observarse un aumento progresivo de evidencias empíricas que dan muestras de sus buenos resultados (Pérez-González y Pena, 2012), es por ello la necesidad de trabajarse tanto formal como no formal dentro del entorno educativo y no sólo en adolescentes, como se da en la mayoría de programas expuestos, sino en otros ámbitos de igual importancia, como son el familiar, comunitario, así como trabajar en todas las etapas educativas, incluida la universidad, con la finalidad de conseguir unos resultados adecuados a nivel académico y personal (Bisquerra, 2003).

En la misma línea, Valdés y Gutiérrez (2018) alertan de esta urgencia pedagógica en educación emocional dentro y fuera de las aulas, concluyendo que es un tema en el que aún queda mucho por hacer.

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