• No se han encontrado resultados

Acápite 7º.— Más sobre grados de ser: cuatro argumentos

In document Hallazgos Filosóficos (L. Peña) (página 37-40)

El argumento presentado en el acápite anterior no dejaba de involucrar como premisa, como supuesto, ciertas consideraciones que merecen más atento examen. A falta de éste, su valor en ese argumento era moderado, y, en el mejor de los casos, el argumento ofrecido debería quizá podarse de tales consideraciones, para que éstas vengan aquí, en este acápite, a desarrollarse y dar vida a otro argumento a favor de los grados. Trátase de aquellas conside- raciones en las que se alude a la plausibilidad de no atribuir a cada hecho o circunstancia que reputamos real tanta existencia como a cualquier otra que también reputemos real. Despojado del puntal o reforzamiento de tales consideraciones, el argumento del acápite precedente conservará, empero, su meollo principal (a saber: que la postulación de grados es al menos una hipótesis útil para dar cuenta de la diferencia entre hechos, que se entrañan necesariamen- te entre sí, y que esa hipótesis no es enteramente chocante, o no es tan chocante como hubiera podido pensarse a la ligera).

Pero hay otros argumentos. Voy a exponerlos sinópticamente en este acápite.

Primer argumento: son difusas la mayor parte de las determinaciones —casi todas

aquellas a las que nos referimos con adjetivos u otras palabras salvo cuando son significables con locuciones sintagmáticas que envuelvan alguna partícula como ‘todo’, ‘enteramente’, ‘más o menos’ etc. Que sea difusa una determinación quiere decir que puede tenerla algo aun sin tenerla plenamente; e igualmente que algo puede carecer de ella aunque carezca sólo hasta cierto punto, e.d. aunque también la posea en alguna medida. Grados hay, y muchos, de ser delgado, entendido en lenguas semíticas, arisco, nostálgico, alegre, devoto, leal, procaz, moreno, raro, amante de la filosofía, haragán, valetudinario, deportivo,… Grados diversos de ser seca una tierra, o húmeda, o litoral, o montuosa, o llana, o fértil, o yerma, o… A cada grado del ser, p.ej., fértil un terreno correspóndele el grado —el mismo en verdad— de existencia del hecho de que es así, e.d. el grado de fertilidad de ese terreno. Desglosemos mejor este argumento: si Cimadevilla es más fértil que Vallehermoso, entonces más verdad dice uno que diga que es fértil Cimadevilla que uno que diga eso de Vallehermoso; si más verdad dice el uno es porque más verdad tiene lo que dice, más verdadero es. En algún sentido, la verdad es algún género de “correspondencia” con los hechos (si bien en el acápite siguiente precisaré esto y descartaré el término de “correspondencia” por inexacto y hasta inadecuado). Podría la mayor “correspondencia con los hechos” radicar o en correspondencia con un hecho más real o en mayor correspondencia —con hechos a lo mejor igualmente reales— (o en ambas cosas). Sin embargo, si hay hechos, en plural, y uno es la fertilidad de Cimadevilla, otro la de Vallehermoso, nada abona a favor de que más corresponda al primero la oración ‘Cimadevilla es fértil’ que al segundo la oración ‘Vallehermoso es fértil’. Es de lo más inverosímil que, en general, sea así (que lo que haga más verdad que sea fértil Cimadevi- lla que el que lo sea Vallehermoso sea una mayor correspondencia entre las palabras y ese hecho [la fertilidad de Cimadevilla] que la que se dé entre otras palabras y el hecho de la fertilidad de Vallehermoso). Entonces podría tratarse de sendas correspondencias en diverso grado con un “Hecho” único, lo Real. Pero tampoco. Lo que hace más verdad que Cimadevi-

lla sea fértil que no que lo sea Vallehermoso es una diferencia entre sendos hechos, no entre palabras, no entre relaciones que respectivamente guarden unas palabras u otras con un solo y mismo hecho; porque, de ser así, no podrían compararse los dos hechos— o situaciones, o circunstancias, o como llamarse quieran— en lo real. ¿En qué estribaría entonces la mejor adecuación de unas palabras? ¿Simplemente en unas convenciones de uso? Eso es de lo más inverosímil. El que sea más apropiado decir de Cimadevilla que es fértil no puede consistir en una convención sobre en qué contextos aplicar la palabra ‘fértil’ sino en algo objetivo, a saber: en mayor fertilidad de Cimadevilla, o sea: en mayor [grado de] realidad o existencia de la fertilidad de Cimadevilla.

Segundo argumento: las relaciones en particular corren la misma suerte que las deter-

minaciones en general (en espera de que veamos, más adelante, que todas las determinaciones son, en verdad, relaciones). ¿No hay grados de estar cerca de, de estar enamorado de, de

estar aficionado a, de beneficiar a, de ser lesivo para, de estar en compañía de? (¿Viajan

igualmente en compañía x con z que u con v si los dos últimos no se separan un instante, al paso que los dos primeros ni siquiera viajan en el mismo compartimento, ni duermen en las mismas habitaciones de hotel, aunque hagan paralelamente el mismo recorrido, a la vez, y charlando a menudo? ¿Cuán a menudo? Otros, x’ y z’, que hacen casi el mismo recorrido,

casi a la vez, se encuentran durante el viaje alguna vez ¿no viajan, también, en alguna

medida, juntos?) Muchos problemas epistemológicos, metafísicos, morales, jurídicos, políticos se resolverían mejor si se reconociera que hay grados en el estar relacionadas varias cosas por una determinada relación. Hay grados de conocer. Grados de causar. Grados de pertenecer. Grados de perjudicar. Grados de matar. (Muere Atilano de un ataque al corazón más provocado, o causado, por el disgusto que le ha dado su hijo al ser suspendido, por holgazanería, en el Bachillerato que por el que le ha asestado su compañera al irse con un vecino. ¿No hay ahí dos grados diversos de sendos matares?) Del mismo modo que las diferencias de grado en la posesión de una determinación, las que se dan en el estar varias cosas vinculadas por una relación acarrean —o mejor dicho estriban en— diferencias de grado de existencia de varios hechos.

Tercer argumento: hay acontecimientos de los cuales resulta más natural decir que

existen que de otros. P.ej. tomemos dos persecuciones, la de Hadriano y la de Diocleciano. Según aseveran los historiadores, la primera de ellas apenas existió, en todo caso muchísimo menos que la segunda. Algunos alegarán que los acontecimientos en cuestión fueron igual de existentes, pero es menos propio caracterizar al primero como ‘persecución’ que al segundo. Si es menos propio, por algo será: por una diferencia entre esos dos acontecimientos. ¿Cuál? ¿Que el uno fue menos extenso, menos cruel, menos sistemático que el otro? Bien, entonces cabe sostener que una persecución no es meramente una serie de movimientos corporales de unos agentes y unos pacientes, sino un hecho, a saber el de que ese cúmulo de movimientos corporales tenga la determinación de constituir una persecución. De ser eso cierto, entonces evidentemente nos retrotraemos al primer argumento: el que sea menos existente la persecución de Hadriano que la de Diocleciano. Y eso tiene su plausibilidad. Mas, por otro lado, precisamente el que un hecho histórico, o acontecimiento, sea menos generalizado, extenso y duradero que otro hace más natural atribuir realidad al segundo que al primero. Y, cuando es más natural atribuir realidad a un hecho que a otro, es ello indicio de menor [grado de] existencia de éste último. Según eso, no es únicamente que la persecución de Hadriano sea menos persecución: es que existe menos, al margen incluso de cuánto merezca el cali- ficativo de ‘persecución’, e.d. de en qué medida sea una persecución. (Eso de «al margen de» es acaso excesivo; digamos, más bien: sin que eso se reduzca totalmente a.) Un hecho histórico es más real, cæteris paribus cuanto más extenso, duradero y causalmente eficaz es.

Los tres factores que vienen involucrados son los de “extensión” —tomada en el sentido de involucrar a mayor número de personas, o de mayor difusión geográfica, o factores de índole parecida—, duración y eficacia causal en el curso de la historia ulterior. No es ya que sea un hecho más o menos importante que otro, más o menos descollante, significativo, digno de relieve. Es que es más que otro. Prueba de ello es que alguien que sólo narre hechos de esos que son más (más significativos o dignos de señalarse, dirán quienes no aceptan grados de existencia o realidad) dirá algo más verdadero que alguien que narre sólo hechos de los otros (de los que son menos [significativos, o …]). Dirá más verdad, será más verdadero lo que dice, ¿por qué? ¿Por corresponder mejor a una sola y misma realidad? ¿Por corresponder mejor a aquella realidad, o trozo de realidad, a que corresponde que lo otro a la suya o al suyo? Difícilmente podría sostenerse cosa así —ya hemos evocado más arriba qué dificultades rodean respuestas de ese género. Luego sólo parece quedar una salida: que la diferencia estriba, no en general en cualidades de las palabras con que se significan los hechos, ni en sendos grados de correspondencia entre ellas y la realidad, sino en una diferencia entre las dos realidades, los dos hechos: diferencia del respectivo grado de existencia.

Cuarto argumento: también hay partes o facetas de las cosas de las que es más natural

decir que existen que de otras partes, o bien es natural decir que son más existentes que esas otras partes o facetas. Alguien que describa una ciudad, pongamos Rabat, narrando cómo son unos pocos barrios elegantes y refinados, cómo es la vida brillante de la exigua población de los mismos, cómo son las hermosas mezquitas, el lujo y la distinción de la corte del Sultán y de la nobleza, el buen olor de los jardines del Palacio Real, sin duda nos dará una descripción menos veraz, menos verídica, menos verdadera que la de quien describa la sórdida pobreza de los barrios populares y populosos, la falta de salubridad, de higiene, de servicios públicos de los mismos, la vida lúgubremente estrecha en ellos, el hacinamiento, etc. ¿Por qué? ¿De nuevo porque los hechos, tan reales unos como otros (o acaso un único hecho, la Realidad), se adecúan mejor a una descripción que a la otra? Pero, veamos, ¿qué sería eso? ¿Que un único ente ahí involucrado, la ciudad de Rabat, se adecúe mejor a la descripción pesimista? Y ¿por qué, en qué, se adecúa mejor? ¿Es mera cuestión de palabras? No, algo hay en Rabat en virtud de lo cual una descripción es más fiel a la realidad de Rabat. Ese algo es un hecho, el de que Rabat contiene, se compone, de aquello a lo que es más fiel la descrip- ción en cuestión (a saber, la mejor, la más verídica), y también de lo otro, pero menos de lo otro (aquello a lo que es más fiel la descripción que, para con Rabat, es menos verídica). En Rabat hay ambas cosas, ambas partes o facetas. Sólo que una de ellas es más real; así pues, Rabat está más compuesto por esa faceta que por la otra; y, por ello, esa faceta, ese componente, posee mayor [grado de] existencia; por motivos como los ya evocados en el argumento anterior: porque involucra a una población mucho mayor; porque tiene más impacto causal (el suceder lo que sucede en esos barrios populares, el vivir como vive esa gente, es causa y efecto a su vez de muchas más acciones y sucesos que la indolencia de los sectores acomodados e incluso que los actos palaciegos, si bien éstos cobran también una realidad mayor en la medida en que repercuten sobre todo lo otro).

Ninguno de los argumentos propuestos en este acápite pretende ser absolutamente con- cluyente. No conozco ninguna prueba inapelable ni de que hay grados de existencia ni de que no los hay (ni de nada). Pero sí me parece que estos argumentos revelan la plausibilidad de la tesis de grados de ser o realidad, la naturalidad de la hipótesis de que se dan tales grados y lo útil que resulta para dar cuenta de una serie de fenómenos en campos de lo más dispares.

In document Hallazgos Filosóficos (L. Peña) (página 37-40)

Outline

Documento similar